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Historia 34213 — capítulo 5

LB entró en el cuarto de baño. Eran casi las once de la mañana y Kitty llevaba como una hora allí metida. Estaba doblada sobre el retrete, devolviendo hasta la primera papilla y, aunque debía estar pasándolo mal, su hermana mayor no pudo evitar esbozar una sonrisa.

-¿A qué sabe la resaca, Kit?- preguntó, jactanciosa.

-Déjame en paz... esto es culpa tuya.

-¿Perdón?¿El qué exactamente es culpa mía?

-Que me pillaran.

-¡Eso no es verdad!- exclamó LB ofendida.- Llegaste por la mañana, si hubieras venido antes no te habrían pillado, yo hice lo que pude ¡a mi también me han castigado!

-No compares...

-¿Sabes qué? Cuando dejes de expulsar vozka quemado y entrañas me avisas y hablamos como personas.- Kitty no pudo contestar a su hermana antes de que saliera del baño porque otra arcada la hizo quedarse sin habla ni respiración. Beber no era tan divertido como parecía cuando lo hacían los demás.

Tras otros quince minutos más de sufrimiento, Kitty se encerró en su habitación a retorcerse de dolor. Tenía tareas atrasadas que debía hacer para entregar aquel lunes, pero no tenía muchas ganas. Como caída del cielo una nueva distracción la desvió de sus obligaciones, una llamada telefónica de Agnes.

-Buenos días, Kitty ¿cómo te sientes?

-Fatal... todo me da vueltas, me arde el estómago y...

-Eso es normal, es la resaca. Toma zumo de tomate y apio- le recomendó Agnes, más fresca que una lechuga a pesar de haber bebido mucho más. Debía de ser la costumbre.- ¿Quedamos para dar una vuelta?

-No puedo, mis padres me han castigado por escaparme.

-¿Escaparte?

-Sí, bueno... es que en realidad no tenía permiso para ir a tu fiesta, pero no me la quería perder.

-¡Oh! Eres un encanto... pero vas a tener que volver a escaparte.

-Agnes, no puedo.

-Tengo algo muy importante que decirte y te lo tengo que decir en persona.- En realidad podía decírselo por teléfono, pero resultaría menos formal de lo que Agnes quería.

-¿No puede esperar al lunes? Por favor, me salto la primera clase y tomamos un café ¿vale?

-Como quieras, chaíto.

-¡No! Espera, una cosa más- pidió Kitty, antes de que le colgaran el teléfono.- ¿Tú sabes algo de una tal Danielle Eldridge?

-¿Eldridge? Me suena... lo investigaré, si Sophie no sabe nada, lo sabrá Katrina. En cuanto sepa algo te llamo.

-Gracias.

-¿Para qué están las amigas?- mientras dura la amistad, claro...

Mientras tanto, y tratando de sacarle algo de provecho a una típica mañana de sábado, Vera había madrugado, había salido a correr y tras un buen desayuno y una ducha, se dirigió a casa de Lucke, que llevaba varios días enfermo. Los deberes del instituto se acumulaban y, como no contestaba al teléfono ni hablaban por internet, estaban todos algo preocupados.

Para la señora Miles, la madre de Lucke, siempre era una placer ver a Vera. Todos tenían un alto concepto de ella, todos los que no la conocían bien, claro, y en parte era porque era una chica que sabía esconder sus trapos sucios... trapos que terminaba lavando siempre su confesor, Lucke.

Llamaron a la puerta de la habitación en cuarentena, donde descansaba Lucke enfundado en su pijama de franela y cubierto de mantas a pesar de que las temperaturas habían subido. El cuarto llevaba días sin ventilar, pero como el estaba congestionado y acostumbrado, ni siquiera lo notaba y, como no esperaba visita, no se había molestado en ordenarlo todo un poco.

-Adelante.- Bufó, Lucke. Vera logró presionar la manilla con el codo hasta abrir la puerta y entró con una bandeja entre manos.

-Buenos días, enfermito- saludó, notando enseguida el olor a cerrado del cuarto.- Por Dios... ¿tienes la gripe o el évola? ¡abre alguna ventana!

-Déjame, Vera, estoy malo...- se quejó, avergonzado, dejando entrever sus ojos y su roja nariz entre las mantas.

