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Historia 33445 — capítulo 9
Estaba todo oscuro. Sentía un dolor espantoso de cabeza, más bien, todo el cuerpo me dolía infinidades.
—¿Cómo te sientes?—Preguntó una voz. Entonces abrí los ojos de golpe. Y vi a Lily que estaba sentada a mi lado. Fui capaz de percibir que me encontraba en una cama bastante dura. Empecé a toser. Había polvo por todas partes. Todo estaba cubierto de telas, que antiguamente eran blancas… ahora se acercaban más al grisáceo. Me hallaba desorientada.
— Bien— Le mentí en un susurro. Bajé mis piernas de la cama y me senté con sumo cuidado en la orilla.
—No queríamos que te enteraras de esa forma— Dijo Danielle, que venía entrando por una puerta que se hallaba al frente de la cama.
—Todo este tiempo…—Dije cabizbaja.
—Perdónanos — Se disculpó Lily—Pero Remus no quería…
—¡No quería que me enterara! ¡Soy su amiga! ¡Debería haber confiado en mí!—Grité.
—Tenía miedo…
—… Es un cobarde— Le interrumpí.
—¿Qué está pasando?—Preguntó James que venía entrando. Despeinado, más de lo normal y con las ropas sucias y rotas, Lily al segundo de verlo fue donde el y lo abrazó—Lily estoy bien—.
—¿Sirius?—Preguntó la pelirroja— Si le paso algo tenemos que curarlo—. Sentí una punzada en el corazón.
—También se encuentra bien, se quedó un rato más con Remus en el lago, el último día se pone muy fiero—Dijo mirándome—Dice que lo perdones—.
Yo levanté la cabeza y nuevas lágrimas salieron de mis ojos. Lily me abrazó. No podía ocultarlo más. Sentía que ya no podría , que iba a caer de un momento a otro. Estuve así bastantes minutos, no había forma posible de desahogarme. Entonces sentí una voz que me tranquilizó el alma.
—Hey, tranquila— Dijo y me acarició el cabello.
Yo no esperaba mi reacción.
—No me hables de tranquilizarme, por favor—Dije cruzada de brazos—¡Todo este tiempo escondiéndomelo!—.
—¡Tranquilízate!—Gritó Sirius tomándome de los hombros. Lo miré con angustia. Y me impacté más cuando lo vi a la cara. Tenía magulladuras en la mejilla izquierda y su rostro se escondía detrás de una capa de barro seco—Tómatelo con calma—.
—¡Con Calma!— Dije sollozando—¡Por favor Sirius! ¡¿Cómo quieres que me lo tome con calma?!—.
—¡Compréndelo!—Gritó Danielle saliéndose de sus casillas. Me volteé con furia para mirarla. Claro que ella podía decirme que lo comprendiera, pensé. Por que ella si podía comprenderlo. Yo no. No estaba preparada para enterarme de que mi mejor amigo era un hombre lobo de la noche a la mañana y estar tranquila. Eso era mucho.
—Me voy— Espeté parándome.
— ¿A dónde?—Preguntó Sirius deteniéndome— Ni siquiera sabes donde estamos—. Lo miré. — Está es la casa de los gritos — Me informó Lily.
—No sabes el camino de vuelta— Me dijo James.
—No me importa— Espeté y caminé hacia la puerta. Lo único que quería era salir de allí. Luego había un pasillo. El piso era de madera y crujía mientras caminaba. Las ventanas se encontraban cerradas y todo seguía aún cubierto de polvo. —No puedes salir por la puerta, saldrás a Hogsmeade— Me indicó Sirius. — ¿Y a caso hay otra opción?— Le pregunté sarcásticamente.
— Sí—.
