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Historia 33445 — capítulo 11
Nos alejamos con lentitud, Black me miraba casi atónito, como si no pudiera creer lo que había pasado. Yo, por su puesto, me encontraba igual. Con repentina rapidez puso su mano sobre mi mejilla y sonrió.
— Necesito asegurarme que esto es parte de la realidad y no de algún sueño — Susurró. — Lo único que puedo asegurar, es que esto es lo más real que he sentido — Solté sin pensarlo. El se acercó y me aferró a sus brazos, casi como un intento de auxilio… Yo me hallaba casi desfallecida, en estado de shock. Olí disimuladamente su camisa, y luego pensé que no lo debería haber hecho. Eso hizo que mi corazón latiera aún más fuerte. Era tan penetrante su olor, algo indescriptible, me llenaba por completo.
Sirius suspiró y yo pegué un respingo. El me alejó de si mismo y me miró con una sonrisa de oreja a oreja.
— Supongo que ahora entendiste— Murmuró tomando el trozo de papel entre sus manos.
— De hecho, aún tengo dudas— Le dije, el me miró sorprendido y luego sonrío.
— ¿Y se pueden saber?
— ¿Por qué habría de perdonarte? — Solté, recordando lo que decía el trozo de papel. A Sirius se le deformó el rostro.
— Era eso — Dijo incomodo mientras se paraba y caminaba hacia la ventana. Yo sólo le seguía con la mirada porque aún me sentía incapaz de mantenerme en pie.
— ¿Qué pasa? — Pregunté casi asustada. Temía que fuera algo malo. Él al mirarme adivinó mis pensamientos.
— No es algo malo — Aclaró— pero, no sé como decirlo…
— ¿Me lo dirás algún día? — Inquirí. El me observó y pude darme cuenta que sus facciones ya no se encontraban tensas.
— Estoy casi seguro que te lo diré — Se acercó y se arrodilló a mis pies. Luego me tomó las manos — Simplemente, no me siento preparado ahora.
Asentí con la cabeza. Me empecé a deslizar con cuidado por la orilla de la cama hasta llegar al suelo y encontrarme a la misma altura que Sirius, que se acomodó para ponerse a mi lado.
— A veces — Murmuró — Yo también necesito explicaciones sobre ti.
Lo miré confundida.
— Creo que te conozco, pero luego me sorprendes y no estoy acostumbrado a eso— Espetó — normalmente puedo saber como reaccionan las chicas.
— No te molestes, nunca he sido normal — Murmuré, casi como broma.
— Lo que pasa — Dijo cambiando de posición para ponerse con las piernas cruzadas — Es que es verdad lo que dices, pero eso me gusta. Además, eres tan especial… Cuando miro tus ojos creo ver tus sentimientos y me sorprendo a mi mismo mirándote de la misma forma. Trato de indagarte, para saber el porqué de que tu causes esto en mí.
Quedé boquiabierta.
— Te entiendo — Solté después de varios minutos — es que… Me pasa lo mismo con tigo.
Sonrió.
— Es tan extraño, es decir, he querido a mujeres, pero no de la forma en que te quiero a ti— Dijo más para sí mismo que para mí.
— De todo tu repertorio ¿No has amado a ninguna? — Inquirí, sorprendiéndome a mi misma con la pregunta.
Se quedó con el ceño fruncido por unos momentos, pensando. Yo por mi lado también. Empecé a pensar en como habíamos llegado a esto, es decir, las circunstancias fueron las menos esperadas, pero había sucedido. Me asombraba verme a mí misma en este contexto, siempre me dije que no caería en los juegos Sirius, pero aquí estaba rendida a sus pies. ¿Qué pasaría después?... No tenía respuesta. Pero sí habían suposiciones, en su mayoría malas. Me preguntaba porqué siempre soy tan negativa en este aspecto, puede ser, talvez, porque no tengo experiencia, pero entonces llego a la conclusión que de tratándose de Sirius era bastante difícil confiarse del todo. Lo miré mientras el seguía en su burbuja y me pregunté en que estaría pensando. ¿Habrá amado alguna vez?, ¿Habrá, tenido quizás, aquella mujer que lo hizo sentir diferente aunque sea sólo por unos días? No lo sabía. La inestabilidad de Sirius siempre me sorprendía.Me miró con intensidad.
