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Historia 33301 — capítulo 14
Una mañana fría y soleada desperté luego de una nueva noche ajetreada. Esta vez la anciana se hallaba muy cerca de mí, hablándome amenazadoramente. Sin embargo sus piernas eran normales y su postura imponente. No quedaba rastro alguno de discapacidad en ella. Lo recordé todo con exactitud. Cada detalle, aunque la pesadilla hubiese sido corta.
-Te cuidado niña, aquí todos persiguen lo mismo.- Dijo amenazadoramente a pesar de su voz gastada, clavándome uno de sus dedos uñados en mi clavícula. Estábamos en un lugar tropical, allí hacía demasiado calor. El más agobiante que había sentido en mi vida. Había musgos, helechos y palmeras por doquier. No podía ver otra cosa que arbustos y árboles verdes con frutos extraños y flores coloridas. - Y nadie va a renunciar. Algunos con fines más nobles y honrosos que otros. Pero muy dispuestos, darían todo por obtenerla.- Manifestó una sonrisa torcida.- ¿Y tu niña eres capaz de asesinar para obtenerla? ¿De quitar de en medio a los demás de por aquí?- Tragué saliva, definitivamente no.- Lo sabía.- Volvió a sonreír otra vez con suficiencia.- Tienes que saber que aquí…cuando uno gana, tú pierdes. Y tu fin contigo.- Temblé de espanto, mientras me secaba el sudor de la frente. Mis cabellos estaban mojados y chorreaban. Mis ropas eran livianas y estaban llenas de barro.
- Pero…- Intenté decir tomando una bocanada de aire.- Lo amo.- Le reproché. No iba a dejarlo todo, ya estaba allí. La mujer ensombreció el gesto.
- Muchos creen amar. ¿Estás totalmente segura de que es eso lo que sientes por él?- Sentí que se estaba burlando de mí, como si yo no fuera capaz de reconocer lo cuanto le quería. Eso me dio valor. Inhalé con fuerza.
- Estoy segura.- Mi volumen fue más alto y pude mirarla a los ojos para darme cuenta de que eran negros y saltones.
- ¿Entonces porque arriesgas su vida?- Temblé de pies a cabeza y fruncí el gesto mientras se me llenaban los ojos de lágrimas. No le contesté, mi cabeza comenzó a carburar.
No conocía ni el lugar del acontecimiento, ni a la mujer, ni de que era aquello que queríamos obtener, ni a quien amaba con tanta seguridad. Solo era otra de mis pesadillas extrañas. No quise analizar cada detalle, porque no me apetecía recordarla. Solo me hubiese gustado saber mi última respuesta. Me vestí sin ganas, no presté atención en absoluto. Dejé mi cabello suelto y apenas lo cepillé. Me coloqué el uniforme y el calzado y marché al Gran Salón. En el camino Draco Malfoy me interceptó. Como siempre llevaba su cabello platino peinado hacia atrás prolijamente.
-Hey ,hey, hey, Elly, cariño.- Parloteó sonriendo con astucia. Le fulminé con toda la fuerza de expresión que fui capaz.
-¿Qué es lo que quieres Malfoy?- Bufé. Mi voz denotaba cautela.
-Hace mucho que no hablamos.- Dijo melosamente acariciándome el brazo izquierdo, que no tardé en quitar de su alcance.- Me tienes un poco preocupado. He notado que… no llevas buenas amistades.- Puse los ojos en blanco y di media vuelta. Si creía que era la persona apta para decirme quien era buen amigo y quien no estaba equivocado. Recordé cuanto le aborrecía y quise darle una buena lección, una que nunca olvidara. Ganas no me faltaban, aunque tal véz si agallas. No valía la pena arriesgarse a un castigo por Draco. Comencé a alejarme.- Wo, wow wo, espera primor.- Obstruyó mi paso mirándome con sus ojos grisáceos llenos de picardía. Puso sus dos manos a la altura de su pecho en señal de que me detuviera.
