Diario de un Seductor — capítulo 12
La paciencia no era lo mió, iba de un lado a otro de la sala, esperando que sea la hora, quería concluir con esta obsesión lo antes posible…
Ya me había bañado, me había peinado, llevando todo mi cabello hacia atrás y hasta me había puesto mi mejor traje y hasta la corbata bien abrochada, algo verdaderamente molesto, porque esas cosas, Merlín, me sacan, no me gustan que me ajuste el cuello, suelo aflojarla mas de lo necesario, pero siempre me queda bien, pero por alguna razón hoy la ansiedad era mucho mas grande que cualquiera otro día.
Desde que Blaise me había entregado la notita, no pude más que esperar este momento.
Me dirigí a la cómoda de mi habitación y me coloque colonia.
Mirándome al espejo en un acto inconciente afloje la corbata y desprendí los tres primeros botones de mi camisa. Pase la mano por mis cabellos en un acto de rebeldía y me volví a mirarme y me sonreí… *"A pesar de todo sigues siendo guapo Draco"*me dije a mi mismo y Salí de allí.
Tome las llaves de mi Ferrari y Salí a de la mansión rumbo a la cita.
No me había tomado más que 5 minutos, estacione en la puerta de una casa no más elegante que la mía.
Me baje y me dirigí a la puerta, y toque sin efusividad pero fuertemente.
Pronto sentí unos pasos y la puerta se abrió ante mis ojos. Dejándome ver a una joven alta, pelo largo negro y unas piernas magnificas.
"no lo pudiste evitar ¿no?"- me dije sonriéndome al bajar de golpe mi mirada.
-Hola - dije sonriendo más por mi pensamiento que por ella.
-Ho…hoola - dijo la muchacha - estaba esperando a Blaise- dijo mientras escudriñaba detrás mió.
-ah si, lo que pasa es que no ha podido venir, se ha descompuesto - dije mirándola, sabiendo perfectamente que todo era una treta, no había blaise, ni nadie mas que yo.
-OH! Pobre.
-Bueno si, pero el no quería que te quedaras sin noche y me pidió que te llevara, pero si no quieres, pues bien…me marcho. - dije haciéndome la victima, mirándola triste y girándome para subir nuevamente a mi coche.
-No, Draco, espera - dijo Himeko aun en la puerta de la mansión Parkinson.
-a si que al final me conoces - le dije sonriéndole y tomándole la mano.
Ella se ruborizo y sonrió también.
-Disculpa Draco, pensé que me recordarías - me dijo mirándome fugazmente- no claro que no, no me recordarías - dijo y sus ojos se pusieron tristes.
La mire y me frene delante de ella, y levantándole el mentón le dije.
-Fui un tonto a no verte, al no reconocerte - y no pude evitar acercarme un poco mas a su rostro, así poder sentir su aroma embriagador. Ella cerró los ojos, quizás pensó que la besaría, pero para ese entonces yo ya estaba en la puerta del copiloto.
-Hime - dije mientras ella abría los ojos y se ruborizaba.
-Si si- dijo mientras caminaba rápidamente y subía al auto.
Una vez que cerré la puerta sonreí, estaba a mis pies y no cabía duda de ello. Hoy Draco Malfoy dejaría de estar obsesionado y podría seguir con su proyecto sin interferencias.
Salimos de la mansión y en unos pocos segundos estuvimos en el restaurante donde le había pedido expresamente a Blaise que nos reservara la mejor mesa algo apartada del resto.
Me dirigí al encargado y dije -MALFOY
No dije mas nada y se acercaron a mi dos camareras mirándome sonrientes y les devolví la sonrisa mientras nos llevaban a la mesa.
-Joven Malfoy- dijo una mirándome con lujuria, ni siquiera se había percatado que venia acompañada, pero eso no dejo que yo dejara de sonreír.- que desea pedir.
-Pues bien - dije mirando a Himeko- ¿que te parece el shushi?
Himeko miraba con odio a la camarera, lo podía notar por que sus ojos se entornaban y no dejaban de ver a la niña que me estaba atendiendo y la verdad esto me divertía.
-Por mi bien -dijo por fin Himeko, con lo cual pude hacer la orden y se fue, estaba algo pesada la encargada, sabia que era el hombre mas codiciado pero hasta yo mismo puedo cansarme y querer ir de a poco con cada muchacha, aunque esto no quita que quiera divertirme en algún momento con esta.
-Himeko, estas bien - dije mirándola estaba algo enfadada.
-Claro que si - dijo mirándome y esbozando una sonrisa totalmente falsa.
-Vamos Hime, no te enojes por adolescentes que no hacen mas que intentar trabajar - dije mirándola, por lo cual se ruborizo al darme cuenta del porque estaba enojada - además tu eres mucho mas linda que todas juntas. - "eso no es cierto" me reprocho mi conciencia, pero la verdad lo deje pasar.
-Gracias Draco - dijo ante lo ultimo que había expresado- es mucho viniendo de ti - me dijo nuevamente y mis pensamientos me llevaron a la ultima vez que la había visto con sus pantalones anchos y la panza mucho mas grande que un globo aerostatico.
Cerré los ojos y me estremecí ante la visión que se me había dibujado en mi inconciente y la mire, realmente era un tributo al sacrificio esta mujer.
-De nada - eso fue lo último que atine a decir antes de que la cena se nos viniera encima a cargo de 5 meseras ardientes por atenderme.
Himeko volvió a bufar.
-Vamos Hermosa, tranquila - le dije tomándole la mano y sintiéndole temblar.-si quieres nos vamos de aquí a otro lugar - le dije mirándola y sonriéndole.
-No esta bien, que va, deberemos aguantarlas nomás - dijo levantando la cabeza y sonriéndoles demostrándoles que era ella quien estaba conmigo y sonreí.
La velada fue tranquila aunque la verdad algo cansadora al sentir a las meseras todas juntas ahí espiando y mirándome, estaba bueno ser el mas codiciado pero esto interfería con el humor de mis citas.
Así que una y otra vez tenia que recordarle a Himeko que era con ella con la cual había salido y no con las entupidas meseras.
Pronto como terminamos me levante, debería ir al siguiente paso mas rápido de lo que predije, pues himeko estaba que echaba humo a causa de los comentarios de las meseras.
-Vamos - le dije sonriéndole y tomándole la mano.
-Vamos - dijo esta y deshizo la mueca.
Nos subimos nuevamente en el coche y nos fuimos del lugar.
-¿A dónde quieres ir? - le pregunte por cortesía.
-A mi apartamento - dijo rotundamente y en ese momento pensé que la oportunidad había pasado nuevamente.
-¿Te has Aburrido? - le cuestione
-No, pero vayamos a un lugar donde se que no habrá mas molestias y podremos charlar. -me dijo mirándome y sonriendo. Con esto mi alma volvió al cuerpo.
-Bien tu dirás donde queda, pues yo te recogí en la mansión parkinson.
-Bien, yo te voy indicando - dijo mientras se acercaba a mí y pasaba su mano por mi cuello y me iba susurrando las indicaciones en el oído, apoyando su cabeza en mi hombro. Y yo no hacia más que sonreír.