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Historia 32660 — capítulo 8

¿Quién Me Manda A Abrir Mi Bocota?

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-¿Está Potter detrás de mí?--pregunté angustiada, sin atreverme a virarme.

-No--respondió Chelsea con la mirada aún fija en lo que estaba detrás de mí--Es aún peor.

Y una risa escandalosa y perruna retumbó en las paredes de la Sala Común. Ni siquiera mis peores pesadillas se acercaban a esto… ¡Que alguien me mate ahora mismo!

Me viré lentamente, temiendo confirmar con mis ojos lo que mis demás sentidos gritaban a viva voz. Nada pudo prepararme para lo que significó encontrarme frente a frente con esos ojos grises.

-¿Qué hay, Evans?--dijo sencillamente, imprimiendo cada sílaba con autosuficiencia--Lindo día para confesar tus más profundos deseos carnales, ¿no?

¡Maldición! Pasó a mi lado rápidamente y se situó junto a Lauren. Aún sin poder regresar a mi posición anterior, escuché cómo se saludaban afectuosamente.

-Entonces Prefecta, ¿lista para formar parte del grupo de fans de los Merodeadores?

Me viré a tiempo para ver cómo Lauren lo golpeaba en las costillas con el codo. Yo habría hecho un mejor trabajo, desde luego. Pero no era eso lo que me preocupaba. ¿Por qué mis amigas no me defendían? ¿Acaso Black tenía razón? ¿De verdad yo estaba destinada a ser una más de las conquistas de ese Casanova de segunda con lentes?

¿A quién quería engañar? ¡Cómo si ya no lo hubiese admitido frente a mis amigas!

-¿Cuánto por tu silencio, Black?--pregunté entornando los ojos.

-Ni todo el oro del mundo--respondió de la misma forma.

-Prometo no decirle a Lauren…--dije sonriente, totalmente confiada de que no le gustaría que Laur conociera sus trapitos sucios. Pero enseguida me acalló, luciendo una sonrisa más grande que la mía.

-Vas por muy mal camino, pelirroja. En primer lugar, Lauren conoce todo sobre mí. Sabe incluso más que los chicos… Y en segundo lugar,…--sonrió más abiertamente, revolviéndome el estómago con ese gesto--no tienes derecho a exigirme silencio. De hecho, sólo tienes 2 opciones.

Miré a mis amigas pidiéndoles ayuda, pero me ignoraron completamente. Era obvio que mis desgracias (que aumentaron exponencialmente con la aparición de Black) les parecían de lo más entretenidas. Regresé al Merodeador.

-¿Cuáles son?--tragué saliva ruidosamente. Sea lo que sea que pasaba por la mente de Black, sólo me iba a complicar más la vida.

-Le dices absolutamente todo a James…--hizo una pausa para darle más drama, pero en ese momento tomé la decisión: ¡cualquier cosa antes que decírselo a James!--O se lo digo yo.

¡Maldición! ¡Maldición! ¡Maldición! ¡Y mil veces maldición!

Justo en ese momento que buscaba la mejor forma de mandarlo a comer excremento de dragón, el retrato de la Dama Gorda se abrió.

-¡Canuto, ¿dónde demonios estabas?!--acertaron, era James el que habló, seguido por Pettigrew y Remus. Los tres se quedaron de piedra al ver que Black estaba con nosotras.

-Tic tac, Evans. Tic… Tac…--susurró cuando pasó por mi lado--¡Ay Cornamenta, si tú supieras…!--le pasó el brazo por los hombros y lo condujo hacia la habitación de los chicos, seguidos por los otros dos--¡Acabo de enterarme de algo digno de la primera plana de El Profeta!

Me levanté como si tuviese un resorte en el trasero, pero ya habían cruzado la puerta de su cuarto. ¡Maldito y mil veces maldito!

-¡No se atreverá…!--dije con furia.

Ojalá ese hubiese sido el final de Black. Ojalá ese hubiese sido el final de mi tortura… Pero no. Todo lo que involucraba a los Merodeadores no tenía un final próximo o feliz. Menos aún si se trata de Black y Potter.

Pensar que Black me dejaría en paz sería una completa idiotez. Decir que me atormentó durante una semana entera sería quedarse francamente corta.

Cada vez que nos encontrábamos en cualquier lugar del Castillo hacía lo mismo: movía su dedo índice de un lado a otro al ritmo de ese molesto "Tic, Tac, Tic, Tac". Lo peor fue cuando lo hizo frente a Potter y yo enrojecí hasta la raíz de mi cabello al recordar lo que ese salvaje me había escuchado decir.

Lo bueno es que estaba cumpliendo su parte del trato. Es que francamente, de sólo imaginar la petulancia de Potter brotando de cada poro de su asquerosamente perfecta piel, me daba náuseas.

Pero Black es un maldito perro y eso todo el colegio lo sabe. Por eso no debí sorprenderme cuando me atajó en la Sala Común después de la cena.

-Pensé que una semana sería tiempo suficiente para que decidieras cuál sería la mejor forma en que le darías la noticia a James, pero él tiene razón--ni siquiera me importó que James hubiese dicho algo sobre mí. En esos momentos maldecía mentalmente a ese imbécil por haberme encontrado a pesar de que yo luchaba por evitarlo. ¿Cómo demonios lo hacía?--Aparte de neurótica, eres una testaruda de lo peor.

Levanté una ceja en señal de protesta, pero no dije nada. Potter y Black podían opinar lo que les viniera en gana sobre mí. ¡No es como si fuese a terminar casada con ninguno de ellos!

-De verdad que preferiría que se lo dijeses tú. Y si sigues así, vas a tener que cuidar cada cosa que bebes.

-¿De qué demonios…?

-¿Sabes? No eres la única que sabe preparar un poco de Poción de la Verdad--y el muy imbécil me mostró una ampolleta con Veritaserum, donde claramente faltaba un poco de poción.

-¿Desde cuándo te diviertes jugando al casamentero con tus amiguitos?

-¿Disculpa?--me preguntó curiosamente divertido.

-Escuché cómo amenazabas a Rem para que apurara su jugada con Chelsea--dije. Se me había hecho muy raro todo, porque Sirius parecía querer que Remus y Chels se hicieran novios. Y esta era la oportunidad perfecta para aclarar todo y ayudar a mi amiga.

-Remus es un hueso duro de roer--se rió de su chistecito privado--Pero James ya asumió… Y tú también. Ahora sólo falta que asuman su asunto juntos.

Y dicho esto se fue a su habitación, no sin antes agregar:

-Yo que tú lo haría esta misma noche. Los chicos y yo vamos a dar un paseo y quizás puedas volver a abusar de James--se rió estruendosamente, como sólo él podía hacerlo--Además he escuchado que es imposible controlar los efectos del Veritaserum.

Más tarde esa misma noche

Prefería escuchar el "consejo" de Black y darle punto final a todo esto. No sería justo darle alas a Potter y hacerle creer que lo que pasó fue algo más que la simple acción de una chica cachonda, en palabras vulgares. Quizás así acabaría su obsesión por mí y…

¡Demonios! ¿Por qué me costaba tanto seguir esa línea de pensamiento? ¿A quién pretendía engañar? Era mejor acabar con esto de una buena vez.

-En nombre de Merlín…--susurré antes de tocar la puerta y entrar sin esperar respuesta.

Gracias de nuevo por los 100 y más comentarios!!!! Besos con sabor a su Merodeador favorito para cada una de ustedes......