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Historia 33445 — capítulo 7

La puerta del gran salón se encontraba abierta. Sirius me tenía tomada de la mano, con fuerza, como si tuviera miedo de que me escapara. La ambientación en el gran salón estaba fabulosa. En un extremo estaba la orquesta. Y alrededor de la pista de baile habían mesas con manteles negros y naranjos, donde habían exquisiteces inimaginables. No podía faltar la tradicional calabaza con cara perversa en cada una de las mesas. Estaba fascinada y Black se reía de mi cara, era imposible poder evitarlo. Luego miré hacía el tejado. Murciélagos reales sobrevolaban nuestras cabezas.

Empezamos a pasar entre la multitud y muchas de las mujeres me miraban con odio, consecuencias de ir a un baile con Sirius Black. Luego me sentí extraña, si yo estuviera mirando desde a fuera me vería como una chica más para el fabuloso Black. Y lo que es peor, estaba segura que muchos pensaban eso. Seguimos nuestro camino y llegamos a la mesa de los bebestibles. Sirius con extrema seguridad sacó dos vasos y nos servimos ponche. No apartaba su mirada de mí. Mientras tomaba el primer sorbo, Sirius ya se estaba empezando a tomar el segundo vaso. — Tranquilo— Le espeté— Déjale a los demás—. Me miró unos segundos, dejó el vaso en la mesa y luego se acercó a mí. Me tomó de la cintura. —¿Te dije que estabas preciosa? — Susurró con una mirada misteriosa. Sentí como mis mejillas empezaron a tomar color. — Creo— Murmuré, anonadada ante el hecho. Sirius empezó a moverse al ritmo de la música y con sensualidad pasaba su dedos por mi brazo desnudo. ¿Cómo podía ser que tan solo eso me nublara los sentidos?. Me tomó de la mano y me llevó hasta la pista de baile. Cada contacto con el hacía que mi corazón se disparara de un momento a otro. Mientras bailábamos empecé a observarlo más allá de los límites que yo misma me había establecido. Su rostro era armonioso. Era de facciones marcadas. Perfectas. Su nariz larga y recta se complementaba con su boca, con aquellos labios delgados. Su mentón era puntiagudo y cuando sonreía se le formaban pequeños hoyuelos en sus mejillas. Eran adorables. Lo más inverosímil eran sus ojos grisáceos, tan penetrantes, recónditos, pero sobre todo, hermosos. Se veían aún más intimidantes con las marcadas ojeras y laspocas arrugas que se le formaban a los lados cuando sonreía y que desaparecían cuando estaba serio. El cabello negro y alborotado daba la impresión, correcta, de que era un revolucionario. Era imposible que alguien no se fijara en él, nunca había entendido como tenía tanto arrastre femenino. Ahora tenía la respuesta. Todo su cuerpo, toda su personalidad, absolutamente todo en él era atrayente. Cómo un imán. Un imán que por sobre todo perturbaba. Desvié la vista con impaciencia. ¡Era Sirius Black!

— ¿Porqué no querías venir?— Me preguntó, cortando el hilo de mis pensamientos.

—Eh— Dije, tratando de ordenar mis ideas— No tenía pareja—.

— ¡OH, vamos!— Exclamó incrédulo— ¿Sólo por eso?—. — Por su puesto. ¿Cómo iba a venir sola?—. — Podrías habérselo pedido a cualquiera, te aseguro que te hubieran dicho sí—. Resoplé.En eso, nos topamos con Lily y James, que se encontraban en una situación muy comprometedora. Ya estaba acabando la canción.

—¡Cornamenta veo que estás disfrutando!—Gritó Sirius. Yo le pegué un codazo en el estomago para que se ubicara.

—¡Amiga te ves preciosa!— Me aduló Lily, radiante.Le sonreí.

