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Historia 32398 — capítulo 4
En el capitulo anterior, los magos había caido dormidos buscando a Victoire, sin encontrarla, parece que los Muggles no están mucho mejor...
Capitulo 3: Bienvenidas no tan bien venidas.
Al otro lado de la isla, otro joven buscaba desesperado a su hermana:
-¡Dennise! ¡Dennise! No hay caso…-se dijo acongojado-Nuestra madre se muere si le paso algo a Denny… sólo puedo esperar que mañana aparezca traída por la corriente. Vamos Lissa, vamos a ver que podemos hacer hasta que nos rescaten.
-Will, tengo miedo…
-Lo sé, hermanita, yo también. Pero pronto mamá y papá vendrán a buscarnos. Eso espero-el muchacho levantó a la pequeña en brazos y la llevó hasta donde se encontraba su otra hermana.
-¡Oh! Mira mi cabello, Will, odio esta húmeda isla, llena de rocas… de todas las islas paradisíacas en que podríamos haber naufragado, fuimos a caer en esta, la más horrible-se quejaba Danna.
-Vamos a dormir, mañana apenas salga el sol buscaremos a Dennise… espero que esté bien, no me perdonaría si le pasó algo.
-Tu no tienes la culpa, Will, hiciste lo que pudiste-dijo Danna acostándose sobre el pedazo de lona estropeada que ahora era el bote.
-Eso creo…-dijo Will sentándose bajo una palmera con Lissa en sus brazos, durmiendo y haciendo guardia a ratos.
Al otro día, a primera hora, Ted estaba levantado arrojando chispas con su varita hacia el cielo y caminando de lado a lado por la parte donde habían llegado a la isla. Era increíble el cambio de la noche a la mañana, ahora el único ruido que se sentía era el de los pájaros y el del viento, mientras que esa noche no había podido dormir por el atronador ruido de las olas chocando contra las rocas. Ródick y la otra muchacha tuvieron que despertarse casi obligados por los gritos de Ted, pero ninguno de los dos puso manos a la obra para buscar a Victoire, solo investigaron un poco el lugar donde estaban.
-Nos va a ir bien en este lugar… hay más piedras que árboles, cualquiera moriría en un par de días. Por suerte en el colegio ya se deben haber dado cuenta que no llegamos-comentó Ródick.
-Seños director, uno de los botes aun no ha arribado-le comentó el celador al director del colegio Atenghá.
-¡Maldición! Esos Muggles lo hicieron de vuelta. Posiblemente esos muchachos ya estén muertos…-se conmovió el director.
-Pero… señor… el mar estaba muy bravo… ¿no cree que puede haber naufragado?
-¡No seas idiota! Si hubiera naufragado, por lo menos llegaran aquí los pedazos del bote. Es lógico que fue secuestrado por marines Muggles. ¿Quiénes eran los muchachos?
-Los señores Ródick Canepan, Nadina Apomatox, Ted Lupin y Victoire Weasley.
-Uff, bueno… es una lastima lo de Canepan, prometía ese muchacho… Pero bueno, avísale a los padres…
El celador salió del despacho a hacer lo pedido pensando en lo idota que era ese director.
Mientras en el fondo del océano, no muy profundo sino cerca de una isla, el bote de los magos había quedado atorado entre arrecifes de coral y algas marinas.
-¡Dennise! ¡Dennise! Es inútil… esta isla es muy grande, jamás la encontraremos. Danna, tenemos que separarnos. Tú irás al este de la isla y yo al oeste. Me llevo a Lissa.
-¡Yo no voy a caminar sola por esta isla que quien sabe que haya!
-Danna deja de quejarte. Es tu hermana, hay que hacer lo posible por encontrarla, si no volvemos a Estados Unidos los cuatro, no volvemos ninguno, nos quedamos aquí a buscarla.
-No seas tan pesado, no me meteré en esta selva con barro y animales extraños para buscar a esa tonta que se perdió.
Will se fue dejando sola a Danna. La chica después de quejarse un momento accedió a ir en donde le decía su hermano.
-Por suerte ya se ven haber dado cuenta que no llegamos a España…-se dijo Danna.
