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Historia 32503 — capítulo 6

Lo admito, me retrasé, y a propósito, ajaja. Soy malvada. Pero lo hice porque tuve un estanque de creatividad producto de... ¡Los malditos Sims2! Nuevamente he sido atrapada, y estoy volviendo a controlarme. Pero no se preocupen, porque no es nada grave. Mañana me pondré las pilas y escribiré como una bala...

Besotes, y disfruten del cap!

**VI.**Extremo

Me levanté con la mandíbula en alto, orgullosa. En serio, estaba orgullosa de mí misma, pero eso no me impidió ser pasada a llevar por todos los que estaban saliendo del aula, así que me retrasé en la llegada al despacho de mi**queridoprofesor de pociones.

Se estaba pasando una toalla con alcohol cuando hice acto de presencia. Creo que, más bien, se estaba lijando el rostro para quitarse el moco de troll que tan bien le había llegado, y tenía que auto-felicitarme por ello. Cuando terminó de hacerlo, con la cara limpia, pero las cejas despeinadas, ya no supe si estaba rojo de ira, o de refregarse la cara o… por las dos cosas.

Me mostró los dientes, así que supe que era lo primero. No pude evitar temblar, pero no podía perder mi valentía en ese momento…

Comencé a aproximarme a una butaca, pero éste explotó:

—¡Yo no te he dicho que te sientes!

Me sobresalté, y me sobresalté más cuando dio unas cuantas zancadas para llegar hasta mí. Empezó a pasearse por alrededor de mí, lo que le dio un toque amenazador a la escena.

—He soportado bastante de ti, ¿sabes?

—Bueno…

—¡NO ME CONTESTES! ¡No te atrevas!

Se puso tan cerca de mí, que sentía su respiración mezclándose con la mía. Mi pelo comenzó a cambiar de color. ¡Contrólate, contrólate, contrólate! ¡Maldito pelo! ¡Maldita condición de Metamorfomaga! ¿Por qué me estaba poniendo tan nerviosa? Lo único que sé es que no era por la regañina.

—Castigarte, prácticamente, sería como una felicitación —reconoció—. ¿Qué otro castigo podría darte? ¿Buscar tesoros perdidos en el Bosque Prohibido? ¿Encerrarte en un armario con Peeves?

No, pero si me encierra en un armario con usted…¿Qué diablos estoy pensando?

—¿Que Argus te cuelgue de las cadenas, en las mazmorras? —continuó— ¿Que limpies todo el piso de Hogwarts con la lengua?

Sin querer solté una risita, recordando que yo había tenido un pensamiento parecido.

—¿Crees que es gracioso? —me desafió, reanudando sus pasos, girando en mi entorno. Creo que le picaban las manos al intentar no agarrarme por el pescuezo y zarandearme como a una posesa.

—No, lo que pasa es que, recordé que….

—No me interesa lo que hayas recordado.

—Pero es que…

Se plantó frente a mí súbitamente, lo que me obligó a cerrar la boca.

—Pues ya no tengo muchas opciones. No tengo muchos castigos lo suficientemente poderosos para disciplinarte —repuso— ¿Pero sabes lo que me quedaría por hacer?

No tenía idea de qué diablos me estaba hablando, así que, obviamente, contesté: "¿qué?".

—Pues… sacarte de mi clase.

—¿Sacarme de…?

—Sí, y para siempre.

De momento no lo encontré tan horroroso, hasta que agregó:

—Sabes lo que implica eso, ¿no, señorita… Futura ex Auror?

Mierda.

Mierda.

Mierda.

Más Mierda.

Y me cago en Dios. Ahora sí que me voy al infierno, pero eso es lo de menos.

No sé que cara puse, pero sé que a Snape le causó mucha risa. Inconscientemente, lo tomé por la túnica, casi llegando al cuello, porque era una cabeza más baja que él.

—Por favor —farfullé —. Haga todo lo que quiera, puedo de verdad limpiar el piso del castillo con la lengua, pero no me eche de su clase.

Me miró a los ojos sin contestar nada. Y yo no me había dado cuenta que estaba tan cerca de su cara, de puntillas, ahora, que hasta lo veía doble.

—Por favor —repetí—. Es mi única oportunidad. Es lo único que puedo hacer en la vida, porque para todo lo demás soy una inútil, y mi madre va a matarme. En serio va a matarme. ¿Quiere matarme?

Snape se limitó a tomarme las manos y tirar con fuerza para que lo soltara. Se dejó caer en la butaca en la que antes me iba a sentar yo.

Decidí seguir insistiendo.