-Te traigo un café calentito, gofres y deberes de geometría, física e historia... y eso sólo para empezar.

-Gracias por el café y los gofres, aunque no por los deberes- musitó sonriendo y sentándose en la cama, haciéndole un sitio a su amiga.- No quiero contagiarte.

-Tranquilo, tengo unas defensas estupendas, mucho mejores que las tuyas, no me pasará nada.- Raras veces enfermaba.- ¿Cómo estás?- Lucke se encogió de hombros.

-Cansado... me duele la cabeza, no puedo respirar por la nariz y hoy no echan nada decente en la tele.- Y aunque emitieran algún buen programa, su madre entraría en la habitación gritando que necesitaba reposo y y le apagaría la televisión, así que de poco le servía quejarse.-¿Qué tal tú?¿Algo nuevo?¿Salisteis ayer?

-Bien, como siempre, y no, yo no pude salir. Mi padrastro organizó una cena de última hora con el aclamado doctor Stonem.- Lucke abrió los ojos, sorprendido, tomando la taza de café y soplando para enfriarlo.- Sí, ya lo sé, es un asco... no te haces a la idea de lo que fue la noche de ayer.

-¿Y fue Xander?

-Que va ¿no te enteraste?- el chico frunció el ceño, dando un sorbo de café, no tenía ni idea de a qué se refería.- Agnes está en la ciudad, ayer le dieron una gran fiesta y su primo no se la podía perder... ni él, ni Anna.

-¿Anna?¿Nuestra Anna?

-¿Tan raro te parece?

-No, la verdad es que no- y menos después del numerito en la fiesta de los Lisbon.

-Kitty Fargas también estaba invitada, al parecer es la nueva pupila de Agnes, Dios la asista.

-Amén...- Verá sonrió y bajó la cabeza, había algo que la preocupaba, pero no quería contarlo. No tenía que ver con las chicas, ni siquiera con el hecho de que su padre se relacionara con alguien como Stonem aunque sólo fuera por trabajo, era algo más personal.- ¿Seguro que estás bien?- Vera negó, esta vez no disimularía.

-He vuelto a discutir con mi madre... está insoportable. Ayer porque no me quería quedar a la cena, hoy porque no quiero ir a sacarme esas estúpidas fotos de familia.- Licke se echó a reír sin poder creerlo.

-¿Os sacáis fotos de familia? ¿De esas con el decorado cutre tan falso que parece de cartón?

-Es de cartón- ambos rieron con la aclaración, aunque en el fondo a Vera no le hacía nada de gracia.- Resulta que Stonem ha comprado una galería de arte y quiere exponer algunas de las obras de mi padrastro, así que mañana por la mañana tenemos que ir a la galería a sacarnos una foto de familia feliz para no sé qué periódico sensacionalista ¡Y no te lo pierdas! Luego iremos a misa con los Stonem... va a ser lo más patético del mundo.

-Ridículo, diría yo. A estas alturas pensé que les tendrían prohibida la entrada en las iglesias.- La opinión de Lucke sobre esa familia, en especial sobre el hijo, no era precisamente buena.

-Como se lo cuentes a alguien, te mato ¿me entendiste?

-Soy una tumba...

-No, no, no. No me vale. Tenemos que compensar. Cuéntame tú algo.- Así tendría algo con qué chantajearlo si algún día quería contar que iba a misa con los primos segundos de Satanás.

-Llevo calzoncillos de piratas...

-Eso no es nada, te los hemos visto mil veces en clase de educación física... y fuera también.

-¿En serio?- Vaya, eso sí era ridículo para Lucke. Vera asintió.

-Culpa tuya, por llevar los pantalones tan bajos. Venga, otra cosa.- Lucke suspiró y negó.

-Colecciono disfraces de acción de la Guerra de las Galaxias... y en ocasiones, cuando estoy solo en casa, voy vestido con ellos.- No, eso era imposible ¿de verdad lo hacía? Vera se echó a reír ante la vergonzosa mirada de Lucke, que no sabía donde meterse, las mantas ya no eran una opción.- ¡NO TE RÍAS!

