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Historia 33445 — capítulo 10
Lo siento taaanto por la demora =O, espero que con este capítulo sepan disculparme ^^. Dejen sus comentarios que son muyy importantisimos para mí ! Muchos besos y disculpen otra vez =)
No extrañaba para nada mi hogar. El ambiente lúgubre inmediatamente tuvo influencias en mí. Me sentí afligida. Para capear el hecho, me dirigí a mi pieza donde estaría más cómoda. Al llegar, dejé mi baúl en un extremo y me tendí en mi cama. Horas después me llamaron a comer. La cena fue tan muda como siempre lo ha sido esta mansión. Mi padre se sentaba en el centro de la mesa, yo me encontraba al lado de Úrsula y al frente de mi madrastra. No le encontraba sentido, somos sólo cinco personas sentadas en una gran mesa estilo clásico para veinte. Esto claramente beneficiaba a la soledad que sentía. El silencio, simplemente era interrumpido por la plata de los cubiertos al chocar con la loza o de vez en cuando por los pasos de Cynthia, la elfa, que venía a recoger los platos sucios.
Al terminar de comer, esperé que mi padre diera la autorización para levantarse, que fue diez minutos después que acabé.
Y ahí me encontraba, tan sola, tan incapaz. Me tumbé en mi cama y pronto me sentí cansada de la nada. ¿Por qué nunca le he dicho a mi padre lo que verdaderamente siento?, pensé. Aunque he tratado, siempre exploto y termino diciendo nada.
Decidí acostarme ya que no tenía nada más productivo que hacer, pero entonces recordé algo pendiente. Más bien con mi misma que con cualquier otra cosa.
El trozo de papel que Sirius me había dado se encontraba intacto en mi mesita de noche. No sabía que decía y tampoco lo quería saber. Algo me indicaba que tenía que evitarlo, aunque también sabía que debía leerlo. Al fin y al cabo lo dejé para mañana. No es tan importante como para no hacerlo esperar, sobre todo si era por mi bien.
Los días siguientes se convirtieron en más de lo mismo, rutina. Todo tan monótono, tan aburrido. Mi cara, de hecho, ya estaba mimetizándosecon la oscuridad de esta casa. Mis articulaciones de mi rostroestaban algo adormecidas, y como no, si no hablaba, no sonreía y no podía tener facción alguna si simplemente no sentía. Esto me estaba ganando, esto me estaba absorbiendo la energía. Me sentía atrapada, es como si la Kate que todo el mundo ve por estos días, no fuera yo, si no una marioneta, que no estaba segura si era dirigida por mí o por alguna otra fuerza. Sabía que necesitaba algo que me hiciera volver al mundo donde puedo sentir. Pero ahora, para evadir el tiempo muerto, decidí escribirle una carta a Lily.
Querida Lily:
Espero que tus vacaciones de navidad si merezcan el nombre por que las mías… no es más que rutina y aburrimiento.
Nada ha mejorado en mi familia, todo sigue igual que siempre y mi madrastra…bueno no se que tiene que lo empeora todo.
Pronto se viene esa cena que te conté a ti y a Danielle, ya sabrás que no me tiene muy entusiasmada.
Pero dime ¿Cómo han estado tus vacaciones?, me ha extrañado no recibir carta alguna proveniente de ti.
Espero que te encuentres bien y si ves a los chicos mandadle muchos saludos de mi parte. Cuídate mucho.
Besos
Katherine Fortman.
Después de escribir fui a donde estaban las lechuzas para que se la fuera a dejar a Lily, esperé que volara para irme a acostar, sin cenar. Me tumbé en mi cama ,y cerré los ojos. En sólo minutoscaí en las redes de Morfeo, tenía más vida en los sueños que en la realidad misma.
La luz del sol ya atravesaba las cortinas de mi pieza, me estiré y respiré profundamente. Otro día más de aburrimiento, me dije.Cuando estuve más conciente me percaté que en la ventana se posaba una lechuza.Me paréen cosa de segundos y abrí la ventana de golpe, la lechuza, como es obvio, salió disparada en dirección contraria. Entonces tuve que buscar una galleta para que se acercara. Con sumo cuidado le saqué la carta ,le di la galleta y se largó a volar.
Con entusiasmo inevitable abrí la carta y la comencé a leer.
Amiga Kate:
No sabes lo que te hemos extrañado a ti y a Sirius. Cómo sabrás el tampoco ha podido disfrutar mucho de sus vacaciones.
Kate, Danielle, Remus y yo, te hemos mandando muchas cartas, que al parecer no te han llegado. Espero que esta sí, por que me extrañaba mucho que no las respondieras.
Kate, sé que puedes sobrellevar esto.
Aquí nos encontramos en casa de Danielle, está Remus y James , quienes te mandan mucho abrazos, cariños y besos.
Piensa que hoy es un día menos para volver a Hogwarts, ¿Sí?
Amiga, cuídate mucho, nosotros estamos bien. Y cualquier cosa sólo escríbeme .
Muchos besos
Lily Evans.