Lo miré con recelo. Aunque le seguí los pasos en silencio. Se detuvo en un especie de túnel que había en la pared. Entornó los ojos… sólo confié y me introduje en él. Gateé con cuidado, estaba algo empinado. Sirius se encontraba atrás mío. Agradecí no ser claustrofobica, aunque me desesperaba no ver luz por alguna parte. Cuando empecé a jadear, Sirius me avisó que faltaba poco. En efecto, vi la salida a unos cuantos metros. Cuando salí, empecé a gatear por el pasto húmedo que había, me paré tratando de orientarme. Estaba al lado del sauce boxeador. Me dio un escalofrío. Sirius en silencio me tomó del brazo y bajamos la colina, nos estábamos encontrando con el lago. — Es preferible que entres por aquella puerta, que por la principal, estas hecha un desastre— Me dijo, mientras indicabala puerta que se encontraba al lado de los invernaderos. Fue lo peor que se le pudo ocurrir haber ido allí. Mientras caminábamos por alrededor del lago para llegar al huerto, apareció Remus entre los árboles. Lo aprecié con cuidado, tenía heridas en la cara y tenía el rostro demacrado. Mis ojos se abnegaron de lágrimas.
—Kate—Dijo Remus caminando lentamente. Por favor, no te acerques,pensé, no quiero perder la amistad que tenemos. No fue así.
El crujido de las hojas y ramas me decía que se estaba acercando. Me encontraba cabizbaja incapaz de reaccionar ante el hecho. Sumida en mis pensamientos, callé, mientras sentía su mano acariciar mi cabeza. Entonces me di cuenta de lo que estaba sucediendo. Imágenes de la noche anterior volvían aparecer una y otra vez. Sirius tratando de detener a la bestia, James acudiendo en su ayuda, sus ojos… los ojos del irracional hombre lobo, que penetraban a quien lo mirara y ahondándolo profundamente en la tristeza, tristeza que él sentía, tristeza que yo sentí. Entonces lo miré, el corazón se me heló, estaba todo inconcluso, el viento, el ruido, el tiempo… todo. Sólo una excepción, sus ojos, que brillaban con una especial particularidad, brillaban de tristeza. No podía explicarme el hecho de que existiera algo así.
—Kate— Murmuró con una voz apenas audible y acariciando mi cara. Yo cerré los ojos con fuerza para evitar que lágrimas salieran nuevamente, entonces tomé su mano y se la alejé.
—No—Dije en un susurro, tragué saliva…di media vuelta. Y me encontré con la mirada de Sirius, suplicante.
—¡Déjame explicar!— Me Gritó Remus a mis espaldas, con las pocas energías que le quedaban. Di un respingo.
Me di vuelta para mirarlo. Se me hacía imposible revelarme contra él.
—No tenía opción— Se defendió con la voz bastante elevada, tratando de mirarme a los ojos. Yo lo evitaba—debes entenderme…
No quería explicaciones, excusas, nada… sólo pensar, tener tiempo para pensar y darme cuenta realmente de lo que estaba sucediendo. No era fácil asimilar que tu mejor amigo era un hombre lobo. No quiero perderlo. Es por eso que quiero ir a cuestionarme a mi misma, antes de reprenderlo, de hacerle daño. No estoy tranquila para conversar con el y sé, que cuando no estoy en mi estado normal, puedo decir cosas que en realidad no siento.
—Déjame sola—Dije mientras retrocedía.
—No puedo—
—¡Entiéndelo por favor!— Le grité fuera de mis casillas. Sentí que Sirius me tomaba de la cintura.— Por favor, Remus.
Ya no aguantaba más en ese lugar. Me solté de Black y empecé a caminar rápidamente hacia ningún lugar. Quería refugiarme de la mirada de Remus, de su voz, de su tristeza, sobre todo.
—¿Qué estás haciendo?— Me preguntó Black, quien me seguía pacientemente. Me detuve y caí. Sentí como crepitaron las ramas al no soportar mi peso, y asimismo, crepité yo al no soportar el peso de lo acontecido. Me aovillé y hundí mi cabeza entre las piernas.
—No tienes que culparte—Dijo Sirius, mientras se sentaba a mi lado. Cerré los ojos al escuchar su voz. Increíblemente aterciopelada, aunque no quisiera, me hacia sentir mejor.— Tienes que pensar antes de decirle algo a Remus, como el también… el sabe que te debe una disculpa, pero debes comprenderlo—.