-Lo siento, vale... ya paro... ¿de verdad haces eso?- no se pudo contener, se lo imaginaba por casa vestido de Darth Vader comiendo un cuenco de cereales y escuchando música de Michael Jackson, era demasiado.- Vale, tenemos que compensar de algún modo, porque esto es mucho más ridículo que lo de mañana- así que ahora ella contaría algo personal de verdad, al fin y al cabo, la foto iba a salir en el periódico.- Cuando tenía seis años comía pétalos de margaritas... y hace como un mes recaí.

-¿Comes flores?

-¡Cuando me aburro!-Se excusó, pero ¿qué clase de excusa era esa?

-Bueh, yo comía lombrices en el jardín de infancia.

-En la guardería yo comía tierra con todo lo que llevara incluido.- Eran como los premios de los cereales.

-En segundo año me hice pis en medio de la piscina del colegio y reaccionó con los productos que le añaden al agua. Tuve que nadar hasta la escalera rodeado de una mancha de color morado. Me llamaron meón durante meses.- Había sido su peor etapa escolar, y todo por una tonteria... o no.

-LB tiene un video de una fiesta en la que bebí tanto que me subí a una tarima a bailar y me emocioné. Me saqué la camiseta... no llevaba nada debajo.- ¡Huy! Ese video tenía que conseguirlo él COMO FUERA.

-Me bañé desnudo en la fuente del centro comercial un día que mezclé un montón de medicamentos- no era novedad, a Anna también le habían dado yuyus así.

-Me colé tanto por Larry, mi primer novio formal, que me tatué su inicial en la parte interior del muslo- por eso siempre llevaba pantaloncitos cortos en la piscina.- Aún estoy ahorrando para poder quitármelo.

-Yo...- y ahora llegaba la gran confesión.- Nunca he... practicado sexo.- Es que era lo único que le quedaba por contar, eso y lo de los calzoncillos y la piscina eran lo único turbio que podía tener en su vida. Pero la confesión no le cayó muy bien a Vera y no reaccionó como él esperaba.

-Espera ¿qué? Me estás diciendo que... ¿eres virgen?- Lucke notó como le ardían las mejillas, la respuesta de Vera tenía que haber sido otra gran confesión, no aquello. Tenía que arreglarlo como fuera.

-No... ¡¡NO!! Sólo es que hace ya un tiempo que rechazo el sexo... -sí, claro, desde que había nacido.

-Vale- aceptó ella muy poco convencida.- Lo que tú digas...

Pero por algún motivo, probablemente su pureza espiritual, Dios decidió salvar a Lucke de aquel momento tan bochornoso, enviándole un mensaje de texto a Vera... y quien dice Dios, dice LB. En él, sorprendentemente, le pedí el número de Katrina ¿para qué lo querría?

LB había dejado pendiente un tema importante desde el día después de la fiesta de los Lisbon y ese tema tenía nombre y apellido y se llamaba Rory Munro, el desgraciado que había deshonrado a su hermana pequeña (siempre desde el exagerado punto de vista de la mayor de las Fargas, claro). El caso era que LB no lograba localizar a Rory por ninguna parte, ni en el móvil ni en casa y la madre del chico se había mostrado esquiva y parecía enfadada.

-¿Katrina?- la proveedora oficial de cotilleos del colegio estaba acostumbrada a recibir llamadas telefónicas después de las grandes fiestas pero aquella llamada en concreto la sorprendió.

-¿Quién eres?

-LB Fargas- ¿LB Fargas?¿Y por qué la llamaba?¿Cómo había conseguido su número?

-¿Qué es lo que quieres?- Katrina era cotilla, pero no idiota y sabía que no le caía muy bien a LB, así que si la llamaba era para pedirle algo, seguro.

-Esto... oye, me preguntaba si tendrías idea de dónde está una persona...

-Depende de qué persona quieras encontrar.

-Rory Munro- se hizo el silencio al otro lado de la línea.- ¿Sigues ahí? Te oigo respirar.

-¡Sí! Sí! Estoy aquí, pero dime ¿por qué quieres saberlo?- preguntó mientras hacía tiempo para buscar en su agenda. Tenía que hacer dos cosas, la primera: consultar sus datos sobre Munro y la segunda: apuntar número de móvil, día, hora y razón por la que LB la había llamado.

-Es personal.

-Ya... nada en este mundo es gratis, LB, si yo te doy algo, tú me tienes que dar algo a mi.

-¿Y qué quieres?- maldita aprovechada ¿cómo podía caerle bien a Vera?

