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Historia 32333 — capítulo 9

Se despertó sobresaltado, inspirando con fuerza y desesperación. No veía nada, pero luego se dio cuenta de que sus ojos estaban vendados. Intentó mover sus brazos, pero no lo consiguió: algo los mantenía sujetos, al igual que a sus piernas, pero no eran cuerdas sino magia. Intentó luchar contra ella pero estaba cansado y débil. El silencio a su alrededor y el no poder ver donde estaba lo hacía sentirse inseguro. Frotando la cabeza contra la almohada durante unos momentos, consiguió que la venda que cubría sus ojos se deslizara y, agitando la cabeza, pudo desprenderse de ella. Sin embargo, el ambiente  no cambio demasiado. La oscuridad era tal que Albus creyó que aún tenía la venda puesta. Pasados unos minutos, la penumbra se atenúo y pudo vislumbrar un poco del lugar donde estaba.     Era una sala grande, con techo muy alto. Vio a su alrededor varias camas que supuso serían iguales a la que el ocupaba, pero que estaban vacías. Algunas estanterías recubrían las paredes, pero no lograban atenuar su desnudez. Vio a su lado una mesa de luz donde había cajas de sus dulces favoritos: Grageas Berttie Botts de todos los sabores, ranas de chocolate y chicles superhinchables. Regalos de sus amigos, pensó. Era evidente que se encontraba en la enfermería y que era de noche, por lo que Madame Pomfrey se encontraba durmiendo en su despacho. Pero aunque la enfermera no estaba en esa sala, había alguien más.     Una silueta oscura que se movía entre la negrura de las esquinas. La extraña sombra salió de entre las tinieblas y se acercó un poco. Era baja, más baja que él, pero más allá de ello no pudo vislumbrar nada más por que estaba enfundada en una túnica negra con capucha, la cual le ocultaba el rostro. La figura se acercó un poco más y se sentó en una silla que acudió por arte de magia. Le habló:

-¿Cómo te sientes, Albus Potter?-la voz de la figura era femenina y de tono divertido. Albus vaciló antes de contestarle.

-Bien.-fijó su mirada en el rostro sumido en la negrura de la capucha-¿Quién eres?

-Eso no tiene importancia.-le dijo la supuesta mujer velozmente.

-¿Tu...me salvaste?-le preguntó en un susurro.- ¿Tu eres la que alejó a la mantícora?

-Quizás...-la voz sonaba burlona y enigmática. La silueta se levantó de la silla y se aproximó a él, aún permaneciendo oculta.-Quizás no...

-Podrías ser más específica, porque no te entiendo-Albus se sorprendió que, estando en una situación tan extraña, lograra hablar con sarcasmo.

-Tarde o temprano lo entenderás, Albus Potter. Cuando sea el momento entenderás muchas cosas que quizás aún no han sucedido.

    Albus no contestó. Tenía la sensación de que esa persona no era peligrosa, al menos no por el momento. Y de todas formas, si intentaba hacerle daño, el estaba inmovilizado y no tenía idea de donde estaba su varita. Esa persona tampoco parecía dispuesta a darle ninguna información. Lo que acababa de decirle lo había dejado más confundido que antes; además, la cabeza le había empezado a doler.     Vio que la desconocida estaba al lado suyo, y que sostenía en la mano la varita de Albus. Antes que el niño le pudiera preguntar de donde la había obtenido, su propia varita lo apuntó y lo silenció.     La mano de la mujer se movía haciendo florituras extrañas y complicadísimas, agitando la varita de sauce y escamas de basilisco por sobre el cuerpo de Albus. Pasaban los segundos, y la mujer continuaba haciendo estos movimientos, sin proferir ningún sonido o palabra. Por último, le dio un par de golpecitos en el pecho, sobre el corazón, con la varita y un horripilante ardor lo invadió.     No pudo oír el sonido de su grito debido al dolor. Su pecho le hervía, así como el resto del cuerpo. Sentía que se quemaba por dentro, moría calcinado. Su grito se elevó hasta alcanzar un volumen que creía imposible de emitir. Cuando el dolor parecía llegar a su punto máximo, una mano lo tomó del hombro y lo zarandeó, haciéndole abrir los ojos.     Ya no era de noche, sino que los rayos del sol otoñal invadían el recinto. El exceso de luz le hizo parpadear compulsivamente hasta que se acostumbró a la iluminación del lugar. Seguía estando en la enfermería, y dos personas se hallaban junto a el, mirándolo con preocupación.     Su madre, Ginny, tenía aspecto de no haber dormido en días debido a las profundas ojeras que presentaba. Lo miraba con susto y sumamente preocupada, pero pareció tranquilizarse cuando vio que su hijo estaba bien. Al lado de su madre, Madame Pomfrey lo miraba extrañada; en cuanto vio que el niño estaba bien, se abalanzó sobre él.