—Aparte de ser mi vocación, es el trabajo indicado. ¿Qué pasará con mi familia? Me refiero, a mis padres. Usted sabe perfectamente que la familia que niego está llena de… Mortífagos. ¡Lucius! Usted lo conoce. A pesar de que diga que estuvo bajo el maleficio Imperius… necesito saber proteger a la gente. Por favor. No me expulse de su clase.

Snape escuchó con mucha atención eso, mirándome con los ojos entrecerrados. Pero no me respondió nada, así que me arrodillé a su lado, tratando de ponerme a su altura. Me miró con desconfianza.

—¿Y qué?

—¿Y qué, qué?

—Deberías prometerme algo a cambio, ¿no?

Supe que se refería a que no debía molestarlo más en clases, pero eso no podía prometerlo. Así que me quedé callada.

—¿Cuál es la razón… exacta… que tienes, para fastidiarme?

—La misma que tiene usted al hacerlo conmigo.

—Tú me molestas, yo te pago con la misma moneda.

—¡Eso es mentira! —me puse de pie— ¿Quién empezó con el apodo de "Fenómeno" cuando yo iba en primero? ¡Usted! Y claro, sus admiradores lo siguieron utilizando hasta el día de hoy —alcé un poco la voz — ¡Y ayer metió a mi familia para explicar mis actitudes! ¡Y pues, no! ¡No me parezco a nadie! ¡No soy como Sirius! ¡No soy ni como mi madre, ni mi padre! ¡Soy yo!

Snape se me quedó mirando un rato. Luego, arqueó las cejas y suspiró.

—Estás expulsada de mis clases.

—¿Qué? ¿Por qué? ¡Ya le rogué!

—Porque sí. Iré… No, mejor vamos de inmediato a hablar con el director.

Me tomó del brazo con firmeza y me tironeó para avanzar fuera de su despacho. Me resistí un poco.

—¿Qué?

—¿Cuál es el afán de tomarme del brazo? —pregunté sin ningún doble sentido. Sólo pensaba en la tortura que quería causarme.

No obstante, a Snape se le colorearon un poco las mejillasy me soltó.

Lo seguí, casi dando zancadas, porque caminaba demasiado rápido, y subimos los siete pisos, hasta el despacho del director, el cual yo jamás había conocido. Ésta era la primera vez que entraba en él, y me pareció de lo más bizarro.

—Señorita Tonks —me saludó afable, mientras dejaba un pesado volumen negro de lado, en su escritorio —. Severus, supongo que has tenido algún problema.

—¿Algún? Muchos problemas, señor director —dijo sin mejorar en ocultar la ira.

Y comenzó a nombrar cosas que yo había hecho, incluso, en años anteriores, como poner escarabajos en el plato de Lockwood, haberle robado, supuestamente, una bolsa de Grageas Bertie Botts —cosa totalmente falsa, porque él se las arregló para metérmelas en la mochila—, haber hecho que un grupo de unicornios se descarriaran con mi tan sola presencia en Cuidado de Criaturas Mágicas, haber hecho estallar unos cuantos calderos… y comportarme de una manera muy poco académica en clases de Pociones, hasta el día de hoy.

—La he castigado bastante, pero parece no entender, y yo ya no puedo luchar con la incapacidad de su cerebro. La única solución es que no pueda asistir más a mi clase.

Miré a Dumbledore, desesperada.

—Cumpliré diez castigos más para sancionar lo que he hecho —prometí —, pero necesito estar en Pociones.

Dumbledore pareció reflexionar unos segundos.

—Estás llegando a un exagerado extremo, Severus —comenzó —. Sé que hay muchas cosas que Tonks ha hecho sin querer, y que otras han sido producto de devolver la mano a quienes la molestan. Así que no será expulsada de tu clase, pero tienes el permiso de castigarla el tiempo que estimes conveniente.

—Pero, señor…

—La decisión está tomada —lo cortó, y luego, se volvió hacia mí —. ¿Prometes no armar más problemas sin razón, Tonks?

Mentirle a mi padre era como contar un chiste. Mentirle a mi mamá era garantizarme que tarde o temprano se enteraría de la verdad. Mentirle a Snape era recibir un castigo. Mentirle a Dumbledore hacía que me sintiera más que fatal. ¡Era tan simpático, adorable! Pero, vamos. Trataría de cumplir mi promesa.

Asentí secamente, como si tuviera arena en el cerebro en vez de neuronas.

Fuera del despacho, Snape ni siquiera me insultó. Yo había frustrado sus planes, y eso le dolía en el alma.

Cariños para todas!!

Sole.