-En exclusiva el contenido de la conversación ¿Es por lo que pasó en casa de los Lisbon, verdad? Por lo de tu hermana.

-¿Es que todo el mundo lo sabe?

-Tu hermana es noticia candente, LB. Está bien, te lo diré, pero si pasa algo interesante debes contármelo.

-Claro...- no, claro que no, no le diría absolutamente nada.

-Está en el asilo de ancianos. Cumple allí dos meses de condena de trabajos a la comunidad por destrucción de bienes públicos, quemó unos contenedores en el centro la noche del doce de diciembre del pasado año.- ¿Cómo es posible que supiera todo eso?

-¿Y está allí ahora?

-De diez de la mañana a dos del mediodía, cada sábado, y martes y jueves por las tardes de cinco a ocho.

Quizás no fuera buena amiga o no pareciera demasiado lista, pero era indudable que Katrina era muy útil a la hora de enterarse de los secretillos de los demás. LB se enfundó unos vaqueros, una camiseta y unos tenis raídos y salió prácticamente disparada hacia el asilo. No tenía ni idea de lo que le iba a decir a Munro cuando se lo encontrara pero, probablemente, comenzaría por un "no te acerques a mi hermana".

En verdad el asilo de ancianos era un lugar deprimente y no precisamente por las personas que residían allí. Las paredes estaban húmedas, la pintura recomida, los muebles eran viejos y la atención parecía muy precaria. Los empleados eran desagradables y los mayores parecían tristes y la gente mayor, a opinión de LB, no debía estar triste. Seguramente todos habrían dedicado toda su vida a su trabajo y su familia y ahora se merecían ser felices, pero en lugar de eso se veían renegados en un sitio como aquel.

Harta de dar vueltas por allí, LB decidió parar a una de las enfermeras, pero le llevó su tiempo toparse con alguna que se dignara a hacerle caso.

-Hola, perdona...

-Dime, cielo ¿vienes a ver a tu abuelito o abuelita?- No, vengo a comerme los moquitos... hubiera sido la respuesta natural de alguien como LB, pero fue fin ay se moderó.

-No, estoy buscando a alguien, un chico, se llama Roderick Munro.

-¡Oh! Rory, sí... está en el salón, a esta hora los mayores juegan al bingo. Él y otro voluntario cantan los números por turnos.- ¿Rory dando un bingo? Lo que le faltaba por ver...

-Claro, gracias.

Ella misma encontraría el salón por sí sola, presentarse allí por sorpresa sería divertido para ella y bochornoso para él, quizás con eso ya fuera suficiente castigo (o no, si se había propasado realmente con su hermana). Por si acaso, fue con el móvil preparado por si se presentaba la oportunidad se sacar una foto e inmortalizar el momento. Necesitaría pruebas para Katrina y las chicas.

Sin embargo, cuando llegó a la sala, el ambiente dejaba mucho que desear. El chico voluntario era el que estaba cantando los números de aquella partida, sin poner ni el más mínimo entusiasmo. Rory estaba sentado en una silla de ruedas al lado de una de las mesas, charlando con uno de los ancianos que jugaba al bingo con lentitud y sin mucha ilusión. LB se acercó y le tocó varias veces en el hombro.

-¿Fargas?- preguntó el chico, contrariado ¿qué podía hacer ella en un sitio como aquel?

-Tenemos que hablar.

-Disculpe un segundo, señor Withacker, ahora regreso. LB, ¿empujas mi silla?

-Que empuje la silla tu madre, muévete.

Y sin levantarse de la silla de ruedas, porque estaba muy cómodo, Rory siguió a LB hasta el pasillo, con lentitud y torpeza, no se manejaba demasiado bien y chocó varias veces en los escasos tres metros de distancia hasta la puerta.

-¿Qué se te ofrece?

-No te acerques a mi hermana ¿me entiendes?- Rory se quedó en blanco, no se esperaba eso, no después de una semana.- Es tan sólo una cría y...

-Como digas- la interrumpió el chico, conforme con la petición y sin ánimo de ponerle ninguna pega.

-No me vengas con esas porque... espera ¿qué?- esa no era la respuesta que se esperaba.

-Que vale, que no me acercaré a Kitty si tú no quieres.

