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Historia 33445 — capítulo 13

**Hola !!**Bueno desdeeste capituloalgunas cosasvan acambiar, porejemplo, ahorano seráKate quiencontará lahistoria. Sino,otro personaje.^^, perono sepreocupen porqueKate volverá...jijiji espero que les gusteee !! Muchos bessos y dejen su comentario =D

Salí de la habitación de Kate hecho un desastre. Tenía ganas de golpear algo, de gritar, de correr. Lo disimulé hasta llegar a mi habitación y pegarle un soberano puñetazo a la puerta. Pero eso no funcionaba, necesitaba algo más. Me invadía la rabia y no tenía la menor idea a que se debía. Pero ¿Cómo diablos me pedía que evitara acercarme a ella? Quizás era esa petición la que me enojaba, se cree demasiado importante.

Por dios, lo sabía, desde el primer momento en que pude verla de esa forma que esto no iba a terminar bien.Sabía que ella iba ser especial desde ese día en que los Slytherin atacaron a James. Por que, maldita sea, fue su manera de comportarse la que desencadenó todo lo demás. Kate me gustaba y no como me gustaban las demás mujeres.

James entró a la habitación y se quedó mirándome.

— ¿Qué te paso, Canuto?— Preguntó con cautela. Estaba conciente de que mi cara irradiaba de la más pura rabia.

—Hablé con Kate— Espeté con voz ácida sentándome en mi cama.El rostro de mi amigo se relajó, pero de todas formas mantenía levemente el ceño fruncido.

—¿Porqué lloras?—Inquirió preocupado.

— ¿De que estás hablando?— Le dije yendo al baño de la habitación para observarme en el espejo. En efecto, tenía los ojos llorosos.

— No pensé que Kate pudiera lograr eso— Murmuró.

— ¡¿Eres estúpido?! — Le grité saliendo del baño.— Si lloro, es de rabia. Kate se cree demasiado importante.

— Aún así te gusta.

— Ya no— Mentí. James entornó los ojos.— Sólo tengo rabia de que esa chiquilla haya dañado mi orgullo de esa maldita forma.

— ¿Qué te dijo?— Preguntó sentándose en su cama, al frente de la mía, y abriendo la envoltura de una ranita de chocolate. Me di cuenta que no le estaba tomando el peso al asunto, pero lo dejé pasar. No me importaba en lo absoluto.

— Sandeces— Le respondí— algo así como " tienes que evitar acercarte a mí" ," No me interesas" y "Nikolai es un chico estupendo".

— ¿Kate dijo eso? — Preguntó incrédulo.

— No con esas palabras — Expliqué. James escondió una sonrisa— ¡Pero eso quiso decir! Y yo, no me equivoco James.

— ¿ Y que tiene que ver Nikolai? — Preguntó extrañado, llevándose un pedazo de chocolate a la boca.

— ¡No lo sé! ¡Ya ves como ella saca el tema!— Solté— Como si creyera que me pongo celoso.

James se limitó a encogerse de hombros.

— ¿ Realmente crees que lo dijo en serio?— Me preguntó.

— No me interesa.

— Está bien. Pero ya que tienes tanta rabia mejor vamos donde Remus que se transformara en algunos minutos, quizás ahí puedas descargarte—. Sugirió.

— Me parece perfecto — Coincidí y bajamos a la planta baja para ir al Sauce boxeador y luego a la casa de los gritos. Sin duda esta sería una noche agotadora.

Mientras caminábamos por el túnel que comunicaba Hogwarts con la casa de los gritos, me sentí más relajado. Yo estaba transformado en perro y James en ciervo. Extrañaba estos momentos, que con las vacaciones de navidad, fueron interrumpidos. Al llegar encontramos a Remus ya transformado en lobo. Estaba dormitando en un rincón de la casa.