-Si vas a hablar de Joseph mejor aléjate.- Me impacienté, odiaba tener cerca de mí a esa criatura, a esa persona astuta y traicionera.Sabía muy bien que Malfoy no era de fiar. Y sabía que lo que menos quería era hablar.
-Solo quería recordar algunas cosas.- Lo miré llena de confusión. Me sonrió maléficamente. De pronto se precipitó sobre mí y tomó mi cintura con fuerza. Apretó mi cuerpo contra el suyo, y su rostro estaba a centímetros del mío. Yo solo quería ver a Joseph, quería salirme de allí. El aroma a perfume importado de Draco era exageradamente fuerte. Miré a ambos lados del pasillo para ver si había alguien. Nadie. ¿Quién iba a ayudarme ahora? Joe debía estar desayunando alegremente en el Gran Salón. Intenté soltarme, forcejeé, pero el era mucho más fuerte que yo.
-Suéltame, ahora Malfoy.- Le dije furiosa, entre dientes. No me hizo caso, se rió.
-Cada día estás más bella, ¿lo sabías?- Pero sabía que solo lo decía porque me causaba repugnancia que me hablase así. Un grupo de chicos pasó por nuestro lado, pero ni nos prestó atención. No serviría de nada gritarles porque ni se mosquearían por mí. Con una mano comenzóa acariciar mi cabello, me estaba humillando.- Dulce y bella.- Besó mi cuello con sus labios fríos.- Deliciosa…
-Déjame ir.- Casi supliqué tajante. Muchas veces había que tenido vivir situaciones semejantes, pero esta vez presentía que no iba a deshacerse de mí fácilmente. Colocó su mano cerca de mi nuca, sentí escalofríos. Sus ojos llameaban de felicidad. Apretó su cuerpo aún más contra el mío, sentí el candor de su piel. Nuestras narices se rozaron, pero desvié su mirada. Si, lo odiaba decididamente, intenté buscar mi varita en mi bolsillo, pero aprisionó mis manos con la suya, la que sostenía mi cintura. Fue un movimiento rápido, me hizo daño. Fue tan brusco que no tuve tiempo de reaccionar, ni de correr el rostro. Apoyó sus labios con furia sobre losmíos, y comenzó a moverlos insistentemente. Solo quería que me dejara en paz, quería hacerle saber que le odiaba. Sentí sus manos alrededor de mi cintura acariciándome brutamente. Se inclinó sobre mí, arqueando mi espalda. No moví mi boca, ni un centímetro. Mordió mi labio inferior suavemente. Estaba agitado, su respiración me golpeaba la piel con fuerza.
-No me satisfaces del todo Worrington, y hoy he de quedar complacido contigo.- Sonrió con suficiencia y supe que ese día no iba a dejarme ir si yo no ponía algo de mi parte. Sabía que era lo que tenía que hacer. Lo miré y volvió a besarme, sin escrúpulos, sin dulzura, pero si con esa necesidad a flor de piel, embriagándose en mis labios. Le correspondí muy a mi pesar. Moví los míos al compás de los suyos, fluyendo. Fue entonces que apenas comenzó a aflojar la presión de sus manos, moviéndolas con sigilo ahora hacia mis costados. Soltó las mías y las llevé con desición hasta sus mejillas tomándolas suavemente.Le di un último beso y…
-Wow Elly, si quieres, podemos ir a mi habitación.- Esperó mi respuesta esperanzado, pero por supuesto que no debía siquiera pensarla para saberla. Era un no rotundo. Sentí asco por el, a cada centímetro de mi cuerpo había repulsividad. Respiré con dificultad. La mano me tembló sin poder resistir sus impulsos. Le pegué una cachetada con todas mis fuerzas. La palma me ardió luego, supe que le había devuelto la humillación. Sin dudas estaba sorprendido.
-Me das asco Malfoy.- Le dije enfurecida. No tuve tiempo para examinar su expresión, salí corriendo de allí antes de que volviera a obligarme a hacer cosas que no quería.
