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Historia 33301 — capítulo 10
Al entrar el calor me deleito al instante. Para abrirnos paso entre las mesas resultó difícil, estaba atestado de gente. La mayoría eran alumnos de Hogwarts. No les presté atención, en realidad estaba muy enfrascada tratando de evitar las sillas. Tuve que pedir permiso más de una vez, y mi voz se oía encendida, llena de entusiasmo. Joseph también hacía lo suyo. Al fin llegamos a una mesa vacía, junto a una ventana. Me senté enfrente de él. Estaba eufórico. No sabía como definir mis actitudes, desde hacía varias semanas ese chico había sabido atormentarme de mil maneras posibles y ahora estabamos juntos tomando algo en Hogsmeade, definitivamente el rencor no habitaba en mí.
-Todo el mundo nos mira.- Dijo observando de reojo a un grupo de chicas de Hufflepuff que nos miraba como si fuéramos unicornios apareándose. Una era rellenita, con ojos negros y piel pálida, y la otra era bastante bonita con rizos rubios, aunque su nariz era grande. Murmuraban y me lanzaban miradas llenas de odio.
-No me importa eso.- Le aclaré con una sonrisa cómplice. Ya lo sabía. En el camino me había preguntado más de cinco veces si estaba seguro de ir allí a mostrarnos como si nada. Y yo le había dejado en claro que no me interesaba en lo más mínimo.
-Bien.- Me devolvió la sonrisa. Madame Rosmerta nos tomó el pedido. Dos cervezas de manteca. Fue entonces que vi a mi hermano Alec, noté que estaba hablando muy fuera de sus casillas acerca de nosotros, sin ninguna vergüenza nos señalaba. Evité mirarlo, pero me dio temor. No le dije nada a Joseph, porque insistiría en que nos fuéramos de allí cuanto antes. Malfoy me fulminaba con la mirada sin escrúpulos, hice una mueca.
-¿Qué sucede?- Preguntó frunciendo el ceño, sin darse vuelta para ver que era lo que yo observaba.
-Nada.- Susurré. Se acercó a mí y susurró un poco másimpaciente.
-Dime.- Me miró suplicante, no pude resistirme a eso.
-Es solo Malfoy.- Dije sin darle importancia. Cerró el puño sobre la mesa, con fuerza. Desvió la mirada hacia sus manos. Frunciendo el ceño.
-¿Qué sucede con Malfoy?- Me preocupé, lo noté lleno de odio. Cerré los ojos para poder pensar con tranquilidad. -Dime.- gruñó.
-Solo está mirándome…- Le aseguré.
-Pero…- Prosiguió en un bufido, invitandomé a seguir.
-El se comporta un poco… extraño conmigo.- Le dije frunciendo el ceño igual que el. No estaba logrando nada, solo que se pusiera más nervioso. Empecé a desesperarme por encontrar las palabras adecuadas.
-Define extraño.- Musitó apenas separando los dientes. Lo miré llena de incomodidad. Clavé la vista en la mesa de madera clara y brillosa.
-Bueno, tú sabes. Es como esa chica contigo…- No sabía como expresarme correctamente.
-Claire.
-Esa, Claire. Solo que el es más… ¿explícito?-Cerró los ojos con fuerza, me apresuré a continuar.
-No tiene de qué preocuparse, tu y yo… solo somos amigos… se lo haré saber, ya no me torturará cuando esté claro.- Atropellé las palabras. Por supuesto no iba a hablar con el, eso era una tontería, había sonado como tal, ¿para que le diría eso?, ¿para que pudiera seguir buscándome incansablemente? No, entendí porque se ponía tan furioso, no tenía demasiada importancia. Y aunque mis palabras fueron estúpidas, surtieron efecto. Suspiré aliviada. Nos quedamos ambos abstraídos, sin hablarnos, sin animarnos a mirarnos. Nos sobresaltamos con el sonido de las botellas sobre la mesa.
-Gracias- dijo él, y pagó la cuenta a Madame Rosmerta. Intenté escapar de ese asunto, para retomar otro que me tenía bastante intrigada.
-¿Joe?- Tanteé el terreno. Estaba insegura, no sabía si seguía en su enfado sin sentido.
-¿Si?- Estaba más tranquilo otra vez, su voz era dulce, bella.
