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Alas blancas — capítulo 25

Otro día nublado se levantaba por encima de la cuidad, era un día desanimado y sin intenciones de ser interesante o maravilloso, pero al lado de un chico como Alex, las cosas pueden cambiar. 

Hace apenas dos simples horas yo estaba de camino a la escuela, cuando Alex se acercó a mi diciendo.

-Princesa, ¿tienes muchas ganas de entrar a clases?-se mostraba tranquilo y relajado.

-Pues de hecho… No-en ese momento estaba insegura de dar esa respuesta. Pero ahora con el viento sobre mi cabello, montada en una motocicleta, todo podía cambiar.

La sensación de ir a más de cien kilómetros por hora, en una carretera aparentemente despejada, me deba la impresión de ser poderosa y que nada me tendría porque detener, de pronto el recuerdo de tía Amelia, Isa y mi hermano se volvieron cosas triviales ante la oportunidad que me ofrecía Alex: la libertad.

-Alex, te amo-le susurre el oído, mientras me apretaba hacia él.

-Yo también te amo princesa…-el aceleró mucho más, la carretera estaba desolada y un poco húmeda, nos detuvimos en un pequeño pueblo a tomar algo de desayunar, para retomar el viaje de regreso a la realidad. Esa pequeña escapada me costó más de lo que esperaba, pues al entrar lo único que recibí fue el grito de tía Amelia.

Caminé sin prestarle mucha atención a mi tía y entre a mi habitación, dos semanas sin salir no eran nada para mí, que había aprendido a salir por la ventana. Me tumbé en la cama y por fin prendí mi teléfono celular, observé que tenía muchos mensajes, de Mapy, de Isa y de Matt, todos decían lo mismo ¿En dónde estás?

La puerta se abrió de pronto y entro Isa con una cara de preocupación que hubiese creído, pero sabía de sobra que estaba más que enojada conmigo.

-¿Me puedes decir que carajos te está pasando?-me dijo sin un toque absoluto de sutileza, yo sólo levante una ceja a modo de respuesta-Primero te suspenden dos días por fumar en el baño, luego le contestas a tu maestro, repruebas exámenes y ahora ¡No entras a tus clases!-Isa había explotado, ahora debía escucharla hasta que se vaciara y me dejara en paz-¡Paloma es como si ya no te importara nada!

-Tal vez me estoy cansando de ser la chica perfecta, la buena alumna, la excelente, la amiga ejemplar… Tal vez me estoy cansando de ser todo lo que no soy…-repliqué sin ninguna reprimenda.

-No empieces con eso de nuevo…

-No, esta vez no empiecen ustedes, desde que he llagado aquí no han hecho otra cosa que demostrarme su lastima… "Pobre chica, ha perdido a sus padres…" -me había cansado de eso y este era el momento preciso de decir todo lo que había callado-¡Me cansé de soportar su compasión innecesaria! Así que si me preguntas ¿Qué me pasa? Mejor contéstate tu misma-tomé mi chaqueta y me dirigí a la puerta de mi habitación.

-¿A dónde vas? ¡Estas castigada!-Isa me tomó del brazo, pero fácilmente la arrojé con mis poderes hacia la pared. 

Me dirigí hacia la puerta y salí de la casa sin ningún síntoma de culpa, esta vez no quería callarme nada, estaba harta de tratar de complacer a todos, de vivir para los demás, de ser la protectora de inocentes. 

Caminé un par de cuadras hasta encontrarme en la salida del pueblo, ahí tomaría un taxi, un autobús o llamaría a Alex para que me llevara lejos del aquel lugar donde Raúl me había abandonado, recordé con un nudo en la garganta como Raúl, sin preguntarme siquiera, empacó mis cosas y me mandó en el primer vuelo a esta terrible pesadilla, pero eso ahora no importaba, pues lo que al principio era lo más importante para mí, ahora estaba en segundo término. 

Ya no quedaba nada de aquella niñita incrédula y tímida que había perdido a sus padres en un accidente, recordé como mis poderes comenzaron a manifestarse y una revelación se alzo sobre mí como golpeándome en la frente: mi tía Amelia me recibió por mi inmenso poder, creía que ella lograría controlarlo, pero no fue así, yo era mucho más poderosa que todos los brujos que conocía, por lo tanto era invencible.