-¿De verdad?- preguntó LB, aún impresionada por sus dotes de persuasión(?).

-Fue divertido, pero es una cría... no es la clase de chica que busco para una relación de verdad- porque sí, el ficaflor se había cansado de ir de una a otra, Rory Munro quería una novia y había encontrado a la candidata perfecta, sólo hacía falta que ella también estuviera dispuesta.

-¿A, no?- era divertida pero no suficiente para él, era una cretino engreído.- ¿Y qué clase de chica sí está a tu altura?

-Una como tú.- Ojos desorbitados ¡listos! Boca abierta ¡preparada! La cara de chock LB no tuvo precio y la mantuvo lo suficiente como para que Rory sacara su móvil y la fotografiara. Después se puso a jugar con la silla de ruedas, girando sobre si mismo y yendo adelante y a atrás, tratando de hacer equilibrio.- No te quedes ahí pasmada, LB... que no te he revelado las verdades del universo.- Sólo le había dicho que le gustaba, pero ella estaba tan avergonzada que no sabía cómo reaccionar, ni que fuera la primera vez que le pasaba algo así... bueno, más o menos así.

-Es que... ¡eres un idiota! No te creo, no me creo que te liaras con mi hermana para acercarte a mi ¡es sólo una cría! No quiero que vuelvas a verla, dedícate a quemar contenedores si quieres, me da igual, pero a ella no la metas en líos.

-Ya se mete solita, por lo que sé... ¿no es el nuevo perrito faldero de Agnes?

-No es cosa tuya.

-Lo sé, pero si ella lo pasa mal, tú lo pasarás mal, y yo quiero evitar eso- aunque por el tono de chulería en su voz, cualquier diría lo contrario.

LB no supo que contestar a eso, pero no se quedaría otra vez allí, con cara de idiota, esperando a ser inmortalizada para la posteridad. Dejó a Rory con la palabra en la boca, haciendo idioteces con la silla de ruedas y salió corriendo del asilo. Hubiese querido llamar a Vera o a Anna, pero sabía que ambas estaban demasiado ocupadas con sus propias vidas, que no eran precisamente buenas, como para ir a molestar con sus problemas. Sólo le quedada otra persona a la que llamar, una que sabía que no iría con sus chismes a nadie. Su vecina y nueva amiga, Danielle.

Las agujas del reloj rozaban casi la una y media del mediodía cuando Vera se marchó de casa de Lucke. Habían tenido una conversación reveladora, al menos en un sentido, él parecía haber sido sincero, pero ella no había sido capaz de amargarlo contándole lo que le preocupaba de verdad. Sólo había una persona que, en cierto modo, podía comprender lo mal que se sentía, y esa era Anna Romano. Vera no era como LB, no se iba a ir a hablar con terceros si tenía a sus amigas de toda la vida ¿considerado?¿egoísta? Qué más daba... marcó el número de Anna y esperó.

-¿Diga?

-¿Anna? Soy Vera ¿Qué haces?- preguntó, suponiendo que estaría todavía en la cama con resaca por la fiesta de la noche anterior.

-Nada...

-¿Estás bien? Te noto como triste- un tono de voz era apagado, sonaba muy decaído lo que, últimamente, estaba siendo algo muy común.

-Sí, claro, no he dormido mucho.

-¿La fiesta?

-¿Qué?¡No!¡NO!-se apresuró a disculparse.

-Sabemos que fuiste y no pasa nada, de verdad, es tu vida.

-Ya pero... debería haberos escuchado- pero como siempre, se daba cuenta de eso demasiado tarde.

-¿Pasó algo?¿Xander te hizo algo?

-No importa, Vera, de verdad.

-Sí, sí importa. Y no pienso permitir que te pases todo el fin de semana metida en esa bañera autocompadeciéndote- porque sí, Anna era extraña y sólo lograba concentrarse en la bañera antigua de su cuarto de baño que, aunque tenía la corriente de agua cortada, para ella seguía siendo útil.- Ahora mismo te vistes y nos vamos por ahí.

-No tengo ganas... bebí mucho y...

-No aceptaré un no. Vístete, te espero en el centro comercial, comeremos algo por el camino y buscaremos un regalo para Kitty, va a ser su cumpleaños ¿vale?- Anna no tenía nada que hacer. Si decía que no, Vera insistiría. Si colgaba, volvería a llamar. Si no contestaba, le mandaría mensajes de texto y terminaría presentándose en su casa si no le contestaba. Era una buena amiga, muy pesada, pero amiga al fin y al cabo.