—No, no he sentido "amor" aún — Susurró. Luego me miró divertido —: ¿Y tú?
— Estás loco.
Sonrió con más ganas aún.
— ¿Por qué?
— Es obvio ¿No?— Espeté fingiendo que estaba enojada.
— ¡OH, vamos! Algún desliz por ahí — Sugirió — ¿Malfoy, quizás?
Ahora sí que lo miré enojada de verdad. Supuse que lo dijo de broma, pero luego note en sus facciones que de verdad estaba interesado en saber si era cierto.
— ¿ Estás bromeando? — Espeté seria.
— En parte — Dijo — La verdad, es que a veces me cuestiono aquella obsesión que tiene por ti. Cuando te mira es como si le pertenecieras. Un día de éstos creo que le matare.
— Te aclaro que no tuve ni tendré nada con él, te lo aseguro — Espeté ofendida.
— Pero algo pasó — Murmuró.
Aparté por completo la mirada. Me sentí nerviosa ante su ojeada inquisidora, el sabíaque algo había pasado, y que no había sido bueno.
— ¿Qué te hizo?— Preguntó terminante. Yo lo miré casi como excusándome para no contarle, pero entonces sentí que era necesario. Quería decírselo, aunque costara.
— Intento sobrepasarse con migo— Pude observar como se le deformó el rostro, hasta llegar al punto de que se puso rojo de furia — ¡No ocurrió nada grave!
— ¡¿Nada grave?!— Inquirió molesto. De pronto se le iluminó el rostro y se levantó en un santiamén.
— ¿ Qué estás haciendo? — Pregunté nerviosa mientras me paraba torpemente, pero Sirius ya había abierto la puerta y estaba saliendo — ¡Sirius!
Al salir de mi habitación lo vi a unos metros de mí, caminando a paso firme por el pasillo. De pronto me vino a la mente una imagen aterradora. Sirius se abalanzaba sobre Malfoy para hacerle añicos, sin embargo, el terminaba malherido, ya que obviamente, nadie se encontraba de parte de Sirius… todo lo contrario, esta era su oportunidad para borrarlo del mapa. Me desesperé y me sentí estúpida por haberle dicho, debí haber supuesto la reacción de Sirius. Él nunca se quedaría de brazos cruzados, sobre todo si era una excusa para golpear al rubio platinado. Volví a la realidad en segundos y Sirius ya se encontraba a pocos metros de la escalera. Corrí como nunca llamándolo, pero el no me oía. Lo vi tan nublado por la rabia que sólo llegue a una conclusión. Tendría que correr y abalanzarme encima de él. Sé que era imposible poder derribarlo con eso y que de seguro con un empujón me sacaba del camino, pero pretendía que se diera cuenta de que yo estaba allí. Entonces, corrí por el pasillo, y agradecí llevar puestas mis zapatillas en vez de zapatos, y me tiré sobre él. Me aferre a su cuello con los brazos y con las piernas trataba de cruzarle el torso, aunque era bastante difícil con el vestido. Tenía que admitir que era una posición bastante ridícula, pero era necesario. Sirius casi no se inmutó y siguió caminando mientras yo colgaba de su espalda, pero no le duró mucho.
— Por favor, déjame — Terció con fastidio tambaleándose.
— No — Le dije — Si no razonas, estaré colgada de ti para siempre.
El suspiró. Luego se soltó de mis manos con cuidado, pero aún seguía aferrada a él con las piernas, aunque éstas ya empezaban a acalambrarse, sin embargo, creía que había cumplido mi objetivo.