Quedé algo consternada. Por dos frases que quedaron en el aire y al parecer, no había explicación aparente. La primera fue " te hemos extrañado a ti y a Sirius" ¿Realmente que quería decir eso?, me pregunté. Es decir, yo daba por sentado que Sirius estaría con los chicos, o quizás, se refiere a otra cosa. Cuando me acordé del ojigris, vino a mi mente el trozo de papel encima de mi escritorio. Intacto. Lo segundo que me dejó extrañada fue el hecho de que me hayan mandado cartas y no me han llegado. Necesito explicaciones, aunque preferí dejarlo correr.
Pronto apareció una pequeña molestia cerca del pecho. Se podía considerar un presentimiento, no sé de qué. Pero entonces vi el trozo de papel que Sirius me había dado y me sentí aliviada. Estaba volviendo a ser yo misma. Tomé el trozo con cuidado y el corazón empezó a palpitar, frenético. Y lo abrí de sopetón. Quedé pasmada, no podía creerlo. De hecho, me molestaba creerlo y más que eso, estaba furiosa… no sabía si con migo misma o con Sirius. El papel estaba vacío.Me molestaba, sobre todo, haberme sentido ansiosa por saber su contenido. Lo peor es que ya me tenía confundida. Tenía sentimientos encontrados… Estaba odiando a Sirius Black, por que me causaba dolor. Pero me causaba dolor porque le quería. Eso era lo peor de todo. Me daba la impresión de que el me odiaba aún más, odiaba mi existencia. Por que entonces no me explicaba por que era así con migo, porqué me hacía esto.Sin darme cuenta me estaban saliendo un montón de lágrimas, con suspiros entrecortados. Lo bueno de esto, es que volvía a sentir y no me estaba transformando en un témpano de hielo. A veces, hasta el dolor es compasivo.
No tenía ganas, quería quedarme acostada todo el día sin hacer nada. No bajé a desayunar, ni a almorzar ni a cenar. Me tranquilizó pensar que el día había terminado, como dijo Lily, queda un día menos para volver a Hogwarts.
El día siguiente el desayuno me lo llevo una elfa a mi pieza, cosa que me pareció extraña en un principio, pero pronto recordé que hoy es "La gran cena". Aunque ella dijo que era más bien para obligarme a comer por ordenes de mi padre. Luego de que comiera bajo las inquisidoras miradas de la elfa, bajé invadida por la curiosidad. Llegué al vestíbulo que seguía igual que siempre, seguí derecho hasta la puerta que conducía al comedor. Habían elfos por todas partes, nunca me había puesto a pensar cuantos elfos habrán en esta mansión. Es tan grande, que jamás sabré donde alojan. Luego me fijé en la mesa de centro que era para veinte, ahora era para cincuenta, quizás más. Me llamó la atención, no tenía en cuenta que eran con tantos invitados. Habían muchos decorados de negro y verde. Quizás se olvidaron que mañana era navidad.
Repentinamente me dieron ganas de ir a la biblioteca, ya que era la única parte de la mansión, por lo menos que conociera, que no tenía tapices fríos. Subí las escaleras y doble a la izquierda al ala norte de la mansión. El pasillo era lúgubre lleno de retratos de personajes que nunca me han interesado. Llegue hasta la puerta de la biblioteca y entré, la chimenea estaba apagada y no me molesté en encenderla. Me senté en uno de los sofás que se encontraba frente a ella y estuve unos minutos. Luego me sentí intranquila, quise volver a mi pieza. Caminé hacia el ala sur, casi hasta el fondo, pero entonces vi a mi madrastra parada en la puerta de mi pieza. Me miró con reproche.
—¿Qué pasó ahora?— Pregunté abatida.
—¿Dónde te encontrabas?— Preguntó frunciendo el ceño, iba a decirle pero me interrumpió antes de emitir sonido—Crees que hoy es un buen día para esconderte.
—No me estaba escondiendo.
—Eso pareció—Dijo petulante— Cynthia fue a avisarme que no te encontrabas.
— ¿Y habría algún problema en eso?
— ¿Te crees bastante inteligente? — Me preguntó— Aunque, prefiero aclararte, que si no te presentas a la cena, querida, no te irá muy bien.
— ¡Oh, gracias por recordarme! — Le dije irónicamente mientras entraba y me sentaba en mi cama.
— Espero que tengas algo decente que ponerte hoy en la noche — Me espetó y cerró la puerta de golpe. Di un respingo aturdida. No había pensado en eso.De hecho, empecé a angustiarme, no tenía ningún vestido de gala. Abrí el closet casi con cólera, saqué todo, pero no había nada. El vestido que usé para la fiesta de Halloween se había quedado en Hogwarts, estaba perdida. Entonces me dirigí al escritorio que se encontraba a un lado de la ventana y mire una fotografía de mi madre. Sonreía y luego se ponía el pelo detrás de la oreja. Una idea fugaz pasó por mi mente, pero luego la encontré convincente. Decidí ir al entretecho de mi pieza, cada habitación tenía uno, allí estaban guardadas las cosas de mi madre, sus ropas, sus joyas, absolutamente todo.
