Tituladas 16.2% · 32,381 de 199,415 descubiertas
Rescatado 63.6% · 59,982 de 94,296 páginas identificadas · 59,972/60,586 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 33301 · de

Historia 33301 — capítulo 15

Los tramos de escalera fueron cansadores, asi que no le acreditamos la dificultad de hablar demasiado, cada uno sumido en sus pensamientos. Todavía seguía echando chispas por la situación, pero no iba a decírselo a Joseph. A decir verdad, ahora su piel se encontraba blanca-verdosa y sudorosa, definitivamente no era le momento para hacerle sentir peor. En realidad no quería volver a tocar el tema. Sus ojos estaban entornados e inyectados en sangre. Las ojeras se volvían cada vez más moradas e hinchadas y temí no llegar a tiempo a su cama. Una y otra vez dejaba caer su cabeza golpeándose las mejillas con el cabello, notaba más su peso sobre mis hombros. Nadie era capaz de darme una mano, ni unos cuantos varones de Ravenclaw, ni Susan Bones que al parecer me tenía rencor por el asunto de la rana, ni nadie. Nos detuvimos en un tramo de escalera para tomar aire, podía sentir el silbido de mi propia respiración. Tenía miedo de que Joe se desplomara allí mismo, así que volví a tomarlo por la cintura y continuamos el trayecto con lentitud. Llegamos unos quince minutos después, a un pasillo lleno de cuadros. Desde allí Joseph me guió pasivamente hasta encontrarnos con un enorme retrato pintado de una mujer obesa con vestidos ostentosos. Me dirigió una mirada llena de interrogación.

-No puede estar aquí- Dijo con voz chillona y llena de reproches.

-Está enfermo.- Supliqué entrecortadamente. Joseph alzó la vista inexpresivamente y con vos tomada dijo la contraseña.

-Unicornios.- La mujer comenzó a refunfuñar al tiempo que el cuadro se abría igual que una puerta con eje a la izquierda. Pasamos un pequeño tramo de pared rocosa con cautela, esperando que nadie nos viese. No había nadie allí. La Sala Común era mucho más cálida y hogareña que la de Slythering, que tenía más parecido con una sala de espera de San Mungo. Allí todo era escarlata y dorado. Había sofás de seda cerca de la chimenea crepitante de brasas. Las ventanas daban visión real del exterior, lloviznaba. Había unos cuantos libros desparramados por aquí y por allá. Mesas ratonas llenas de cartas y envoltorios de dulce. Dos escaleras se alzaban al fondo. Nos acercamos a una y comenzamos a subir los que supuse eran los últimos escalones del trayecto. Me sentí incómoda, si alguien nos viese pensaría, pensaría que Joseph y yo… Me pregunté las consecuencias que podría traer el que alguien nos viera, siel rumor llegase hasta mis hermanos estaba segura de que tomarían cartas en el asunto. Ya les alarmaría el hecho de no verme en clases, ni a Joe. Si, estaría en graves problemas. Pero eso no importaba ahora, Joseph estaba mal. Abrió una gruesa y pesada puerta de madera tallada y nos adentramos en la habitación de hombres. Jamás me la habría podido imaginar igual, era… descomunalmente desordenada. Apenas entré encontré una media rayada a mitad de camino.

-Perdónalos, son un poco desordenados.- Dijo en voz baja, apenas pude oírle. Sí que lo eran. Las camas estaban todas sin tender, los baúles abiertos dejaban ver la ropa desdoblada mezclada con más envoltorios de caramelos y ranas de chocolate. Un ajedrez mágico desparramado por el suelo, unos libros de Lockhart, una escoba, un póster de los Chudley Cannons, medias y zapatos.

-Ya lo noté.- dije asombrada. Caminamos por el revoltijo deobjetos entre las camas cubiertas de rojo y cortinas. Llegamos a la última, a diferencia de los demás, el espacio era bastante ordenado. La cama no estaba tendida pero al menos el baúl estaba cerrado y no había calcetines rondando por los alrededores. Se soltó de mí con suavidad y levantó la cabeza para mirarme no sin esfuerzo.