—¡Así que lograste convencer a Kate con la rosa!—Gritó James. Sentí como se me deformó el rostro. De pronto me sentí un objeto. Sirius miró a su amigo reprochándolo. Y James con cara de "Yo no hice nada" se llevó a Lily a una de las mesas.

—¿ Crees que vine por eso?— Le pregunté dolida. Estaba tratando de encajar todas las piezas del rompecabezas.

—Bueno, sí—Dijo desconcertado. Luego pude entender todo. Yo era un objetivo. Supe entonces, que me quería para su lista de conquistas. ¿Cómo no haberlo pensado antes?. Era imposible que Sirius se acercara a una mujer, a no ser que existieran deseos carnales de por medio. ¿Cómo pude ser tan ilusa? Toda esa amabilidad, esa cercanía de la nada, el irremediable misterio que le rodeaba, todo me lo decía, casi de forma tangible. — No, no vine por eso— Le aclaré retomando la conversación — Suponesque soy fácil de convencer ¿No?—. Me miró extrañado. — ¿Qué te pasa?— Preguntó frunciendo el ceño. — Nada —Espeté tajante.—Ahora vamos a bailar, no pensaras quedarte aquí como idiota—.

—Eso era justamente lo que estaba pensando, Fortman— Espetó con una profunda mirada de odio y llevándome con el al centro de la pista. Volvíamos a la misma posición que estábamos a principio de año.

Las luces bajaron su intensidad. De pronto una melodía en piano sacaba a la luz lo que sería un interminable lento. La mayoría de las parejas que estaban bailando se abrazaron automáticamente, yo miraba un poco incomoda mi situación. Fue entonces cuando Black tomo de mi mano izquierda y la puso en su hombro luego me tomó de las caderas y me acercó hacia su cuerpo. Empezó a moverse al ritmo de la música, yo estaba por decirlo así, paralizada. Trataba de mantener una pose altanera, pero se me hacía imposible. Normalmente era todo lo contrario.

—¡Vamos, Kate!—Dijo—¿No sabes bailar?—.

—Claro que sé— Le dije. Luego me di cuenta que Sirius ya estaba captando más o menos lo que estaba pasando. Era difícil no sucumbir cuando estaba apegada a su cuerpo, podía sentir la electrizante sensación de estar acoplada a el. Percibía su cuerpo bien formado y de complexiones duras.

—No es mi culpa que no te hayan invitado al baile ¿Sí?—Dijo mirándome fijamente. Traté de no desviar la vista y no lo hice. Lo más imposible fue que el si lo haya hecho.—Agradece que estas bailando con migo, eres la envidia de todas las chicas de Hogwarts, tu sabes que me podría ir y cualquier chica se moriría por bailar con migo ahora—. Me advirtió.

—Disculpa no llenar tus expectativas de "Chica"—Espeté soltándolo. El me miró alarmado—y como eres "El gran Sirius Black", no te llego ni a los talones ¿Claro?— Continué sarcásticamente. Black me miró con ansiedad. No lo soportaba. Me di vuelta y me fui hacía los refrescos. Luego unas cinco chicas corrieron a donde estaba Sirius. Lo miré mordiéndome el labio para no decirle nada, me causó gracia que el estuviera haciendo lo mismo. Entonces desvió la vista ypronto empezó a bailar con una de sexto. Me senté para tomar tranquilamente un jugo de calabaza. Mis pies parecían tener corazón propio. Pensé en sacarme los odiosos zapatos, pero me contuve.

—Así que decidiste venir—Dijo Lily que venía llegando, todavía mantenía el peinado que le hice.

—Solo por un rato, es más creo que ya debo irme— Le confesé.

—¡Amiga!— Chilló—La fiesta está recién comenzando ¿Dónde se encuentra Sirius?—.

—Con alguno de los cuantos ligues que formara esta noche—Dije con desgano—Pero no me importa que haga lo que quiera, no vine por el—.

—¿Segura?—. La mire ácidamente. Ella me sonrió.

