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Historia 32333 — capítulo 8

Algunos lectores me han pedido que profundice sobre Emma y Rose. La historia ya esta escrita en su totalidad y es mas de misterio/aventura que de amor. Sin embargo, intentaré modificar los capitulos que quedan para complacerlos. Gracias por leer!!! :)


-¿Encontrar una mantícora? ¿Acaso están locos?-Christian lo miraba con incredulidad.

-Una cría de mantícora-lo corrigió Albus-. No creo que sea tan peligroso.

-Claro que sí, Albus. Las mantícoras son animales peligrosísimos desde que nacen. Deberás tener mucho cuidado-le dijo Augustus.

-De todas formas iré con Hagrid, así que no creo que me pase nada.-acotó velozmente, a lo que sus amigos lo miraron burlonamente. Ellos no conocían a Hagrid como él y evidentemente no les agradaba en lo más mínimo.


    El domingo se esfumó con la misma velocidad con que se había acabado todo el fin de semana. Luego de cenar, salió a los terrenos del castillo enfundado en numerosos abrigos para protegerse del frío que estaba azotando Hogwarts. Vio a lo lejos una luz titilante, que debía de ser una fogata prendida por el guardabosque. Se dirigió hacia allí, y pronto se encontró junto a la cabaña del semigigante.     Hagrid se hallaba sentado en un gran tronco junto al fuego, al parecer esperándolo. Cuando lo vio, se levantó para saludarlo, esbozando una enorme sonrisa bajo su tupida barba gris. Sobre su enorme cuerpo traía puesto un horrendo abrigo de piel que acrecentaba su aspecto de hombre salvaje. Sin embargo, Albus no pudo evitar pensar que ese abrigo debía ser sumamente acogedor.

-¡Albus! Por fin llegas, muchacho.-le dijo con voz sumamente fuerte. Al parecer su edad lo estaba dejando medio sordo.

-Lamento llegar tarde, Hagrid.

-No es nada, no es nada.-le dijo tranquilizadoramente palmeándole el hombro con sus inmensas manos, lo que hizo que Albus se hundiera un poco en el suelo- ¿Listo para una aventura?

-Si...supongo.

-¡Oh, no tengas miedo! Las crías de mantícora son inofensivas. Además no tardaremos mucho en encontrarla. Se exactamente en que parte del bosque está. Ven, sígueme.

    Se alejó del fuego hasta un árbol cercano y tomó una ballesta que descansaba apoyaba sobre la madera. Seguido de esto, comenzó a caminar hacia el bosque, que al principio tenía los árboles bastante separados. Albus tuvo que correr para alcanzarlo, dado que a pesar que ir a su paso normal, Hagrid tenía piernas de alrededor de metro y medio y sus pasos equivalían a tres pasos de una persona normal. Cuando los árboles empezaban a crecer uno más cerca del otro y la maleza aumentaba, llegaron a un pequeño claro y Hagrid se detuvo.

-Aquí es donde la vi el viernes, pero huyó en cuanto advirtió mi presencia. Verás, Albus-le dijo intentando ser silencioso, pero sin mucho éxito-tenemos una ventaja: ella nos tiene miedo.

-¿Y nosotros no le tememos a ella?-la voz de Albus tembló, pero no sabía si se debía al miedo o al frío.

-Por supuesto que no. Aún no tiene los dientes desarrollados y no puede echar fuego. Pero debemos tener cuidado con el aguijón.

-¿Qué aguijón?-preguntó abriendo los ojos con horror.

-El aguijón en la punta de su cola. Su veneno es letal al instante. Pero no te preocupes, no creo que tenga oportunidades. Y si las tuviera... se supone que no es doloroso por que uno muere al instante.

-Qué consuelo-bufó Albus mientras seguía a Hagrid cautelosamente fuera del claro. Hagrid pareció no haberlo oído.