-Está bien, nos vemos en media hora en la fuente.

Sacar a Anna de aquella estúpida bañera o, más bien, de sus retorcidos pensamientos, era una tarea dura, de ahí la incipiente satisfacción que sentía Vera y que casi lograba anular el mal efecto de sus propios dramas. Puntual, tras media hora, Anna se presentó en la fuente central de Richmond Dayle y, tras uno par de minutos, apareció Vera, que se había retrasado porque había ido a comprar unos tacos para que los fueran comiendo.

-Gracias, no tenías por qué.

-Seguro que si no los compraba me hubieras dicho que no tenías hambre y tienes que comer.

-Tranquila, sí tengo hambre, no me apetecía cocinar, pero con la resaca no tenía ánimos...

-¿Tanto bebiste?

-No, pero no me sentó muy bien- había pasado demasiado tiempo con Xander como para emborracharse.

-¿Qué pasó ayer?- darían una vuelta por el centro, comiendo y contándose sus problemas, ambas necesitaban una buena sesión de terapia entre amigas.

-Xander quiso que... me acostara con él y- Anna tomó aire y negó- no le sentó nada bien que le rechazara.

-¿Te forzó?

-No... bueno, al principio lo intentó, pero no le dejé. Llamé a Mike y vino a buscarme.

-¿Llamaste a Mike?¿Para que fuera a recogerte a una fiesta en la que estabas con Xander?¿Eres idiota?

-¡Gracias por tu apoyo!

-Joder, Anna, ¿es que no lo ves? Está loco por ti.

-No es verdad... Mike, no... él... él puede estar con cualquier chica que quiera.

-Ya, pero quiere estar contigo.- El problema no era que Anna no quisiera estar con él, si no que no debía estar con él, que era diferente, o al menos así lo veía ella.- Y tú le haces daño con tus idas y venidas. En la fiesta de los Lisbon... quizás no te acuerdes, pero nos echaron porque se peleó con Xander... os vio en la piscina.- Y el helado especial, recogerla en una fiesta a mitad de la madrugada sin hacer ni una sola pregunta... no era algo nuevo, venía de tiempo atrás, pero Mike no se atrevió a decir nada cuando Anna perdió a su madre, no quería aprovecharse.

-No quiero hablar de esto, Vera, por favor.

-Ya, claro... ¿se lo dirás al doctor?

-¿Qué?¿Cómo puedes decir eso? Yo no hablo con el doctor Stonem de estas cosas, sólo de mis padres y para eso ya da igual, porque parece que ya no le importa.- A Anna se le saltaron las lágrimas y sin darse cuenta subió el tono de la voz. De pronto se paró, en medio del transitado pasillos, a punto de derrumbarse.

-Anna ¿qué pasa...?¿qué quieres decir?

-Harper se viene a vivir a casa.

-¿La profesora Harper?

-No llevan ni un mes juntos y se viene a vivir a casa, mi madre acaba de morir... - y no concebía que su padre le hiciera eso. Vera se acercó a su amiga y la abrazó con fuerza.

-Mi madre me va a apuntar a terapia- musitó, quizás a Anna le sirviera de consuelo.

-Lo siento...

-Y yo, por mi... por ti. Olvídate de Xander y deja de pensar que no eres lo suficientemente buena para Mike, porque lo eres, eres excepcional, pero tú no te das cuenta.- Un consejo estupendo, pero Vera debía aplicarse el cuento, Lucke la idolatraba desde hacía años. - Venga, vamos a por ese regalo, tengo pensada una buena faena para Kitty.

¿Y qué tenía planeado? Algo muuuuy vergonzoso para una chica de la edad de Kitty Fargas, y más si se lo daban delante de chicos y amigos (aunque procurarían que no estuvieran sus padres cerca).

-Vera- preguntó Anna enfadada y sonrojada en la puerta de la tienda.-¿Por qué me has traído a un sex-shop?

-Venimos a por algo para Kitty.

-¡Tiene quince años!

-Muy pronto dieciséis. Es hora de que la introduzcamos en el sinuoso mundo del sexo.