-Gracias por venir.- Expresó con gesto amable. Se secó el sudor de la frente, e intentó sonreír. Detestaba ver esa belleza abatida, no hacían buena combinación, de todos modos solo podía ver a Joseph como si fuera un dios griego. Frunció el ceño y se llevó una mano a la sien, como si le hubiesen pegado con un martillo.

-Deja ya de hablar y acuéstate.- dije entre risas intentando ocultar mi preocupación. Se arrojó sobre la cama sin quitarse los zapatos ni las medias, y con el uniforme puesto. Mantuvo la vista fija en el techo con los desparramados a los costados, desde mi punto de vista parecía un adorable psicótico.

-Está muy frío aquí.- Se quejó. Abrí los labios para decir algo, pero allí no hacía frío, incluso mis mejillas estaban rosadas y estabasofocada.

-Tienes fiebre Joe, debes quitarte los zapatos y las medias.- Me acerqué a sus pies y comencé a desastar los cordones con suavidad.

-Puedo hacerlo.- Dijo, sin embargo no se movió un centímetro.

-Deja que yo lo haga.- Quité el primer zapato con delicadeza, sosteniendo su pie por el tobillo. Estaba hirviendo. Quité el otro. Me acerqué a su almohada y comencé a desabotonar el cuello de la camisa, para aflojar su corbata. Me sentí algo incómoda. Intentaba no moverle demasiado. Quise ver su rostro, y extrañamente sonreía dirigiendo su vista hacia el mío. Casi ya estaba desatando el nudo de la corbata. La luz era escasa, porque estaba nublado, pero pude distinguir su mirada desde donde estaba y sentir mi corazón latiendo con fuerza.

-¿Qué?- dije intentando parecer natural.

-Nada.- Sonrió y volvió a fruncir el ceño. Me alejé al instante, sentándome en la cama de enfrente.- ¿Qué se supone que es esto? ¿Síndrome Post- Poción?- Me encogí de hombros.

-No lo sé. He escuchado hablar a las chicas sobre ellas, pero nunca supe de nadie que reaccionara como tú.- Tomé una bocanada de aire.-Romeo al menos,- junté las cejas, sentí el golpe en el pecho al pronunciar el nombre.- al menos no a tenido tus síntomas. Insisto en que sería bueno ir con la enfermera.- Casi rogué.

-Estoy bien, solo me duele la cabeza, tengo fiebre, y…- Se frenó para observarme arrugando la frente. Me acerqué a él, sentándome en el suelo frío.

-Y estás verde y ojeroso, y estoy preocupada.- Hablé con sinceridad casi en un susurro. Apoyé la cabeza sobre lassuaves sábanas, y llevó una mano caliente a mi cabello. Lo acarició lentamente una y otra vez mirándome a los ojos, centelleando. Casi me quedé dormida, después de tantos días, recordé que yo también debía tener aspecto temible.Cerró los ojos y yo hice lo mismo. La voz suavizó mis sentidos, cuando volvió a hablar.

-¿Qué diría tu madre si nos viera ahora?- Quise abrir los párpados pero me pesaban. Sonreí.

-Moriría infartada.- Respondí divertida, podía imaginar su rostro furioso. Joseph no dijo nada, y no quise perturbarle hablando demasiado, así que tomé una de sus manos, jugueteé, y después de muchos minutos, se durmió angelicalmente con sus dedos cerca de mi mejilla. Su piel era suave, lisa…Ya no podía dormir. Su respiración profunda rompía el silencio una y otra vez. Pude observarlo con detenimiento, como me gustaba hacerlo. Desde donde me encontraba podía apreciar su perfil simétrico. A simple vista parecía un bohemio seductor despreocupado de la vida, un villano de mirada traviesa y poderosa, un músico prometedor de esos que terminan perdiendo la cabeza, un solitario misterioso. Pero solo yo sabía que no lo era porque le había dado la oportunidad de que me demostrase lo contrario. Sabía que su mirada era misteriosa, que sus movimientos y su forma de hablar involuntariamente seductores, que su cabello ya bastante largo le hacía parecer poco serio y despreocupado, pero no lo era del todo. Era dulce, tierno y cuidadoso. También apasionado e impulsivo, ¿pero se le puede llamar defecto a eso? ¿Qué sería de la vida sin algo a lo que aferrarse con todas tus fuerzas? ¿Sin algo por lo que te desvelas? ¿Si hicieras lo que los demás quieren de ti? ¿Si nunca haces lo que sientes? Sería una vida como la mía, aunque creía que ya había encontrado ese algo, un amigo de quien valerme.