    Avanzaban con dificultad, en parte debido a la maleza y la vegetación y también debido al inmenso tamaño de Hagrid. Sin embargo, al ir detrás de Hagrid transitaba siempre por un camino ya abierto.     Luego de un cuarto de hora caminando en silencio, Albus empezó a creer que no había tal cría de mantícora y que todo era un invento del director para castigarlo. No conocía al director, pero estaba seguro que este sabía todo sobre las peleas que tenía frecuentemente con Finnigan y por las que nadie estaba castigado. Quizás el ingenuo director creía que con ese extraño castigo mitigaba los deseos de Albus de romper las normas. Pero esos deseos nunca disminuirían mientras Finnigan siga siendo su enemigo; y era evidente que lo sería durante mucho tiempo.     El viento no llegaba a esa zona del bosque debido a la cercanía de cada árbol entre sí, pero aún así una brisa sobrenatural lo hacía tiritar como si soplara un viento polar. A pesar de tener las capas de Scorpius y Augustus reforzando a la suya para protegerse del frío, éste se colaba hasta sus huesos y le enfriaba paulatinamente la sangre. Por suerte estaban siempre en movimiento, por que si se hubieran quedado quietos, Albus comenzaría a dormirse y moriría de frío o quizás devorado por alguna bestia endemoniada de ese bosque. Cuando pensó esto último, dio un respingo y le habló a Hagrid en un susurro:

-¿Hagrid...?

-¿Humm?-fue toda la respuesta del guardabosque.

-¿Es cierto que hay...hombres lobo en el bosque?

-¿Hombres lobo?-preguntó el semigigante incrédulo, largando una carcajada pero silenciándola rápidamente al darse cuenta que había sido imprudente emitirla-¡Claro que no! El único hombre lobo del cual puedo dar fe que ha transitado por este bosque fue el padre de Teddy, Remus Lupin.

-¿Te refieres al amigo de mi abuelo y el que fue profesor de mi padre?

-Él mismo.

-No sabía que había sido hombre lobo. ¿Cómo pudieron contratar...?

-¿Qué quieres decir?-le preguntó Hagrid mientras se daba vuelta bruscamente para verlo, rompiendo varias ramas a su alrededor-Vamos, Albus. ¿Qué ibas a decir?-le espetó agresivamente.

-Na-nada-dijo tartamudeando como Rob Warwick, el estúpido niño del cual Emma estaba enamorada y el cual era el mejor amigo de su prima. Acababa de darse cuenta del error que había cometido, a pesar de nunca haber terminado lo que iba a decir.-Lo siento Hagrid, no quería...

-Ya, ya. Estoy seguro que no querías decir lo que dijiste.-miró a Albus con extrañeza, como si no lo conociera, antes de darse la vuelta y volver a hablar:-Sigamos. Tengo la sensación de que está por aquí.

    El ambiente estaba muy tenso cuando retomaron la marcha. Antes tampoco habían hablado, pues Hagrid le había advertido sobre la importancia de guardar silencio, pero ahora el silencio era frío y aplastante. Nunca se le hubiera ocurrido que Hagrid fuese tan susceptible. Sin embargo, no había cambiado su opinión al respecto. Contratar a un hombre lobo le parecía un acto de negligencia absoluta, al menos para ejercer un cargo educativo. Un semigigante tampoco le parecía una óptima opción, pero era mucho más aceptable que un hombre lobo, por que no perdía la conciencia como este último.     Seguían avanzando entre la semi oscuridad, al parecer sin rumbo fijo, cuando vieron un poco de luz a través de los árboles y pudieron vislumbrar un claro de grandes proporciones que era iluminado por la luz de la luna. Se detuvieron en los lindes del claro y Hagrid le hablo en un murmullo casi inaudible:

-Yo iré primero, Albus, en caso de que esté por aquí cerca y quiera atacarme. Si todo está bien te haré una señal para que te reúnas conmigo, ¿de acuerdo?

-Bueno.-le contestó muy bajo, con voz ronca. Había pasado tanto tiempo callado que no recordaba como hablar.

