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Historia 34005 — capítulo 11

Capítulo 11

Dolor

Remus, Peter y Sirius salieron a toda prisa del Palco de Gryffindor y en menos de dos segundos se encontraban al lado del cuerpo inconsciente de James.

El chico tenía el rostro bañado en sangre, pues se había dado de cabeza contra la madera: el vidrio de sus gafas se había enterrado horriblemente en sus ojos, frente y mejillas , provocándole unas cortadas profundas. Sus dos brazos se encontraban en posiciones extrañas al igual que sus piernas. La snitch había desaparecido y el juego se dio por terminado.

El uniforme también estababañado en sangre y no se sabía si era la del rostro que había logrado mancharle el pecho o si en verdad tenía una herida ahí.

Los sollozos y los gritos de preocupación de profesores y estudiantes era lo único que se oía en aquel silencio sepulcral y temeroso. Sirius se arrodilló al lado de su mejor amigo y le habló en voz baja.

-no te puedes morir, Cornamenta. Te necesitamos. -

-¡Apártate, Black! -ordenó McGonagall, quien venía corriendo con Madame Pomefrey, Slughorn y Albus Dumbledore detrás.

El chico se paró de un salto y vio como Madame Pomefrey musitaba un montón de hechizos dibujando varias figuras extrañas en el pecho de su mejor amigo.

Remus se encontraba atónito. El labio inferior le temblaba impresionantemente y no encontraba qué hacer con sus manos. Peter -por su lado- estaba semi-escondido tras Remus y miraba a James con tristeza. Todos los miembros del Equipo se habían acercado, algunos respiraban agitadamente por la preocupación y las chicas lloraban en silencio mientras veían a James en tan mal estado.

Madame Pomefrey, con la ayuda de los miembros del Equipo de Gryffindor, alzaron a James en una camilla y se lo llevaron con rapidez a la Enfermería.

-está mal…muy mal. -musitó Sirius, entre abatido e impresionado.

-tranquilo, Canuto…se pondrá bien. -afirmó Remus.

-sabía que no podría jugar bien hoy. -

-¿Por qué no? -

-¿Por qué crees? -inquirió Sirius, enojado. -has estado tan alejado de James, que ni te has dado cuenta. -

-no me pidas que siga a su lado…necesito tiempo para analizar todo esto, Sirius. -

-no entiendo por qué demonios todo el mundo lo deja solo. -

-tú no lo has dejado solo. -

-ya sabes bien qué pienso sobre la deslealtad. -anunció entre dientes y se alejó tras los profesores.

-¿Y bien? -

-es un milagro que esté vivo. -

-siempre supe que era un peligro ponerlo a cazar snitches - comentó Madame Hooch.

-¿Por qué? -

-bueno, es evidente que es un cegatón de primera. ¡Esas gafas no le sirven para nada, francamente! ¡Si no vio semejante muro, pues menos habría encontrado la snitch! -

-sabes perfectamente que James Potter no es cegatón. No sería el mejor buscador si lo estuviera. Algo debió haberle pasado. -comentó Madame Pomefrey.

-me dijo que se sentía mal y que canceláramos el juego y yo no lo dejé. -comentó Minerva, inmensamente triste mirando el cuerpo del chico. -por mi culpa, casi ha muerto. -

-no te culpes, Minerva. Algo lo distrajo. -comentó Albus, también contemplando el cuerpo herido de Potter.

-y de qué manera… Se dio contra la madera de frente. ¡Es una suerte que no se le haya desfigurado el rostro! -

-es una pena que se le haya dañado la escoba. -comentó Madame Hooch.

-¡Por dios! ¡Y te importa la escoba! -apuntó Minerva, dolida.

-bueno…es que era muy buena. -

-me pregunto qué lo habrá hecho girar la vista… era evidente que había visto la Snitch. Subió en picada y estiró una mano…-

-¿Cuánto tardará en despertar? -

-no lo sé, Albus. Días, tal vez meses. -

-¿Y despertará mal? Quiero decir…es ¿Posible que…? -

-la verdad es posible que despierte con varios problemas. Por un lado, puede quedar mal de la cabeza… y por otro, podría quedar minusválido. -

-¿Qué? -

-sí…es terrible. Los dos golpes fueron espantosos. El del palco y después el del asfalto. -

-debemos llevarlo a San Mungo. -anunció McGonagall con los ojos anegados en lágrimas. - Si a Potter le pasa algo, me sentiré culpable toda la vida. -

-si, yo también pienso que es lo mejor - admitió Madame Pomefrey, quien usualmente era bastante autosuficiente, pero en ese momento lucía preocupada.