— Lo sé— Dije sollozando. No me cabía en la cabeza como Sirius podía entenderme. ¿Qué estaba pasando?, pensé. No podía estar conectada de alguna manera con él, de ninguna forma posible. Su voz era tan apacible para mí, me hacía sentir tan tranquila, sin embargo, ocurría también lo contrario.Irremediablemente cuando estaba cerca o me hablaba, sentía una punzada en mi corazón, era el hecho de lo imposible que era estar con él. Tenía que alejarme antes que fuera demasiado tarde.
—Vamos a la sala común y podremos estar más tranquilos— Sugirió. Tragué saliva.
—Déjame sola — Le espeté, mientras seguía escondiéndome entre mis piernas. Sentí como Sirius se irguió a mi lado — Por favor, lárgate—.
—¿Y si no quiero?—Me desafió. Sorprendida me enderecé ylo miré. Debí suponer que las cosas no iba a ser fáciles con Sirius Black.
—Muy bien, entonces yo me voy— Espeté tajante. Me paré y por intuición seguí caminando hacia el castillo, pero antes que diera dos pasos ,el tomo de mi mano con fuerza y me dio vuelta, luego me tomó de la cintura y como si fuera una pluma me atrajo hacia sí. Empezó a mirarme con esos ojos misteriosos y hermosos que me hacían dejar en el tintero todo lo pasado. Sacó una mano de mi cintura y con sensualidad la usó para sacar un mechón rebelde que se encontraba en mi cara. Respiré profundo, tratando de procesar en la situación en la que estaba con Black. Entonces antes de nada, el empezó a acercarse con sigilo, no podía apartar mi mirada de la suya, estaba hipnotizada. Sentí el roce de su nariz junto a la mía. Estábamos a solo segundos. Mi corazón, de forma inmensurable, latía con toda su fuerza, iba a entrar en colapso. Traté de separar los sentimientos y la razón, pero entonces todo se iba a el olvido cuando me acariciaba. Cómo si fuera un preciado cristal pasaba su mano por mi rostro. Sentí sus labios en la comisura de los míos. Apreciaba ese roce electrizante que me hacía despertar todos mis sentidos. Entonces comprendí que no podía seguir haciéndome más daño del que ya tenía, no podía besarme con Black y dejarlo hasta ahí. Simplemente no lo soportaría. No estaba acostumbrada a este tipo de emociones. Sucumbiría. El dolor se hizo presente de forma sólida. Me nublaba mis emociones. Cerré los ojos con fuerza. —No— Supliqué. Y al decirlo, pude ver como se masificaba aún más el dolor que ya sentía. Sirius me soltó de inmediato y me miró frustrado, luego frunció sus labios y se alejó de mí, claramente había dañado su orgullo. Pero simplemente no podía y no quería ser una chica más para el listado de Black. Sirius negó con la cabeza mientras me miraba… Se fue y yo también, por el camino contrario.
Al llegar a mi cuarto, me bañé. Luego, entre deberes, se me paso el día. Traté en lo menos posible de pensar. Aún no quería recapacitar sobre lo sucedido.
Cuando ya era de noche, me encontré con las chicas en las habitación. Estaban acostándose.Se dieron cuenta de mi estado de ánimo, así que solo se limitaron a sonreírme. Apagamos la luz cuando estábamos acostadas. Pronto empecé a escuchar los leves ronquidos de mis amigas. Entonces me acordé que las lágrimas aún existían y que eligieron el lugar correcto para salir a flote. Fluían y fluían y mi respiración entrecortada hacía más dramático el momento, me tapé hasta la cabeza y suspiré. Cerré los ojos y me dormí.
Los días siguientes, fueron más de lo mismo. Estuve en su mayoría con Lily, ya que Danielle se encontraba con Remus, que por cierto, no había visto desde aquella noche. Con Lily evitábamos sacar el tema a la luz. Entre esos días encontré varios cardenales que hacía presencia en mi espalda y abdomen y unos pocos en los brazos. Hubiera deseado tener solo esas marcas, ya que se sanan más rápido que las del corazón.