-¿Por qué la cierva? Quiero decir… ¿Porqué una cierva te recordó a mi?- Lo miré mientras sostenía con una mano la tapita de la cerveza de manteca y jugueteaba con ella. El se detuvo a mirarme.
-¿La verdad?- Se encogió de hombros.- No lo sé.- Tomó un sorbo.
-Muy curioso- susurré para mí.
-¿Por qué?
-Porque mi patronus, es una cierva.- Murmuré ensimismada. Por cierto una cierva muy hermosa en su tiempo. Ahora ya no era tan consistente como antes.
-¿Patronus?- Estaba asombrado.- ¿Sabes hacer un patronus?- Me iba a hacer un interrogatorio, así que decidí contarle una parte de la verdad. Suspiré resignada.
-¿Recuerdas hace dos años, cuando los dementotes andaban por aquí, en Hogwarts, por el asunto de Sirius Black?- Miré para ver si me seguía, asintió.- Yo supe que ellos estarían porque mi padre…tiene contactos en el Ministerio. - Fruncí el ceño, concentrada.- Cuando me enteré, no me agradó en absoluto. Tuve miedo de que me atacaran, de que me hicieran recordar cosas…- No pensaba contarle esa parte. El estaba tan concentrado como yo.- Entonces le pedí a mi padre que consiguiera un profesor para mí, uno urgente, antes de las clases. El se preocupó en conseguirme el mejor. Trabajé día y noche, día y noche, sin parar. Tenía mucho miedo.- Mi voz tembló. - Pero un día, justo dos días antes de irme al colegio…lo conseguí.- Sonreí, y el rió entre dientes.- Era hermosa, una cierva plateada perfecta.
-Eso es muy interesante, tal vez coincidencia.- Me reí con ganas, nunca había creído en las casualidades. Intenté desviar el asunto. -¿Alguien lo sabe?
-¿Saber qué?- Me agarró desprevenida.
-De tu patronus.
-Si, por supuesto, mi mejor amiga.- dije con sarcasmo.
-Tu nos tienes amigas.- Dijo muy serio. Eso había sido un golpe duro. Dejé de reírme automáticamente. Sabía que no tenía amigas, pero ¿era necesario que me lo dijera? Tragué saliva. Frunció el ceño al instante, mientras lo miraba con una mezcla de furia y tristeza. - Lo siento, no debí decir eso.- Se acercó a mi por encima de la mesa. Me miraba preocupado, yo no quería corresponderle. ¿Qué buenas intenciones podían tener esas palabras? Definitivamente seguía odiándome, esto era solo una venganza muy cruel, eso me pasaba por ser tan ingenua. No le hablé ni le miré. Tampoco iba a salir corriendo de allí como una histérica. "Inútil", murmuró para el mismo, enfadado.- Realmente lo siento-No le creí, aunque parecía muy preocupado, incluso apenado. Levanté el rostro, dolida por sus palabras.
-Se que debe ser duro para ti, y perdóname, no debes prestar atención a lo que digo, soy un idiota.- Sentí el arrepentimiento en cada sílaba, contrariado.
-Tú lo dijiste.- Murmuré entre dientes. Luego sonreí muy a pesar mío, solo para tranquilizarle, pero no sirvió de mucho. Permaneció de peor humor desde entonces, aunque hacía de sus bromas todo el tiempo. Yo tampoco me sentí muy cómoda con el, pero lo cierto es que me costaba enfadarme con alguien así, tan bueno conmigo, aunque demasiado sincero a veces.
Volvimos al colegio en el mismo carruaje, junto con unas chicas que parloteaban sin parar, eran de Hufflepuff. El y yo no hablábamos mucho, el viento me estaba calando los huesos. No le dije nada pero mis labios debían estar morados y mi nariz colorada.
-¿Tienes frío?- Me preguntó susurrándome al oído. Mientras observaba el therstral me temblaron los labios.
-No.- Mentí. ¿Qué iba a hacer en el caso de que no lo hiciera? No iba a darme ni su capa, ni iba a abrazarme y aunque yo no quería sabría que eso me vendría muy bien.
-Te estás congelando.- Me reprochó. No le contesté. Era evidente, claro. Se acercó un poco más a mí. -Estás temblando, ¿Por qué no lo admites?- Buena pregunta. Lo miré esperando que no se enfadara por semejante estupidez.