Al lado del closet, había una pequeña puerta, la abrí con cuidado y me agaché para poder pasar. En seguida se encontraba una estrecha escalera de madera que crujía cuando subía.Al llegar todo estaba oscuro, así que fui directo a correr las cortinas de unas pequeñas ventanas. La luz prontamente se esparció por todo el lugar que estaba cubierto de polvo. Entonces vi unos baúles amontonados en un extremo.Me dirigí hacia allá y abrí el más pequeño, su contenido eran unas fotos antiguas de las cuales yo ya no tenía memoria. Me sorprendía que en todas ellas estaba yo cuando pequeña, siempre sonriente. La nostalgia me invadió por completos segundos. Luego abrí el baúl más grande y encontré sus ropas, eso me recordó el motivo por el que estaba ahí, así que me empecé a enfocar en eso. Entre tanto y tanto, encontré algo que me servía. Era un vestido color morado oscuro con algunos detalles en negro. Era perfecto para la ocasión, no muy llamativo, lo que menos quería era llamar la atención. Cerré los baúles y bajé con el vestido con sumo cuidado. Lo colgué en mi closet para que no se arrugara.
Cuando iba empezar a ordenar el desastre que tenía en mi habitación, entró Cynthia con una bandeja en sus manos. La miré ácidamente, no me caía muy bien, estaba de lado de mi madrastra. Además, al tener minuto para acusarme sobre algo, lo hace.
—Me debes una—Le espeté, la elfa me miró ofendida y entró con la bandeja.
— Su padre quiere que la observe mientras come— Dijo.
— Deja la bandeja en el escritorio y vete— Le ordené.
—Yo sólo obedezco a los amos de casa—Terció. La miré incrédula.
—Yo vivo en esta casa, por lo tanto debes obedecerme— Le recordé.
— Muy bien, señorita— Se rindió mientras dejaba la bandeja en el escritorio y emprendía la retirada.
— ¡Hey, Cynthia! — Le llamé. Se dio vuelta hastiada — No es necesario que le digas a mi madrastra lo que acaba de suceder ¿Sí?
— Como guste— Dijo, y salió de la habitación.
Almorcé tan rápido como pude, la comida estaba deliciosa sólo que algo fría. Dos segundos después empecé a ordenar mi habitación y las ropas que había dejado esparcidas por todo el suelo. Sin darme cuenta Cynthia, o cualquier otra elfa, ya había entrado a retirar la bandeja. Cuando ya todo estuvo hecho, entre al baño. Me di cuenta de que mi pelo estaba hecho un desastre. Junté agua en la tina y ahí estuve casi una hora. Después de eso me puse la bata y me dirigí a mi pieza que lucía impecable. Abrí el closet para sacar el vestido, luego lo abrí aún más para que el espejo del fondo me sirviera como referencia del buen camino. Primero que todo, peiné mi cabello. Lo dejé tal como estaba. Con mi varita, me puse maquillaje. Una sombra oscura para los ojos, algo de rubor, casi mínimo, y un poco de brillo en los labios. Luego me puse el vestido que me quedó a la medida. Tenía los hombros al descubierto y un escote recto, era ajustado hasta la cadera y luego caía como una cascada. Entonces me vino el ataque, no tenía zapatos. Me agaché casi con paranoia a buscar zapatos, pero no. Finalmente me puse unas zapatillas que no se veían, ya que el vestido llegaba hasta el suelo.
Y comenzó la cena. Estaba sentada en frente a la ventana, que daba hacia los antejardines de la mansión, de pronto una gran limusina para al frente del portón y varias personas, con lujosos trajes, se empezaron a bajar. Los veo llegar hasta la puerta, entonces el timbre de la casa suena y las voces que se encontraban a fuera de pronto llenaron los vacíos de la mansión. Ganas de bajar no me faltaron, pero era interesante estar acá arriba viendo como las personas llegaban. Sinceramente, quería ir, ya estaba harta de la rutina y esto, la cambiaba en demasía.
—Señorita Fortman—Dijo una voz a lasafueras—¿Se encuentra usted lista?
—Sí, ¿Qué pasa?—Pregunté mientras me incorporaba.
—Su padre me ha dicho que es hora de que baje, los invitados ya han llegado—Explicó el elfo.
— Voy en seguida— Le aseguré.
Me arreglé el vestido y salí de mi habitación. Empecé a caminar a paso firme por el largo pasillo hasta llegar a la escalera que comunicaba con el vestíbulo. Las voces las podía sentir cada vez más cerca. Respiré profundo al llegar a la puerta del salón, y entré. Nadie se percató, eso me alivió. Hasta el momento no tenía noción de cuantas personas habían. Me sentí repentinamente desconocida, como si fuera yo la invitada en vez de ellos. Algunos me miraban de manera agradable mientras otros me ignoraban. De pronto me encontré con mi padre que tenía una copa entre sus manos y hablaba seriamente con un señor igual o más distinguido que él.
—Ah, Katherine, bajaste— Exclamó.
—¿Esta es tu hija, Austin?—Preguntó el desconocido.
— Así es, Alessio— Espetó mi padre mientras yo observaba su semblante.
—Mucho gusto, señorita—Dijo tomándome de la mano y besándola, no pude evitar poner una sonrisa falsa—Eres idéntica a tu madre— Comentó.