-¡VERA!

-¿Qué? A mi nadie me dijo nada y mi primera vez fue en el asiento trasero de un Ford Gran Torino...- una terrible experiencia que le había dejado una L tatuada en el interior del muslo. Lo que algunas hacen por amor...

-¿El coche de Larry?

-Seh...

-Creí que te había llevado a un hotelito.

-Mentí ¿vale? ¿Tu no habrías mentido?- probablemente sí.- ¿Cómo fue tu primera vez?- ¿Y cómo era posible que no hubiera hablado de eso con ella antes?

-Cancha de tenis... en un campamento, había mosquitos por todas partes, era de noche, teníamos un saco de dormir y un montón de mino botellas de licor como las de los mini bares de los hoteles... ojalá no hubiera sido así.

-¿Al menos era guapo?

-Sí, pero es lo de menos...

-¿Crees que Kitty ya habrá...?

-No, a no ser que en la fiesta de los Lisbon, ella y Rory...- cabía esa posibilidad, aunque no la veían capaz.

-No creo, de ser así Katrina me lo habría contado- eran amigas, de ahí que Vera se enterara de casi todo mucho antes que Anna y LB.

-¿Cómo se enterará de todo siempre?

-No lo sé, y si te digo la verdad, no me importa. Mira esto- dijo Vera, enseñándole a Anna un picardías rojo de raso con lacitos de color negro.

-Dios... es una despedida de la dignidad- no podían comprarle eso a Kitty, ni siquiera como broma.

-¿Y este?- había uno negro y transparente, con lazos de color rosa chicle.

-Sólo le falta la barra de streeper...

-Vale, nada de lencería sexy.

Iba a ser una sesión de compras larga y muy bochornosa, al menos para Anna. Menos mal que pronto Dios volvió a sacar a alguien de uno de los aprietos en los que Vera solía meter a la gente, y al decir Dios, vuelvo a referirme a LB. Otro mensaje de móvil, de nuevo al móvil de Vera, la hizo quedarse en shock, las compras tendrían que esperar.

-¿Qué pasa?- preguntó Anna, al ver la cara de espanto y sorpresa de su amiga.

-Mira... esto...- musitó, pasándole el teléfono móvil. Un mensaje corto y conciso, pero que aún así creaba muchos interrogantes. "Rory dice que le gusto".

-¡Oh, Dios mío!- exclamó Anna. El móvil comenzó a vibrar en las manos de Anna.- Te llaman, es tu madre- o eso ponía en la pantalla.

-Mierda- bufó, antes de contestar de mala gana.- ¿Qué pasa?

-Vera, tienes que venir a casa a arreglarte, vamos a sacarnos las fotos esta tarde, mañana el fotógrafo tiene que sustituir a un compañero en una boda por lo civil o algo así.

-¿Ahora? Pero estoy de compras con Anna.

-Seguro que Anita lo comprenderá. Ven a casa ahora.- Vera colgó, enfadada, de haber seguido hablando se hubieran puesto a discutir y hubiera sido mucho peor.

-Tengo que irme.

-¿Qué?¿Ahora? Pero y LB...

-Habla tú con ella... o espera al lunes y hablamos las tres. Yo tengo que ir a sacarme unas estúpidas fotos de familia para una trabajo de mi padrastro en una galería de arte- mejor guardarse el detalle de que la galería era de su psiquiatra.- Lo siento.- Dijo saliendo de la tienda a toda prisa, enfadada.

-Y la muy asquerosa me deja aquí sola...- musitó Anna, avergonzada.

No sabía donde meterse, había más gente de la que hubiese podido imaginarse que habría en una tienda como aquella ¿y si alguien la reconocía?¿Y si al salir se encontraba con algún compañero? O peor... ¿y si Katrina la veía allí? (esa chica parecía estar en todas partes). Al día siguiente sería la viciosa del instituto.

Vigiló desde el perchero de los picardías y la ropa interior sexy a que no pasara nadie ante la tienda y, lentamente, se acercó a la puerta para salir con disimulo. Que mal le fue.

Salió caminando de espaldas, tratando de que la vendedora no pensara que se llevaba algo tal y como estaba siendo su actitud y entonces ¡ZAS! Chocó con alguien ¿y con quién? Seh... con Mike Shapiro.

