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Historia 32503 — capítulo 4
Lo prometido es deuda! Aquí está el capitulillo nuevo!! Y si la página decide no morir, la próxima actualización será el viernes.
**IV.**Puntos negros
Pensé que no se sentaría, pero así lo hizo, lo que me obligó a irme hacia la cabecera, donde estaba la almohada, para mantenerme alejada. Su mirada realmente daba miedo, y había algo más que me intimidaba… y atraía.
Sacó la varita, apuntó cada cortina, y no pasó nada, así que no tengo idea qué hizo.
—¿Has estudiado Defensas contra las Artes Oscuras últimamente, Nymphadora? —indagó con su sutil voz de serpiente, apenas moviendo los labios.
—No… n-no —nunca tartamudeo… ¡y ahora lo vengo a hacer!
—Bien. Lo que he hecho a las cortinas no lo sabrás en las clases, pero sólo te adelanto que es para que nuestras voces no se oigan. Y lo inventé yo —se jactó. ¿El muy petulante había inventado un hechizo?
—Prof…
—¡Silencio!
Me callé y tragué saliva. Creo que me puse un poco roja de nervios. Me refiero a ROJA, del color rojo, no del color rubor.
—Tengo muy poca paciencia, Nymphadora Tonks. Y tú ya me la has quitado toda. Eso es muy malo —y si era muy malo, ¿por qué me hablaba con tanta tranquilidad? — ¿No quieres que me desquite con los demás, o sí?
—Los demás no tendrían nada que ver en…
Se inclinó mostrando los dientes. Estábamos a más de un metro de distancia, pero su mirada la sentía como a tres centímetros.
—Me-has-quitado-la-paciencia —recalcó —. Te restaré los veinticinco puntos que ha logrado ganar Hufflepuff. Pensé en dar una oportunidad a la casa de surgir, evitando relacionar tus estupideces con esto, pero con tu comportamiento… —hizo una mueca — Pronto tendrás más puntos negros en la cara que puntos para dar a Hufflepuff.
—Por favor —imploré con mis ojos oscuros muy abiertos, llevándome la mano a la cara inconscientemente —castígueme si quiere, pero no le quite puntos a la casa por mi culpa.
Soltó una risa despectiva, lo que me hizo temblar un poco, y temblar la cama.
—¿Crees que puedes hacer lo que quieras, Nymphadora Tonks… Black?
Mi segundo apellido lo dijo con odio, como si fuera una grosería pronunciarlo.
—¿Crees que eres importante, eh? ¿Crees que puedes comprar a los profesores, suplicándoles con castigos, como lo hacía tu querido primo Sirius?
—Sirius no tiene nada que ver con esto, ni siquiera…
—Lo admirabas, ¿a que sí? ¿O lo sigues admirando por hacer lo que hizo? Quieres seguir sus pasos, eso es.
—No, yo…
El idiota no me quería dejar explicarme. Le temblaba la barbilla al hablarme y poco a poco se me acercaba, como una serpiente venenosa. Y eso no era lo peor, es que realmente me estaba haciendo sentir mal. Sirius Black, mi primo en segundo grado, era un tabú de mi madre, ya que en la infancia se habían llevado de pelos, eran como hermanos, pero desde que se había metido en la cárcel… Y yo lo conocí lo suficiente como para quererlo mucho. Así que no era mi tema preferido.
—Déjame quitarte la ilusión, los buenos recuerdos. Para que sepas, tu querido primo era un verdadero atado de problemas; le encantaba ser el centro de atención tal como lo haces tú, sobre todo…
—¡Diablos! Si a usted le caía mal mi primo, no es mi problema ¿Me piensa castigar o qué? —le espeté, poniéndome de pie.
Le grité lo bastante fuerte como para que me enfrentara. El desgraciado me apuntó con la varita, directo al pecho.
—Cuidado con lo que dices, Nymphadora. No eres ningún ser especial como para que te creas el cuento de que eres lo mejor. Veo que tienes un montón de sangre Black corriendo por las venas —soltó con desprecio.