El profesor Dumbledore hizo que la cama donde reposaba el muchacho se alzara con delicadeza.

-será mejor que lo llevemos cuanto antes. -Comentó - Madame, envía un comunicado por la Red Flu anunciando que tenemos un estudiante gravemente herido. -

Madame Pomefrey se alejó con paso decidido y volvió al cabo de dos minutos.

-dicen que ya mismo enviarán a los sanadores para recogerlo. -

-perfecto. -

-¿Puedo pasar? -

-Señor Black… por supuesto. -respondió Hooch.

-Sirius…será mejor que vayas ahora mismo al Dormitorio y guardes en el baúl de James algunas de sus pertenencias y algunas de las tuyas también. Lo acompañaras hasta Londres. -ordenó Dumbledore.

-si, señor. -

-ven aquí apenas tengas todo listo. -

-de acuerdo. -

Sirius salió con paso ágil de la enfermería. Fue tan de prisa como pudo al dormitorio y guardó las cosas de James y las suyas con unarapidez extraordinaria. Estaba preocupado y triste… si James moría… no, lo mejor sería no pensar en eso: James no podía morir, simplemente…no podría vivir con eso. O mejor dicho: no podría vivir sin él.

Al cabo de cinco minutos, Sirius se encontraba en la puerta de la Enfermería, con el baúl de James tras él.

-es usted rápido, Sr. Black. -

-si, Madame. -

--ven…acompáñame…tú iras a San Mungo desde mi chimenea y te encontrarás con Albus y Minerva allá. Ellos tienen el deber de ir con el Sr. Potter en la Ambulancia Mágica. ¿De acuerdo? -

-si, si… claro. -Sirius caminó y no pudo evitar ver a James. La sangre había manchado las blancas sábanas y su rostro inexpresivo le causaba una angustia tremenda. -mira, hijo… aquí están los Polvos Flu. -le señaló. - será mejor que sujetes bien el baúl a tu mano. -

-¡Sr. Black! Unmomento…-dijo la profesora McGonagall. - tome esto. -

Minerva le entregó a Sirius las gafas de James. El chico asintió con debilidad, se las metió al bolsillo, tomó un puñado de polvos y se perdió de vista en una intensa llamarada verde.

Al llegar al Hospital, Canuto se encontró con un grupo de Sanadores frente a la chimenea. La llegada fue tan brusca que hizo que varios de ellos se tambalearan.

-lo siento. -se disculpó.

-no te preocupes… Eres el amigo del estudiante de Hogwarts, ¿Verdad? -

-sí, señor. -Sirius no solía ser tan educado… pero en aquellos momentos se encontraba tan absorto con sus temores que olvidó por completo su usual manera despectiva de contestar.

-perfecto. El muchacho llegará aquí en cualquier momento, mientras tanto… ¿Podrías responderme algunas preguntas? -

-claro. -

-¿Cómo se llama el chico? -

-James Potter. -

-¿Status de Sangre? -

-pura. -

-¿Nombre de los padres? -

-están muertos. -

-no interesa, hijo…los necesito para el historial.-

-Dorea Potter y Charlus Potter. -

-¿Edad del herido? -

-17, casi 18. -

-¿Residencia? -

-Hertford Street. Casa 40. Aquí, en Londres. -

-¿Enfermedades? -

-ninguna. -

-¿Vida sexual? -

-Activa. -

-¿Hijos? -

-no. -

-¿Hermanos? -

Sirius vaciló un momento. James era su hermano, pero lamentablemente, no de sangre.

-no, no. Hijo único. -

-¿Algún familiar vivo que pueda venir a responder por él? -

-no. -

-¿Quién responderá por él? -

-yo. -

-perfecto. ¿Tu nombre es...? -

-Sirius Black. -

-¿Status de sangre? Pura, por supuesto. Si eres un Black…-

-no soy como mi hermano. Soy de Gryffindor. -advirtió.

