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Historia 32364 — capítulo 3
Capítulo 3 La Historia de Edward
"El pasado es lo que recuerdas, lo que imaginas recordar, lo que te convences en recordar o lo que pretendes recordar."
Los siguientes días conviviendo con Edward me habían enseñado cómo era la vida de un vampiro. Cada vez que salíamos a la calle era únicamente para dirigirnos hacia lugares en los que se podía encontrar algún animal que nos sirviera de alimento. La cacería se volvió más fácil y, poco a poco, fui controlando mi ansiedad por beber sangre humana. Algo en el olor del ambiente me decía que la sangre de las personas era mucho más dulce y deliciosa que la de los animales, que tenía un sabor a tierra mojada, pero de cualquier forma me las arreglaba para no atacar al primer humano que encontraba en mi camino. Sin embargo, había ocasiones en las que la necesidad de probar lo que mi olfato detectaba era insoportable y me lanzaba hacia donde mi instinto me llevaba, pero Edward era más fuerte que yo, física y emocionalmente, y de una forma increíble me retenía hasta que aquella sensación pasaba.
También aprendí que la mayoría de las historias que se contaban sobre los vampiros eran mentira, ya que, aunque el Sol me producía una sensación extraña, no era lo suficientemente fuerte como para hacerme desaparecer. Me pasaba todo el tiempo despierto, lo que ayudaba a que Edward me enseñara cada vez más sobre el mundo al que ahora pertenecía y, por alguna razón, descubrí que yo, aunque era valiente, le temía a cualquier versión del fuego. Los ajos, aunque tampoco me causaban daño, sí tenían un aroma realmente insoportable, por lo que prefería no acercarme a lugares que olieran así; mis sentidos eran más agudos que antes, por lo que ruidos fuertes u olores intensos me hacían alejarme.
Hasta ese momento no había querido buscar a mi familia por dos razones importantes: primero, mi aspecto ya no era el mismo a como ellos me recordaban y sería muy arriesgado aparecer de repente y decir "Hola, mamá, soy Ángel", y esperar que no me tomaran como alguien que les estaba jugando una broma, haciendo que su dolor por haberme perdido creciera un poco; y segundo, porque no podía engañarme; sabía que era muy fácil que perdiera el control y los atacara, para después arrepentirme. Era por eso que Edward se convirtió en lo más cercano a un familiar o un amigo desde el día de mi transformación, aunque en ocasiones lo odiaba más que a ningún vivo o muerto.
Una tarde, cuando regresábamos de una cacería particularmente pobre, llegó a mí la curiosidad por saber un poco sobre el pasado de Edward; sabía casi todo sobre su vida como vampiro, pero nada sobre lo que había ocurrido antes de su conversión. -Edward, ¿Puedo preguntar algo?- dije, rompiendo el silencio que había reinado por casi diez minutos. -¿Sí?- dijo él simplemente. Era raro que Edward comenzara una conversación que no tuviera que ver con mi instrucción para ser un vampiro, por lo que cualquier otro tema era poco importante para él. -¿Podrías contarme… no sé… tu vida antes de ser vampiro?- dije titubeando y de inmediato pensé que había sido una mala idea preguntar aquello. El silencio se hizo nuevamente a nuestro alrededor y, cuando volví a sumirme en mis pensamientos, creyendo que él no contestaría, habló. -Mi nombre fue Edward Rosell- dijo como haciendo un gran esfuerzo. Yo mismo me había dado cuenta que desde mi transformación todo aquello que era pasado me parecía más borroso y difícil de recordar, por lo que no hice comentario alguno, esperando que siguiera hablando. -Toda mi vida la pasé en los Estados Unidos, en Atlanta, hasta la edad de veinte años. Nací en 1933 y, desde hace poco más de cincuenta años, sigo teniendo veinte.- Hizo una pausa, recordando de nuevo, y volvió a hablar, esta vez con un poco menos volumen, aunque yo pude escuchar con facilidad. -Fui testigo de cómo mi familia moría en un accidente aéreo, mientras paseaban en una pequeña avioneta, propiedad de uno de los amigos de mi padre. Aquel día yo había salido con unos amigos y me reuniría con mis padres y mi hermana más tarde. Cuando llegué al lugar en el que habíamos quedado y me di cuenta que hacía cinco minutos habían subido a una avioneta me enojé, porque uno de mis sueños era volar. Seguí con mi enojo hasta que la avioneta intentó aterrizar. Pude ver claramente cómo la avioneta bajaba y se quedaba sin control, hasta chocar contra el piso y arder en llamas. No tuve oportunidad de reaccionar, me quedé ahí de pie y, cuando recuperé la conciencia, ya se habían apagado las llamas y el cuerpo del piloto y los de mi familia estaban junto a la pista, completamente calcinados.- Las palabras de Edward eran tan descriptivas que no pude evitar imaginar la escena: el avión estrellándose y los rescatistas luchando para que los cuerpos sin vida sufrieran el menor daño posible. Edward continuó, sacándome de mis pensamientos.