—¡No te vayas!—Dijo Lily tomando de mis manos y llevándome a la pista—¡Vamos donde están James, Danielle y Remus! —.

Acepté. Llegamos al otro extremo del salón y allí se encontraban los tres bebiendo y riendo. Remus me miró estupefacto. Danielle también.

—¡Kate!— Murmuró Remus— Decidiste venir—.

Asentí con la cabeza. — Te quedó perfecto el vestido que te escogimos— Me halagó Danielle con una sonrisa inusual en ella.

—Sí— Dije recordando— Gracias—.

— Te ves…eh, muy bien— Espetó Remus. Le sonreí lo más amable posible, la verdad es que no estaba de buen humor.

—¿Y Sirius?—Preguntó James.

—No es problema mío—Dije dándole otro sorbo al jugo—¿Cómo lo han pasado?—. — Perfecto— Respondió James, quien tomó a Lily por la cintura y se la llevó a la pista de baile.

—¡Genial!—Dijo Danielle—Con Remus no hemos parado de bailar, han sido geniales las canciones, y justo ahora tocan una que me encanta ¿Vamos, Remus?—.

—¿Y Kate?— Preguntó él. Danielle me miró. Se estaba comportando de forma extraña, todo lo decía con un énfasis muy extraño en ella.

—No te preocupes por mi—Dije—Vayan a disfrutar—.

—¿Segura?—Preguntó Remus impaciente—Es que te vas a quedar sola, ya que Lily y James están por allá y nosotros, yo…

—Yo estaré bien— Le interrumpí—¡ Vayan! O me sentiré mal, con cargo de conciencia por que no pudieron bailar la canción que le gusta a Danielle—.

Remus aceptó y fueron a la pista del baile ahí yo me quede al lado de una mesa, donde había muchas delicias. No dude ni un segundo enprobarlas. Pero me di cuenta que era la única que no estaba bailando. Me sentí idiota. — Hola— Me saludó un chico de Ravenclaw. Era bastante apuesto— Te ves hermosa, no te había reconocido —.

Me extraño tanta confianza. Lo miré unos segundos evaluándolo y asentí. — Me pregunto sí…— Empezó a decir— ¿Quieres bailar con migo?—. Traté de dejar mi lado racional. —Por su puesto— Acepté. Me tomó de la mano y me llevó al centro de la pista. Estaba recién comenzando una canción, por suerte, no era un lento. — Estás muy diferente— Comentó, mientras ponía una sus manos en mis caderas. Lo dejé pasar. Yo puse mis manos en sus hombros.— Me llamo William, por si no lo recuerdas—. Asentí. Estábamos en la misma clase de historia de la magia. La música empezó a tener más ritmo, él me apegó más hacia su cuerpo. Me entusiasmé y empecé a ceder, bailábamos al total compás de la música. Me di cuenta de que tenía una sonrisa agradable. William me tomó las manos, luego me dejó libre la izquierda. Me incentivo con la mirada para que me diera una media vuelta mientras el sostenía mi mano derecha. Elevó su brazo y lo hice, pero mientras me estaba dando la vuelta por debajo, se soltó de mí. Me giré para mirarlo contrariada, pero no estaba. Era reemplazado por Sirius Blackquien bruscamente ya me tenía acorralada entre sus brazos.