Le sonreí en forma de respuesta.
Me quede al lado de mi padre un rato, ya me sentía un poco mejor, incluso ya habían algunas personas que me sonreían al pasar. Mi padre y aquel señor hablaban sobre el banco y la seguridad que allí había, y como emplearla en "otro contexto". El tema me estaba aburriendo, de hecho no me llamo la atención ni desde el principio. Entonces diviso a Rachel y a Úrsula, reír a carcajadas con tres chicos de su misma edad. Se encontraban a un lado de la chimenea .Me acerqué más para ver de quienes se trataba, pero ni idea. No los había visto en mi vida. Antes de arrancar de ahí, Rachel me nombró.
—Katherine—Dijo con una sonrisa. La miré incrédula—Hey, chicos esta es nuestra hermanastra, Katherine.
—Mucho gusto, preciosa—Dijo el primero tomando mi mano y besándola—Mi nombre es Andrew.
—Hola, Andrew— Espeté incómoda mientras trataba de liberar mi mano de sus garras. Después tuve que soportar que los otros dos, llamados Thomas y Jason, hicieran lo mismo. Cuando hubieron terminado Úrsula agregó.
— Extrañábamos tu presencia , Katherine— Murmuró— ¿Por qué tardaste en bajar?
Aún no me podía creer su comportamiento.
— ¡Oh, bueno! La verdad, aborrezco este lugar, querida— Le dije con una sonrisa falsa. A Rachel y a Úrsula se les deformó el rostro.
—Katherine es muy bromista— Agregó Rachel rápidamente —¿No es verdad, Kate?—Terminó por decir dando un disimulado codazo en mi espalda.
—Sí, por su puesto— Murmuré mientras me alejaba y mis hermanastras empezaban a respirar con más tranquilidad.
El salón donde nos encontrábamos estaba repleto. Atestado de desconocidos para mí.Ya casi no se podía caminar por la mansión. A pesar de eso, me movía de aquí para allá, sin mantener un objetivo fijo. No me podía establecer cómodamente en ninguna parte. Entonces preferí ir donde mi padre nuevamente que se encontraba con el mismo señor, al cual sonreí vagamente. Me quedé allí como acto de presencia hasta que el timbre de la casa suena nuevamente. La puerta del salón se abre, pero no alcanzo a divisar de quien se trata. Debía ser alguien importante, ya que, los murmullos se esparcieron entre todos los invitados. Gracias a la distracción yo fui a buscar algo para beber, entonces oigo a mi padre decir:
—¡Los Malfoy! —Quedé petrificada, con la mano estirada tratando de tomar aquella copa. No me convencía, no podía creer a mi padre capaz de invitar a la Familia Malfoy, sabía que existían familias oscuras, pero esa… era mucho más que sombría. Me di vuelta rápidamente para verificar y ahí estaban. Rubios platinados, de gran presencia y estatura. También estaba Lucius que se encontraba con su mirada tan despectiva como siempre.
—Padre ¿Invitaste a los Malfoy?—Pregunté fríamente.
— Por su puesto— Dijo y luego me miró—: ¿Hay algún problema?
Esa mirada me decía que debía contestarle de buena manera.
— No me llevo bien con Lucius — Solté. Aunque en realidad era mucho más que eso.
— Katherine, no te llevas bien con nadie aquí— Me espetó indiferente.
—¡Padre!—Grité fuera de mis casillas.
—¿Austin pasa algo?—Pregunto Alessio, el señor con el que mi padre estaba hablando.
— No le interesa— Murmuré con el ceño fruncido. El caballero me miró incrédulo.
—Debes enseñarle modales a tu hija— Espetó, para luego largarse hacia el otro lado de la estancia.
—Katherine, tendremos una conversación después de esta cena—Espetó mi padre cambiando radicalmente su expresión, ya que la familia Malfoy había llegado hacia donde estábamos.
—Austin, Debo felicitarte— Espetó uno de los rubios platinados más viejos— Está magnifica la mansión.
—Abraxas, es un gusto volver a verte—Dijo mi padre abrazándolo cordialmente .
—Y está debe ser tu hija— Terció de modo despectivo mientras me miraba—¡Lucius, ven aquí!
Mi corazón se empezó a desbocar, tenía miedo de desplomarme ahí mismo.
—Sí, Abraxas, es Katherine— Confirmó mi padre tomándome de la espalda y casi empujándome frente a los Malfoy.
—Hola, Katherine—Dijo el señor pasando la mano por mi cara a la que yo aborrecí rápidamente—¿Tú eres la que está en Gryffindor, verdad?
No le respondí, tan sólo mantenía el ceño fruncido mientras miraba el suelo.
— Ya veo— Murmuró el Señor Malfoy.
—Es algo de lo que a ella no le gusta hablar— Intervino mi padre. Lo miré ácidamente.
— Claro— Espetó, luegomiró hacia un lado y llamó —: Lucius hijo, saludaa Katherine, ustedes ya se conocen ¿No?
—Sí— Dijimos ambos mirándonos fríamente.
—Hola, Kate— Dijo Lucius con intenciones de besarme la mejilla, pero me aparté rápidamente y casi volé en dirección contraria, caminando entre la masa.