Perfecto, me dije a mi mismo, el día en que necesito liberar mis energías, a lunático se le ocurre estar apacible. Me extrañé de la situación , al igual que James, ya que pude intuirlo por su mirada. Cornamenta se acercó y Remus se removió un poco. Ambos nos pusimos tensos, no sería bastante agradable despertar a un licántropo de su dulce sueño.En fin, como James ya se le había acercado, decidí estar atento en lejanía. Mis sentidos se volvían más letales y agudos al ser un can y podía escuchar hasta el más mínimo murmullo. Como el que me decía que Peter andaba cerca. Sin él, era imposible adentrarse en el pasadizo que nos traía hasta aquí. Justamente, se posó en mis patas y yo lo hice a un lado. Me agradaba Peter, pero no las ratas.

Estuvimos un buen rato esperando a que Remus se despertara. Cuando lo hizo se incorporó de golpe y nosotros nos quedamos quietos, expectantes a ver que sucedía. Con Remus en este estado no se podía confiar en la costumbre, él siempre sorprendía. Aunque las últimas veces siempre nos había reconocido y había sido fácil entretenernos en el bosque prohibido. El problema aparecía cuando no nos reconocía, nosotros teníamos que evitar que saliera de la casa de los gritos o del bosque y por eso él creía que estábamos invadiendo su territorio, y eso sí que es adrenalinico.

Remus aulló con fuerza y supe entonces que esta noche sería perfecta. Al parecer, no había despertado de buen humor y empezó a olfatear enseguida, James se puso en posición de ataque porque ya sabía lo que se venía. Pude captar como Peter escapaba por el túnel que comunicaba con Hogwarts y supuse que iría a tranquilizar al Sauce boxeador. Si Remus estaba de malas, era mejor llevarlo al bosque prohibido.Lunático observó a James y aulló con intensidad, luego levantó una pata, lo más seguro para golpearlo, pero yo antes había hecho un ladrido para que fuera yoquien ocupara toda su atención y lo logré. Empecé a correr con fuerza en el túnel y sentía a Remus cada vez más cerca de mí. Al salir por el agujero del Sauce Boxeador me fui directo a los matorrales que me llevaban al bosque prohibido. Ya habíamos hecho la primera parte, lo habíamos traído al bosque prohibido. Ahora, había que divertirse.

Al día siguiente después de almuerzo nos dirigimos con James al aula de Encantamientos. Remus se había puesto muy fiero esa noche y fue perfecto por que canalicé mis energías sólo en eso. Liberé por completo mis malos arranques contenidos. Sin embargo, ya estábamos en la realidad y era imposible no pensar en ella.

Miraba la maldita puerta del aula de Encantamientos y me daba la pésima impresión de que cada vez que lo hacía la susodicha se ensanchaba cada vez más, casi como haciéndome burla. A pesar de que liberé mi rabia, me encontraba tenso, odioso , irritable y James era quien lo soportaba, yo sabía que la razón era Kate y la conversación, quizás la última, que habíamos tenido ayer por la noche, aumentaba con creces mi mal estado de humor. Cornamenta me pego un codazo en el brazo para que mirara hacia el frente. Estaba siendo demasiado evidente, toda mi atención se centraba en la puerta y toda la atención de las chicas del aula también y sólo por el hecho de que yo lo estaba haciendo.

— ¿Porqué miras tanto hacia allá, canuto? — Preguntó James hastiado — Estás pendiente de Kate, ya sabes lo que te dijo, es mejor que te busques otra, no te funcionó.

— Cállate, imbécil — Murmuré, al parecer disfrutaba recordándomelo— Por otro lado, no estoy pendiente de ella, no tienes idea a quien espero.