— ¡Yo estaba bailando con ella!— Me reclamó William mientras le tocaba el hombro a Black. Me sentí un juguete. — ¿Perdón?— Inquirió Sirius mirándolo. William se pasmó, luego me miró a mi negando con la cabeza. Entonces se fue rápidamente hacia otro lugar. — ¿Porqué hiciste eso?— Le pregunté fastidiada. — Vine a reclamar lo que es mío— Me informó. Lo miré impaciente. —Tuyo— Murmuré sarcástica. — ¿Eres bipolar?— Me preguntó cauteloso. Abrí los ojos sorprendida.— Perdón— Se aventuró a decir. —Quizás yo debería haberte hecho esa pregunta— Musité. —Estamos a la par—. — Sí, por supuesto— Coincidí de mala gana. Sirius tenía las mejillas tensas, escondía una sonrisa. — No te interesa bailar con migo— Le dije, tratando de soltarme de sus brazos. Fue imposible. Su rostro se crispó. — ¿Qué quieres?— Me dijo. —No lo sé—Afirmé sinceramente. Sirius me tomó la mano. Me sentí acorralada por su piel. Luego exhaló un suspiro y me miró. — ¿Sabes porque me llamas tanto la atención?— Me preguntó. Me tomó por sorpresa. — Eh, no—. — Eres impredecible y diferente— Me dijo. — Y yo que pensé que era todo lo contrario— Le dije. Traté de tomar el comentario como una mera trivialidad. Aunque bien sabía yo que podía ser una táctica de conquista.

Empezó a sonar un lento nuevamente. Sirius me abrazó, yo quedé pasmada y sólo me dediqué a seguirle el ritmo. Traté de no pensar en ésta situación, así que me propuse observar las otras parejas. Pude ver al otro extremo a Lily y a James, riendo mientras éste le hacía cariño en la mejilla ¡Lily me tiene que contar todo!, pensé. Son tal para cual, destinados a estar juntos. Cada vez que sus miradas se cruzan un resplandor nace en cada uno de sus ojos. Se veían hermosos. Al parecer, Black estaba haciendo lo mismo que yo, mirar a los demás.

—Vaya—Dijo de pronto—Remus está arrasando—.

—¿Por qué lo dices?—.Pregunté extrañada, volviendo a la realidad tan solo al escuchar su voz.

—Mira disimuladamente detrás de ti—Me dijo y aunque me lo advirtió miré muy poco disimuladamente a Remus y Danielle que se estaban besando. No podía creerlo.

—No puede ser—Dije en un susurro y separándome de Sirius.

—¿Qué te pasa?—Preguntó mirándome. Era difícil explicarlo. Lo primero que se me venía a la cabeza era la soledad, luego una oportunidad. Oportunidad de salir de aquí.

— Quiero salir— Le confesé conteniéndome. El asintió y tomó mi mano. Luego me llevó hacia el vestíbulo. Sólo se escuchaba de fondo la música.

— Creo que estoy entendiendo— Espetó.

— ¿Qué cosa?— Le pregunté mientras me apoyaba en la pared.

—¿ Te gusta Remus?—Preguntómirándome fijamente, mientras yo me escondía de sus ojos— O sea es obvio, estás despechada porque el no vino con tigo y toda esa rabia la descargas con migo—. — No— Murmuré. Me contuve y no le dije que en realidad él tenía la culpa de mi comportamiento. El soltó una carcajada irónica.

— ¡Era bastante evidente!— Soltó— Siempre lo has amado… —¡¿De qué estás hablando?!— Le interrumpí.

— Lo lamento, entiendo como lo debes estar pasando— Espetó apartando la mirada de mis ojos. Parecía otra persona— Puedo sentir la desilusión que emanas, pero ya sabes, a Remus le gusta Danielle.—. Quedé boquiabierta. El me miró, una punzada de dolor se esparció por todo mi cuerpo. No tenía claro si era dolor mío, o más bien de él.

— Si me gusta o no, no es problema tuyo— Susurré. Aunque la verdad era que no me gustaba en lo absoluto. Era imposible. Era mí amigo. Mi reacción primera cuando vi a Danielle a Lupin fue simplemente la angustia de que Remus me dejara sola. Luego, la posibilidad de salir del baile y no seguir cayendo en las redes de Sirius, aunque ya me sentía amarrada… eso era lo doloroso.