El viernes en la noche no podía quedarme dormida. Ya eran casi las tres de la mañana y aún no pegaba pestaña. Suspiré y me pasé las manos por mi cara. Estaba todo en silencio. Era increíble como todo había cambiado de un día para otro. Me sentía el centro del huracán, si no fuera por mi culpa, nada de esto hubiera pasado. Lo peor de todo, que esto tenía tintes de trastornos sobre mí. No podía dormir, razonar, ni comer. Estaba en un agujero sin fondo. Me acomodé nuevamente para ver si en esa posición podría dormir, pero de la nada apareció una gran lechuza negra que reconocí al instante, era mí lechuza. Lo vi en la ventana, pero no me veía a mí, entonces no halló otra cosa mejor que hacer que empezar a picotear la ventana y causar que mis compañeras de cuarto despertarán.
—¿Qué está pasando?—Preguntó Lily, yo sin responderle bajé de mi camarote y abrí la ventana con suma rapidez.
—¿Quién recibe una carta a esta hora?—Preguntó Danielle mientras se destapaba la cara. —Yo— Susurré. Le quité la carta a mi lechuza y le di una galleta que había en la mesita de noche— Gracias, ahora vete— Continué acariciándola. Se largó a volar.
—Kate ¿Estás bien?—Preguntó Lily mientras yo cerraba la ventana.
— Sí, supongo— Espeté mirando con curiosidad aquella carta.
Lily encendió la luz con la varita. Cerré mis ojos por inercia. Dejé la carta arriba de mi camarote mientras subía por las escaleras, cuando estuve cómoda leí el remitente.
Resoplé.
—¿Quién te la mando?—Preguntó Lily.
—Mi padre—Dije con recelo. Lily se sintió incomoda, estaba al tanto de los sentimientos de mi familia hacia ella. La miré con angustia—Lily tu sabes, que digan lo que digan yo no voy a dejar de estar con ustedes—Continué. La pelirroja me dedicó una sonrisa. Entonces tomé la carta y la abrí cuidadosamente. Vi la inconfundible letra de mi padre y comencé a leer.
Querida hija:
No me he enterado mucho sobre tu estadía en Hogwarts, creo que este año has cambiado, por que no me han llegado cartas por parte de la profesora Mcgonagall por tu mal rendimiento, aunque eso es bueno, no puedo dejar de decir que a pesar de que hayas cambiado para bien, no justifica que te juntes con personas que no son, lo que nosotros somos, hija. ¿Entiendes? no quiero que te transformes en una traidora a la sangre, como muchos lo han sido. Por favor, sigue mis consejos.
Quiero que cuando tu profesora pida los nombres de los que se irán a casa en las vacaciones de navidad, te anotes, por que no te quiero ver allá sin motivo alguno ya que en nuestra mansión habrá una cena a la cual tu no puedes faltar. Te puedo decir, que no es como las otras cenas de navidad, es mucho más especial, sin embargo no puedo revelarte aquí de lo que se trata por miedo a que le cuentes a tus amigas. Otra cosa, si no te veo aquí en las vacaciones de navidad, olvídate de que tienes un padre, suena duro, pero tienes que estar aquí hija, si me tienes algo de cariño, por favor ven. Mejor dicho, te exijo que te encuentres aquí o si no tendrás que asumir las consecuencias.
Se despide
Austin Boniface Fortman.
Observaba el papel perpleja, me negaba a creer que esto no formaba parte de una verdadera pesadilla. Arrugué la carta con rabia, Lily dio un respingo.
—¿Qué decía?— Preguntó Danielle, y yo enrabiada miré hacia la ventana.
—No saben cuanto odio a mi familia—Espeté mientras tomaba un almohadón para apretarlo con mis manos.
—¿Qué pasó?— Inquirió Lily.
—Me tendré que ir para vacaciones de navidad, una cena de navidad— Dije, no quería creerlo.
—Relájate— Me ordenó Lily—será mejor que estar sola acá.
—Es que tu no entiendes—Espeté—prefiero estar mil veces sola que con esa familia.
—Kate—Dijo Lily con aire conciliador— es tu familia.
—Lo sé—Tercié mientras me acostaba nuevamente en mi cama— Es mejor que durmamos, mañana será otro día.