James puso los ojos en blanco y murmuró algo parecido a la palabra caprichoso. Me dieron unas ganas de golpearlo, pero lo dejé pasar ya que me quede embobado pensando si en realidad Kate era un capricho. Me alegraría si sólo fuera eso, un simple antojo de los muchos que he tenido, pero tenía la desquiciada impresión de que era infinitamente más importante que eso. Mi atención se desvió, justamente, a las chicas que venían llegando, Lily, Danielle y Kate. Maldita sea, pensé, mi corazón latía desaforado al ver a esa pequeña mujer y no entendía el porqué. Las chicas se sentaron unos puestos más adelante que nosotros. Lily y Danielle saludaron con la mano sonrientes, pero Kate se limitó sólo a sentarse y mirar hacia al frente. La odiaba por eso. Sólo tenía a la vista su pelo negro que hoy estaba extrañamente descuidado y su menuda espalda. Mi fuerza de voluntad se ejercía a una velocidad impresionante, lo único que quería era ver su rostro, sus ojos, su piel…

La clase de Encantamientos no fue más que teoría. Todos los alumnos capeaban el tiempo de alguna manera. James y Lily se mandaban mensajitos en pergaminos roñosos. Y Kate aprovechaba de hablar con Danielle, que no se encontraba con Remus ya que éste estaba en la enfermería. Yo, por mi parte, me pase toda la clase observándola y me molestaba darme cuenta que ni siquiera una mirada de reojo me dirigía. Aunque su indeferencia de algún modo me reconfortaba, porque eso me decía que en el fondo era bastante importante para ella. A pesar de que anoche me haya dicho que no tiene interés por mí. En un principio, tengo que reconocerlo, me dolió, pero luego lo analicé cuando estuve más tranquilo y supe que no lo decía en serio. Estaba despechada y no iba yo a conocer mujeres despechadas. Vivía con ello.

Entonces miré hacia atrás, para ver a la chica de Ravenclaw que me había perdido anteayer. Estaba pendiente de mí. Me sonrió coqueta y me guiño un ojo. Preciosura. Pero no era más que eso, no causaba en mí nada más que una excitación pueril, sin sentido. Sin embargo, fue esa chica quien terminó por arruinar mi precaria relación con Kate. Aunque lo sabía, había sido mi culpa. Yo y mi afán de no quedar con las manos vacías, caí al menor coqueteo de esa muchacha. La ilusioné, como no, con mi mirada. Pero no pude hacer absolutamente nada con ella. Kate me lo impedía, en mi mente. Cada vez que miraba a una chica con aquella intención, aparecía Kate y opacaba a todas las mujeres. Por qué diablos la deseaba tanto.

Justo la empecé a observar cuando se llevo la mano al pelo para ponérselo detrás de la oreja, la manga de la blusa se recogió ydejó entrever su blanca muñeca rodeada de un brazalete. Sonreí complacido, era el que yo le había regalado. Ahora estaba seguro, no era del todo indiferente en su vida.

Instintivamente, cuando miré ese brazalete me trajo al conciente aquellos recuerdos. Esos que aparecían todos los días después de esa noche.Eran memorias tan vividas, que la carne se me ponía como gallina. Kate se había comportado esa noche espectacularmente sexy y todo el panorama tenía un saborcillo a prohibido. El estar en su casa con mortífagos en la planta baja y nosotros en su habitación, pasándola de lo mejor, era notable. El recuerdo de sus besos, de sus caricias me dejaba atontado.

— Deja de mirarla, Canuto— Susurró James.

— No puedo, idiota— Le espeté y me sorprendí a mi mismo siendo tan sincero— Si no, lo hubiera hecho hace ya bastante rato.

—¿Por qué estás tan colgado de ella?— Me preguntó Cornamenta. Yo lo miré directo a lo ojos y el siguió con su mirada inocente, esa típica de nosotros— Ya te diste unos cuantos besos con ella, ahora puedes irte libremente con otra.

— Cómo sabes si eso no es suficiente para mí— Le espeté. La idea era que pensara que solo estaba desconforme y no que necesitaba tenerla con migo.

— Quitate esa idea de la cabeza. Kate no se entregará de esa forma a ti, menos ahora que te dijo eso. — Arguyó— Y mira a tu alrededor, hay miles de chicas que pagarían para ver tu lado animal canuto.