— ¿Sinceramente no quieres que mate a Malfoy? — Preguntó mientras me era imposible mantenerme en aquella posición, por lo que caí.
— En realidad, si quiero— Le dije mientras me paraba con ayuda de él — Pero serías muy estúpido si lo haces ahora.
El apartó su rostro. El sabía que yo tenía la razón.
— De acuerdo — Espetó desviando la vista al reloj que se encontraba a nuestro lado — Volvamos a tu dormitorio.
Asentí y empezamos a caminar en silencio hasta llegar.
— Te juro que solo por ti no lo asesino ahora — Musitó.
— No vayas a cometer una locura — Le advertí mientras me sentaba en la cama para poder prender la luz de una pequeña lámpara que se encontraba en la mesita de noche. Sirius aprovechó para tirarse en mi catre. Cuando me di vuelta para verlo ya estaba acomodado en el lado de la cama que daba para la pared con las manos atrás de su cabeza. Parecía todo un adonis. Sirius me miraba incentivándome a hacer lo mismo en el lado que quedaba de espacio. Primero me negué, pero luego el se sentó y me tomó por los hombros. Me tomo con fuerza para que quedara a su lado.
Estuvimos en silencio. Él me acariciaba de manera sensual con sus dedos, luego se puso de lado y apoyó la cabeza en su mano. Yo seguía de espalda mirando hacia el techo. Cada roce de su piel hacía que se me pusieran los pelos de punta. Sin darme cuenta, él se me estaba acercando. Me besó el cuello, la mejilla, la oreja, en eso se escuchó un sonido ensordecedor, era la campana que daban las doce. No nos inmutamos.
—Feliz navidad, Kate— Susurró en mi oído. Yo me di vuelta para mirarlo a los ojos y sentí una conexión que antes no había sentido. Se acercó con rapidez y me besó en los labios, con pasión. Casi como un baile preestablecido, Sirius apoyó mi cabeza en la almohada. Acariciaba mi pelo con ternura. Sus labios me daban la sensación de que me quemaban la piel. Como toque final me besó en la frente y abrí los ojos.
—Feliz navidad, Sirius—Musité— Lamentablemente no tengo regalo de navidad.
El me miró ofendido.
— Kate, esto ha sido el mejor regalo de navidad que he tenido en mi vida —Espetó mientras me acariciaba el brazo.
Suspiré y le sonreí. Me apoyé en su hombro y el me aferró con su brazo izquierdo, estuvimos en silencio. Sin darme cuenta yo estaba dormitando en su regazo, en la inconciencia sentía como el tomaba mi mano derecha y desperté de golpe cuando sentí un metal frío rozándome. Me sorprendió ver a Sirius colocándome un brazalete.
— ¿Qué es esto? — Pregunté anonadada.
— Mi regalo de navidad — Murmuró mientras abrochaba la joya en mi muñeca. Acerqué mi mano para apreciar mejor la pulsera y era verdaderamente hermosa. Era de plata gruesa con incrustaciones de piedras rojas.
— Es hermoso. Gracias — Solté mientras lo abrazaba. Nos interrumpió el golpeteo de mi puerta. Nos separamos sorprendidos y confusos.
— ¿Quién es? — Pregunté potenciando mi voz.
— Señorita Fortman — Respondió la voz. Era Cynthia — Los invitados se están marchando, y su padre ruega a que baje a despedirse.
Se me deformó el rostro y a Sirius también. El tiempo se nos había pasado tan rápido que no tuvimos conciencia de él. Resignada me comencé a levantar para ordenar mi cabello y alisar mi vestido. Sirius por su lado también estaba haciendo lo mismo.
Era casi doloroso tener que dependerde los demás para dejar o estar juntos. Me apoyé en la pared o me desmoronaría.
— Esto es fastidioso — Farfulló. Luego se acercó y me tomó de las caderas— Prométeme que estarás bien.