— Tranquila, quizás todavía tienes alguna oportunidad con él— Dijo, dedicándome la mejor sonrisa falsa que había visto en mi vida. — ¿Qué pretendes?— Le espeté— ¿Quieres que me muera de dolencia ahora mismo? Me miró alarmado, luego trocó sus facciones y me miró altanero. — Entonces te duele. ¡Eso significa que te gusta!.—. No quería explicarle que mi dolor, en realidad no era por eso. — No— Negué— la verdad Sirius, estas arruinando las cosas—.

—¿Y porqué sientes dolor? — Preguntó acorralándome.

OH, Sirius ¿Sabes porqué siento dolor?.¿Es que acaso no entiendes?!Es por ti, idiota!, pensé. — ¿Acaso te importa?— Le pregunté— ¿ De verdad te interesa?

Me miró con el ceño fruncido, apartó la vista.

—¿Porqué no me dejas sola mejor?—. Le sugerí. — Creo que es buena idea — Soltó— Suerte—. Dicho lo último, Sirius me miró con el rostro contraído y se adentró al gran salón. Yo tenía unas ganas enormes de ponerme a llorar. Empecé a caminar a la sala común a paso tranquilo. Llegué al retrato de la dama gorda, dije la contraseña y pasé rápidamente, estaba todo vacío. Me senté en uno de los sofás y algunas lágrimas acudieron. Me encontraba débil. No me entendía a mi misma. Siempre había estado alejada de Black y cuando me acerqué, me dejé engañar. Esto era más culpa mía que de cualquier persona. Decidí ir a la habitación. Cuando estuve allí me tendí en la cama de Lily con mis manos tapándome la cara. Tenía el maquillaje corrido. Me desarmé el peinado que tenía casi con furia, entonces crujió la puerta.

— Kate— Murmuró Remus entrando.

— ¿Qué estás haciendo acá?— Le pregunté. — Dos cosas— Espetó— Conversar con tigo y vine a buscar un abrigo para Danielle—. — Entiendo— Le dije— Pero tengo sueño, quiero acostarme— Mentí. — Sí, claro— Terció.

— Buscaré algo para Danielle, Remus— Le dije mientras me paraba e iba a ver su baúl. Lupin me miraba apoyado en el camarote. Encontré un chal blanco que le vendría bien a Danielle me volteé y se lo pasé. Luego me fui a sentar a la cama de Lily para que Remus se fuera de una vez.

—¿Kate? ¿Qué pasa? —Dijo acercándose. Por favor, no.

—¿Me tendría que pasar algo?—Pregunté, y aunque intente evitarlo, salió de una manera muy irónica.

—¿Es por lo que pasó con Danielle?—.

—¿Qué pasó con Danielle?—Pregunté evitando su mirada.

—No te hagas la tonta… lo sabes— Dijo.

—Remus yo sólo no sé—.

—¿Qué no sabes?—Preguntó mientras se sentaba a mi lado. Me acarició la mejilla.

—No sé nada—Le espeté casi embelesada. Quería abrazarlo, me sentía tan débil.

—Yo tampoco —Dijo acercándose con rapidez. Sentí sus labios rozar los míos. Abrí mi boca y el también. Sentí su aliento abrasador rozar mi lengua…De pronto, confirmé todo. Simplemente no podía besarlo, no podía verlo de esa manera. Abrí los ojos como platos.

—¿Qué estás haciendo?—Pregunté, mientras alejaba mi rostro del suyo.

—Yo—Dijo separándose rápidamente—Disculpa—.

—¿En qué estabas pensando?— Chillé. El me miró confundido—¿Quién rayos te crees?—.

—No te entiendo—Dijo mirándome fijamente.

—No se que te crees ahora, Lupin, que primero besas a mi amiga, que por lo demás la dejaste allá en el gran salón y ahora vienes acá e intentas besarme, no hay excusas para eso, no somos objetos sexuales ¿Sabes? — Le regañé.