-Lo siento- se disculpó enseguida, sin darse cuenta de con quién había chocado.

-No importa, ha sido culpa mía... ¿Anna?

-¿Mike?- que la tierra se la tragase, si el mundo era justo, que le cayera un rayo encima en ese mismo momento y la fulminara ¡que vergüenza!-¿Qué haces aquí?

-Trabajo aquí... bueno, no aquí en el sex ¡esta tienda! Trabajo en Marti's.

-Cierto, cierto...

-¿Y qué hacías tú aquí?

-¿Qué?¿Aquí?- Sí, Anna, sí, ahí en sex-shop- Vine con Vera, queríamos comprarle un regalo bochornoso a Kitty- y al final la única abochornada estaba siendo ella.

-¿Ah, sí?¿Y dónde está? Quiero saludarla...

-Resulta que se acaba de ir- ya, justo en ese momento, era la verdad pero resultaba menos creíble que cualquier mentira ridícula.

-Que coincidencia ¿no?- a pesar de la barrera de tensión que había entre ambos, la situación era divertida para Mike.- ¿Cómo estás?¿Todo bien después de lo de anoche?

-Sí... no sé como agradecértelo, si no hubieras aparecido tú...

-¿Para qué están los amigos?- ¿Y con frases como esas quién se iba a creer que le gustaba? Pero claro, qué podía decir Mike si él no creía tener posibilidades.

Se escuchó un pitido proveniente del bolsillo de los vaqueros de Anna, un mensaje de móvil uno muy inoportuno en todos los sentidos. El peor momento, la peor persona y la peor confesión... otra vez. Un mensaje de Xander, también corto y conciso, y esta vez sin ambigüedades. "Lo siento, Anna, te quiero". Anna lo leyó un par de veces y se quedó pensativa, pero la mala suerte y el ángulo de visión de Mike hicieron que no fuera la única que leyera. Al levantar la mirada, Mike se alejaba, enfadado y prácticamente corriendo.

-Mike ¡espera!

-No, déjalo- era obvio que su noviecito la esperaba, o al menos era lógico para él.- Tengo prisa, mi prima viene de visita.- Y jamás se había alegrado tanto como en aquel momento de tener que ir a por ella al aeropuerto, no soportaría ver a Anna mandarse mensajitos melosos con alguien como Stonem... ¿melosos he dicho?

La respuesta de Anna fue "Piérdete, no quiero volver a verte", y tras darle a enviar, apagó el móvil. Su bañera la esperaba y quizás un litro de helado de chocolate también.

Otro móvil pitó de nuevo, un sonido muy desagradable para alguien con resaca o, más bien, que continuaba la borrachera. A Xander no le cayó demasiado bien aquella respuesta. El totalmente alcoholizado, abriéndole su corazón a Anna, y ella diciéndole eso.

-Zorra...- musitó.

-¿Me lo dices a mi?- preguntó Agnes, que había ido a visitar a su primo y a recoger un par de cepillos que se había dejado olvidados en el cuarto de baño de invitados.

-No... es esa estúpida de Anna.

-¿La chica que pasó de ti ayer?- Xander asintió.- ¿Esa por la que estás ahí tirado bebiendo como un amargado?

-Seh...

-No te merece. Si no puede ver lo genial que eres deberías pasar de ella.- Ya, pero resulta que a él le gustaba, o quizás fuera un capricho, en todo caso, Anna Romano era de SU propiedad.- He de irme, quedado con Sophie y Katrina. Pero te prometo que en cuanto termine con Fargas... me encargaré de esa tal Anna.

-No tienes que hacerlo...

-Somos familia, si no nos ayudamos entre nosotros ¿quién lo hará?- Xander sonrió y dio un útlimo trago a su botella de ginebra.- Por cierto, cuando llegué tu madre hablaba con un tipo por teléfono sobre algo de una fotos que os vais a sacar hoy...- porque tal y como estaba un objetivo de una cámara fotográfica no era su mejor aliado.

-No, que va, es mañana.

-No, es hoy...- y para confirmarlo, justo en ese momento, su padre llamó a la puerta.

-Xander, vamos a sacarnos las fotos esta tarde... ponte traje.- Agnes se echó a reír, no era para menos.

-No te rías... mierda... ¿y qué hago yo ahora?