-Lo lamento, señores Anderson, el avión no ha llegado todavía y enviamos otro a su encuentro pero jamás se lo cruzó. Pensamos que es obra de magos.
-¡¿Por que?!-estalló la madre de los muchachos alarmada al oír la noticia- ¡Mis pequeños! ¡Esos malditos magos! ¿Por qué no dejan nuestro mundo en paz y desaparecen? ¡Quien sabe que cosas horribles le estarán haciendo a mis niños!
-No te preocupes, mi amor, voy a mover mis contactos y avisarles a todas las autoridades que den vuelta el mundo mágico para encontrarlos.
Al parecer esa era la nueva ley de la humanidad. Si alguien moría o desaparecía, la culpa ya no era de Dios, de los médicos, del destino o de la televisión, ahora la culpa era de magos o de Muggles.
Danna veía extrañada los hermosos fuegos artificiales que había en la isla. Era extraño que los arrojaran tan temprano en la mañana, pero podía ser algún ritual de los nativos de la isla. Y si había nativos en la isla sólo podía significar dos cosas, o que estaban salvados y podían hacer contacto con sus padres o eran caníbales y se los comerían. Decidió investigar, escondida entre el follaje y fue ahí cuando se dio cuenta de la presencia de las otras tres personas que estaban en la isla. No le hacia falta ser una genia para saber que con esas varitas estaba tratando con magos. Era una isla de magos. Y si de magos se hablaba podía significar dos cosas, o que los secuestrarían para hacerles experimentos extraños o eran caníbales y se los comerían. Viéndose sin salida, se decidió ir a buscar a Will que seguramente sabría que hacer.
-Te lo dije, Ródick, tendríamos que haberla buscado ayer, ahora es imposible que la encontremos-se quejaba con lagrimas en los ojos Ted Lupin. Ródick acababa de hacer un recorrido por el océano para ver si veía algo.
-No sé que habrá hecho esa muchacha pero es una tarada-dijo Nadina.
-Tu cállate-le amenazó nuevamente Ródick que la presencia de esa chica le alteraba el buen juicio, no sabía por qué-. Y tú deja de llorar, ya la encontraremos.
-No lo sé… pobrecita, debe estar sola, con miedo, sin saber que hacer-se lamentó Ted.
-Disculpen-habló Will apareciendo entre las rocas y las palmeras con sus dos hermanas detrás. Se había arriesgado a aparecer con una sonrisa ante ellos por que siempre pensó que los magos eran personas tímidas y amables, se irritaban si se los molestaba y cuando estaban comiendo. Claro que Will tenía ese pensamiento por que pensaba que los magos eran como los animales.
A pesar del buen ánimo con el que Will quiso presentarse, Ródick no tuvo ni la mínima confianza y disparó un hechizo aturdidor hacia una palmera volteándola e impidiéndole el paso al joven. Ted y Nadina se pusieron en guardia.
-Lo siento-se echó hacia atrás Will-. Necesitamos ayuda, veníamos en nuestro avión y desgraciadamente se hundió, caímos aquí y necesitamos ayuda.
-¿Quién les dijo que se la daremos, Muggles?-preguntó enfurecido Ródick.
-Venimos sin malas intenciones, estamos perdidos, hay menores con nosotros, no podremos sobrevivir aquí. Por favor, se los estoy pidiendo por favor, ellas son mis hermanitas están muertas de miedo-rogó el chico rubio.
-¿Acaso los tuyos dejaron de arrojar bombas cuando los magos les pidieron por favor que no lo hicieran?-Ródick no tenía piedad por ningún Muggle, aunque estuvieran en el mismo problema, prefería morir a tener que cooperar con ellos-. Vete, debes saber muy bien las cosas que puedo hacer con esta varita, y si no quieres que la use sólo vete de aquí y no vuelvas a cruzarte con nosotros.
Viéndose sin otra opción los Muggles se fueron hacia el lugar donde habían caído en esa isla maldita.
-¿No fuiste muy rudo con ellos?-preguntó Ted.
-Para nada. Nosotros saldremos de aquí, si ellos no pueden hacerlo es su problema-Ródick se echó a descansar a la sombra de una gran piedra.