—¡Lo sé!—Gritó— Pero ¿No entiendes?—. — ¡Te aprovechas por que estoy débil de mente!— Chillé— Eres igual que todos los hombres…

—Estoy confundido—Me interrumpió—o lo estaba—.

—No me has dicho nada con eso, aún no entiendo—Dije cruzada de brazos.

—Que me di cuenta de que me gusta Danielle—Dijo mirándome fijamente—pero Sirius me comentó tu reacción cuando me viste y quedé descolocado—.

— ¿Qué Black hizo qué?— Le pregunté.

— No fue con mala intención— Me aseguró. Yo resoplé.

— ¡Sí, claro!— Le espeté sarcásticamente— ¡Cómo si eso fuera posible!—. — Me dijo que yo te gustaba— Me confesó. — Black enredó las cosas— Espeté con fastidio. Luego miré a Remus y añadí—:

¿Qué sientes ahora?—.

—Kate—Dijo cabizbajo—Dime tu primero—.

—¿Crees que esto es un juego?—Le dije evitando decir primero lo que yo sentía o no sentía—¿A caso va influir lo que te diga con lo que se supone me tienes que decir?—.

—No—Dijo pensativo— Yo…No sentí nada—.

Sonreí.

— ¡Yo tampoco!— Chillé y lo abracé fuertemente— Por un segundo creí que…

— Te entiendo, te entiendo—Dijo esbozando una sonrisa mientras me apartaba y luego nos abrazábamos de nuevo. — No lo sabía, pero ahora entendí que tengo miedo a perderte— Le confesé— Temí que no fueras más mi amigo cuando te vi con…

—… ¿Qué está pasando aquí?—Interrumpió Danielle nuestra escena feliz mientras entraba , y atrás de ella se encontraba Sirius, James y Lily—¿Me pueden explicar lo que está pasando aquí? ¿Remus?—.

—Danielle no pasa nada—Dije acercándome para pasarle su chal.

—¡No te pregunte a ti!—Me gritó empujándome a un lado. Tenía una mirada distorsionada—Traidora—.

—¿Qué?—Pregunté extrañada.

—No te hagas la tonta—Dijo con una voz muy inusual en ella.

—Danielle, no estábamos haciendo nada, no entiendo como puedes llamar así a Kate— Dijo Remus.

—¡ A sí claro!—Dijo sarcásticamente Danielle, yo miraba a Lily tratando de encontrar respuesta, pero evitaba mis miradas—¡Tu siempre defendiendo a Kate! ¡Tu linda Kate!—.

— ¡OH, por favor Danielle!— Supliqué tratando de mantener la compostura.

—¡¿Qué?!—Dijo acercándose desafiante—¡Sólo estoy diciendo la verdad!—.

—¡No conoces la verdad!—Le dije. Danielle me miraba con furia y se acerco a mi apuntándome con su dedo índice, todos automáticamente se acercaron—¿Qué piensas hacer?— Murmuré.

—Traidora—Dijo con una mirada desafiante ,estaba temblando. Remus se acercó y la tomó—¡Suéltame!—.

—Estas muy alterada—.

—!Te dije que me soltaras!—Le interrumpió Danielle, y cuando lo logró se acercó a mi con una mano en alto. Me iba a bofetear, pero una mano detrás de mí la detuvo.

—No quieres llegar a esto, Danielle—Dijo Sirius, lo miré extrañada. No me había percatado que se encontraba detrás de mí. El paroxismo de Danielle me hacía mantenerme en alerta, pero solo con ella. Sirius me tenía tomada de la cintura, como si yo fuera capaz de tomar alguna represalia contra mi amiga. Danielle se largó a llorar y se sentó en su cama. Lily se acercó a ella y la abrazó. Luego me miró con angustia. Remus, en tanto la tenía tomada de la mano. Mi respiración alterada se empezó a acompasar. Sirius se acercó y me dijo al oído que lo acompañara. Acepté. Caminamos hasta la sala común y luego salimos a los pasillos de Hogwarts. Me daba tristeza que Danielle haya dicho lo que dijo sobre mí. No tenía idea de nada. Y ahora sería casi imposible explicarle. Al parecer, ese sería un trabajo para Remus. Me senté en el peldaño de una escalera y comencé a llorar. Estaba todo oscuro, solo la luz que entraba de las ventanas iluminaba el pasillo, era todo tan lúgubre, como en la situación en la que estaba. Sirius me acariciaba el cabello, porque la verdad no era mucho lo que podía hacer. Traté de no pensar que era el quien estaba haciendo eso.

