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Historia 32503 — capítulo 12
**XII.**Visita de mamá
De pronto se largó a reír afirmándose del escritorio con una mano, y con la otra el estómago. Y tal como le vino la risa, se le esfumó.
—Estás loca, ¿para qué quieres que te castigue?
Para qué. Buena pregunta. ¿Para qué quería que me castigara? ¿Para que la pasáramos bomba e hiciéramos cenas románticas todos los días? ¿O simplemente para que me dejara sola fregando calderos? ¿Cuál era mi fin exacto? Creo que ni yo lo tenía claro.
—Bueno… — las piernas me temblaron cuando lo vi avanzar hacia mí con paso militar, pero me mantuve apegada a la puerta, lista para salir huyendo o para quedarme allí en el caso de que fuera necesario. Y fue necesario cuando el profesor de Pociones apoyó un brazo por encima de mi cabeza y se agachó un poco.
—O, mejor dicho… ¿de qué forma quieres que te castigue?
Tirité otro poco y se inclinó más.
¿Iba a hacer lo que yo pensaba o fue un mal pensamiento? Cerró los ojos, bufó y entonces habló con una frialdad que despedía hasta por los poros.
—¿Quieres ser castigada? Entonces ve a fastidiar la vida de algún otro profesor. Te garantizo a la profesora McGonagall. Hoy ha tenido un pésimo día, tanto como yo, así que…
Iba a tomarme del brazo para sacarme, de seguro, con una patada en el trasero de su despacho, pero alcancé a reaccionar.
—No te habrás olvidado de lo ocurrido, ¿o sí?
Lo de tutearlo me salió del alma.
Se cruzó de brazos y me miró echando chispas por los ojos.
—¿Quién te crees para tratarme de "tú"?
—¿Se olvidó ya? —intenté reparar el error.
—Escúchame, Nymphadora.
—Dígame…
—¡Nymphadora! —me cortó, haciendo que me diera un golpe en la cabeza con la puerta al echarme hacia atrás por el susto — Primero que todo, no sé de donde sacas tanta confianza…
—Nos conocemos hace años…
—Y, segundo, sigo siendo mayor que tú, y tu profesor, así que me debes respeto —cada vez los dientes lo tenía más apretado y parecía ventrílocuo de tan poco que movía los labios al pronunciar las palabras —; y tercero: no te voy a castigar.
—¿Por qué no?
Vamos, hazlo enojar.
—Me cansé —farfulló.
Comenzamos una lucha en la que nos empujábamos uno al otro: el para querer abrir la puerta y sacarme, y yo para evitarlo. Tenía el triple de fuerza que yo, pero al menos yo podía empujarlo con la cabeza por ser mucho más baja.
No sé como nos alejamos lo suficiente de la puerta para que esta fuera abierta sin golpearme. Lo que nunca pensé es que se fuera a abrir y apareciera la persona que menos pensaba encontrarme durante un largo tiempo.
Ambos miramos hacia el umbral; yo asombrada y él… ¿asustado?
De pasar a casi reventarme los brazos con sus manos, me empujó tras su espalda, tomándome aún firmemente de la muñeca, pero sin violencia. Esta vez era como un signo de protección.
—¡Bellatrix! —susurró agitado.
—¿Qué pasa? —inquirí con exasperación mirando por sobre su hombro — ¡Es mi madre!
—¿Andrómeda Black?
—Por supuesto, profesorSnape —contestó mi adorada madre con su típica altanería Black. Y eso que era la oveja negra.
Mientras traté de zafarme de Snape, pero forcejeó antes de soltarme, observándome con inseguridad.
—Es mi mamá —murmuré con convicción para que me dejara aproximarme a ella —, no sé qué…
"…le sucede", pensaba decir, pero dejé la palabra en el aire.
El profesor tenía cara de aturdimiento aún, pero yo ya había superado la sorpresa, y me atacaba la duda en ese instante.
—¿Qué haces acá, Drómeda? —pregunté a mi madre que aún seguía en el umbral y miraba con recelo.
—He sabido que te han castigado un montón de veces, eh… por tu amigo Kingsley —su voz era severa.
Mi cara se alargó.
—Y ahora lo compruebo —avanzó hasta ponerse a un metro de Snape — ¿Por qué sujetabas a mi hija de ese modo?
—Eso pregúntaselo a ella —contestó el otro con sequedad.
—Pero te lo estoy preguntando a ti.
—Mamá, es mejor que…
—Cállate, Nymphadora.
Casi se me cortaron los músculos de los globos oculares al ponerlos en blanco. Oír a mi madre llamarme así era lo más terrible de todo. Y si mi vista no me engañó, Snape me dirigió una sonrisa triunfante fugaz.