— Un momento , por favor— Rogó mi padre y oí que gritaba mi nombre en la multitud. No hubiera hecho eso si verdaderamente no hubiera estado enojado. Había que tener miedo. Casi desesperada doble en la primera puerta que daba al comedor luego llegué hasta al final para doblar a la izquierda, donde se encontraba la cocina. Los miles de elfos me miraron anonadados cuando llegué allí, ahora, no tenía escapatoria.
— ¡¿Qué pretendes?!— Me gritó mi padre cuando me alcanzó, tomándome con una fuerza descomunal del brazo.
—¡Nada!— Dije con la respiración entrecortada.
—¡¿No pretendes nada dejándome en vergüenza frente a las mejores familias?!— Inquirió zamarreándome.
Fue ahí cuando estuve conciente de que lloraba.
—¡¿Mejores familias le llaman ahora?!—Chillé— ¡Estoy aburrida! ¡Ustedes están pretendiendo ser una gran familia, sonriéndole a todo el mundocomo si todo estuviera bien!
—¡Todo está bien!
— ¡No! — Grité casi ahogándome en mi propio llanto—Nunca nada ha estado bien.
—Katherine, te pido por favor te comportes en esta cena— Rogó desesperado.
—¿ Te doy vergüenza cierto?— Inquirí con un nudo en la garganta.
—No es algo que debamos discutir ahora—.
—¿Te doy vergüenza?— Pregunté nuevamente, más seria.
El silencio de mi padre otorgó la respuesta. Iba a gesticular palabra, pero el timbre de la mansión- que sonaba de manera extraordinaria en esta sección de la casa- lo interrumpió. Los elfos encargados de abrir la puerta se fueron a paso rápido.
— Me comportaré — Le dije. Y di media vuelta para salir por la puerta que daba hacia el comedor. Caminé a paso lento hasta llegar a la puerta que daba al vestíbulo. Antes de abrirla me desvié en un pequeño espejo que se encontraba en la pared y arreglé mi maquillaje. Luego salí hacia el vestíbulo. Una familia numerosa venía llegando, al parecer, eran los últimos invitados que faltaban.
—Querido, te dije que era una familia prestigiosa ¡Mira la mansión! —Exclamó una señora de edad avanzada, pero de voz potente. — ¡Austin!
Me sorprendió la familiaridad con la que pronunciaba el nombre de mi padre, y sobretodo, la manera en que se comportaba como si fuera tan dueña de la fiesta como mi progenitor. Aún no se había percatado de mi presencia. No me encontraba tan lejos de ella, estaba apoyada en la puerta que daba al comedor, frente a la puerta principal. Me dio la impresión de que era el egoísmo en vida.
La numerosa familia empezó a entrar, me daban tan mala impresión como los Malfoy. Empecé a caminar a la escalera, como un intento de escapar, cuando mi padre apareció por sorpresa. Verlo me recordaba lo que hace poco había acontecido y me daban unas ganas horribles de llorar.
—! Walburga, Orión! ¡Que gusto verlos!— Dijo eufórico mientras se acercaba a ellos — ¡ Ya me estaba preguntando porque no aparecía la familia Black!
Me detuve en seco ante la exclamación de ese apellido, pero en segundos me volteé para verificar la razón de aquella punzada que me había dejado petrificada. Pero no obtuve respuesta. La mayoría de la familia se estaba adentrando al salón, los únicos que quedaban en el vestíbulo era mi padre con aquellas personas, y por su puesto, yo.Casi corrí escaleras arriba a refugiarme en mi cuarto, cuando llegué, me senté en mi cama. Necesitaba reordenar mis ideas.
La familia de Black se encontraba aquí, pero no había razón alguna para tanto tormento , a no ser que él, estuviera entre ellos.Cosa, que en realidad, era bastante difícil. De hecho imposible, era un secreto a voces que Sirius no se llevaba con su familia.Pero aún así sentía la incertidumbre. En el fondo, lo que más quería era ver a Sirius, pero la realidad me decía algo completamente diferente. Traté de buscar lo positivo de esto. Si en realidad Sirius estuviera aquí, no haría más que empeorar las cosas. Como bien sabía el me odiaba, no había otra explicación para la "broma" que me hizo con el trozo de papel, que aún tenía encima de mi escritorio. Sí, ver a Sirius Black no haría más que empeorar mi estado.
Entré al baño de mi pieza para mojarme la cara y retocarme el maquillaje. Pronto sentí unos golpeteos en mi puerta, que hizo que mi corazón se detuviera por unos segundos. Sin embargo, era un elfo que mi padre había mandado para venirme a buscar. Me sorprendió encontrarme desilusionada ante el hecho.
Bajé, entonces, hacia el Salón. Atravesé la puerta con cautela, pero nadie reparó en mí. Caminé hacia los refrescos, necesitaba con urgencia algo para beber. Iba a tomar uno de los vasos de whisky, pero de forma intencional alguien lo sacó antes que yo.
— Creedme a mí no me evaden tan fácilmente — Dijo, mientras se bebía el vaso en segundos.
