Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.7% · 90,801 de 95,911 páginas identificadas · 90,162/90,522 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 32503 · de

Historia 32503 — capítulo 3

Potterfics, como bien sabe, se murió por unos días, así que mi intención de actualizar rápido este fic no se pudo cumplir muy bien.

Espero que les guste el cap!

**III.**Duelo con Lockwood

Decidí subir hasta el sexto piso para ganar ventaja en el caso de que cierta persona ya hubiese descubierto el desmán que había causado en el baño, y a la pobre Myrtle. No era que me diera pena, pero seguía siendo una desdichada. Por algo se murió tan joven. ¿Seré desdichada yo? No me siento como una, así que no tendría que por qué morirme ahora, al menos que Snape decida lanzarme un Avada Kedavra, o simplemente me tirara por la ventana. ¡Oh! No, otra idea mejor: tal vez apareciera el estúpido de Lockwood con su amigo Masterson para molestarme… Como estaba ya ocurriendo.

Doblé una esquina para buscar un acceso fácil para subir lo más directamente hacia el piso deseado, pero me topé de frente con ese desgraciado. Entre Lockwood y Snape, no sé porqué prefería a Snape. No obstante, Lockwood ya me había visto y era más que peligroso mostrarle mi espalda flacuchenta para que practicara con ella un encantamiento látigo o algo por el estilo.

—Vaya, vaya… Mira, Liam, con quien nos venimos a topar.

Liam Masterson era una copia barata de Lockwood. Si alguien hubiese osado a imitarme ya le habría sacado los ojos hace rato. Oh, oh. Pensamientos Black. No, corroboro: si alguien hubiese osado a imitarme, ya le habría hecho enterarse de una manera muy antipática.

Masterson formuló una sonrisa patética, igual a la de Lockwood. Tal vez eran hermanastros, y ninguno de los dos estúpidos se había dado cuenta.

—No tengo ganas de pelear, Lockwood. En serio —mentí descaradamente. De pelear tenía un montón de ganas, y los hechizos defensivos me salían de lujo, el gran problema es que las probabilidades dictaban que había un cien por ciento de posibilidad que resbalara, cayera y me golpeara con el suelo.Y no veía a nadie cerca como para que pudiera ayudarme.

—Pero nosotros sí, ¿no, Liam?

—Sí, Alfred, tenemos ganas de pelear, ¿oíste, Nymphadora?

Sacaron las varitas de sus bolsillos y me señalaron sin vacilar.

—En serio no me gusta hacerle esto muchachos pero… —en un segundo desenvainé la varita y exclamé — ¡Desmaius!

Pero Lockwood lo esquivó a tiempo, y Masterson no dejó pasar la oportunidad.

—¡Desaungeo!

Los evadí pegando un salto hacia la derecha —no quería tener los dientes como conejo— , pero las piernas se me enredaron y caí, casi de boca, si no es porque pongo la mano izquierda que sonó al fracturarse. Solté una blasfemia terrible. Mi madre me habría metido un sopapo en la garganta para sacarme la palabra del alma.

Para que no me llegara el Fregotegoconvocado por Lookwood directo a la boca, agaché la cabeza. Sentícómo se me llenaba de espuma, y luego rodé a la derecha, alzando la varita a ciegas por sobre mi cabeza.

Granos. Pensé en granos.

—¡Furnunculus!

Por el grito desgarrador que escuché debió haberle llegado a Masterson.

Me atreví a alzar la cabeza para observarlo, por puro placer, y la verdad es que fue placentero verle un poroto en vez de un ojo izquierdo.

Ese segundo de distracción fue perfecto para Lockwood. Por suerte no era muy creativo o violento para los duelos.

—¡Oppugno!

Apareció una olla vieja por la punta de la varita, que me pegó de lleno en la frente, dejándome atontada, pero no lo suficiente como para no moverme. Volví a rodar, me arrodillé en una pierna y realicé mis últimos dos hechizos defensivos del día.

—¡Expelliarmus! —ese fue para Lockwood, que fue a chocar contra una de las armaduras —, ¡Petríficus Totalus! —y ese fue para Masterson, que al mismo tiempo gritó Oppugno, tal como lo había hecho Lockwood, y me llegó otra olla en la frente, botándome al piso y dejándome tonta de verdad. Lo único que sé es que Masterson cayó hecho tabla con su ojo izquierdo parecido a un racimo de uvas con tamaño doble.