-¡ME CORRESPONDISTE!- Gritó entre risas mientras me alejaba de su alcance. Quería llorar de vergüenza. Lejos de las mazmorras me frené para tomar un respiro. La cabeza me latía a causa del enojo, podía sentir que estaba colorada de ira. Las manos seguían temblándome, las manos que habían sostenido su rostro pálido e inmundo.
Entré al Gran Salón con el aliento recobrado, aún con el rostro caliente. Dirigí una primera mirada a la mesa de Gryffindor, pero Joe no se encontraba allí. Desayuné dos tostadas y una taza de leche con miel. Malfoy llegó solo unos diez minutos después que yo, pero no le observé directamente por miedo a que me malinterpretara.Me pregunté si debería contarle lo sucedido a Joseph, pero enseguida supe que no, nadie debía saberlo. Era humillante.
No vi a Joe ese día ni en clase de pociones, ni en el almuerzo, ni después de clases como habíamos acordado en la Sala de Menesteres. Draco no dejó de atormentarme con su mirada, obligándome a mantener la vista baja. A diferencia de Joe, me provocaba náuseas. Estuve esperando a Joseph en donde habíamos acordado después de clases, allí había preparado un tablero de ajedrez mágico, sobre una mesa con dos sillas de madera oscura y tapizadas. No pude dejar de estar ansiosa, quería que llegara y me contara algo que me hiciera olvidar lo acontecido temprano. Tamborileé los pies contra el suelo, jugueteé con mi cabello, y cuando me di por vencida se me ocurrió leer. Tomé un libro titulado Los prisioneros de Dubai, y comencé a entretenerme. Rendida ya entrada la noche, cené y fui a dormir.
Al día siguiente no sabía si estaba enojada con Joseph o decepcionada por haberme dejado sin explicaciones, o por el hecho de que estuve esperándole sin haber hecho nada, solos yo, mi impaciencia y Morgan y Peter, los Prisioneros de Dubai.Desperté de muy mal humor, sin saber si Joe estaba enfermo, o si no le vería tampoco ese día. Hice toda mi rutina de aseo personal y partí al Gran Salón sin muchas esperanzas. Esperaba que mi amigo se excusase, igual no iba a reprenderlo, más bien haría como si tal cosa, como si no tuviese importancia. Porque no debía importarme en realidad, no era de vida o muerte para nadie. Ni siquiera había llegado al comedor cuando le encontré. Ojeroso y despeinado se acercó hasta mí en el hall, no me sonrió ni mucho menos, lo cuál me asustó un poco. Más bien parecía como si estuviese oliendo excremento de lechuza. Quedé clavada en donde estaba, sentí que mis pies echaban raíces mientras le observaba acercarse con su torrente de belleza y paz, el que tanto temía de no ver ese día. No me mostré alegre porque a juzgar por su cara no era la ocasión. Ya enfrente de mí, con voz apagada habló esforzándose.
-Lizzie… lamento lo de ayer, yo… he tenido unos problemas. -Me mostré confundida y comprensiva, llevaba aspecto enfermizo. Sus ojos centelleaban y sus labiosestaban morados. Como muy rara vez llevaba el uniforme desprolijo: la camisa afuera del pantalón, el cuello desabotonado y la corbata floja.
-No te preocupes- le aseguré con dulzura. Si, Joseph sacaba lo mejor de mí increíblemente.- He estado haciendo deberes.- Mentí, no era bueno expresar que le había esperado impacientemente para hacerle sentir más culpable. Frunció el ceño. No dijo nada ni siquiera se atrevió a dirigirme su mirada. Me temblaron los labios, definitivamente estaba furioso e intentaba no demostrarlo. Tomé una de sus manos hirvientes, y la acaricié con mi pulgar. Al fin sus pupilas me enfocaron apagadas.