—¿Qué te preocupa?—Me preguntó.

— Trato de no pensar, de hecho— Le espeté, tratando de que mi voz no sonara tan quebrada. Entonces lo recordé. — ¿Porqué le dijiste a Remus lo que me había pasado?—.

Su semblante se llenó de culpa. — Tenía que enterarse de que tenía otra conquista a quien socorrer— Me dijo. Yo fruncí los labios.

— Por enésima vez, no me gusta Remus— Le aclaré. Me miró mordiéndose el labio inferior. — En ese caso, sólo se lo dije por despecho— Me informó. Fue inevitable pero lo golpeé. Claro, me dolió más a mi que a él. — Todavía no entiendo porque tuviste esa reacción entonces—. — Soy muy posesiva— Le dije, aunque era una parte, quizás la más mínima, de la verdad— Me dio miedo el vacío que podría generarme el que Danielle sea más importante que yo—. — Qué egoísta— Espetó.

— Lo sé— Confesé— Pero estoy intentado cambiar eso—.

—Sé como te debes sentir— Señaló.

—No creo—Rebatí.

—Sé lo que se siente que te digan traidor, es más estoy acostumbrado, mi querida madre— dijo sarcásticamente—me lo pasa diciendo—.

—Comprendo—Dije, si ya es duro que una amiga te diga traidora debo imaginar lo que se siente que una madre le diga eso a un hijo.

—Soy traidor a la sangre—Dijo mirando hacia arriba, quizás recordando algo—Ya sabes, toda mi familia perteneció a Slytherin y tienen una obsesión con los sangre pura, y bueno aquí estoy yo en Gryffindor—Dijo riendo. Con orgullo.

—Me pasa lo mismo— Le expliqué— Pero mi padre nunca me lo ha dicho, mi madre… eh, tampoco. Sólo mi madrastra y esas gemelas que ya conoces, es por eso que no me afecta tanto—. El silencio reinó por unos minutos. Nuestros semblantes eran iluminados por unas antorchas. Pude adivinar del rostro de Sirius que estaba pensando en su familia. Luego me miró . — No te preocupes por Danielle— Me tranquilizó— Estaba algo bebida, ya se le pasará—.

¿Qué podía creer? ¿Era aquél el verdadero Sirius Black? Me rehusaba a creerlo, en absoluto. — Debe estar pensando que soy una basura, igual que todos — Murmuré. — Quizás tenga razón—. — No hiciste nada malo—. — Casi lo hice— Solté sin pensarlo. Me miró con curiosidad. — ¿A qué te refieres? —Inquirió. — Nada— Dije desviando mi rostro. — Sabes que Remus me lo dirá— Me chantajeó. Lo miré con el entrecejo fruncido. —Casi nos besamos— Le confesé. Me miró aturdido. — ¿Y me dices que no te gusta?— Me preguntó. — Fue un "Casi"— Le aseguré— No nos besamos, y por otra parte, el tomó la iniciativa—. — ¿Qué Remus hizo qué?— Preguntó desconfiado. — Se pudo evitar a tiempo— Murmuré— No me lo hubiera perdonado nunca—. — Bueno, a veces es imposible resistirse cuando estas cerca— Dijo con una sonrisa pícara. —¿ Eres idiota?—. Resopló. —¿ Volvamos a la sala común?— Sugirió. —Eh, no— Le dije casi suplicante. — ¿Pretendes quedarte aquí toda la noche?— Me preguntó incrédulo— Conozco un mejor lugar donde pasarla—. Me miró misteriosamente. — No sé si quiero conocerlo— Le espeté. — Entonces ¿Qué?—.