—Maldita fenómeno —gruñó Lockwood adolorido, tratando de reincorporarse de las piezas de metal de la armadura, o eso creí, por el ruido de metal chocando.

Sí, fenómeno es como me llamaban muchas veces por ser Metamorfomaga. Lo que no sabían era que, ser Metamorfomaga, era de lo mejor. Idiotas.

De pronto oí voces, y pensé por un momento en que eran estudiantes, pero era peor: fantasmas.

—… Y es en serio, mi querida Dama Gris —decía Nick Casi Decapitado, fantasma pomposo de Gryffindor —, en esos tiempos el hechizo de Desaparición no se había descubierto, y quienes lo practicaban lo hacían por coincidencia más que… ¡Por el tendón que me afirma la cabeza! ¿Qué es esto?

—Hay que llamar a algún profesor —sugirió la Dama gris con su voz pacífica.

Yo todavía estaba algo ida por los dos ollazos que me dieron, pero traté de arrodillarme; temía que Lockwood se lanzara contra mí otra vez.

Pero eso no sucedió. Se oyeron pasos, y eso sí que indicaba peligro. Con mayor razón cuando se trataba de los pasos de Snape.

—Profesor, ha habido un duelo, doblando la esquina… —oí que decía Nick a lo lejos.

Snape no tardó en aparecer, y fui a quien se le acercó primero. Me tomó de los brazos y me paró con brusquedad. No pude evitar marearme, pero eso no me impidió ver su cara de asco al mirar mi frente. Con la mano buena me toqué dos huevos en el lugar afectado.

—Lockwood, ¿puedes ponerte de pie?

—No, creo que me torcí un pie.

Snape apuntó a Masterson deshaciendo el encantamiento. Éste se puso de pie, hecho una fiera.

—Masterson, lleva a Lockwood a la enfermería, y aprovecha para ir por tu ojo.

—Yo no fui la que empezó todo esto…

—Tú empezaste, maldita mestiza —le escupió Lockwood mientras su amigo lo ayudaba a caminar.

—No me interesa quién empezó esto.

Ya veía con claridad, así que me dio terror su mirada de perro rabioso. Pero más terror me dio cuando me tomó de la muñeca izquierda. Tuve que soltar un grito desgarrador.

—¿Qué demonios te pasa?

—Me… me… fracturé la muñeca —tartamudeé con los ojos llenos de lágrimas.

Con brusquedad me agarró de la parte posterior del cuello y me llevó a cien por hora hacia la enfermería.

—Ni te atrevas a excusarte —me advirtió en el camino.

Madame Pomfrey miró con malos ojos a Snape al ver cómo me tenía del cuello, pero no le dijo nada, salvo preguntar qué me había pasado.

—Tuvo un duelo no permitido y se fracturó la muñeca.

—Ah, nada que no puede arreglar en un segundo. Puede retirarse, profesor Snape.

—No. Me quedaré a esperar, porque tengo que hablar unas palabras con Nymphadora Tonks.

La amable enfermera me llevó del codo hasta una cama.

—Lo siento mucho, pero la hinchazón de la frente no la puedo curar.

—No importa —dije. Y es de verdad no me importaba.

¿Qué me iba a decir Snape? Castigo. Sí, "Nymphadora Tonks, tu castigo será limpiar el suelo del castillo con la lengua", o, "Nymphadora Tonks, tu castigo será suicidarte sin ensuciar con sangre". Oh, eso sonó muy Black. Me quedo con la primera.

Pomfrey me curó la mano en un segundo, pero me puso una venda por si las moscas, porque la tenía aún delicada e hinchada.

—Listo, querida y… oh.

Lockwood acababa de entrar arrastrando el pie, ayudado por Masterson.

Madam Pomfrey fue hasta ellos y se distrajo. Yo iba a pararme, pero Snape me hizo una indicación de que me quedara allí. Se aproximó, imponente, y cerró el dosel de la cama, ocultándonos de la vista de los demás.

Como estoy escribiendo en primera persona, y me acostumbré a escribir en tercera, puede que aparezca un error de ese tipo. Si es qu lo hay, no duden en avisarme!

Besos y abrazos.