Las chicas asintieron y se apagó la luz mágicamente. Era imposible conciliar el sueño, algunas veces dormitaba, pero nunca alcanzaba un sueño profundo. Me quedé así hasta que me percaté de las primeras luces del día. Una hora después Lily se levanto para darse una ducha, yo fingía estar durmiendo. Cuando Danielle se levantó y se aseó, yo lo hice posteriormente.
Me sentía hecha un desastre, no concebía como podían pasar acontecimientos tan nefastos en un período tan corto de tiempo. Lo peor de todo, era que esto me ponía nerviosa, tanto así que sentía una molestia en el estómago.
Al bajar a la sala común me senté en el sofá. No tenía ánimos de bajar a desayunar. Me sentía presa de una vaga sensación de angustia.Me puse en el extremo del sofá y me aovillé. Luego sentí unos pasos, no esperaba que alguien se encontrara en la sala común a esta hora.
Me paré con cuidado para no causar ruido, me arreglé el uniforme y caminé en dirección al retrato de la dama gorda. Entonces me encontré con que alguien ya la estaba abriendo por mí.
—Kate— Murmuró Sirius sorprendido. Más para él que para mí. Me observó con atención, como si estuviera mirando a otra persona en vez de mí. Abrió la boca para decir algo, pero finalmente no emitió sonido alguno. Asintió en forma de saludo y yo hice lo mismo. Al salir, tomamos rumbos distintos. Casi por inercia, aunque siempre se me hacía difícil verlo para luego ignorarlo. Me voltee para verificar si seguía allí. Ya había desaparecido.
Ese mismo día en la noche se celebraba una pequeña fiesta en la sala común. Lily y Danielle decidieron ir, para estar con James y Remus respectivamente.Yo sabía que mi presencia dejaba bastante que desear, entonces tuve una idea. No quería estar en esta habitación, por lo que me dirigí a la sala de menesteres. Era un lugar que ya se había convertido en un sitio especial para mí, cada vez que podía desde el día que lo conocí, me dirigía hacia allá.
La sala común estaba atestada de estudiantes de quinto hacia arriba. Los sillones se encontraban vacíos, todo estaban bailando y disfrutando. Entonces vi a Sirius en un extremo. Estaba con una chica, de aspecto escultural. Le acariciaba el cabello de forma obsesionada y se besaban. Con fulgor. Quedé petrificada en segundos. Me iba a derrumbar en cualquier momento. Empecé a avanzar entre la multitud hasta llegar al retrato, antes de que pudiera salir sentí que alguien me tomó la mano. No fui capaz de ver quien era, ya me sentía bastante mal. Me fui corriendo por el pasillo hasta llegar al lugar exacto donde se aparecía la majestuosa puerta. Esperé unos minutos hasta que se materializó y entré. Se había transformado en mi pieza, de la mansión Fortman. No hallaba mayor conforte observándola. Luego caí en la cuenta. Había una relación con lo que estaba pasando ahora. Mi pieza era el lugar donde pasaba mis mayores penas. Corrí hacía mi cama y me tiré encima de ella. En cosa de segundos empecé a llorar con rabia.En cada instante la imagen de Sirius con aquella muchacha me atormentaba. Mi mente se transformaba en una arma de doble filo.
Deseaba tener el conforte de alguien. En el fondo sabía quien era, pero evitaba materializar su cara en mi imaginación. Luego de unos minutos sentí una mano que me acariciaba la espalda. Me sorprendí y me erguí en cosa de segundos. Él estaba arrodillado junto a mi cama y me miraba suplicante. Era exactamente lo que necesitaba. A él.
— Remus— Susurré. El sonrió y en cosa de segundo me abrazaba con fuerza. Yo le respondí con debilidad. Estuvimos minutos sin hablar, abrazados como si fuera una forma de recuperar lo perdido. Entonces, él me separo de su cuerpo y me observó. Yo sollozaba contra mi voluntad.
— ¿Cómo supiste que iba a estar aquí?— Le pregunté con dificultad.
— Te seguí— Confesó— Traté detenerte antes que salieras de la sala común. Así que el había sido, pensé. Tragué saliva.
— ¿Por qué?— Inquirí.
— Por que vi tu rostro. Sabía que estabas mal—.Dijo, con una mueca — Y también sé el porqué.