Asentí. El se acercó para besarme y yo me dejé llevar. Lo abrasé por arriba de sus hombros y el seguía tomando mis caderas con sus manos.Juntó nuestros cuerpos que se amoldaron de manera automática. Fue un beso apasionante.
— Adiós — Susurró en mi oído y se alejó de golpe. Camino hasta la puerta y la abrió confuso. Luego me miró, sonrió y la cerró de nuevo. — Cada vez que te miró, te encuentro más hermosa.
Me acerqué para abrazarlo una vez más.
—Vete — Le dije divertida. El asintió, me besó y desapareció.
Al otro día desperté feliz. Al principió creí que todo había sido un sueño, pero entonces vi el brazalete que me había dado Sirius y supe que todo fue real.
Es navidad y estoy feliz. Eso concuerda. Aunque algo amargo amenaza con expandirse por mi cuerpo ¡Ya no soporto estar aquí!, quiero ir a Hogwarts y para eso quedan seis días, que estoy segura, se me harán una eternidad. En la mañana llegaron mis hermanas abriendo la puerta de golpe y comenzando con una linda pregunta : "¿Qué recibiste para navidad, Kate?". Ellas no se imaginaban la respuesta, pero me limité a levantar los hombros. Una mirada de ellas se cruzo y estiraron sus largos brazos mostrándome sus "lindos" brazaletes que les habrían regalado la familia Malfoy. Me reí, si vieran el mío, quedarían estupefactas. Aunque la verdad, no importaba. No soy materialista, no necesito algo tangible para sobrevivir esta Navidad. Aunque este brazalete era valioso, pero no en el sentido material, era significativo por que me recordaba a Sirius, me recordaba todo lo que había pasado con él, y eso era invalueable para mí.
Cuando bajé a la cocina esta mañana mi padre se encontraba en la sala de estar, sólo me dedico una pequeña sonrisa, pero yo esperaba por lo menos un: "Feliz navidad, Katherine". Me preparé un zumo de calabaza y tomé una tarta de frambuesa. Luego, me fui a mi habitación. Después de desayunar, me recosté de nuevo y me sorprendió darme cuenta que el olor de Sirius seguía impregnado en las almohadas. No me despegué de ellas.
Los días siguientes pasaron igual de lentos como ha sido mi existencia. Sin embargo, dos días antes de entrar a Hogwarts mi Padre me llamó a su despacho, que se encontraba a un lado de la biblioteca.
—¿Qué pasa ?—Pregunté extrañada mientras me sentaba en el escritorio, al frente de él.
—He reflexionado sobre algunas cosas—Empezó a decir.
— ¿Qué cosas? — Pregunté con cautela.
— Sobre nuestras vidas.
Por fin creí que íbamos a tener una conversación seria.
— ¿Y a que conclusión llegaste?
No me respondió, luego abrió un cajón de su lado y sacó una caja forrada de terciopelo negro.
—Katherine, toma— Espetó pasándomela— tus cartas.
—¿Mis que?—Dije tomando la caja y abriéndola—Cartas—Susurré confundida—¿Qué ocurre?
— El contenido de esa caja, es muy valioso — Espetó— Hoy en la cena tendremos una conversación, que he decidido adelantártela para que no tomes una decisión apresurada.
— Bien— Susurré — ¿Pero que significan estas cartas?
— Esas cartas,son estipulaciones. Son las que dicen que esta casa te pertenece, la fortuna de tu madre.
— ¿Cómo?
— Tu eres la dueña legítima de esta mansión — Musitó — Te lo digo ahora, porque no estaré con tigo cuando cumplas los diecisiete.
— Padre no estoy entendiendo nada— Le solté. Estaba pasmada y lo único que creía era que estaba siendo parte de una mala broma.
— Hoy en la cena hablaremos de esto— Susurró — Todas necesitan saberlo.
— Pero esto no — Dije, el asintió.
— Lo comprenderás esta noche — Murmuró — ahora vete a tu habitación.