— Y tú creedme a mí, no eres tan importante — Le solté mientras tomaba otro vaso y me iba en dirección contraria.
— Si no lo fuera, no te escaparías — Soltó Lucius petulante.
— ¿Qué quieres? — Le espeté ácidamente.
— Compartir— Soltó de manera seductora en mi oído. Lo miré con repulsión y lo empujé.
— No, gracias— Le dije de manera irónica. El me asesinó con la mirada y decidí que era momento para salir de allí. La gente se empezó a mover para acercarse al comedor donde empezaría la cena, así que lo tome como excusa para escapar un rato. Me había encontrado allíunos minutos, sin embargo, parecía una eternidad.
Salí disparada al vestíbulo. Era lo suficientemente cerca y no había nadie. Allí podía respirar tranquila. Me apoyé en una de las paredes y cerré los ojos. Inhalaba y exhalaba de manera suave. Sentí como abrían la puerta y luego la cerraban, pero no me molesté en ver de quien se trataba. Seguí en aquel estado de serenidad, ya que en minutos se aproximaba lo peor, cuando el sonido de una respiración cortó el hilo de mis pensamientos. Aquel jadeo lo podía sentir cada vez más cerca, alguien se me estaba acercando. Hasta que de pronto pude sentirlo en mi cuello, me estremecí.
— Viniste— Susurré, aún sin abrir los ojos. Me encontraba en una especie de trance que me nublaba los sentidos.
Sentí el contacto de su mejilla en la mía y luego, casi con furia, me besa. Fue ahí cuando abrí los ojos de golpe y me di cuenta de quien era.
— ¡Suéltame, Lucius! — Grité, forcejeando con su contra.
— ¡Ah, que rara eres! ¡ Segundos antes lo estabas disfrutando!— Exclamó aún tomándome de las manos.En ese momento no tenía miedo, ya que no podía hacerme nada tan grave estando en este lugar, pero si le tenía repulsión y un odio profundo.
— Me das asco— Le espeté modulando cada palabra como única. Su mirada se clavó en la mía y luego con fuerza empezó a apretar mis manos. Al principio no sentía dolor, pero luego fue lo contrario. Con todas mis fuerzas intente forcejear, pero el no se dejaba amedrentar. Fue entonces cuando un gran portazo nos descolocó.
— Si valoras tu vida, Malfoy, suéltala— Ordenó Sirius con una mirada asesina hacia el rubio platinado, mientras mantenía sus puños cerrados con fuerza. Lucius le devolvió la mirada, pero no hizo nada. Mi corazón de manera alocada palpitaba y palpitaba, y la razón, la verdad que en esos momentos no la tenía muy clara.
Sirius se acercó aún más y el cuerpo de Lucius se tensó. El ojigris con una voz casi gutural le dijo—: Más te vale que lo hagas, ahora.
Pronunció la última palabra con tal énfasis que hizo que me estremeciera. Lucius por su parte se limitó a obedecerlo. Cuando me soltó sentíque mis manos estaban adormecidas, aunque me dolía más la izquierda por lo que me la empecé a tocar con la otra mano. Sirius me miró preocupado.
— Vaya— Murmuró Lucius.Caminando hacia la puerta principal. — ¿ Qué haces aquí, traidor?
Sirius de manera imperturbable le respondió:
— La verdad, eso no te interesa — Le dijo acercándose de manera amenazante. Lucius se acobardo de manera evidente.
— Creo que me están esperando, pero esto no termina aquí— Soltó. Luego a paso rápido se dirigió a la puerta que daba al comedor. Cuando desapareció, Sirius me miró de manera automática. Yo aún seguía apoyada en la pared con la respiración entrecortada, que se hizo más evidente cuando me miró.
— Kate — Se acercó y me acarició :— ¿Cómo estás?
Asentí con la cabeza de forma que el entendiera que me encontraba bien, aunque la realidad era otra. Por eso, no me sentía capaz de emitir sonido alguno.
Sirius tomó mis manos con cuidado. Yo seguía pasmada, mirándolo como si se tratara de un dios griego. Su tacto hizo que me atontara aún más.
— Sabía que esto iba a ser terrible, pero no tanto para llegar al punto en que estás tú, Kate.
Desvié la mirada hacia el suelo.Entonces empecé a pensar con claridad.
— ¿Qué estás haciendo acá? — Pregunté, de manera no muy cortés, y al mismo tiempo soltándome de sus manos.
— La verdad, no estoy seguro — Respondió confundido— Aunque hay dos razones, una más importante que la otra, por su puesto.
— Explícate — Le exigí. Él arqueó una ceja de manera sexy.
— Perfecto— Dijo, mientras ponía una pose relajada con las manos en los bolsillos— Tú padre le ha pedido, más bien exigido, que toda la familia se debía presentar y bueno, yo aún no estoy del todo borrado en el árbol genealógico.
Hizo una mueca cuando soltó la última frase.
— Aunque claro, esa sólo es la excusa — Murmuró— Yo vine por algo completamente diferente… y eres tú.
Sentí como la sangre se me acumulaba en mis pómulosy sabía muy bien por que me pasaba y él también. Pero entonces invertí mi situación y lo dejé pasar por furia, aunque cuando recordé el episodio del trozo de papel, sentí como se me nublaban mis sentidos de la rabia.
