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Historia 33301 — capítulo 6
Los últimos minutos de la clase se hicieron interminables, después de la pregunta del profesor todos se habían quedado observándome. Enterré los dedos entre mis cabellos, mis párpados se llenaron de lágrimas otra vez. Sentía la piel fría y sudorosa. Cada pena se revolcaba en mis adentros a punto de salir, como una bomba a punto de detonar. Solo unos cinco minutos más, solo eso y podría llorar a mis anchas en alguna parte donde nadie pudiera verme. Tamborileé los pies contra el suelo, lo asimilaba como si fueran golpes en mi cráneo, tan audibles como dolorosos. Se asemejaban al sonido del reloj. Eso que tanto odiaba yo, ese sonido que me echaba en cara cada segundo perdido de mi vida, mi vida sin sentido. Como la arena en un reloj,en manos de la muerte, y yo no podía detenerla.
rn Sumida en mis pensamientos no me di cuenta de que ya todos se estaban levantando. Salí del trance y caminé apresuradamente hacia la puerta a preguntarle a mi hermano como habían salido las cosas, que castigo le habían propinado. Con lágrimas en los ojos lo detuve justo después del umbral de la puerta. Estaba con Ray, para mi fortuna los otros se habían adelantado. Le tomé del codo cuando me daba la espalda. Se mostró muy serio, acentuó su gesto cuando vio que era yo, hostil.
rn -¿Qué ha sucedido? ¿Te han castigado?- Se rió sarcásticamente, y se soltó de mi, mientras yo apretaba los labios para no volver a llorar. Lo miré apenada, ¿Qué significaba eso?
rn -Voy a necesitar algo de tiempo para poder digerir este asunto Elizabeth, déjame en paz.- Lo miré indignada, estaba furioso. Pero… ¿Porqué? Yo no le había hecho nada, ¿o si? Solo había intentado detenerle, ¿acaso eso estaba mal? Para variar lo había hecho por el, para que no le castigasen. No me importaba si le hubiese roto la nariz a Anderson, no tenía que importarme.
rn -¿Digerir?- Musité confusa. Me dio la espalda. Y se fue mientras sus pasos resonaban enmi mente. Quedé clavada en donde estaba.
rn -¿ En verdad crees que Snape le daría un castigo a tu hermano? Já, a veces eres algo lenta. - Me sobresalté cuando Ray se dirigió a mí burlonamente. Eso no me ayudo a sentirme mejor, solo me dio más ganas de entrar en llanto. Debería estar aliviada porque Romeo no había sido perjudicado, pero ese tono que había usado Raymond conmigo… Se fue detrás de mi hermano. No podía seguir aguantando por más tiempo, se estaban precipitando las lágrimas en mis ojos. Me temblaron las manos cuando me las llevaba al rostro para cubrirlo. Ahogué un sollozo, me apoyé contra la dura pared de piedra y me dejé caer lentamente hasta quedar sentada en el suelo. Ya no quedaban fuerzas, ya no podía fingir que todo seguía bien. Mi cuerpo estaba débil, me dolía a cada centímetro. Lloré como hacía años que no lo hacía. Tomé mis piernas con ambas manos yenterré mi rostro entre ellas. Noté como se mojaba mi túnica y mis cabellos. El dolor de mi espalda mientras la curvaba. Oí los murmullos, la gente que se paraba paraver que me sucedía sin atreverse a preguntar. Solo quería estar sola, pero ya no podía ni siquiera moverme, ya no.
rn No sé cuanto tiempo estuve allí, pero seguro más de dos horas, porque cuando volví a levantar la vista, incapaz de saber si me había quedado dormida o había estado despierta , aún llorando, estaba oscuro. Muy oscuro. Las mazmorras estaban desoladas. Sentí un frío que me caló los huesos, un viento leve se acercaba desde alguna otra parte del allí y me daba fuerte en la piel de la cara. Me castañetearon los dientes, mis labios estaban helados. Me apreté más contra mis piernas, incapaz de levantarme. Gemí. La luz mortecina de la luna entraba por los falsos ventanales, a lo lejos se distinguían las luces de las antorchas, al doblar el pasillo. Se me erizaron los pelos de la nuca, y sentí miedo. A veces la soledad no es tan agradable, pensé. Fue entonces que con esfuerzo entorné los ojos, y vi dos pares de zapatos negros, muy cerca de mis pies. Alcé la vista, secándome las lágrimas que aún seguían cayendo inconcientemente, me dolían la cabeza y los ojos. Al descubrir esa mirada azulina relucir en la oscuridad, volví inmediatamente a clavar la vista en el suelo. Joseph Anderson estaba allí, delante mío. Parado con sus manos en los bolsillos, como si examinara una pieza de museo. ¿Hacía cuanto que estaba allí? Debía de haberme quedado dormida. Por suerte ya no parecía hostil conmigo, más bien estaba muy arrepentido, al menos eso pude ver en sus ojos, en esa fracción de segundo antes de esquivarle. No le hablé, ni quería hacerlo tampoco. Su voz sonó preocupada, pero muy dulce, como si fuese yo una niña que tiene que ir a la escuela el día siguiente. Bueno, la segunda parte era real.