-ah, si, si…ya veo…disculpa. Mmm… ¿Residencia? -

-la misma. Herford Street. Casa 40. -

-¿Edad? -

-18. -

-perfecto. - El sanador le sonrió y le dijo: - puedes sentarte en ese lado, hijo. El Sr. Potter llegará a la Sala de Cirugía, pero en cuanto puedas verlo, te avisaremos. Tal vez sea necesario que firmes algunos papeles, pero, yavendrán a informarte al respecto. -

-de acuerdo. Gracias. -

El chico se sentó en las sillas que le indicaron y se cubrió -por segunda vez en el día-, el rostro con la manos.No podía creer que aquello estuviera pasando. Si la Sra. Potter estuviera viva, seguro ya habría muerto de la preocupación: James no se veía nada bien y si salía de ésta…a lo mejor ni quedaba tan bien del todo.

-Hola, Black. -

-Profesora McGonagall…no me di cuenta de que había llegado. -

-sí. James ya fue llevado a Cirugía. Tiene una hemorragia interna… varias, de hecho.-comentó tristísima. -El profesor Dumbledore entró a la Sala de Operaciones con él. -

-Esto es una mierda. - dijo entre enojado y abatido.

-lo sé. -admitió sin regañarlo por la grosería. - escucha, Sirius. Sé cuanto te importa James. Sé que ustedes son como hermanos. -

-somos hermanos, profesora, no lo dude. -

La mujer sonrió débilmente.

-es por eso…-que dijo - que Albus y yo hemos decidido que no tienes que volver a Hogwarts. -

-¿Qué? -

-mientras que James esté aquí. Debes cuidarlo… además, las vacaciones de invierno se acercan. Faltan menos de 25 días para eso, así que…podrás quedarte aquí…y de paso aprovechar las vacaciones para la recuperación de James. -

-¿Qué hay de la preparación de los EXTASIS? -

-bueno, pues. Eso no me preocupa: ustedes son los mejores estudiantes de Hogwarts. No deben afanarse por eso. -

-gracias, Profesora. -

-es lo menos que puedo hacer. Potter me lo advirtió y yo no le creí. -

-en verdad, no debe sentirse culpable. Al fin de cuentas…él tenía un compromiso con el equipo, con la casa, y con usted. No podía dejarlos metidos. No habría sido capaz de hacerlo. -

-Dios, fue horrible. ¿Vieron toda la sangre que salía de su pecho?-

-sí… ¿y qué me dices de la de su rostro? -

-¿Creen que se salve? -

-Oh, por Dios…esperemos que sí. -

-escuché a los Sanadores y a Dumbledore. Decían que estaba mal…que podía morir incluso antes de llegar a Londres. -

Lily Evans, quien caminaba despreocupadamente por el pasillo del primer piso que llevaba al Gran Comedor paró en seco y se escondió disimuladamente tras una gárgola. Al parecer, un estudiante había resultado herido en el juego al que ella no había asistido.

-pero, ¿Qué creen que estaría mirando antes de atraparla? -

-no lo sé. Estaba a un palmo de ganar el juego -

-es tan triste. -sollozó una de las chicas presentes en el grupito.

-lo sabemos. El equipo entero está trastornado.Imagínense… El Capitán a punto de morir. -

Lily siguió su camino, asustada. "El capitán"…Pero… ¿de cual de los dos equipos?

Al pasar cerca a los chicos, sintió como todos clavaban sus miradas en ella.

-¿Por qué estará tan tranquila? ¿Se supone que es su novia, no? Creí que estaría en Londres, con él. -

La chica los miró de reojo y corrió tan rápido como pudo hasta llegar al Gran Comedor. Ahí, corrió desesperada hasta el Equipo de Quidditch de Gryffindor, quienes lloraban o soltaban resoplidos de dolor.

-¿Qué ha pasado en el juego? -preguntó angustiada, al no ver a James.

Ninguno le respondió. No por grosería, sino porque todos estaban demasiado conmocionados como para responder preguntas.