Podía decir poco sobre el, tenía quince años y no le faltaba mucho para los dieciséis, el 17 de diciembre era su cumpleaños. No tenía hermanos, ni amigos exceptuándome a mí. Le gustaba la música y la literatura y siempre tenía algún libro del que hablarme, su preferido era Corazón. Disfrutaba las vacaciones de invierno junto a su padre e iban de pesca, hablaba mucho de él, le tenía estimaba mucho. No tenían mucho dinero y por lo visto había épocas en las que la pasaban bastante mal. Odiaba la televisión y las noticias, decía que solo conseguían amargarle. A veces fruncía el ceño sin motivo aparente, cuando le hablaba sobre mis padres y mis hermanos. Le gustaban las hamburguesas, y el pescado. Era pésimo en el ajedrez mágico. A veces le descubría tarareando canciones muggles, una que decía algo en inglés, que repetía una y otra vez "Michelle" y podía distinguir también otra llamada "Boy with a Coin". Jugaba fútbol con los chicos del barrio de vez en cuando…

Ocupaba gran parte de la cama, era apenas un poco más alto de lo normal en un chico de su edad. Poco a poco fue volviendo al color normal de sus mejillas trigueñas. Inconcientemente apretó su mano contra la mía. Me dije a mi misma que siempre estaría cuando me necesitase, sencillamente me sentía feliz al darle algo a cambio de lo que el había hecho. Suspiró. Llevé una mano a su frente, ya no había fiebre. Había perdido la noción del tiempo, tal véz una hora, tal véz cinco.

Observé la cama, allí seguramente Claire se había regodeado en su propio egoísmo, me compadecí de Joe, sintiendo un extraño sentimiento de ternura hacia el. Definitivamente era diferente a los demás chicos del colegio, o casi todos. Extrañamente se sentía fatal por haberlo hecho con su admiradora, mientras otros lo estarían divulgándolo o simplemente lo dejarían pasar, como mi propio hermano, y como Raymond. Joseph era diferente.

De pronto quise abrazarlo con todas mis fuerzas, sentía un cosquilleo por todo mi cuerpo que me decía que no quería estar separada de él nunca, ni un centímetro. No iba a hacerlo de todos modos, sería imprudente y estúpido. No me había percatado de cuánto le apreciaba hasta entonces, hasta que me había preocupado por él.

Pasaron unos minutos más hasta que dejé de oír su respirar hondo, y comenzó a acariciar su pulgar en mi mano. Fue entonces que volví a abrir los ojos y me encontré con los suyos.

-¿Joe?

-¿Si?- Preguntó con cautela, sin dejar de mirarme.

-¿Cómo es tu madre?- Había estado haciéndome esa pregunta en mi mente hacía unos minutos. Aunque no supe porqué.

-Adorable, supongo.- Sonrió, pero la alegría no llegó a los ojos.

-¿Supones?- Espeté llena de curiosidad y algo de vergüenza.

