Tituladas 16.2% · 32,298 de 199,415 descubiertas
Rescatado 61.5% · 57,949 de 94,296 páginas identificadas · 57,939/58,568 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 32728 · de

Historia 32728 — capítulo 3

Una casualidad, no es, ni puede ser más, que la causa ignorada de un efecto desconocido. Voltaire**.**

TRES

La galería

Abundaban estas personas "cultas" con sus tecnicismos de estética, trazos, movimiento y la composición de las figuras en el plano, que se yo cuanta palabrería para describir una pintura abstracta, que para nada me agradaba. Tuve deseos de callarlos, pero hacían su trabajo… criticar el trabajo de otros. ¡Vaya tontería! Trata de comparar esto con el otro, la influencia de aquél sobre la obra….y se apuesta a que esta persona ni conoce la Capilla Sixtina… ni siquiera en libros de arte.

Qué manía tan terrible de éstos, mientras más tiempo pasaba en esa galería más prefería estar ahogándome con la copa de vino en mi mano como un moscardón. Pensaba en la cruel historia del moscardón intentando en vano aferrarse al hielo cuando una vocecilla chillona, exigente, estresante… en fin, voz de jefa sin vida social interesante me hablaba del siguiente cuadro. Y yo con ganas de vomitar, ¿Qué pensaba? ¿Qué no sabía ver? Sonreí después de su interpretación del cuadro. Estos artistas abstractos, no los entendía, debo reconocer que algunos me gustaban, pero enseguida aborrecía apenas mi acompañante abría la boca, cuánto prefería que le cosieran los labios, tal vez era porque sonreía como autómata a todo lo que me decía. Era preferible sonreírle que estar serio, quien sabe que arranques de demente le dan cada vez que me ve sin sonreír y empieza a gritar en francés como loca.

Tal vez debería contratar a otra editora

No supe en qué momento me encontré frente un cuadro que curiosamente me pareció conocido. Era un hombre, con aspecto pensativo, estaba apoyado en los codos, en un puente, mirando la laguna bajo él, de su cuello colgaba una cámara fotográfica, una Réflex, casualmente parecida a la mía y vestía de marrones y blancos.

Inesperadamente quedé clavado, frío, frente el cuadro. ¿Se trataba de mí acaso? El súbito recuerdo de mi paseo por el parque el sábado atravesó mi mente como una flecha y se quedó ahí frente a mis ojos nublando mis pensamientos. Busqué con la mirada el nombre del artista, Marié, tanteé mis bolsillos y maldije por lo bajo, me había olvidado de que había dejado el dibujo en casa.

  • ¿Christian? - Ahí estaba de nuevo esa voz insoportable, suspiré para no ahogarme, supongo que había retenido el aliento. - ¡Te fascinó el cuadro!, ¿no es así?

  • Sí…es fascinante - Le respondí, sin muchos ánimos, arrastrando las palabras casi demostrándole mi desagrado a su persona. - ¿La artista, está en el salón?

  • Oh no, no se quiso presentar, verás es nueva y entonces quiere ahorrarse las críticas es muy extraña ella, ¿Por cierto, cómo sabes que es mujer? ah bueno Marié es nombre de mujer claro…

Volví al intento de bloquear su voz. Entonces no estaba aquí, pero sí existía (casi río, claro que existía)… y me había retratado más de una vez. La cuestión estaba en si fue adrede o no. Metí mis manos en los bolsillos, casi anhelando tener el dibujo a la mano. Juraría que era el mismo estilo, se trataba de ella. Pero… ¿porqué yo? No tengo nada fascinante, y sin embargo el cuadro, al igual que el dibujo, era excelente. Era yo, mi cabello largo, hasta donde termina el cuello, mis ojos claros, mi nariz recta y (aunque no se reflejaba tan bien como la realidad) grande, aunque acorde y proporcional, me toqué la boca, sí… era en extremo detallista, tal vez ligeramente más delgados…. De repente me vi criticándome a mí mismo. En ese preciso instante me asqueó toda la gente y sus críticas, pero más las mías.

  • Katherine, tal vez debería irme, de todas formas necesitas que termine el manuscrito y no me apetece seguir aquí. - Le dije con voz firme sin derecho a réplicas, y que sin embargo me dio.

  • Pero pensé que la pasabas bien… dado que dibujas y fotografías tan bien como escribes…

  • Un detalle insignificante Katherine, no finjas conocerme, no me gustan las galerías, pero te agradecería mucho el poder conocer a la artista de este cuadro. - Le dije señalándolo con la mano, me aparté el cabello del rostro. - Buenas noches Katherine. - Le sonreí por amabilidad, reconociendo que mi tono de voz a veces es bastante brusco, ella no omitió comentario alguno, o si lo hizo, no lo escuché. Caminé directo a la salida no sin antes terminar mi copa y dejarla sobre la bandeja de un mesero.

Al salir lloviznaba, pedí un taxi mientras intentaba en vano recordar el rostro de la joven, quien tal vez confundí con estudiante de secundaria, en vano fue mi intento de recobrar su imagen en mi memoria, pues ella siempre mantuvo su rostro oculto entre las sombras de su cabello.