Tomé el teléfono de monedas que estaba en la esquina más cercana y levante la bocina, cuando una mano fría me detuvo, colgó el teléfono y me tomo fuertemente de la muñeca, miré de frente a la persona que quería detenerme, fuera quien fuera iba a pagar por eso; ahí estaba Jacob, con una mirada severa e inexpresiva que a cualquiera hubiese atemorizado. 

Me solté bruscamente y me di media vuelta, él era otra persona que me había abandonado sin ninguna razón aparente. 

-Paloma espera-de su boca salió una voz dura y fría, muy diferente a la que yo había conocido, pero fue precisamente esa voz la que me detuvo en seco para después mirarlo con mucha atención-Regresa a tu casa-eso fue más una orden que un petición, me crucé de brazos, eso era lo último que me faltaba.

-¿Y me lo dice alguien que apenas y se interesa por mi?-tal vez Jacob diera mucho miedo, pero eso no me detendría.

-Es muy peligroso que andes sola por la calle-una voz aun más fría salió de su boca.

-¿Peligroso?-me reí con descaro enfrente a él-Tú no sabes cuan peligrosa puedo ser yo-me di media vuelta y me dispuse a irme, pero él me tomo del brazo.

-Paloma, por favor…-esa suplica fue diferente, su voz era mucho más suave y un recuerdo que parecía tan lejano se apodero de mi-Tú no tienes idea de lo que… Sólo te pido que por favor que te quedes-un nudo en la garganta se apodero de mí y las lagrimas no las pude contener, regresé a mi posición original y lo miré a los ojos.

-¿Me pides que me quede contigo?-a penas logré articular esa frase, sentía que en mi estomago hubiera cientos de miles de mariposas y el resto del mundo desapareció en un segundo, ahora ya no sentía el suelo bajo mi pies.

-Paloma…-Jacob hizo una mueca de dolor-Tú y yo… No es posible-de pronto sentí como si cayera de un edificio muy alto, Jacob había encendido una luz de esperanza y en ese instante la había apagado, me limpié las lágrimas y le di una bofetada con todas mis fuerzas, él regresó a su mirada fría y yo me di media vuelta sin mirar atrás. 

Di vuelta en una esquina y busqué mi celular entre mis bolsas del pantalón, la chamarra, nada, lo había dejado olvidado entre mis cosas de la escuela, caminé sin rumbo fijo hasta llegar al siguiente pueblo, donde vivía Mapy, tampoco a ella quería verla, hace unos meses hubiese ido corriendo a llorar sobre su hombro, pero ahora yo era diferente, era demasiado mala como para perjudicarla más, le había quitado a su novio y al chico que le gustaba en un mismo semestre; ya le había hecho suficiente daño y no deseaba hacerle más.

De pronto al ver a una chica batallando con su bolsa, se me ocurrió una idea fabulosa, la miré atentamente y con un movimiento de un sólo dedo su celular y su cartea salieron volando hacia mí, y la chica ni siquiera se dio cuenta, tomé el teléfono y marqué a Alex, citándolo en una plaza comercial cerca de ahí, y después tomé el dinero de la cartera y ambos los dejé abandonados, tomé un taxi par que me llevara a la plaza comercial.

Cuando baje del taxi, la extraña sensación de que alguien me seguía, se apodero de nuevo de mí, miré a ambos lados para asegurarme, pero no encontré nada, caminé en dirección a la entrada de la plaza comercial, pues el taxi me dejó en el estacionamiento.

Sentía una respiración agitada y fuerte detrás de mi cuello, pero cuando volteaba no había nada, solo una inmensa oscuridad, tragué saliva y corrí, en ese momento una bestia enorme se aparecían frente a mí. No sabía que era pero me hizo retroceder, aquella bestia iba a atacarme, pero justo cuando se abalanzó sobre mi alguien se interpuso, era Alex quien había sido herido por un costado, eso me hizo reaccionar y arrojar a la criatura lejos de donde nos encontrábamos. 

-¡Alex! ¿Estás bien?-lo tomé por el cuello y él me miró con mucha ternura.

-Lo importante es que tu estés bien princesa-Alex trató de levantarse con mucha dificultad y sin ningún éxito.

-Alex, sobre lo que acabas de ver…-lo miré preocupada por lo que hubiese pensado.

-No te preocupes, yo sé tú secreto Paloma… Lo he sabido desde el principio-un auto blanco se acercó a nosotros y de él salió una mujer mayor, la cual Alex me la había presentado como su madre.

-Alex, este no es el lugar para hablar, entren al auto-yo obedecí sin entender mucho de lo que estaba pasando.