— ¡Deja de mentir, Sirius, por favor! — Le rogué, mientras caminaba en dirección contraria al lugar donde él estaba, hacia la escalera.
— ¿ A qué te refieres? —Preguntó extrañado y su mirada denotaba incredulidad. Era muy buen actor, pensé.
— Sirius, no todas las chicas son iguales, por favor, no juegues con migo — Le dije, con una sinceridad que me sorprendió.
— Sé muy bien que todas las chicas no son iguales, de hecho, tu me lo demostraste — Soltó mirándome tan intensamente que casi caigo, pero me apoyé en el mango de la escalera.
— ¿ Es por eso que me odias? ¿ Por qué no lograste el objetivo de hacerme tuya? — Le pregunté con furia.El rostro de Sirius se crispó hasta transformarse en una mueca de dolor.
— Viste el papel — Murmuró. — Aunque, no pensé que reaccionarías de esa forma.
— ¿Esperabas que reaccionara de buena manera?
— Sí, tienes razón. La verdad nunca reaccionas como yo espero, no debería haber pronosticado los más perfecto — Espetó de mala gana.
Resoplé.
— ¿ Qué es lo más perfecto? — Inquirí sarcástica.
— Esperaba que respondieras con algo parecido…
—¿Con un papel vacío? — Le interrumpí fuera de mis casillas.
—¿Con qué?— Preguntó atónito.
Iba a responder, pero un elfo me interrumpió.
— Señorita Fortman, Señor Black los llaman a cenar — Espetó y desapareció.
— Tenemos que hablar, necesito aclararte algunas cosas — Espetó Black mordiéndose el labio inferior.
— Estoy de acuerdo, pero después de la cena — Asentí, mientras iba en dirección a la puerta que daba al comedor, sin embargo Sirius me tomó del brazo.
— Pero no actuemos como total desconocidos allí — Me dijo orientando los ojos al comedor — No lo soportaría.
Yo tampoco, pensé en mi fuero interno mientras tomaba la manilla de la puerta del comedero para abrirla.Sirius llegó hasta mi lado y pasamos al comedor.
Y ahí estábamos, la mesa completa se volteó al vernos, todo se silenció. La mirada de Sirius y yo se cruzó vagamente, como si esa fuera la señal para empezar a caminar, entonces fue cuando las miradas nos seguían mientras buscábamos lugar en la mesa, los susurros no dudaron en salir rápidamente.
—No sé como son capaces de comer en esta mesa—Murmuró una voz que se me hizo conocida.
—¿Bellatrix? —Pregunté despacio a Sirius.
—¿Sorprendida?— Inquirió la morocha, que en su afán de llamar la atención se había parado de la mesa.
—Kate, vamos ya —Sugirió Sirius tomándome de la mano. Supe que tuvo que contenerse, pero la furia se le notaba en los ojos. Para evitar cualquier incidente, y empezamos a buscar lugar donde sentarnos, ignorando a Bellatrix.
De la nada apareció un elfo que nos guió al extremo de la mesa, casi como un intento de segregarnos, aunque la verdad el hecho no me molestaría.
Al sentarnos me crucé de brazos inmediatamente y empecé a mirar los cubiertos. En el fondo tenía miedo, pero quería representar otra cosa. Sonreí al darme cuenta que Sirius se encontraba en la misma posición que yo.
La comida luego apareció en los platos vacíos, toda la mesa calló, sin murmurar nada. Solo se oía el molesto masticar de las personas presentes. Yo no probaba bocado, o de vez en cuando lo hacía. Sirius por otro lado, se encontraba feliz con todos los manjares.
—¿Kate?— Susurró Black— La verdad… ¿Sólo viste un papel vacío?— Preguntó siguiendo con aquel tema pendiente. Yo sólo me limité a asentir con la cabeza. — ¿No supiste interpretarlo? — Inquirió con la voz casi inaudible. Yo lo miré incrédula.
— ¿Me estás tomando el pelo?
— Por su puesto que no, pero pensé quizás, que lo ibas a poder interpretar— Terció, con la voz algo más elevada.
— Sirius, limitate a decir la verdad. No inventes excusas ahora— Le dije mirándolo con los ojos como platos. No podía creer tanta desfachatez.
— Estás completamente equivocada— Terció tajante, antes de que alguien susurrara la palabra silencio.
— Demuéstralo — Le desafié, dando por terminada la conversación ya que le di la espalda.
Esperé impaciente que llegara el postre para irme pronto de esta mesa y no seguir dándole la espalda a Sirius. Aunque no pude resistirme a mirarlo de reojo, no me sorprendía que se encontrara con una gran sonrisa de suficiencia.
Al llegar el postre, la verdad, varios postres. Me zambullí en uno de frambuesa y luego de que todos acabaron y comenzaran las conversaciones, miré a Sirius. Este me correspondió la mirada casi suplicante.