-Por fin despiertas, Potter. ¿Cómo te sientes?-le preguntó mientras le examinaba los ojos.

-B-bien. Tuve una pesadilla.-le dijo esto ultimo a su madre, para tranquilizarla.-Madame Pomfrey, ¿porqué tenía los ojos vendados?

-Cuando te trajeron a mí-le explicaba mientras buscaba algo en las estanterías-sufrías de ceguera permanente, por lo que tuve que repararte la vista y vendarte los ojos. Pero veo que ya puedes ver normalmente, ¿no es así?

-Si...puedo ver normalmente.

-Albus...-su madre lo miró inquisitoriamente-¿qué ocurrió? Hagrid nos dijo a tu padre y a mi que se separaron un solo segundo y que te escuchó gritar y luego no te encontraba; y que cuando lo hizo estabas desmayado y que a pocos metros de distancia yacía la mantícora, muerta. ¿Tú la mataste?

-Recuerdo haberla hechizado sin mucho éxito y que me persiguiera...pero luego no recuerdo qué pasó.

    Ante esta declaración, su madre pareció decepcionarse. Madame Pomfrey regresó en ese mismo instante con un cuenco de sopa de cebolla caliente y humeante, el cual Albus devoró en pocos minutos. Preguntó algo que lo venía intrigando:

-¿Hace cuanto que he estado aquí...inconsciente?

-Casi una semana.-le contestó la enfermera, retirándole el tazón vacío-Mañana podrás volver a tu vida normal.

    El resto del día se aburrió mucho, hasta que recibió visitas. La primera que recibió fue de su prima Rose y de Emma, quienes le dijeron que lo habían ido a ver con anterioridad y que le habían dejado algunas ranas de chocolate para cuando despertara. Le preguntaron sobre lo que había pasado y Albus les contó sobre la mantícora y la forma en la que la había hechizado (tergiversando un poco los hechos: en su versión la mantícora había quedado tan tonta que apenas podía dar unos pasos), intentando impresionar a Emma, que lo miraba con admiración. La segunda visita que recibió fue de sus amigos. Cuando entraron por la puerta, su madre los miró con desconfianza y se alejó para hablar con Madame Pomfrey.

-Que bueno que estés despierto.-le dijo Scorpius sonriéndole-Todas las veces anteriores que hemos venido estabas durmiendo.

-Creo que inconsciente es más preciso.-lo corrigió Albus.

-Como sea.-acotó Christian, como quien quiere zanjar el asunto.-Albus, ¿te enteraste de lo que se rumorea por todo el colegio? Tu prima Rose y su amiga Emma Sparks, de Ravenclaw lo han dicho a todo pulmón.

-¿Enserio?-preguntó Albus sorprendido. Quizás no debería haber modificado tanto su historia-¿Qué es lo que se rumorea?

-Dicen que mataste una mantícora.-soltó Lawrence, mirándolo con fascinación.- ¿Es cierto?

-Bueno...no lo se...no lo recuerdo.

-Te aseguro que todo el mundo lo cree. Sobre todo tu prima y esa Sparks. Eres la nueva celebridad.-Scorpius hizo una mueca extraña cuando dijo esto último.

-No creo que sea para tanto...-dijo Albus, algo sonrojado.

-Si en verdad lo hiciste, si es para tanto.-opinó Augustus.-Las mantícoras son de los monstruos más peligrosos. Incluso los magos más capacitados tienen problemas con ellas.

-Bueno, pero no lo recuerdo.-dijo Albus para dar por terminado el tema. Había notado el descontento de Scorpius con el tema y no quería que su amigo se mostrara extraño con el. Luego se dirigió a Augustus-Lamento no haberte podido ayudar esta semana en la biblioteca.

-Bah, no importa. El único inconveniente fue que avanzaba más lento. Y perdí mucho tiempo tomando coraje para empezar...ese lugar da algo de...miedo.-Augustus dijo esto último en un susurro y su pálida piel tomó una tonalidad rosada.