-¿Qué ha sucedido?- Susurré, experimentando miedo por lo que podría llegar a decir. A juzgar por su expresión nada bueno. Se llevó una palma a la cabeza y se alborotó el cabello castaño ondulado con lentitud, como si le costara confesármelo.
-Claire uso una de esas malditas pociones conmigo.- Murmuró apenado.- Lo siento no quise dejarte sola. Nunca pensé…nunca pensé que fuesen tan… efectivas. - Jamás imaginé que se trataría de eso, pero extrañamente me golpeó como una piedra enorme en el pecho, dificultando mi respiración. La ira corría por mis venas a toda velocidad llegando a cada una de mis células. Joe permanecía con los párpados caídos, haciéndome sentir extrañamente desdichada. Imaginé a Joseph y a Claire besándose apasionadamente y creí que iba a caerme al suelo y que la sangre abandonaba mi rostro. Apreté los labios para no dejar escapar unas cuantas maldiciones. Debía mantener la calma, no iba a demostrarle que eso me ponía furiosa, debería mostrarme relajada. Los ojos me traicionaban llenándose de hostilidad y lágrimas furiosas. Instintivamente le solté la mano, como si el tuviese responsabilidad sobre lo ocurrido. Eso no le animó. Pero por algún extraño motivo estaba enojada con el, aunque sabía que no debería. Podía verle el rostro. Abrió la boca otra vez, y tardó en proferir una frase.- Lizzie… hoy yo…he despertado en mi cama. Junto a ella.- Le miré llena de reproches, ya imaginar lo que había sucedido me hería en lo más profundo de mí ser. No supe deducir a quien de los dos debía causarle más rechazo la información, pero estaba decididamente disgustado. Un nudo enmi garganta me impedía dirigirle la palabra. Sabía que el esperaba a que dijera algo, pero estaba deliberando si hacer como si nada pasara o empezar a gritarle furiosa por algo que sabía que no tenía culpa. Colocó sus manos en los bolsillos, y su mirada era insistente, sus facciones hermosas manifestaban desmesurado dolor. Conseguí acompasar mi respiración y sin pensarlo demasiado comencé a soltar lo primero que salió de mis labios, sin la necesaria premeditación. Joseph hacía que perdiera la cordura, no estaba pensando las cosas con claridad, solo ver la imagen de ellos en la habitación de Gryffindor era apuñalante.
-No debió haber sido tan malo.- Bufé. Apreté la mandíbula y mis lagrimales volvían a ponerme en evidencia. Abrió los ojos llenos de incredulidad, ese azul me inundó de pronto. Entrecerré los míos.
-¿Qué?- dijo un poco más alto de lo normal, con la vos rasposa.No sentí culpabilidad por lo dicho.
-A los hombres…les gusta hacer…eso.- Expresé como si tal cosa, ocultando tal véz demasiado mi disgusto. Acercó su rostro al mío bruscamente, me pregunté cuanto tardaría en notar que estaba realmente contrariada. Ni siquiera podía mirarle a los ojos, me reprocharía.
-Te equivocas - Masculló. No me dio tiempo de responderle, pero pude sentir dolor en cada una de las sílabas. Se alejó de mí a grandes zancadas acercándose a la escalera, mientras su cabello bastante largo se balanceaba de un lado a otro. Cuando llegó al primer peldaño, perdió el equilibrio y se tomó de la barandilla, llevándose una mano a las sienes. En un primer momento pensé que lloraba, arrugó la frente. Me dolió verle tan preocupado y enseguida me sentí fatal por haberle dicho semejante estupidez. Joseph jamás hubiese hecho nada con Claire si hubiese estado en sus cabales, y por otro lado yo no era nadie para impedírselo. No éramos nada, eso debía aprenderlo de una buena vez. En seguida me acerqué a él sigilosamente y me paré allí en señal de disculpas, perono pude decirle nada.- No puedo creer que realmente pienses eso de mí.- me reprochó. No, definitivamente no pensaba eso de él. Me subí a un escalón con lentitud quedando a su altura.