Me fui del despacho con una sensación de extrañes. Al llegar a mi habitación revisé aquellos documentos y afirmativamente eran escritos que acreditaban que era yo la dueña de la casa y que la fortuna de mi madre me pertenecía.
Al llegar la cena traté de no demostrar mi nerviosismo. Casi no comí y el tema salió a flote después que todos hubieran terminado.
— Chicas— Espetó mi madrastra — Tenemos que hablar con ustedes.
Mis hermanastras y yo asentimos. Me dio la impresión de que las chicas estaban más informadas que yo al respecto.
— El día de la gran cena, se discutió acerca de una cuestión que nos compete como familia.Sin muchos detalles, necesitan que nosotros estemos en Francia para cubrir, digamos,problemas que podrían llegar a pasar allá — Espetó mi madrastra petulante. Mi padre sólo se limitaba a asentir a todo lo que dijera.
— ¿Tendremos que irnos a Francia? — Preguntó Rachel, con fingida preocupación. En el fondo, aquellas arpías disfrutaban el plan.
— Sí— Terció mi madrastra tajante. Instintivamente miré a mi padre buscando respuestas. El asintió.
— ¿ Todos? — Pregunté. Mi madrastra y las arpías de Úrsula y Rachel, mi miraron sorprendidas, como si ya fuera bastante obvio. En cambio, mi padre, al parecer esperaba aquella pregunta.
— En un principio, sólo iré yo— Terció— Luego de que terminen el colegio, se irán a Francia con Elizabeth.
— Sí — Afirmó esta — Venderemos esta mansión y nos trasladaremos.
Mi padre la miró sorprendido.
— Creo que eso aún no lo hemos conversado — Terció.
— ¿Y que otra cosa haremos con esta casa? — Preguntó mi madrastra irritada— Nadie se va a quedar de nosotras.
Entonces aquella mujer me miró con impaciencia.
— ¿Tú, te quedarás mocosa? — Preguntó hastiada. Mi padre me miró instintivamente.
En el fondo el sabía mi respuesta, por eso me había pasado todos aquellos documentos. En cierta forma, era un plan para protegerlos. Todo esto me pertenecía y cuando cumpliera los 17 todo esto iba a ser completamente mío y no tendría que viajar a sufrir a Francia porque aquí tendría mi hogar.
— Sí, por su puesto — Afirmé. Mi padre asintió, ya estaba completamente seguro.
— En ese caso, tendrás que trabajar y sobrevivir por ti misma — Arguyó mi madrastra enojada— y comprarte una casa. Esta mansión está evaluada en mucho dinero, que no se desperdiciará sólo en ti.
— Olvidas algo — Le espeté— Esta mansión me pertenece, sólo a mí.
A mi madrastra se le deformó el rostro, luego se volvió en una mueca y miró a mi padre pidiendo explicaciones. Rachel y Úrsula no salían de su asombro.
— ¡¿Co-Cómo?!— Tartamudeó.
— Esta mansión le pertenecía a la madre de Katherine, era de toda su familia. Y mi hija es la única heredera, además de la fortuna — Explicó — Cuando cumpla 17 se hará cargo de ella.
— ¡Pero aún no tiene 17 años! — Chilló Rachel.
— ¡Podríamos venderla antes!— Sugirió Úrsula con el signo peso en sus ojos.
— Hay documentos que acreditan que Kate es la dueña de la casa, sólo que aún no puede ejercer su cargo. Es imposible venderla sin su autorización, y aunque la venda, el dinero sería para ella — Terció mi padre.
Todas se quedaron en silencio. Yo miré a mi padre y le dije gracias sin articular palabra.
— Siempre está abierta la posibilidad, claro, de que vayas a Francia — Espetó mi padre— Ahora, pueden ir a su habitación. Necesito conversar con Elizabeth.
Las tres nos fuimos escaleras arriba en silencio. Por primera vez en mi vida, me sentía triunfador en mi propio hogar.