    Tras oír su respuesta, Hagrid se alejó de él y salió de entre los árboles con la ballesta en alto, preparado para cualquier inconveniente. Albus se quedó plantado en el lugar en el que lo había dejado el guardabosque, muerto de miedo y frío. El gigante se movía lentamente, escudriñando con sus ojos negros cada centímetro de tierra y vegetación, como si esperara que la bestia saliera a sorprenderlo en cualquier momento.     Luego de alrededor de dos minutos de espera, Albus reaccionó, pero no ante una señal de Hagrid. Algo había emitido un extraño sonido a su izquierda. Era una especie de continuo canturreo, parecido al maullido de un gato. Solo que este "maullido" le ponía los pelos de punta al que lo escuchaba. Luchando contra el miedo, Albus giró la cabeza hacia la izquierda muy lentamente y la vio.     Del tamaño de un perro grande, ahí se encontraba la mantícora. Tenía la cabeza de un hombre adolescente, de la cual salían dos afilados cuernos. Su cuerpo era el de un león joven, pero de color rojo como la sangre; y su cola asemejaba a la de un escorpión, con el característico bulbo en la punta, del cual salía el aguijón inoculador de veneno. Al parecer no había reparado en la presencia del niño-que se encontraba a unos cinco metros de distancia-por estar concentrada devorando una presa. Y ese animal era el que emitía ese horripilante maullido.     Albus se quedó petrificado unos segundos, hasta que-intentando alejarse- pisó una rama que se encontraba tirada y ésta emitió un crujido bastante más potente que el sonido del canturreo de la mantícora. La bestia interrumpió su canto al escuchar el sonido, levantó la vista de su comida y observó a su alrededor. Al ver a una potencial presa, se movió con sigilo hacia a él, como si no quisiera ahuyentarlo.     El niño no sabía que hacer. Hagrid le había dicho que la piel de las mantícoras era virtualmente resistente a cualquier hechizo o encantamiento. La alimaña se le aproximaba cada vez más, cuando recordó una noche de castigo en la biblioteca. No sabía si funcionaría, pero era su única esperanza; no pensaba morir sin intentar defenderse  Sacó con mucho cuidado su varita de escamas de basilisco del bolsillo para no alertar a la mantícora, apuntó directo a la cara de ésta y exclamó:

-¡iAnmus Confundus!-en ese mismo instante, un haz de luz violeta salió de la punta de su varita, iluminó momentáneamente el lugar donde se encontraban y golpeó a la mantícora de lleno en la cara, haciendo que se detenga y tambalease.

    Evidentemente su hechizo no había sido tan poderoso como debía,  pues según el libro del cual lo había sacado el encantamiento debía dejar tan aturdida a la bestia que esta no pudiera moverse. Sin embargo, Albus se alejó cuanto pudo de la mantícora y echó a correr aprovechando la corta ventaja de tiempo que tenía. Cuando ya se había alejado bastante, miró por encima de su hombro mientras seguía corriendo y vio a la mantícora recuperando la lucidez y empezar a perseguirlo.     Sus posibilidades eran nulas. Corría con todas sus fuerzas, pero las raíces de los árboles le dificultaban la carrera y lo hacían tropezar. Además, el animal lo perseguía con la enorme velocidad que un cuerpo de león puede proporcionar. Estaba volviendo por el camino que el enorme cuerpo de Hagrid había abierto en el viaje de ida, y aún así parecía que este se iba cerrando paso a paso. Era como si los árboles se precipitaran sobre él, como imponentes figuras oscuras queriendo cerrarle el paso...     A pesar de todo esto, siguió corriendo, así como la mantícora seguía persiguiéndolo. No podía creer cuanto había durado la carrera. El creía que la bestia lo atraparía en un abrir y cerrar de ojos. Miró una vez más por sobre su hombro y volvió a verla, saltando y corriendo entre las raíces y troncos. Ahora que la veía, se daba cuenta de que los árboles no le incomodaban solamente a él. La mantícora corría, pero tropezaba y daba tumbos continuamente, como si los árboles quisieran dificultarle el camino. Pero el estar mirando hacia atrás le jugó en contra. Su pie se enganchó con una raíz que sobresalía de la tierra y tropezó, cayendo al suelo.     Giró velozmente para quedar boca arriba y vio a la mantícora casi sobre él. Mientras continuaba acercándose, Albus pudo ver cómo la bestia tensaba su mortífero aguijón, seguramente preparando una buena dosis de veneno para matar a esa presa que lo había hecho correr tanto. Pudo ver cómo el aguijón de la mantícora se alzaba y luego arremetía contra él. Pero antes de que pudiera pincharlo, una potente luz azul lo iluminó todo y lo encegueció. Cuando la luz se apagó, lo único que pudo vislumbrar bajo la luz que aún iluminaba tenuemente el lugar fue una figura baja que se deslizaba detrás de un árbol, justo en el momento en que caía completamente desmayado sobre la hierba.