rn -Elizabeth, son las tres de la mañana. Deberías irte a dormir.- Abrí los ojos como platos. ¿Acaso nadie se había percatado de mi ausencia en mi habitación de Slythering?, al parecer a nadie le importaba. Ni siquiera me habían visto allí, ni Snape, ni Filch. Decididamente eso era tan absurdo como cierto.
rn -Aléjate de mi- le dije con vos quebrada. Me sequé otra lágrima. No podía levantar la voz, pero al parecer si podía oírme.- Soy el monstruo Worrington, ¿recuerdas?- Metí mi mano en el bolsillo buscando mi varita, mientras escuchaba como se reía, angelicalmente. Lo fulminé con la mirada, esto no era divertido. Quería que me dejara sola. Apretó los labios, para no reírse. Suspiré, sabía queme comportaba como una niña, pero en ese caso el estaba loco. Ni siquiera debía entenderse. Primero se comportaba como un psicópata y luego paternalmente me decía que debía dormir. Saqué mi varita y le apunté con ella, la mano me temblaba como si tuviera Parkinson. - Aléjate, te lo advierto.- La frase sonó tan débil que me sentí insignificante, de seguro no le atemorizaría de esa forma. Se rió entre dientes y lo comprobé.
rn -No seas ridícula.- Me rechinaron los dientes. No debía ser tan sincero conmigo. La mano me tembló aún más por mi enojo y no pude evitar que se cayera mi varita. Volví a mirarlo furiosa.- Vas a taladrarme la cabeza si me sigues mirando así, si no te importa…- No quería hacerle caso, pero lo hice, volví a mirar el suelo inmediatamente, no soportaba que se comportara así, que me mirara tan fijo a propósito.
rn -Ya lo he hecho, calla ahora.- Supliqué impaciente. Se agachó delante de mí y recogió la varita. Me la ofreció, pero yo no le hice caso, la ubicó entonces junto a mis pies. Permaneció callado, aún en cuclillas. Yo no lo miré porque sabía que me encontraría con sus ojos. Sentí su respiración acompasada, mientras la mía era imperceptible. Mis pulmones se esforzaban más de lo normal. Debería comer en mayor cantidad si no quería volver a debilitarme así. Otra brisa me hizo estremecer.
rn -Siento mucho lo de hoy.- Dijo en un susurro aterciopelado. Le miré llena de ira. Con los ojos aún llorándome de furia, de tristeza, de… vergüenza.
rn -No acepto tus disculpas.- Negué con la cabeza mientras le miraba con desprecio.- Ahora vete. -Al fin sentí mi vos más segura, eso me satisfizo.
rn -No me iré hasta que me perdones- Lo dijo con una sonrisa apenas perceptible, carcomiéndome el cerebro con esa mirada. Me perdíen ella. Abrí la boca, pero ni un sonido salió de ella. Tragué saliva y volví a intentarlo, mientras él miraba curioso.
rn -¿Qué se supone que es esto? ¿Me obligas a aceptar tus disculpas? Eso equivale a que no lo hiciera.- Le recordé. Ese fue punto a mi favor. Se quedó mudo. Cerró los ojos, como si tuviera le hubieran lanzado el encantamiento crucio.Yo volví a mirarme mis manos, así podría tal vez mantenerme más segura. Titubeó.
rn -Elizabeth, debes perdonarme eso también.- Ahora respiraba más entrecortadamente. No supe si me miraba. No le contesté. Pasó casi un minuto. Dos. Permanecía expectante, a lo mejor creía queyo deliberaba, pero en realidad había tomado una decisión. Cinco minutos… Me estaba impacientando, y no iba a ser yo la que rompiera ese silencio, ¿tan difícil era comprenderlo?- No vas a contestarme.- Esa no fue una pregunta y no me sentí obligada a contestarla. Me costaba horrores no mirarle, pero lo estaba logrando. El parecía mucho más ansioso que yo, me miraba sin escrúpulos, pude sentirlo.- No quieres hablar ahora.- Sonó triste, derrotado. Eso me dio una fuerza extraña, irracional, impulsiva. Lo miré fijo, a través a de mis pestañas, sus ojos brillaban, eran sin duda perfectos. En el centro eran casi aguamarina, muy claro, pero sin embargo en los costados…parecían la noche.
rn -No quiero hablar contigo- Le contesté al fin. Se decepcionó e incorporó. Ya en un tono más frío me contestó, de nuevo furioso como en la tarde.
rn -De acuerdo, si es lo que quieres.- Sentí un nudo en la garganta, y aunque no quería decir nada, tampoco sería capaz.- Pero déjame decirte que te ves muy enferma, debes dormir y comer ¿comprendes?- Caminó de un lado a otro a grandes zancadas gruñendo, yo prestaba la mayor atención posible, se llevó las manos a las sienes fruncidas y susurró "más difícil de lo que imaginé". El cabello castaño claro le caía sobre el rostro, ondulado. Enseguida se calló. Volviendo a cerrar los ojos de esa manera tan sutil. - Ve a tu habitación ¿quieres?- Sonótan brusco que sentí un golpe en el pecho, era mi corazón, abatido, asustado. Se alejó apresuradamente profiriendo bufidos, estaba que echaba humo por las orejas. Pero no me sentí nada bien después de eso. No me sentía triunfal, más bien sentí que hubiese vuelto a perder algo valioso. No supe porqué pero le hice caso, una extraña parte de mi me decía que debía obedecerle. Tal vez mi instinto de supervivencia. Comería y dormiría mejor.
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