Son las 6:30 hrs. de la mañana del primero de enero, y ni una pizca de sueño tengo, si no más bien estoy ansiosa por volver a Hogwarts. Más aún, por ver nuevamente a Sirius. De pronto recordé que no tenía nada preparado para ir a Hogwarts, así que conuna energía que me extrañó en mí, me levanté directo a mi baúl. En realidad no había que hacer mucho, estaba tal cual como cuando llegué a esta casa. Sólo faltaba el uniforme, que busqué rápidamente en mi mueble y volví para guardarlo. Todo eso me tomó veinte minutos y de pronto ya eran las 7:00. Ahora me quedé sin nada que hacer, lamenté haberlo hecho tan rápido. En fin, me senté en el alféizar de mi ventana y empecé a observar el amanecer. Cuando quiero que el tiempo pase más rápido o estoy esperando ansiosamente que pasé algo, los minutos y las horas se me hacen una eternidad. Y cuando quiero que el tiempo pasé lento, como las últimas semanas de clases de Hogwarts o cuando estuve con Sirius, el tiempo pasa velozmente… El tiempo es traicionero.
Dormité un poco en el alfeizar sin darme cuenta, pronto ya faltaba poco para las ocho. Decidí que era tiempo para asearme. Al terminar me vestí y bajé a tomar desayuno. Rachel y Úrsula ya se encontraban antes que llegara. Me miraron con recelo. Después de desayunar, los elfos empezaron a acarrear nuestro equipaje al auto.
A las 8:30 hrs. Salimos de la mansión, mi Padre decidió manejar y mi madrastra prefirió quedarse en la mansión. Por eso, preferí irme como copiloto que estar en la parte trasera con Rachel y Úrsula. El viaje fue completamente silencioso.
Al llegar, empecé a buscar caras conocidas, pero no veía ninguna. Saqué mi equipaje del auto y me despedí de mi padre con la mano, pero este me detuvo antes de empezar a caminar.
— Kate— Dijo— Sé que no fui un buen padre para ti, pero me gustaría despedirme de buena forma, después de esto quizás no te vea nunca más.
Me quedé petrificada. No había asimilado aún esa posibilidad. Mi padre se iría en un mes más a Francia de manerapermanente y yo no estaría allí para despedirlo, ahora era el momento.
— Tienes razón — Susurré. Mi padre me miró apenado, lo que me partió el corazón. Nunca había visto esa expresión en su rostro. Instintivamente lo abracé.
— He tratado de que te des cuenta que te quiero — Musitó— Sólo pido que me perdones.
— Sí — Le dije. — Te perdono, pero tu también a mí. No he sido la hija que tu querías.
El asintió y luego me pasó una carta.
— Quiero que la leas, te explicará muchas cosas — Susurró— Estoy orgulloso de ti.
—Te quiero— Le dije mientras lo abrazaba. Me era difícil decirlo, pero era la verdad. Él era mi padre, a pesar de su terquedad de su indiferencia. Me extrañaba que ahora se mostrara tan afable. Luego recordé que no nos veríamos más, y de todas formas, era delicado aceptarlo. Me besó en la frente y dijo en un susurro adiós. Volteo rápidamente y desapareció en la puerta del auto. Lo miré hasta que arrancó.
— Adiós, papá— Murmuré. Luego empecé a caminar por la multitud algo atontada. Las lágrimas me nublaban la visión.Me tranquilicé un poco y guardé mi equipaje. Luego empecé a buscar a las chicas.
—¡Kate!—Escuché mi nombre a lo lejos, me di vuelta y una indistinguible melena roja me hizo sonreír en seguida, era Lily—Hola, Kate—Me dijo con un abrazo.
—Hola— Le dije y cuando la miré me dieron unas ganas horribles de llorar. Quería desahogarme, no pude llorar del todo unos minutos antes. Lily se dio cuenta.
—¿Qué pasa? — Me preguntó.