-Lo siento- susurré con sinceridad. Pero fingió no escucharme, como si no estuviese allí. Observaba a un grupo de alumnos que nos miraban sonriendo y secreteando.
-Al menos podrías decir que sientes lo que me pasó, decididamente estoy frustrado, ¿no lo notas? Eres mi amiga, deberías lamentarlo por mí. Podrías gritarme al menos por haberte dejado sola ayer…- Le temblaba la vos, me causo angustia sentirla apagada. Le llevé mis manos a la mejilla suave y caliente con inseguridad y le obligué a que me mirase. Me temblaronlos párpados.Estaba triste, podía verlo desde allí. Lo conocía y sabía que era así.
-Mentí.- Le confesé sin apartarle la vista.- Estuve ayer esperándote hasta la hora de cenar.- Enseguida frunció aúnmás el entrecejo.- Pero no me enojé contigo, pensé que tendrías un problema, y no me equivoqué.- Le tranquilicé enseguida. - No tienes idea…- Tomé aire y cerré los ojos tratando de ocultar mis sentimientos.- de lo que me afecta lode Claire. Lo siento.- No me contestó.- ¿Por qué habría de reprocharte? Tú no tienes la culpa de nada.
-Si la tengo. Tienes todo el derecho de enojarte, si así lo estás.- Apenas pude escucharlo, y su voz se quebró una y otra vez.
-No voy a pelear contigo, odio pelear contigo.
-¿Por qué no?- Suspiró.
-¿Por Claire? Eso solo le hace feliz a ella. - Lo abracé, pero sentí una extraña debilidad en él. Apoyé mi cabeza sobre su pecho, intentando calmarle.- No sabes cuanto lo siento- Pasó sus manos por mi cintura acariciando primero mi costado. Me besó la coronilla con suavidad.
-Solo pensé que tal véz… te enojarías por el hecho de lo que ocurrió entre ella y yo. Tenía esa esperanza.- Susurró a mi oído derecho. No comprendí sus palabras, ni una sola. Su respiración me rozó como una brisa caliente yarrulladora.
-¿Qué?
-Nada, no me hagas caso.- Hablaba arrastrando las palabras, su cuerpo estaba tambaleante. Le solté un segundo para ver su rostro. Era preocupante su falta de color, sus ojeras, su falta de vida. Seguía siendo hermoso, perfecto,pero detestaba verlo así.
-¿Te sientes bien?- Intentó levantar un poco más lospárpados.
-Estoy un poco mareado y me duele el estómago.- Declaró cerrando los ojos en un prolongadoparpadeo.
-Tellevaré a la enfermería.- Tomé su mano afiebrada y quise comenzar a caminar pero me detuvo sin muchas fuerzas.
-Es por la poción, me pondré bien. No te preocupes por mí.- Me habló cerca, su capacidad de persuadirme simplemente me venció. Sin embargo no dejaba de alarmarmesu estado.
-Debes acostarte un poco.- Reproché insistente.
-Iré a mi habitación.- Expresó. Le miré dubitativa, no podría llegar allí solo, era unos cuantos pisosarriba.
-No puedes ir solo.- Le dije esta vez muy segura.
-Ven conmigo.- Murmuró suplicante, con sus ojos a escasos centímetros de los míos. No sería fácil, pero los alumnos estaban en clases y nadie notaría mi presencia, si había conseguido meter allí a Claire a mitad de la noche ¿Por qué no a mí en ese momento? No tenía ninguna intención en particular más que cuidarle. Asentí con un movimiento de cabeza, sonrió con amabilidad y comenzamos a subir. Le abracé por la cintura y el pasó su brazo por mi hombro. Me perdería de unas cuantas clases pero es no importaba, no podía verlo sufrir, y haría lo que estuviese a mialcance para ayudarlo. Estaba segura de algo, de que ningún tercero podría separarnos, yo estaba con él. Pase lo que pase.