-¿Puedo hablar un rato contigo?-preguntó Nadina al muchacho.
-¿Sobre qué?-Ródick se dio vuelta buscando el lugar más apto para echarse una buena siesta.
-Sobre… no sé, temas personales, estudiantiles, de nuestros padres… para pasar el tiempo, es muy aburrido aquí…
-Sí, hablemos-aceptó el chico.
-¿En serio?-se entusiasmó la chica.
-Sí, después de la siesta.
La chica se quedó con las ganas y se sentó en una roca. Ted se acercó sonriente a la chica.
-No es muy sociable ¿verdad?
-Mmm, no, ¿Por qué no sigues buscando a tu novia?-le respondió de mala manera Nadina.
-Ella no es mi novia-de puso a la defensiva Ted enojado por la contestación de la muchacha-. Somos buenos amigos, como nunca llegaras a ser con él-le subrayó señalando a Ródick.
-Tú no sabes lo que llegaré a ser. Yo siempre logro lo que me propongo, y no busco que sea mi amigo.
-¿Y que buscas?
-Bueno, yo busco… ¿me puedes decir que mierda te interesa? ¡Sigue buscando a esa perra!
Ted se fue malhumorado a pararse sobre un grupo de rocas altas para ver si lograba divisar a Victoire. No estaba bien, le dolía el estomago y tenía fiebre, seguramente por tragar tanta agua salada, pero no le importaba no sentiría nada a menos que Victoire aparezca. Se metió a buscar entre un grupo de árboles extraños que formaban un bosquecito. Todo eso que les había pasado… ¿no debería haber terminado ya? De seguro que alguien ya se habría dado cuenta que no llegaron al colegio y con todos los métodos de rastreo que tenían los ministerios, ¿Cómo era posible que no los hubieran hallado aun? Después de dar vueltas volvió a donde estaban sus "amigos". Se quiso acercar a Nadina para relajarse un poco recostándose en las piedras cuando la chica le habló sonriendo con malicia.
-Mira lo que hay allí…
Ted se dio vuelta a ver donde le indicaba y allí estaba Victoire. Junto con otra chica que parecía de su edad, las ropas de las dos estaban desgarradas y tenían cara de cansancio. El joven corrió con alegría a abrazar a la muchacha.
-¡Pensamos que te había pasado algo! Menos mal que estás bien.
-Uff, estábamos muy mal, pero vimos las chispas y vinimos hacía aquí… ¡perdí mi varita!-había heredado la torpeza Weasley.
-¿Quién es ella?
-Oh, no los presenté, disculpen, ella es Dennise, es Muggle pero es buena, me ayudó mucho a venir hasta aquí. Parece que sus hermanos también se perdieron…
-No creo que sea buena idea que esté aquí, Vicky, no por que no quiera pero Ródick…
-¡Petrificus Totalus!-gritó Nadina que avanzaba hacia ellos apuntándole a Dennise. La chica sorprendida por el efecto del hechizo se quedó tiesa y se balanceo para caer.
-¡Levicorpus!-actuó Ródick haciendo levitar el cuerpo de Dennise hasta apoyarlo en una palmera de cabeza al piso. La chica estaba muerta de miedo.
-¡Basta! ¿Qué hacen? ¡Ella es buena!-la defendió Victoire.
-Tú cállate, ya hablaremos. Mientras tanto, pequeña gringuita, hace un rato vinieron por aquí unos pesados que deben ser tus hermanos. No te vamos a matar, por que todavía no maté a nadie y no quiero que mi primera muerte sea una niñita Muggle tan bonita- la chica cada vez estaba más asustada-. Te vamos a dejar ir, y de paso les llevaras un mensaje a los idiotas de tus parientes, diles que si alguno se cruza en mi camino, sin importar sexo o edad lo mato ¿entendiste? ¡Así de simple! Ellos se fueron por allá, así que vete y no regreses. ¡Liberacorpus, Finite Incantatem!
La chica cayó desde lo alto y corrió con toda la velocidad que le permitieron las piernas en la dirección que le dijo el muchacho.