— Permiso— Dije en voz alta mientras me paraba y caminaba hacia las afueras del comedor. Sentí cada una de las potentes miradas que me dirigían los invitados, es como si cada uno de ellos estuviera absorbiendo una parte de mi energía. Salí raudamente por la puerta que daba al vestíbulo y comencé a subir las escaleras, peldaño por peldaño, haciendo tiempo para ver si aparecía Sirius.Apareció, por su puesto, pero yo me hice la desentendida y empecé a subir con más rapidez. Sirius de forma casi automática ya se encontraba subiendo a mi lado.
— No te me escaparas — Terció con una sonrisa— Por cierto, no te había dicho lo hermosa que estas esta noche.
Lo miré recelosa y luego asentí.
— Gracias— Murmuré.
— Bueno, por eso me explico por que Lucius Malfoy te mira de una manera tan… Bueno, no sabes como se está ejerciendo mi autocontrol ahora. — Espetó sin concluir la frase anterior. Lo miré confusa y el continuó: Lo quiero matar con mis propias manos.
Tragué saliva. Me sorprendía lo categórico que era al decirlo. Preferí seguir hasta llegar al último peldaño para comenzar a caminar por el pasillo que llevaba a mi pieza. Jamás en mi vida se me pasó por la cabeza que Sirius Black iba a pasar por mi habitación. Al llegar la abrí y pasé rápidamente, el me seguía. Luego recordé algo.
Recordé aquella fiesta de los merodeadores donde Sirius "estuvo" con otra chica y yo me largué a llorar a la sala de los menesteres, que se había transformado en mi pieza. No sabía que hacer con Sirius, si pedirle explicaciones o que el empezara hablar.Decidí dejarlo fluir, y para matar el tiempo, fui a abrir las cortinas de la ventana para que entrara la luz de la luna. Cuando la miré el corazón se me aceleró. Era la luna llena. — Remus— Susurré. Sirius apareció a mi lado y lo miré. Se me cortó la respiración al verle el semblante a la luz de la luna.
—Estará con James— Me respondió— Me ofrecí a estar con ellos, pero Remus me dijo que tenía algunas cosas pendientes con tigo.
Aparté el rostro.
— Remus es demasiado bueno.
— ¿Le quieres? — Inquirió apesadumbrado.
— Por su puesto. Pero no en el sentido que tú estás pensando — Aclaré, el me sonrió— Le quiero demasiado como amigo.
— Yo no podría ser jamás tu amigo— Soltó.
— ¿Por qué no?— Pregunté alarmada.
Sirius me miró anhelante. Luego, empezó a caminar en dirección a mi cama y se sentó en ella. Le seguí y me puse de pie al frente de el.
— Primero, no soportaría la idea de tenerte tan cerca y no hacer nada — Respondió. Me sorprendió el rumbo que estaba tomando nuestra conversación — Y segundo, tampoco soportaría verte salir con alguien que no sea yo, ya que sería sólo tu amigo.
Me estremecí. No sabía que hacer con su respuesta que me había dejado descolocada.
— No puedo entenderte — Solté sentándome en la cama, a casi un metro de él. Era necesario ya que si seguía parada, lo más seguro es que me derrumbaría. — Es fácil — Respondió, tomando el trozo de papel, que estaba en la mesita de noche, que el mismo me había dado — Aparecium — Pronunció con varita en mano y apuntando el pequeño papel.
— De eso se trataba — Tercié recordando aquel hechizo que hace aparecer la tinta invisible.
Sirius se acercó de manera considerable y me tomó la mano y me dejó el papel. Casi petrificada intenté mover mi brazo. Cuando tomé el papel y lo leí no podía creerlo. Lo dejé caer casi por inercia y levanté mi vista. Sirius me miraba preocupado, pero de mi boca no salía sonido alguno. Entonces se acercó y me tomó la cara entre sus dos manos. Su tacto hizo que revivieran en mí sentimientos que creía perdidos. Cerré los ojos para disfrutarlo. Pero entonces sus manos fueron remplazadas por su mejilla, que se posaba en la mía. Su cabeza se acercó a mi cuello y su aliento me estremecía. Luego sentí sus labios en mi clavícula y su mano avanzar por mi brazo hasta llegar a mi mano. La aferró con fuerza y la acercó a su corazón. Abrí los ojos de sopetón, su corazón latía a un ritmo desaforado, pero no me superaba. De hecho, me preguntaba como podía resistir tanto el mío. Fue entonces cuando sentí su mirada clavarse en la mía, sus ojos brillaban, todo en él brillaba. Se empezó a acercar cauteloso hasta que estuvo a cinco centímetros de mi rostro. Se acercó y me besó en la comisura de los labios, mientras tomaba mi cabeza con sus manos. Cerré los ojos únicamente para entregarme por completo a esa experiencia. Sentí su perfecta nariz rozar la mía y luego, casi mágicamente, sus labios se posaron en los míos con timidez. Casi con automaticidad le respondí el beso, como desesperada. Como si fuera esencial para poder vivir en ese momento. Nuestros labios se movían a un compás indescriptible. El cálido roce de sus manos en mi cuello lo hacía mágico. Perfecto. Entonces recordé los que el papel decía: *Perdóname por quererte.*Y pensé, que si fuera por perdonarlo, con esto, la cuenta estaría completamente saldada.