Suspiré. ¿Qué podía hacer?...No lo sabía. Me daba miedo volver a la sala común y esperar otra reacción de Danielle y no podía quedarme aquí, en plena escalera. — ¿Cual es tu idea? —Me rendí. — Acompáñame— Espetó, mientras me tomaba de la mano. Y subíamos. Llegamos al séptimo piso. Estaba desconcertada. Pasamos las armaduras y el tapiz de Barnabás el chiflado, entonces se detuvo. Luego caí en la cuenta de que ya no soportaba el dolor en mis pies, subir y bajar escaleras con tacones era el mayor suplicio que había hecho por estética. —¿A dónde me llevas, Sirius? — Le dije tratando de sonar lo más segura posible. — De hecho ya llegamos— Espetó sonriéndome. — ¿Piensas que nos quedaremos aquí en el pasillo?— Le pregunté escéptica. Entonces un gran estruendo me hizo perder la razón y chillé. Me acerquéa Sirius por inercia, pero él no se inmutaba. Entonces, una gran puerta se hizo presente en nuestras narices. — ¿Qué es esto?— Pregunté maravillada. Sirius me miró evaluando mi expresión, luego se dirigió a la puerta y la abrió. — ¿Qué necesitabas realmente?— Me preguntó casi con expresión divertida, mientras miraba lo que había a dentro de esa misteriosa habitación. — ¿ A qué te refieres? — Pregunté acercándome. Entonces vi a dentro. Era imposible creerlo.Había una chimenea con dos sofás a su alrededor, en el centro había una pequeña mesa con delicias. Era una habitación acogedora y pequeña, pero entonces vi un mueble… lleno de zapatillas de descanso de todos los colores. Sirius se adentró y se dirigió a aquel mueble y tomó una de las zapatillas. — ¿De verdad que era esto lo que necesitabas? — Preguntó sonriendo. Asentí y me dirigí hacia allá para tomar un par. Luego me senté en el sofá, que por dios, que era cómodo. — Creo que necesitaba estas zapatillas, pero nunca pensé en un sofá tan confortable— Le dije a Sirius mientras se sentaba al frente mío.

— Eso lo necesitaba yo— Me explicó. Yo me subí el vestido hasta las rodillas para sacarme aquellos zapatos. Sirius se rió con ganas—: Ya veo el porque, aunque debo decir que aquellos zapatos se te ven tremendamente sexys—.

Fue un alivio sacármelos y remplazarlos por las cómodas zapatillas de descanso. Cuando me enderecé me di cuenta que Sirius me observaba, luego me percaté que había una puerta a sus espaldas. — ¿Para que es?— Le pregunté apuntándola. — Nos llevará a la sala común— Me manifestó. —¡Ah!— Dije sorprendida— Sirius… ¿Qué es esto?—. — Se llama la sala de menesteres — Me respondió— Siempre que necesites algo con urgencia, dirigente acá y te aseguro que te lo tendrá, por más imposible que sea—. Lo miré asombrada. Sirius no dejaba de tener esa sonrisa que tanto me atontaba. Acomodé mi cabeza en mi hombro, de pronto sentí que el sueño me vencía. El crepitar del fuego en la chimenea se transformaba en una especie de canción de cuna. Todo en esta habitación era seductor, me sentía acorralada por su exquisitez. Cerré los ojos por necesidad… Sirius se mantenía en silencio. Sólo me faltaban segundos para visitar las fantasía de los sueños. Entonces sentí una voz en mi oído que en un susurro me decía "Descansa". Fue en ese momento, cuando me quedé dormida.