Lo miré exaltada. Recordé a Sirius con aquella chica y como tuve una reacción tan nefasta. Remus asintió como si hubiera sabido lo que estaba pensando. — Sabes como es él— Espetó.
— Sí— Coincidí— Eso es lo peor de todo.
— Quisiera decirte algunas cosas— Confesó— Pero no soy la persona que debe hacerlo. Lo miré confundida. El supo que no me iba a quedar tranquila e iba a indagar aún más sobre el asunto, por eso sacó el tema que había quedado pendiente.
— Necesito hablarte Kate, de aquella noche —Suplicó. Yo desvié la vista automáticamente—. Tienes que escucharme.
— Lo haré— Le tranquilicé.
—Kate, tenía miedo, y sé que fue muy cobarde de mi parte— Se detuvo para reordenar sus ideas y continuó—: pero creedme, fue muy duro decirle a mis amigos que era un hombre lobo y, Lily y Danielle, tampoco se enteraron de la mejor forma. Aunque este pequeñoproblema, fue el que reafirmó nuestra amistad. Pero no sabía como decírtelo y como reaccionarías, temía tu rechazo. Sin embargo, fue peor. La forma en que te enteraste no estaba para nada en mis planes, pensar que pude haberte hecho daño, pensar que te pude haber…
— Detente— Le interrumpí. El me miró con angustia.
— Lo siento— Susurró.
— Como no me había dado cuenta— Me dije para mi misma. El me miró confuso — Siempre me preguntaba porque todos los meses desaparecías, jamás me di cuenta que esos días tenían una relación. La luna.
Remus se estremeció.
— ¿Siempre has sido…— Traté de preguntar, aunque no había pensando que me costaría decir tanto aquella palabra.
—La mayoría de mi vida. Cuando era muy pequeño Greyback me mordió.
Me salieron unas lágrimas.
—Ya me acostumbré a esta condición— Se aventuró cabizbajo— Llevo una vida normal, exceptuando esas noches.
— ¿Cómo se enteraron Lily y Danielle?— Inquirí.
— Lily sospechaba desde que me conoció. Relacionó la idea de que ponía bastante irritable los días previos a la luna llena. Entonces, decidió averiguarlo con Danielle…
— Entiendo— Espeté. Pero Remus quería seguir hablando.
— Me sorprendía que las chicas, Danielle sobre todo, se lo hubieran tomado tan bien. Sabía que Danielle me quería, era nefasto, no me permitía a mi mismo formar una relación. Sin embargo, ella esperó. Pero luego llegaste tú, desordenaste mis sentimientos… Hasta el día del baile. Pude reafirmar lo suficiente mis sentimientos por Danielle, sabía que era muy estupido si no estaba con ella.Pero no quería exponerla…
— Jamás le harías daño— Le dije. El me miró y sonrió.
— Por favor, perdóname.
Lo abracé. El lo tomó por un sí.
— Ahora. ¿me podrías decir de quien es esta habitación?— Inquirió. Yo sonreí.
— Es la mía— Le dije. El asintió. Luego recordé la razón del porque de estar aquí. — No te quiero ver triste— Espetó— ya ha sido demasiado insoportable el no poder hacer nada al respecto.
—Tranquilízate—Le dije—Ya me has ayudado bastante.
El lunes de la segunda semana de diciembre, Mcgonagall fue en la mañana a tomar los nombres de las personas que irían a sus hogares en las vacaciones de navidad. Cuando le dije que iría se sorprendió bastante y me anotó, los demás chicos también lo hicieron.
—¿Qué harás para navidad?—Me pregunto Remus el viernes en la noche.
—Creo que no conoceré la palabra navidad este año, Remus.— Dije apenada.
—¿Por qué?—Preguntó extrañado.
—Iré a mi casa, tan simple como eso— Le contesté abatida.
