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Historia 32503 — capítulo 2

Aquí traigo el segundo capítulo, lectores queridos, en su mayoría damas.

Agradezco a las que han decidido leer esto y han dejado sus comentarios amorosos.

Espero que disfruten este capítulo!

**II.**Inodoros de defensa.

Admito que soy tan cambiante como mi condición especial de magia. Cambio mucho físicamente, igual que en mis decisiones. En la noche, mientras intentaba conciliar el sueño, me prometí que no fastidiaría más en clases de ningún profesor, con mayor razón en las de Snape. Al pobre podría terminar sacándole las canas verdes que no tenía con los demás estudiantes, y me sentí algo similar a lástima. Pues bien, cumplí. El fin de semana sólo me dediqué a los deberes con la ayuda del sabelotodo de Shacklebolt, y me la pasé hojeando libros en la biblioteca para escribir las muchas redacciones que debía. En la de Snape escribí bastante: había pedido veinte centímetros, claro. Y me faltaron sólo dos, pero por dos centímetros… ¿quién pondría un cero por eso? Tal vez ni siquiera se diera cuenta.

No sentí la necesidad de conversar y distraer a mi compañera de puesto, ni tampoco de fastidiar a nadie ni lunes, ni martes, ni miércoles, ni jueves, por la única razón de que no me tocaba con él hasta el viernes. Y el viernes cambié de parecer completo cuando lo vi aparecer por la puerta con su toga negra, ondeando tras él… Se me resbaló el codo de la mesa y me fui con silla y todo al suelo con un estruendo horrible. Más que la silla, fueron las carcajadas que estallaron incluso antes de que me pegara el porrazo. Con el pelo rojo de vergüenza me puse de pie y acomodé la silla.

—Aprovechando que se ha parado efusivamente, Nymphadora Tonks —me dijo Snape mientras tomaba asiento en su escritorio con esa profunda mirada de asesino profesional —recolécteme todos los pergaminos de las redacciones.

—Pero…

—Ahora.

Ni siquiera supe por qué dije el "pero", porque no tenía ninguna excusa. La cosa era decir algo. Me acomodé la falda dignamente, tropecé con mi propia silla y pasé pupitre por pupitre solicitando los informes. Lockwood, por supuesto, se rió en mi cara tirándome unas cuantas gotas de su asquerosa saliva y depositó su roñoso pergamino sólo para arrebatármelo antes de que yo cerrara la mano en él.

—Entrégamelo, por favor —susurré para que sólo él escuchara. La voz me salió un poco fuerte, así que en un radio de un metro se giraron varias cabezas de Slytherins y rieron por lo bajo.

—Claro, Nymphadora.

—No me digas Nymphadora.

—Sí, Nymphadora.

Algo que nunca me ha gustado es que me digan Nymphadora. Es horrible, es denigrante, es el nombre más feo que he podido oír en mi vida, y no sé cómo diablos mis padres decidieron dejarme en vergüenza de por vida con tanta crueldad, si lo único que hice fue nacer, nada más. Y, tanto que he repetido que no me gusta, que el colegio entero sabe que detesto que me llamen de esa manera. Por acción instintiva agarré el pergamino y lo tironeé para quitárselo de la mano. Lockwood, de la risueña expresión de su cara pasó a una de seriedad. Jaló él también, y yo lo volví a hacer. Finalmente agarré el pergamino con las dos manos, y fue tanta la fuerza que generamos, que éste se rajó y salí despedida hacia el suelo nuevamente, haciendo que todos los pergaminos recolectados volaran por el aire y quedaran esparcidos en el suelo.

—¡Profesor, ha roto mi trabajo! —se quejó el perro sarnoso de Lockwood desde su mugroso asiento. El peligraso de Snape me miró con las cejas arqueadas y suspiró.

—Después de clases te quedas. Y no acepto excusas. Ahora, siéntate —agregó cuando vio que yo me estaba agachando para recoger los pergaminos —. Lockwood, serás aprobado por la inutilidad de la señorita Nymphadora. Ahora, veamos si eres más inteligente que ella y puedes recoger los trabajos sin mayores problemas.

Si por poco me salía el humo de las orejas, pero tuve que obedecerle porque no quedaba otro camino, y me enfurruñé en mi asiento apenas poniendo atención a su clase.