En ese momento, Remus se acercó a ella con cara de tragedia.

-¿Dónde está James? -

-lo siento, Lily. -

-¡¿Dónde está James?! -preguntó de nuevo, en voz tan alta, que todos los presentes la escucharon.

-En San Mungo. Sufrió un accidente, cayó de la escoba y…-

Pero Lily ya no lo escuchaba… había tumbado a varios estudiantes de primer año, pues había salido a correr como una loca. Gruesas lágrimas salían de sus verdes ojos, mientras sentía que sus manos se ponían cada vez más frías. Remus salió a correr tras ella.

La chica salió del Castillo y se dirigió hacia el camino que daba a Hogsmeade.

-Lily… ¡espera! -

-¡Tengo que llegar a Londres! -

-¡Lily!... No llegaras a Londres caminando. -

La chica emitió un resoplido y siguió corriendo.

-¡Lily…! -

Finalmente, Remus se le adelantó y la tumbó a la hierba. Los dos se llevaron tremendo golpe, pero Lupin comprendió que había hecho lo correcto, pues la chica insistía en ponerse de pie y seguir corriendo.

-cálmate…-

-no, no, no… tengo que llegar a Londres. -

-Lily… escúchame. -

La chica se puso de pie de nuevo y se lanzó a correr, Remus siguió tras ella, y esta vez la empujó hacia el Lago, cosa que los dos cayeron al agua helada causando un estrepitoso sonido.

Lily empezó a mover sus manos con altanería, pegándole a Remus en la cara.

-Lily… tranquila…-

-suéltame… ¡Suéltame! -

Solo se oía el chapoteo del agua… tras discutir a puñetazos varios minutos, Lily nadó hasta la orilla, con Remus tras ella.

La chica salió del agua con dificultad y esta vez, envés de salir a correr se quedó mirando el Castillo y al cabo de pocos segundos se desplomó sobre la hierba emitiendo un aullido de dolor.

Remus comprendió que el amor que la chica sentía por James era más grande que cualquier otro sentimiento. Aquel tremendo y potente aullido no solo había penetrado todos los rincones de Hogwarts, sino también, su corazón.

La chica tomó un puñado de tierra y encerró tanto sus puños que se clavó las uñas en la palma de la mano, haciendo que delgadas hebras de sangre cayeran a la hierba.

Remus no sabía qué decir o qué hacer. Se limitó a observarla, petrificado.

Lily lloró tan fuerte como pudo, lloró hasta que sus pulmones no podían más… lloró hasta que su garganta se quedó completamente seca. Sentía que su pecho ardía como una llama potente y vio sus manos bañadas en sangre, pero casualmente, sus manos no le dolían… la agonía que llevaba en el alma era mucho más poderosa que cualquier señal de dolor físico.

¿Qué es el dolor? … ¿Es acaso, una experiencia sensorial y emocional desagradable? …sí, en parte lo es. ¿Pero, qué sentía Lily realmente? ¿Qué sensaciones se extendían por su alma? ¿Impotencia? ¿Angustia? ¿Desesperanza? ¿Frustración? ¿Indecisión? … Sí, sí… todas esas. Sentía como si lo hubiera perdido todo…y de hecho, si James moría, lo habría perdido todo, pues él era lo último que le quedaba.

¿Y cómo se combate el dolor? ¿Existe en realidad una manera de hacerlo, de acabar con él, de extinguirlo? O será que… ¿La única manera de destruirlo sea, en verdad,… la muerte?

La chica miró de nuevo sus manos llenas de pequeños cortes y deseó tener un cuchillo o tal vez una navaja para poder cortarse las venas y no sentir ni una sola punzada más en su espíritu.

-Lily…-

La chica salió de sus pensamientos y miró a Remus.

-Ven, niña…vamos al Castillo. -

-Londres…-

-sé que necesitas ir a Londres, pero estás empapada y sangrando. Vamos primero a cambiarte y te prometo, Lily Evans, que te ayudaré a llegar hasta la capital. -

La hermosa chica asintió con debilidad y permitió que Remus la alzara en brazos… la verdad era que no tenía ni alientos de ponerse en pie de nuevo. Ya no quería correr, no quería llorar, solo quería morir.