Remus me miró confundido. No quise seguir con el asunto, cada vez que recordaba que me iba, se notaba demasiado mi malestar. Habían pasado tantas que cosas que depronto deseaba no existir, y no solo por el hecho de ir a mi casa, si no, por todo. O por lo menos deseaba haber pasado desapercibida el primer día de clases, estar tan bajo perfil como todos los años anteriores, mantener una relación lejana con los demás, eso era mucho menos doloroso. En el fondo sabía que encariñándome, o quizás más que eso, con algunas personas solo iban a dar resultados nefastos, por lo menos con mi persona. Entonces, pensé, que así se vive. A lo mejor el dolor es el que hace estar conciente de la vida, debería tomar el sufrimiento como una parte más de cuerpo, una cosa, algo que no es ajeno a mi ser. Más que mal siempre ha estado, como una enfermedad. Siempre ha existido el dolor, siempre he sido portadora del daño, pero ahora se manifiesta, casi sigilosamente.
El domingo en la tarde, nos dedicamos con las chicas a ordenar nuestros baúles para llevarlos a casa, ya que el Lunes el expreso partiría a las 9 en punto hasta la estación King cross, por esa razón al terminar de hacerlo nos acostamos en seguida. No quería quedarme dormida, sabía que así el poco tiempo que me quedaba en Hogwarts se haría ínfimo, sin embargo, el cansancio me supero y me dormí en seguida.
Soñé que estaba volando en mi escoba, no reconocía el lugar. Era bastante oscuro y había un poco de neblina. Me sentía algo desorientada y la paranoia empezó a expandirse por todo mi cuerpo. Grité, sin embargo, de mi boca no salió sonido. Me sentía atrapada. Segundos después estaba pisando tierra firme, sin darme siquiera cuenta. Me sentí más tranquila cuando alguien me tomó la mano. Conocía ese tacto, pero no recordaba a quien pertenecía. Intenté ver , pero sólo percibía el tacto. — Kate— Susurró la voz. Sonreí — ¡Kate!— Dijo de nuevo, con más fuerza.
Entonces, sentí sus brazos en mis hombros. Esperaba un leve cariño, pero no, me zamarreó con fuerza.
—¡Kate!— Gritó—¡Despierta!
Abrí los ojos de golpe, angustiada. Lily me miraba ansiosa y se reía de mi reacción. Traté de acompasar mi respiración entrecortada.
— Estabas soñando— Murmuró. Asentí con la cabeza.
—¿Qué hora es?—Preguntó Danielle mientras se incorporaba.
—Un cuarto para las ocho , ¡ Rápido!— Chilló Lily.
—Diez minutos, por favor—Supliqué. Quería tomar cualquier instancia que favoreciera el encuentro más lento con mi casa. Pero Lily no lo entendía así.
—¡Sebañan ahora! ¡No alcanzaremos el tren!.
El totalitarismo de Lily terminó por obligarnos. Danielle entró al baño primero que yo, mientras tanto me preparaba mentalmente para lo que vendría. Al salir Danielle entré yo con miradas reprochadoras por parte de Lily.
Cuando bajábamos los baúles hacia la sala común, nos encontramos con Remus y James. Ellos se ofrecieron amablemente para llevar nuestro equipajes a los carruajes, ya que ya lo habían hecho con los suyos anteriormente.
Me sentía atroz, tenía un nudo en la garganta enorme, si hablaba me largaría a llorar. Y lo peor, es que no sabía muy bien cual era la razón. Sólo mantenía aquella angustia tan dentro de mí que era ajena a los demás. Pensé, quizás, que sea rabia. Cuando me frustro me dan ganas de llorar. Estaba sometida.
Mantuve la cabeza gacha hasta que estuvimos en los carruajes, hasta ese momento no me había percatado que Sirius Black se había unido a nuestro grupo. Entonces supe que el era en gran parte el culpable de mi afligimiento. Aparté la vista antes de que se me llenaran los ojos de lágrimas. Me convencía a mi misma que era humillante lo que estaba haciendo, por eso, con toda mi fuerza de voluntad escondía mis lágrimas en lo recóndito de mi alma. Pero luego me sentía presa de una atracción fatal, era una especie de masoquismo interno. No podía evitar mirarlo de reojo, para poder ver su mirada. Sin embargo, el no se daba por aludido. No tenía ni la menor idea de que sufría por no poder verle la cara. El simplemente contemplaba los otros carruajes, o el paisaje o lo que sea. Pero nunca me miró. Yo no existía.