Reí por el doble sentido que tenía la frase y mecánicamente miré a Silvana, si, esa chica de Ravenclaw. Extrañamente no me estaba observando, pero su compañera de puesto si lo estaba haciendo y le dio el aviso. Su pelo castaño ondeo con sutileza y me miró con esos ojos cafés que te invitaban a una noche de locura. La muchacha me sonrió y yo se la respondí de la mejor manera.

— ¿Tu nueva víctima?— Preguntó James con astucia guiñándome el ojo.

— Creo que estuve con ella alguna vez— Murmuré— no lo recuerdo, pero si es nueva o antigua, sigue siendo mi víctima.

James rió y me pegó un palmazo en la cabeza, me sobé exageradamente y tocaron la campana. Era el momento propicio para que mis encantos salieran de manera libre a flote. Salí del aula y me apoyé en la pared contigua a la puerta, James se despidió de mí mientras salía del aula con Lily y unos minutos después apareció Silvana acompañada de su grupo de amigas. La observé y la verdad es que estaba estupenda. Reí al darme cuenta de que ella si era un capricho.

— ¡Silvana!— La llamé con voz ronca. Ella al reconocer mi voz se dio vuelta con rapidez y se acercó de manera sensual. — ¿Cómo estás, preciosa?

La Ravenclaw rió juguetona mientras se tocaba un mechón del pelo. Estaba tan acostumbrado a esa manera de coquetear de las mujeres que la verdad ya no me causaba nada.

— Perfecta— Susurró. Yo le sonreí y la atraje hacia mi cuerpo. Ella jadeó, supe que lo estaba esperando hace bastante.

— Cuéntame preciosa, ¿Estás libre el viernes por la noche?— Le pregunté en un susurro en el oído. Eso a las mujeres les encantaba.

— Si es por ti, estoy libre desde hoy en adelante— Espetó acariciando mi mejilla— ¿El viernes, después de la cena en tu sala común?

Reí por la seguridad que tenía esta chica y decidí darle un pequeño obsequio de forma de responderle afirmativamente. Me acerqué a su rostro y la besé con lentitud. Ella empezó a acelerar el proceso y me tuve que detener.

— Maldita sea— Blasfemé, era imposible no comparar ese beso con el de Kate. La diferencia de intensidad en ambos era evidente, este lo hacía tan mecánicamente que parecía de un libreto, en cambio con Kate era de manera natural, sus labios me llamaban a probarlos. Pero fue eso lo que hizo que sintiera una leve punzada en el pecho. Observé a Silvana que me miraba boquiabierta— Descuida— Le tranquilicé y luego inventé una excusa— Ya sabes, es difícil contenerse y es mejor que lo dejemos para el viernes.

— ¡Oh, claro! ¡Te entiendo, me pasa lo mismo! — Chilló, sin embargo se notaba que pedía a gritos más.

— Te veo el viernes, muñeca— Le espeté y me fui a mi habitación.

El Jueves por la noche Remus ya había vuelto a Hogwarts normalmente. Estábamos comiendo ranitas de chocolate en nuestra habitación y como siempre James hablaba de Lily, como si no tuviera otro tema aparte de ella. Remus le escuchaba pacientemente, pero yo no le ponía atención. Me sorprendía la buena voluntad de lunático y lo sabio que era para muchas cosas, él había sido quien me había recomendado la idea de decirle a Kate que la quería por medio de un pedazo de pergamino, ya que no tenía la valentía de decírselo a la cara. Por que, por su puesto, la quería de alguna u otra forma o eso me había dicho Lupin, ya que con ninguna otra mujer había experimentado lo mismo. Reí para mis adentros cuando recordé la cara de Kate al ver el verdadero contenido de ese pedazo de pergamino que le había dado después de bajar del expreso. Empecé a pensar que no fui del todo explicito al decírselo y quizás por eso esto no había terminado bien. Por que la verdad era bastante noble el significado de "Perdóname por quererte". Era, simplemente, que yo no me sentía preparado para quererla, que quizás la haría sufrir por lo mismo y sobre todo, que yo no la merecía. La encontraba demasiado mujer para mí en ese entonces. Pero eso no impedía que llegara a creer que podíamos tener algo, una relación, cosa que nunca había pensado con anterioridad. Pero entonces ella empezó a escapar de mí y ahí entendí que no valía la pena. Yo no le interesaba y ella tampoco tenía que interesarme a mí.