—Sigo creyendo que es mejor que se lo explique su hija. Ella sabrá mentirle mejor que yo.
—¿Mentirme? ¿Por qué tendría que mentirme?
Snape miró hacia un reloj que tenía en una de sus estanterías y suspiró — ¿saben? Es tarde y tengo que revisar una torre de informes. Hagan el favor de retirarse.
—Veo que contigo no podré llegar a ninguna explicación clara, lo que no me sorprende —los miré confundida. De verdad lo estaba: se conocían desde antes. Un pinchazo de repentinos celos recorrió mi cerebro — En fin, el punto es este: si me entero que has castigado nuevamente a mi hija, vas a lamentarlo.
—No te preocupes, no voy a castigarla nunca más —sus ojos se posaron unos segundos en los míos y comprendí su directa, porque eso no era una indirecta.
—Vamos, Dora.
La seguí arrastrando los pies y esperando a recibir algún reproche. Me llevó a un cuarto que estaba tras un tapiz: eso era lo bueno de tener antecesores que hubiesen asistido a Hogwarts, aprendías un montón de secretos. Pero ese no era el instante para sentirme feliz.
Se puso las manos en las caderas y me miró con las cejas arqueadas, su típica expresión de "explícate ahora".
—No tengo nada que decirte.
Eso era sólo para ganar algo de tiempo y pensar un poco más en mis respuestas.
—¿Ah, no? ¿Y qué sobre lo que ocurrió recién? ¿O tus castigos anteriores?
—Yo… reconozco que… bueno, quería golpear a Snape por haberme expulsado de la clase del otro día, y me expulsaron por una broma que hice… y los castigos anteriores se debieron a mis torpezas y mal comportamiento. No te puedo ser más sincera. Aunque puedo describirte mis bromas, si quieres.
—No te hagas la graciosa conmigo.
—No me hago la graciosa contigo, mamá —contesté sin ser atrevida —, no sé qué más puedo explicarte. Me porté mal y lo reconozco. Pero creo que no era necesario que vinieras casi a medianoche a Hogwarts para aclararlo.
Luego llegó el discurso de madre a hija en el que te hablan de tu futuro y del "debes madurar, ya tienes dieciséis años". Finalmente me hizo prometer que no me rebelaría más porque, sino, le diría a papá lo ocurrido. Lo gracioso era que Ted habría apoyado mis rebeldías. ¿Mis genes de quién eran, sino provenientes de mi padre?
Por último, y que fue lo que más me quedó dando vuelta en la cabeza, me advirtió que debía alejarme de Snape lo más posible. Incluso si podía salvar la materia sin presentarme a las clases, que lo hiciera. ¿Qué tan malo podía ser Snape aparte de lo que ya era? Entonces, nos despedimos con un abrazo y yo fui directo a enfrentar a Kingsley. La sala común estaba desierta, así que supuse que debía estar acostado.
Entré en silencio a la habitación, pero creo que choqué con algún baúl porque sentí un dolor horrible a la altura de las pantorrillas. Me senté a la orilla de la cama y lo sacudí hasta que despertó. Me miró desconcertado, pero no se desconcertó tanto cuando hablé.
—¡Le escribiste a mi mamá! ¡Eso estuvo muy mal! —farfullé.
—Tenía que hacerlo, te estabas pasando un poco de la raya y a mí no me hacías caso.
—Pero resulta que te equivocaste, ¡Snape nunca me castigó! Y ahora, si es que lo llega a hacer, mi madre tomará cartas en el asunto, y no sabes lo pesada que puede ser mi madre…
—¿En serio que Snape no te castigó? —inquirió escéptico.
—De verdad.
—¿Y qué tuviste que hacer para que tomara esa decisión?
Me puse colorada; por suerte estaba oscuro.
Creo que fue un beso lo que le hizo tomar la opción.
—Nada, no sé, le caigo mal y no me quería tener cerca, eso me dijo.
—No me extraña… ahora, voy a dormir si no te molesta. Buenas noches, Tonks.
Insistí en que me diera alguna disculpa, pero se durmió al instante y yo tuve que ir al cuarto de chicas de séptimo para hacer lo mismo.
Era pasada la media noche cuando cerré los ojos. Y lo último que pensé fue en lo que me había dicho mi madre: ¿Qué tenía Snape, aparte de lo idiota, gruñón, apático y misántropo? No me alejaría de él; Al contrario, tenía que encontrar la manera de recuperar algún castigo. O no, más bien, de llamar la su atención y comprobar mis pensamientos. Un beso era un beso, pero un beso apasionado… significaba mucho más. Quizá el que me tomara en cuenta me tomara menos trabajo del esperado.