¡Por favor! ¿Creerme lo mejor? Jamás lo he hecho, y no lo haré ahora. El problema es usted, estúpido. ¿Acaso no se da cuenta? Sólo me encanta llamar su maldita atención, me da igual los demás. Por mí que Lockwood se vaya al infierno y me deje molestar a Snape en paz. Aunque, debo reconocer, que me daba miedo de todos modos.
Movió la varita por última vez, en dirección a las cortinas, y, dirigiéndome una mirada que sugería un "córtate la cabeza", se fue de la enfermería, seguido por su capa.
Tardíamente me llegó el efecto del enojo. Que hablaran de mí todo lo que quisieran, pero cuando incluían a mi familia… Eso era muy malo. Los Black eran una rama aparte, y los odiaba bastante para no querer algo con ellos.
Snape había puesto el dedo en la llaga, y lo iba a pagar. No era que tuviera un plan en ese instante, pero ya se me ocurriría algo para desquitarme.
Por suerte Lockwood estaba acompañando a Masterson para que le desinflaran la coliflor del ojo. No podía hacer nada, salvo hacerme un gesto grosero con la mano, sin que Madame Pomfrey se diera cuenta.
Camino a la sala común pasé al baño a mirarme la cara. ¡Uf! El único punto negro que tenía estaba en mi nariz, en una parte que no se notaba. Así que Snape debe haberlo dicho sólo para burlarse.
Llegando a la sala común me puse de cabeza a hacer los deberes con ayuda de Shacklebolt, que no paró de darme la lata con su voz de cantante de Jazz durante hasta la hora de la cena.
—Algún día se aburrirá tanto de ti, que la mejor solución que tendrá será expulsarte del colegio.
—Lo que tú digas, hombre.
—No solamente lo digo por él, sino por los demás que se habrán hartado de ti.
Tal vez fuera cierto que se hartaran de mí. Pero después de todo resultaba hasta simpática, ¿no? Lo único que les molestaba era mi torpeza. Y mi fantástica cualidad de ser Metamorfomaga.
—Eres demasiado inmadura, Tonks.
—¿Yo? ¿Inmadura? Lockwood es inmaduro. Yo no.
Salimos del camino de las bodegas hasta el vestíbulo, donde nos tuvimos que detener. Un grupo grande de Hufflepuff, más unos cuantos de otras casas, rodeaban los relojes de arena de los puntajes. Todos tenían cara de terror y hablaban furiosos.
—¿Qué sucede? —indagó Shacklebolt, con su voz de prefecto. Siempre se me olvida que lo es, y lo recuerdo cuando habla más profundamente de lo normal.
Se abrió paso entre la multitud, echó una mirada al objeto de atención, y luego se volvió hacia mí, con cara de asesino.
Pensé que vendría a insultarme, porque razón la había, pero en vez de eso, me ignoró y se dirigió hasta el comedor.
Lo seguí rápidamente.
—¿Kingsley? — una vez a las quinientas lo llamaba por su nombre.
Me ignoró. Y lo volví a llamar, y me volvió a ignorar. Quedé con cara de sorpresa entre mi mesa y la de Gryffindor.
Desde la mesa de Slytherin, Lockwood gritó:
—¡Eh, Hufflepuffs! Para los que no han adivinado quién fue, yo les digo una pista: la Fenómeno.
Madre santa de los mil demonios. Quise hundirme en ese mismo lugar, pero no lo hice. Lo único que atiné fue mirar hacia la mesa de profesores, donde estaba Snape. Éste sonrió… ¿triunfante? Eso era quedarse corto.
—Ni se te vaya a ocurrir sentarte acá, Nymphadora —me dijo Margaret con crueldad, tapando el asiento contiguo con la mano. Ella solía ser mi compañera de charlas en las clases, y era una de las pocas que me caía bien.
No iba a quedarme allí, por supuesto, con el silencio reinando y las vistas fijas en mí; todos debían de saber que los pocos puntos de mi casa, los que habían reunido durante cuatro días, se habían esfumado mágicamente. Además, el hambre había desaparecido, reemplazándolo un horrible dolor de estómago.
Me di media vuelta, y desaparecí del gran comedor.
Mil chorrocientas gracias a las personitas que leen esto. Besos y abrazos enormes! Espero que les haya gustado el cap.
Cariños y Snapes para todas, ajaja.
Sole.