— Eres estúpido — Me dijo Remus cortándome el hilo de mis pensamientos— ¡Pensé que habías cambiado!

— ¿De qué estás hablando? — Le pregunté incorporándome.

— Qué mañana te verás con Silvana — Espetó James con una sonrisa.

— ¿Y Kate? — Preguntó Remus enojado. Yo abrí los ojos como platos.

— Hey, lobito, ella no tiene interés en mí y tampoco yo por ella— Le espeté ácidamente. Remus entornó los ojos.— Por otra parte no me perdería ese pedazo de mujer que me espera mañana por la noche.

— ¡Eres estúpido! — Murmuró Lunático — Todavía tienes una oportunidad con ella, no lo eches a perder.

— Tu no puedes saber eso— Arguye.— Por otra parte, ya no me gusta, por eso me busqué otra.

— Sirius, somos tus amigos — Dijo James— Te conocemos.

— ¡Pero si eres tu quien me incentiva a buscar a otras chicas! — Le encaré.

— Tienes razón. Por qué pensé que Kate definitivamente no quería nada con tigo y ayer en la noche me di cuenta que en serio la quieres, por eso te sugerí buscarte a otras chicas para que empezaras a considerar a Kate una más.

— ¿Y entonces?— Solté enojado— ¡¿Ahora creen que ella me quiere?!

— Ella tiene miedo, Sirius, lo sé — Espetó Remus— Tienes que darle confianza, decirle la verdad.

— ¡Por merlín, Remus! ¡Ya se lo dije!— Grité— Y no voy a perder el tiempo esperando que se decida.

— Pensé que cuando quisieras a una mujer no te ibas a comportar así — Soltó Lunático.

— ¿A qué te refieres?— Espeté fríamente.

— Pensé que cuando quisieras en serio a una mujer, lucharías por ella.

Lo miré ácidamente antes de darme cuenta de lo que estaba diciendo.Busqué el apoyo en James, pero este se encogió de hombros.

— Estás perdiendo una gran mujer— Soltó Remus.

— Ella está perdiendo un gran hombre — Repliqué amurrado. James se mordió los labios para esconder una sonrisa y Remus suspiró.

— Son un par de idiotas— Espeté y salí a paso rápido de la habitación. La sala común se encontraba vacía por lo que me quedé allí sentado hasta que se me pasara el enojo y mientras tanto pensé que era una tontería lo que me estaba ocurriendo. Miré en dirección a la habitación de las chicas y recordé la última visita que le había hecho a Kate.Ella se encontraba en la ventana a punto de saltar y sentí que una parte de mí se iba con ella si se tiraba. No entendía que estupidez me estaba pasando, por que no podía dejarla, ella era unasimple mujer. No era nada del otro mundo. No podía seguir esperando a que ella me quisiera o por lo menos me lo dijera. Por que como ya había analizado, sé que Kate siente algo por mí, aunque no podía asegurarlo. De ella me esperaba cualquier cosa.

El viernes después de DCAO, James y Remus se fueron con sus respectivas novias y, como ya me venía acostumbrando, me dejaron sólo. Me fui a entretener a la sala común con el mapa del merodeador, quizás encontrara algo interesante. Pero no había nada, todo se encontraba de manera normal. Silvana Weisberg se encontraba en la sala común de Ravenclaw al lado de un chico llamado Robert Reitzel. Ya me imaginaba lo que estaban haciendo, pero esta chica ya vería lo que es bueno a la noche, lo que me hizo recordar que tenía que darle aviso a los chicos sobre la habitación, que estaría ocupada unos cuantos minutos.