Al llegar a la estación, me bajé de sopetón del carruaje. Saqué mi equipaje y me encaminéhacia la estación. Cuando me di cuenta que nadie me seguía volteé. Venían a unos dos metros de mí. James cargaba con el equipaje de Lily, mientras ella y Danielle conversaban. Remus estaba algo más atrás y le susurraba a Sirius en el oído. Traté con mis fuerzas no mirarle la cara, pero no pude. Entonces el también me miró, con pesar. Fue insoportable y di media vuelta bruscamente para encontrarme de frente con mis hermanastras. Di un respingo.
—Katherine, recuerda que nuestros padres nos estarán esperando a las afueras de King Cross—Dijo Rachel y agregó petulante:— Nos vemos.
—"Nuestros padres"—La imité burlonamente. Lily me tomó del brazo y me sonrió para infundirme valor, Remus por su parte tomó mi equipaje y lo llevó al expreso para guardarlo. Entonces subimos con rapidez, ya eran las 9:00 hrs.
—Busquemos un compartimiento vacío - Sugirió Danielle, y la seguí.
Buscamos y buscamos, pero no había ni uno, parece que a todos se les ocurrió ir a casa estas vacaciones.Ya casi habían pasado diez minutos y estábamos en el extremo del tren, sólo encontramos un compartimiento vacío. Danielle, Remus y Sirius se sentaron en el mismo asiento, mientras tanto James, Lily y yo en el de el frente.
Las ventanas prontamente empezaron a empañarse, y el ambiente se tornó algo más relajado. Dormitamos varios minutos antes de que pasara el carrito con golosinas.
Yo, evitaba de cualquier forma posible, cruzar mirada con Sirius. Era casi imposible no caer en la tentación.
Al llegar a la estación nos bajamos tranquilamente. Remus llegó luego con mi equipaje y les di las respectivas gracias.
No me gustaban las aglomeraciones, me provocaban angustia, pero entonces pude ver a mi Padre en un extremo vacío, se distinguía por su gran altura y mi madrastra, por su parte, se distinguía por su gran sombrero, parecía como si un águila estuviera comiéndose su cabeza.
—Bueno, pasen unas lindas vacaciones—Les desee a los chicos. Ellos me sonrieron y me empecé a despedir de cada uno con un beso en la mejilla. Al llegar a Sirius dudé, pero de todas formas lo hice, aunque doliera. Cuando me acerqué fue como en cámara lenta, Sirius se notaba calmado.
— Adiós— Susurró en mi oído. El aliento reaccionó en mi cuerpo como una chispa electrizante. Entonces en segundo tomó mi mano izquierda y me dejó un pequeño papel doblado. Entonces recordé el sueño que había tenido esta noche. Aquel tacto tan especial sólo pertenecía a una persona. — Velo cuando llegues a tu casa — Agregó.
Cuando me separe de él lo miré confundida y luego miré el trozo de papel que había en mi mano. Empecé a caminar atontada entre la multitud, con mi baúl. Ya podía ver a mi padre más cerca, y aún así más distanciado.
—Hola— Murmuré de mala gana. Quería que se dieran cuenta de que no era un agrado estar aquí.
—Buenos días, Katherine — Terció mi madrastra petulante. Le sonreí con sarcasmo.
—Sabía que ibas a venir hija— Espetó fríamente mi padre dándose vuelta y caminando acompañado del brazo de mi madrastra y las gemelas a su lado. Yo, atrás de todos ellos.
Mantuve la mano izquierda cerrada con una fuerza inmensurable. Pensé, quizás, que aquel trozo de papel no sea más que una broma, no tenía que ser tan importante. Sobre todo si era Sirius quien la entregaba. De todas formas, opté por hacerle caso y saber su contenido cuando llegara a casa. Entonces recién fui conciente de que aún no me había acostumbrado al dolor , o quizás a ese tipo de dolor.
Holaa!! Losiento porla demora!!!!!, elcolegio meha consumidotodo eltiempo, porfavor disculpenme=D
Espero queles hayagustado el capi, esalgo triste, perolas cosasmejoraran... jejejejejejej
dejensus comentariosporfavor **!**me hacenfeliz =D