-No está en tus manos.- Le dije suavemente. Abrió los ojos como platos. Y luego lentamente frunció el ceño.
-¿Por qué finges ser autosuficiente?- Me encogí de hombros, mientras otra ráfaga me hacía estremecer.
-Supongo que es instintivo.- Sabía muy bien porque era. Porque trataba de convencerme que sola como estaba era mucho mejor. Que podía ocuparme yo misma de mí. Pero sabía que no era cierto. Una parte de mí lo aclamaba, mi parte orgullosa, la parte menos virtuosa. La otra parte mucho más racional sabía que estaba sangrando por dentro, que la herida nunca había sanado, porque nadie me había ayudado. Inconcientemente mi rostro se había descompuesto de angustia.
-Si me necesitas… Estoy aquí.- Me susurró aún más bajo. Eso no hizo más que entristecerme, ¿Por qué siempre tenía que darse cuenta de lo que me pasaba? Maldito. Quise bajarme de allí, lo antes posible. No quería estar cerca de él. ¿De que se trataba aquello? ¿Una consulta con el psicólogo? Me aparté.
-¿Sientes lástima por mí? ¿Por eso la cierva? ¿Por eso me hablas?- Me sentí de lo peor. No se me acercaba para hablar conmigo, recordé sus palabras "Has estado tan sola", comprendí el significado al instante. Me tomó de los hombros casi con desesperación. Me miró fijo, mis ojos estaban llenos de lágrimas. No era por él, era por mí. Porque yo nunca iba a ser capaz de aceptar lo que el había visto ya.
-No, no. Te equivocas.- Me urgió. Fue dulcemente consolador. Bajé la mirada. Las chicas no estaban hablando, ¿qué rayos estaban haciendo entonces? Nos miraban, como si fuéramos la telenovela del momento.- No es por ti. Yo… - Se detuvo cuando el carruaje hizo lo mismo. Las chicas se bajaron lo más lentamente posible, mientras yo quería correr a mi habitación y arrojarme en el colchón blando de mi cama. Me desprendí del asiento de un salto y caminé a grandes zancadas mientras el se quedaba paralizado en su asiento. Nunca me habían gustado las discusiones, por lo tanto no me agradaba del todo pasar mi tiempo con Joseph. Porque me instaba a discutir cuando era lo que menos quería. Tal vez yo era demasiado susceptible.No recordaba cuando había sido la última vez que le había levantado la voz a alguien. Nunca había salido triunfante de las peleas, ni con Pansy, ni con Joseph, ni con mis hermanos. Por eso cuando me enfadaba prefería quedarme callada y conceder el premio, renunciar. Pero este chico era muy insistente. Corrió hasta mí. Y me tomó del codo para que me diera vuelta. Me quedé helada donde estaba, aunque en realidad quería huir. Me sequé las lágrimas antes de darme la vuelta. Fue comprensivo, pero sincero a la vez. Esa maldita sinceridad era un castigo horrible, insoportable.
-Lizzie. Lo siento…- No lo estaba mirando.- Se que te molesta que te diga ese tipo de cosas, pero ambos sabemos que es cierto, yo no estoy mintiendo. - Me enjugué más lágrimas.- Te estás cayendo en pedazos.- Eso si fue doloroso, como las bofetadas de mi madre. Me tomó de ambas mejillas.- Y yo no quiero que eso suceda. No voy a dejar que eso pase.- ¿Porqué le interesaba tanto? Bien podría haberme dejado sola.- Lizzie, yo te necesito. -Eso fue inesperado. No pude evitar mirarle incrédula. Necesitaría tiempo para pensar todo eso con calma. No era sencillo. ¿Cómo pretendía que le creyera? Eso era definitivamente desquiciado. Antes de tomar una decisión, debería pensarlo muy bien, sola. ¿Se estaba burlando de mí? Parecía incierto.
Aunque en el fondo no lo quería, di media vuelta y caminé lentamente hacía la puerta principal. No me di cuenta que las chicas del carruaje se había abultado en un círculo y que se codeaban y chitaban mientras me iba. Me resguarde debajo de las colchas pero volvieron las pesadillas una vez más.