Seguí viendo el mapa y me busqué a mi mismo. Sólo había cinco almas en la torre de Gryffindor. O bien los alumnos estaban en los jardines o en clases, como los de primero a quinto. Para mi maldita mala suerte empecé a observar los alrededores y el nombre de Katherine Fortman llamó mi atención. La aludida se encontraba a pasos de esta sala común y venía sola. Sin embargo, Nikolai Mosley venía detrás de ella a paso rápido y cuando estuvo a una distancia considerable las huellas de Kate se detuvieron. No quería imaginar que podía estar pasando. Traté de desviar mi vista, pero era imposible. Ambas huellas empezaron a caminar juntas hacia esta sala común y me parecía perfecto, tenía unas ganas enormes de golpear a ese Mosley. El retrato de la dama gorda comenzó a abrirse y guardé el mapa en mi bolsillo, me hice el desinteresado y escuché la voz de Kate.

— ¿No crees que es demasiado apresurado? —Le preguntó. No pude evitar imaginar a que venía esa pregunta. Quizás el quería extralimitarse con Kate, pero tampoco la veía a ella con una negativa rotunda.

— Lo sé, pero no quiero perder la oportunidad— Le respondió el idiota.

—No sé si vaya — Le dijo Kate que ya se asomaba. Se puso de espaldas a mí y miró a Nikolai—: Pero serás el primer candidato.

Reí por lo bajo al ver la cara de ilusión de Nikolai. Yo sabía, por el tono de voz de Kate, que sólo se lo decía para que dejara de molestarla. Yo, por mi parte, ya me estaba imaginando de que se trataba la conversación por lo que me relajé.

— ¿Pero que dices de…

Nikolai al verme se interrumpió a si mismo y me miró alarmado. Kate se volteó con lentitud y me miró. Estaba hermosa y esos ojos azules, me indicaban que se alegraba de verme, pero su rostro no. Era todo lo contrario, no tenía expresión alguna. Empecé a considerar la opción de que se estaba reprimiendo a si misma lo que sentía por mí. Sus ojos no me engañaban y me decía exactamente lo que yo quería saber. Bajé la mirada para que no se sintiera cohibida y funcionó, justamente comenzó a hablar más fuerte.

— ¿Sabes, Nikolai? — Dijo— Acepto ir con tigo, no me lo perdería por nada del mundo.

Levanté la vista asombrado, con ganas de golpear a ese engendro del demonio llamado Nikolai, pero me contuve sólo porque Kate se encontraba allí. Empecé a buscar con la mirada los ojos de ella, pero se encontraba cabizbaja sacándose su chaqueta.

— ¡Si!— Celebró el condenado Mosley— Ya lo sabía.

Kate sonrió con sarcasmo y comenzó a hacerse una trenza en su largo pelo, sin darle la menor importancia al asunto. Sin embargo, Nikolai no parecía percatarse.

— Sí, claro — Soltó la pelinegra sentándose en una butaca frente a la chimenea y tomando un ejemplar del profeta. Sólo tenía a la vista su perfil que se encontraba cabizbajo mirando a el profeta que tenía entre las manos, supe en seguida que ni siquiera lo estaba leyendo, era una excusa para ignorarlo. — ¿Y no te vas a sentar?— Le preguntó y quedé descolocado, y al parecer Nikolai también.

— Quedé de verme con unos amigos— Se excusó.

— ¿Te vas? — Le preguntó consternada.— ¡ Si quieres te acompaño!

— Eh, prefiero que no— Dijo Nikolai dándome una mirada de reojo, lo que lo puso más nervioso. Ahí me di cuenta de que estaba muerto de miedo.— No te caerán bien mis amigos, en serio.

— Eso ya lo sé— Soltó Kate y luego abrió los ojos como platos. No pude evitar pegar una carcajada. Kate me miró alarmada y luego apartó la vista de golpe para mirar a Nikolai con angustia— Es decir, supongo que pueda pasar eso.

— Sí. Nos vemos— Se despidió Nikolai mientras se acercaba al rostro de Kate para besarla. Estuve a punto de pararme y matarlo si no fuera porque Kate corrió su rostro.