-Me abandonó…Nos abandono cuando tenía diez años.- Respondió con solemnidad. Fruncí el ceño y al instante me sentí fatal, tragué saliva.- Era profesora y un día una de sus alumnas, un niña, fue asesinada. En el funeral de esa niña, mi madre lo conoció, y se enamoró de su dinero…Se fue, nos dejó.- Expresó con brusquedad, tratando parecer natural, frunció el ceño.- Definitivamente se dio cuenta de que yo no era lo suficientemente especial para ella…Ella era… agradable.- Le estaba costando hablar. Tomé una de sus manos al instante, casi con necesidad. Tenía que saberlo, que él era especial, que valía mucho más de lo que se imaginaba. Entrecerré los ojos con fuerza y lo miré llena de expresión.

-Joseph tu eres especial.- Fue duro para mí, siempre me había costado decir cosas bonitas. Definitivamente no era mi fuerte. Tuve que escaparle a su mirada. Se rió amargamente.

-No tienes que hacerlo Lizzie.- No comprendí.

-¿Hacer qué?

-Decir algo para hacerme sentir mejor, la gente solo acostumbra a decir lo siento.- Hablaba como si se odiase de pies a cabeza. Lo miré nuevamente llena de incredulidad.

-Lo siento entonces.- Dije y se quebró mi voz al final. Me sonrió con dulzura, y acarició mi cabello otra vez.- Lo siento.- Susurré.

-Shh- Me hizo callar sonriendo esta vez sinceramente. Su madre había perdido la oportunidad de conocer bien a su maravilloso hijo. Permanecí callada sin ser capaz de decir nada, imaginándolos a él y a su padre haciéndose cargo de ellos mismos. Cocinando, lavando, planchando, riendo juntos en la mesa. Mi corazón se lleno de compasión. - Al principio la comida se nos quemaba, y no sabíamos poner bien el lavarropas, pero aprendimos.- No recuperé el habla.- Pero no fue del todo malo.- Rió entre dientes mirando el cubrecamas.- Ella no quería que viniera a Hogwarts…

-¿Por qué?- Pregunté sabiendo la respuesta, no debía ser fácil para una familia de muggles recibir una carta donde decía que su hijo era un hechicero y que debía irse de su casa durante largos períodos para aprender a utilizar magia.

-Según ella no quería que me convirtiese en un bicho raro. Y no confiaba en nosotros, en el tipo de gente que debíamos ser. Discutían con mi padre por eso, el estaba extasiado. Igual que yo. - Suspiró, a pesar de que aún estaba pálido, su aspecto iba en mejoría.-Cuando mamá se fue el tema quedó resuelto, mi padre no podría hacerse cargo del trabajo y de mí, entonces…aquí estoy.- Lamenté el asunto de su madre, pero en definitiva si eso no hubiera ocurrido el nunca hubiese hablado conmigo, ni le hubiese conocido, ni apreciado sus ojos… Me sentí fatal por pensar eso, era demasiado egoísmo junto. Pero mi vida sin Joe, ya lo había pensado antes y sería vacía, otra vez. Hice una mueca.

-Tu padre debe ser una gran hombre…- Le consolé con la voz demasiado baja. Volvió a mostrar su sonrisa angelical.

-Lo es. Estoy seguro de que le agradarías.- No respondí a eso…- No tengas dudas de eso. No puedes desagradarle a nadie.

-Te equivocas- le dije con gesto travieso.- Claire me odia.

-Oh, olvidé a Claire. Bueno exceptuando a ella.-Se rió.

-Te sientes mejor.

-Ajá.- Dijo vacilante. Sin embargo nos quedamos allí hasta finalizado el horario de clases. Me contó unas cuantas anécdotas de cuando era niño, supe que su única novia había sido a los seis años y que en realidad ni siquiera se veían. Me aseguró que nunca se había enamorado solo una vez, pero no quiso decirme quién había sido ella. Luego llegaron sus compañeros de habitación pero ninguno nos dijo nada, se miraban entre ellos guiñando los ojos y se reían, de seguro no pensaban nada bien. Para el atarceder Joseph estaba curado.

Perdonen el tamaño de la letra pero no funciona mi PC PARA CAMBIAR EL TAMAÑO, COMIEN Y PEGUEN EN WORD SI NO LEEN, GRACIAS