— Es una historia muy larga— Le dije— Cuando lleguemos te lo diré.
Ella comprendió.
— Vamos al compartimiento, esta Danielle y los chicos— Dijo entusiasmada, su sonrisa me infundió valor.
Mientras caminábamos me pregunté como lo iba a hacer cuando viera a Sirius.
—¿Cómo has pasado estas navidades?—Preguntó. Me delaté sóla. Me sonrojé completamente.
—Es algo que te contaré cuando estemos sentadas y con Danielle—Espeté, Lily entendió a lo que me refería.
— ¡Solo dime con qué tiene que ver!— Pidió. Lo pensé unos minutos.
— Sirius— Dije y seguí caminando. Lily se quedó pasmada y luego sonrió, pero no hablo más del asunto.
Cuando llegamos al compartimiento, que se encontraba al final del expreso, Sirius fue el primero en pararse para saludarnos. Le sonreí.
— Hola— Saludé. Remus me abrazó con fuerza y me dijo que me extraño. Danielle por su lado saltó sobre mí y casi me derriba. James me abrazó y me guiño un ojo, por esa expresión supe que ya estaba al tanto de todo. Cuando tuve que saludar a Sirius no supe como hacerlo. El escondía una sonrisa y me abrazó con fuerza, luego susurró en mi oído.
— Te extrañe, hermosa— Me reí y luego me senté a su lado. Danielle y Lily intercambiaron miradas. Sospechaban algo.
—Bueno—Empezó a decir James—Se viene un partido de Quidditch.
—Eso es en dos semanas más, James—Le informó Lily
—Y además, es sólo de Ravenclaw contra Slytherin ¿De qué interesa?—Preguntó Danielle.
—Interesa de mucho, así podremos ver cómo están jugando y estamos en ventaja—Dijo con superioridad— Además debemos apoyar a Ravenclaw.
—Bueno, aparte de Quidditch, hay otras cosas este Trimestre— Espetó Lily.
— ¿Qué cosas?— inquirí.
—El baile de San Valentín— Informó Danielle con una sonrisa.
—No puede ser—Refunfuñe.
— Será entretenido, Kate— Me incentivó Lily.
—Le tengo fobia a los bailes—Espeté, recordando el episodio vivido en el baile de Halloween.
—Por supuesto—Dijo Remus con sarcasmo.
— Yo te enseñaré a amar los bailes— Apuntó Sirius, yo le pegué un codazo automáticamente y James se rió.
—Bueno… cuéntenme de sus vacaciones ¿Cómo estuvieron?— Sugerí esa idea para terminar con el tema. Lily se dio cuenta del porque y me siguió el juego, y así estuvimos un buen rato hablando, hasta que hubo un momento de silencio y sin darse cuenta nos quedamos dormidos todos. No tuveconciencia del tiempo de que había dormido, pero abrí los ojos y los chicos aún seguían con un sueño profundo, luego miré a Sirius que, para mi sorpresa, me observaba silencioso. Se acercó con cautela y me dio un pequeño beso en los labios.
— No había tenido oportunidad de saludarte— Susurró sonriente.Luego me abrazó con ternura. — No sabes cuanto espere para tenerte entre mis brazos nuevamente.
No pude hacer más que sonreír.Yo también esperaba tenerlo con migo. Luego me di cuenta de que esto ya no era tan simple como lo había sido antes, ahora me dolía aún más dejar de verlo. Esto estaba evolucionando y no había forma de detenerlo, por lo menos yo sentía algo más allá de un cariño. Cada vez que miraba sus ojos mi corazón latía desaforado. En este minuto no tenía certeza de nada.Lo único que quería hacer, era disfrutarlo.
Holaaaqueridas lectoras!! Espero quele hayagustado estecapitulo ^^.Muchas graciaspor todoslos comentarios, de verdadse losagradezco =)
Muchosbesos !!!!nos vemosen elproximo capi=D