— Creo que no — Soltó ella y Nikolai asintió, luego desapareció por el retrato de la dama gorda.

Kate se incorporó en seguida y tomó su chaqueta que estaba a su lado. No me miró ni un segundo, pero yo si a ella y se daba cuenta por que empezó a hacer las cosas más torpemente. Comenzó a caminar hacia las escaleras que llevaban a la habitación de las mujeres, pero me paré de golpe y corrí para detenerla.

— Así que Nikolai— Murmuré. Kate volteó y me miró directo a los ojos. Tenía una pizca de satisfacción.

— ¿Qué tiene?— Inquirió haciéndose la fría.

— No lo sé— Le dije— Pensé que te ibas a buscar a alguien más hombre.

— Para que sepas, Nikolai es un gran hombre— Espetó enfatizando la palabra "gran".— Por otra parte, no tengo porque estar dándote explicaciones.

— Ni siquiera te las he pedido, Kate— Le recordé.— Sólo manifestaba mi opinión.

— ¡Ah! En ese caso— Expresó soltándose de mi y subiendo las escaleras, sin embargo se detuvo a la mitad, y dándome la espalda me dijo— Yo opino que Silvana Weisberg también es muy poca cosa.

Subí hasta su lado y la volteé. Me paralizó su mirada, no sabía que expresaba, quizás era por el hecho de que los tenía llorosos y me partió el alma.

— ¿Como diablos sabes eso?

— Ah, es verdad— Murmuró desviando su vista— Para que sepas ella ya se ha encargado de informar a todo el castillo el encuentro que tendrán hoy en la noche.

Quedé petrificado al escuchar el tono de voz con el que me hablaba. Había una nota de despecho en todo lo que me decía, que me hubiera reconfortado si hubiera sido en otra ocasión, pero ahora no hacía más que agravar más el asunto. Por que me di cuenta que me tenía que tomar en serio lo que me había dicho Remus.

Kate volvió a mirarme y pude ver, ahora, con más claridad sus ojos, que sin notarlo anteriormente, se encontraban más oscuros que de costumbre. Mis ojos, a pesar de que los suyos tengan una atracción incomparable, se desviaban a sus labios. Quería, necesitaba y anhelaba besarlos. Sin ser capaz de contenerme lo hice, al principio ella se retuvo y forcejeó, pero yo no tenía intención de parar. Necesitaba besarla para saciar esta sed que tenía desde aquella noche en su habitación de su casa. Sus labios parecían tensos en un principio, pero luego cedió. El contacto, la unión que teníamos en ese momento fue única. La quería con migo, ella era mía y yo de ella. Le tomé su rostro con ambas manos, como si tuviera miedo de que se escapara. Ella se aferró a mi cuello y el contacto con su piel me ardía, me hacía transformarme en animal. Estuvimos así, sólo besándonos, hasta que de pronto nos acordamos de respirar. Nos alejamos con lentitud. Kate tenía la respiración entrecortada y me observaba intranquila, como si tuviera ganas de llorar. Iba a abrazarla, pero ella apartó mis brazos de golpe.

— ¡Eres un idiota!— Me gritó mientras me pegaba un manotazo en los hombros, y lo repetía— ¡Supongo que yo era la entretención previa a la Ravenclaw ¿no?!

— No— Le respondí seguro.

— ¡Eres un gran idiota!— Me gritó nuevamente y cada vez que lo hacía y veía sus ojos, su dolor se volvía mío. Era insoportable, pero lo hacía por ella. Si ella quería, que me matara en este mismo instante. Kate se detuvo y me miró, luego tragó saliva, volteó rápidamente y subió corriendo hasta su habitación y no la detuve. Sin duda, eso no iba a ayudar en nada. Fue entonces, cuando la vi alejarse, que me di cuenta de la realidad. Ella era única, la reconquistaría, sería mía y no la dejaría marchar nunca. Iba a Luchar por ella.