-Bueno, mañana retorno a la vida normal, así que no tendrás que hacerlo solo-le dijo Albus con una sonrisa dibujada en el rostro.

    En ese momento Madame Pomfrey salió de su despacho con cara de pocos amigos. Se dirigió a los niños haciéndoles ademanes con las manos.

-¡El horario de vistitas terminó! ¡Afuera, vamos!

    Intentaron enfrentarla, pero era una mujer implacable. No tuvo más remedio que despedirse de sus amigos y sumergirse de nuevo en la soledad de la enfermería. En realidad nunca estaba solo, siempre su madre estaba junto a él, pero su presencia lo hacía sentirse algo infantil.     Madame Pomfrey comenzó a revisarlo para ver que tan bien estaba mejorando. Le probó el funcionamiento de los ojos apuntándolos con la varita y emitiendo una potente luz que hizo que Albus se apartara de inmediato. Después tomó un estetoscopio que yacía en la mesita de luz, le retiró la parte de arriba del pijama y profirió un grito.     Sobre el pecho, justo en el lugar donde se encuentra el corazón, tenía profundas cicatrices, como si le hubieran abierto la piel con un puñal. Cuando se le pasó la impresión, se dio cuenta que las cicatrices no estaban dispuestas al azar, sino que formaban algo. Pero, ¿qué era? No eran palabras, eso era seguro.

-¿C-cómo te hiciste eso, Potter?-le preguntó la enfermera con un hilito de voz.-No tenías esas...cicatrices cuando te examine ayer por la tarde. ¿Cómo te las hiciste?

-N-no lo s-se. No he hecho nada.-dijo Albus evitando mirarla a la cara. Lo cierto era que tenía una idea sobre cómo se las había hecho; pero no podía ser, era imposible...

-¿Te duelen, hijo?-su madre se había acercado al escuchar el grito de Madame Pomfrey y había observado el pecho de su hijo tapándose la boca por la impresión.

-No. No duelen; me siento normal.

-Bueno, si no te duelen...-comenzó diciendo la enfermera, para luego comenzar a examinarle las marcas. Las tocó, les hecho algunas gotas de poción humeante, pero a Albus no le dolía en absoluto. Era como si las marcas siempre hubieran estado allí.

    El desconcierto de Madame Pomfrey no tenía comparación. Dijo que nunca había visto nada igual y se retiró de la enfermería, murmurando cosas ininteligibles. Al cabo de unos cinco minutos, la puerta se abrió y entró Madame Pomfrey, acompañada de cerca por el director Lesseps. Éste parecía muy confundido y sorprendido, y más aún cuando vio con sus propios ojos lo que la enfermera le había descrito. Lo saludo cordialmente y le preguntó si podía examinarlo. Al obtener un "sí" como respuesta, se acercó al pecho de Albus y sacó un monóculo de su bolsillo. Se lo colocó en el ojo izquierdo y comenzó a inspeccionar de cerca las marcas, mientras las tocaba con la yema de su largo dedo índice. Luego de unos minutos haciendo esto, se incorporó y se retiró el monóculo. Antes de hablar, dio un largo suspiro.

-Bueno, Potter, ni Madame Pomfrey ni yo sabemos que ha sucedido. Ella me ha comunicado que ayer por la tarde estas marcas no estaban, y tú dices que no sabes como te las hiciste. Lo único que resta para descartar cualquier problema es enviarte a San Mungo para que te tengan en observación.

-Director...-su madre había tomado la palabra.- ¿hay alguna posibilidad de que venga un sanador aquí? No me gustaría que Albus se aparte tanto tiempo de sus estudios...

-Bueno, si así lo prefieren, claro que podemos traer a un sanador aquí.-le contestó Lesseps. Luego se dio la vuelta y miró a la enfermera.-Poppy, comunícate con San Mungo explicando la situación, por favor.

-Enseguida, señor director.-le respondió la bruja antes de dirigirse a su despacho.

-Albus-el director había comenzado a llamarlo por su nombre.-lo que tienes marcado en el pecho no es un simple dibujo.-al ver la cara de curiosidad del chico, continuó:-Esas marcas son… runas antiguas.

-¿Perdón?-Ginny parecía desconcertada.

-Como lo dije, señora Potter: runas antiguas.