-Cuando la avioneta se estrelló, mi vida entera cayó al suelo junto con ella; en un segundo me había quedado sin los tres seres que más amaba en el mundo. Reclamé a la vida y a no sé quién que me devolviera lo que me había quitado. Estaba dispuesto a dar mi vida para que ellos volvieran, pero me di cuenta que el destino no era un mercado. Decidí irme de ahí, dejar esa ciudad y buscar otra vida que de antemano sabía que no tendría. Han pasado tantos años desde entonces, y no he podido olvidar aquella imagen.- Todo aquello no podía ser cierto, era demasiado cruel. Algo dentro de mí me decía que Edward sentía unas ganas enormes de llorar y desahogar aquel sentimiento que aún guardaba, pero por más que luchara no podía hacerlo. Era una historia triste, quizá demasiado, pero cuando él habló me di cuenta que aún no había acabado.
-Viajé a Detroit, a la frontera con Canadá y ahí encontré un empleo. Aunque ya estaba ocupado en mantenerme y vivir, todavía no podía olvidar que estaba solo y que mi familia jamás regresaría. Aquella noche- dijo cerrando los ojos -yo caminaba por la calle, demasiado distraído. Detroit era una ciudad muy violenta y yo había aprendido a vivir en ella. Sentí una presencia tras de mí y aceleré el paso, tratando de ser más rápido que quien yo creía un delincuente. Casi para doblar la esquina cerca de mi pequeño departamento, sentí un viento helado y, sin más, algo me golpeó por la espalda demasiado fuerte. No pude soportarlo y caí, mientras que una presencia fría se echaba sobre mí, dejándome sin respiración. "Espero que no tengas razón para vivir, porque ahora morirás" me dijo la voz de aquel hombre. "No tengo ninguna" pensé, pero no dije nada; por primera vez en mi vida estaba realmente asustado. En aquel momento sentí que el ser buscaba la parte de mi cuello que estaba descubierta y, sin más, me mordió. Grité sin poder evitarlo, era demasiado dolor. Entonces llegó otra persona y separó a aquel ser de mí. No supe qué pasó entre ellos porque el dolor apagó todos mis sentidos. Cuando volví a recuperar la conciencia estaba en una casa elegante y descubrí que no estaba solo. Viví los siguientes años con el hombre que me había salvado, que resultó ser también un vampiro, y fue él quien me enseñó todo lo referente a ser un vampiro. Me sentí realmente desgraciado ya que, sin tener una sola razón para vivir, un extraño había hecho que los años de mi vida fueran eternos.-
Cuando Edward acabó de contar su historia me sentía extrañamente débil. Habíamos llegado ya a nuestra "casa" y no pude hacer algún otro comentario. Pasaron varios días hasta que volvimos a hablar, pero durante todo aquel tiempo me sentí culpable, por haber despertado una vieja herida en el alma de quien, a partir de entonces, sería mi maestro. Con su historia me había enseñado que el dolor no podía dejar de sentirse aunque nuestra piel fuera de piedra o nuestro corazón dejara de latir. En aquel instante había aprendido a comprenderlo y, sobre todo, había aprendido que existía algo dentro de mí que aún me permitía sentir, que aún me permitía tener algo de humano.