Cabe decir que éste idiota se jactaba de recoger los trabajos como si lo hiciera de maravillas. Y también puedo agregar que mi casa, Hufflepuff, no me tenía mucho respeto porque por mi culpa casi siempre estábamos en cuarto lugar.

Luego el satánico de Snape nos dejó con la poción alargadora de piernas la cual, se supone, tenía que quedar amarilla, y me quedó azul, mientras él revisaba los informes en su escritorio.

Cuando comenzó a revisar a cada estudiante para vigilar sus pociones correspondientes, se detuvo ante mí más de lo esperado. Yo estaba con la cabeza gacha, nerviosísima, y mi pelo largo, en sus puntas, estaba tomando nuevamente el color rosado. Tomó la cuchara y alzó un poco de su contenido, dejándolo caer.

—Tiene un cero bien merecido, Nymphadora. Estoy orgulloso de usted.

Me obligué a cerrar la boca con todas mis fuerzas. Ya tenía suficiente con tener que quedarme después de clases. Y pensé que hasta ahí habían quedado mis humillaciones del día. Sin embargo me gané un cero en mi redacción por los dos centímetros que me habían faltado, y lo publicó ante todos.

—Está tan mal escrito que no saco nada con entregártelo. Es incorregible —y sin más lo botó en el tacho de la basura y le prendió fuego con la varita. Lo único que me acuerdo es que abrí la boca como estúpida.

Por fin tocaron la campana para el recreo, ya me estaba comenzando a desesperar. Mientras todos dejaban la sala, y Shacklebolt me daba una palmada de apoyo en el hombro, yo me dejaba caer en la mesa, abatida. Snape se plantó delante de mí cuando no quedó nadie más en el aula.

—Bájate de la mesa —me ordenó.

Y lo hice.

—Ahora, sígueme.

—¿Qué…? —iba a preguntar que qué diablos tenía que hacer para cumplir mi castigo, pero él me interrumpió. Claro, el desgraciado casi siempre sabe lo que uno piensa, así que de seguro me había leído la mente.

—Irás al baño del tercer piso a limpiarlo.

—Pero, ¿no que está…? — ¿… fuera de servicio? Eso era lo que planeaba preguntar.

—Sí, pero eso no significa que no tenga que estar sucio y que jamás haya sido utilizado —con mucha fuerza me agarró del brazo y me llevó casi corriendo hasta el tercer piso. Tenía un montón de fuerza, y era una cabeza más alto que yo, así que imposible intentar liberarme.

—Debe quedar todo impecable.

—Pero Myrtle va a…

—Me importa un bledo esa ridícula. Aprenderás a tratar con ella si no quieres que llene el baño de agua.

Era imposible tranzar con Snape, definitivamente. Pero luego supe que era peor hacerlo con Myrtle la Llorona, el maldito fantasma de una niña fea y tonta de aquel baño. ¡Juro que intenté ser amigable! Fui amable, y ella lo fue hasta que le pedí si podía salir de su inodoro para limpiarlo. Ella se enojó. Entonces lo hice explotar. Pero la idea no era hacerlo explotar, sino hacer que ella se fuera por las cañerías. Obviamente se alzó furiosa y gritándome todo tipo de cosas. Lo único que atiné fue, con mi pobre magia, sacar los retretes de su lugar y lanzárselos como tiro al blanco, como si con eso pudiera detenerla de sus gritos. Ella, para defenderse, me atravesó varias veces dejándome el cuerpo resentido, pero aún así yo seguía siendo más ágil y más estúpida que ella, así que los movimientos que salían de mí eran prácticamente involuntarios y fatales para ella.

Finalmente recordé que en cualquier momento podía llegar Snape a revisar si estaba haciendo bien mi trabajo, y salí corriendo de allí. Diré que fue Peeves. Pero no me creerápensé desesperada. Sabía que me encontraría y me impondría otro castigo. Pero en el fondo, yo sabía que no me rendiría tan fácilmente.

PS: No tengo nada que decir, salvo que, si desean dar ideas para el fic, algo que les gustara que sucediera, no lo sé, me lo pueden decir. Y siempre recuerden reportar los errores.

Besotes!!