-Pero... ¿qué significado tienen?-le preguntó Albus al director.

-Bueno, lamentablemente no lo sé. No soy muy ducho en runas. Pero alguien que conoces sí lo es.

-¿Quién?

-¿Acaso no lo sabes?-el director parecía sorprendido-Tu amigo, el señor Nott, estudia runas antiguas desde los siete años. Sorprendente, ¿no?

-Diabólico, diría yo.-comentó su madre en un tono casi inaudible, seguramente al escuchar el nombre Nott. El director hizo como si no la hubiera escuchado. Luego agregó:-Tu tía Hermione también sabe de runas, podemos preguntarle cuando vengas a casa para Navidad.

-Sería conveniente.-opinó Lesseps. En ese momento, Madame Pomfrey salió de su despacho.

-Ya han enviado a alguien. ¿Quiere que vaya a los jardines a recibirlo?

-Si fueras tan amable, Poppy.

    Tras escuchar esto, la enfermera salió de la clínica. No volvieron a hablar de las runas mientras esperaban, por lo que se sumergieron en un profundo silencio, que sólo fue roto por el director:

-Señora Potter, espero que nos disculpe por haber puesto a su hijo en esta situación.-la miró con actitud relajada.- Comprenderé si quiere realizar alguna queja al consejo escolar. Nuestra intención sólo era hacerle entender a Albus que romper las reglas del colegio (lo cual ya ha hecho en su corta estadía en Hogwarts) no es nada bueno.

-No se preocupe señor director, entiendo perfectamente. Su padre también tuvo aventuras en el Bosque Prohibido cuando era joven.-le dijo Ginny tranquilizadoramente.-Además, tengo entendido que mi hijo no se ha comportado como es debido.

-Bueno, no importa. Todo queda olvidado.-declaró Lesseps con una sonrisa.

En ese instante, la puerta volvió a abrirse y dos personas entraron a la habitación. La que iba delante era Madame Pomfrey, y justo detrás de ella iba un hombre. Era alto, castaño y de ojos negros; tenía una nariz aguileña que hacía juego con sus pobladas cejas, lo que le daba un aire a ave de rapiña. Cuando habló, lo hizo con una voz grave y solemne:

-Wilbur Forsyth-dijo en voz alta mientras estrechaba las manos de Lesseps y Ginny. Luego miró a Albus y lo saludó-¿Cómo se encuentra, señor Potter?

-Bien, gracias.

-Con su permiso, me han llamado para examinar unas extrañas marcas...

-Sí, aquí-le indicó Albus con el dedo señalando hacia su pecho. Forsyth se acercó mientras Albus se sacaba la parte de arriba del pijama.

    El hombre no pareció impresionarse mucho; seguramente veía cosas mucho más extrañas todos los días. Primero observó detenidamente las cicatrices desde diferentes ángulos. A continuación de esto, sacó la varita y, apoyándole la punta de la vara de madera en el pecho, comenzó a dibujar círculos concéntricos, una y otra vez. Cuando se irguió, parecía sumamente calmado.

-Le agradará saber, señor Potter, que estas marcas no tienen ningún aspecto maligno.-Ginny, un poco alejada, pareció tranquilizarse al escuchar las palabras del sanador.-Sin embargo, no he podido encontrar su fuente. Evidentemente fueron hechas mediante magia, pero no hay rastros de magia negra, y la magia sanadora común no hace estos cortes. En resumen, no puedo decirle cómo se ha hecho estas marcas, pero no le afectarán en nada.-le dijo a Albus sonriéndole.-A propósito, ¿está seguro que no recuerda cómo se las hizo?

-No-le contestó Albus, sintiéndose un mentiroso.-Simplemente aparecieron.

-Bueno-Forsyth parecía algo decepcionado al no tener esa información.-Si mis servicios llegaran a ser requeridos nuevamente, no duden en llamarme.

-¿Lo acompaño a las verjas, Wilbur?-le preguntó la enfermera a su camarada.

-No, muchas gracias Doris.-le contestó Forsyth, y tras decir esto y despedirse de todos, salió de la enfermería.

-Dado que las marcas no afectarán tu salud-comentó Lesseps-mañana podrás reintegrante a las clases con normalidad. Ahora debo irme, mucho papeleo me espera en mi despacho. Señora Potter-saludó a Ginny con una leve inclinación-Albus-hizo lo mismo con él antes de marcharse de la enfermería.