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Alas blancas — capítulo 26

Mientras recorríamos las calles de la ciudad de México, miraba por la ventana tratando de buscar una explicación a esta situación tan extraña. Miraba con extrañeza a Alex y a su madre quien le ponía un vendaje en el costado herido, tras haberlo cosido ella misma.

-Sé que tienes muchas preguntas princesa, así que, ¿por qué no comienzas?-Alex me miró a los ojos la seguridad que siempre lo caracterizó.

-¿Qué tanto sabes de mi?-fue lo primero que se me ocurrió decirle, estaba aun muy preocupada por qué podría llegar a pensar.

-Sé más de lo que tú sabes, por lo que he notado en este tiempo…-Alex me tomó de la mano y suspiró-Paloma, estas en peligro, en un grave peligro…-noté como la velocidad del auto comenzaba a disminuir y llegábamos a un lugar que parecía una bodega, justo en el momento que iba a preguntar en donde estábamos la madre de Alex respondió.

-Este es el único lugar seguro donde podamos hablar-contestó ella bajando del auto.

-¿Cómo que estoy en un grave peligro?-pregunté con desconfianza, al ver el lugar cubre y oscuro.

-Paloma, hay cosas de tu vida que te han sido ocultadas… Secretos en tu familia que mereces saber, hay un oscuro pasado detrás de la postal de perfección que envolvía a tu familia…-Alex hablaba de forma seria y madura, todo que jamás había escuchado en él.

-Alex…-su madre interrumpió por un momento-No tardarán mucho en encontrarnos-

-¿Quiénes nos encontrarán?-me estaba asustando, no sabía si confiar en Alex o no, me comenzaba a hablar de cosas extrañas, pero sin decirme nada en concreto.

-Paloma, ¿te has preguntado alguna vez por qué tu madre estaba tan obsesionada con tu iniciación? ¿Qué fue lo que pasó ese día que iniciaste como bruja? ¿Cómo fue que en tu primera prueba mandaste a un demonio directo al infierno? ¿Qué relación tiene la fuente de la cafetería contigo? ¿Por qué de entre todas las brujas que existen en este mundo, Luz, la heredera del último alquimista se tuvo que topar, precisamente contigo? ¿Por qué Raúl te dejó aquí? ¿Por qué con tía Amelia? ¿Por qué ahora?-Alex me comenzó a asustar ¿Cómo demonios sabia todo esto?-Las respuestas están más cerca y más claras de lo que tú piensas…-Alex me tomó de la mano y me condujo hacia el asiento del auto-Y todo tiene que ver con tus poderes…-Alex me miró seriamente y prosiguió-Paloma tú no eres una bruja normal… Eres un ser el doble de poderoso que cualquier ser mágico que exista en este mundo y mi familia ha dedicado su vida por generaciones a buscarte y protegerte…

-¿Protegerme de qué? ¡Yo no soy un ser poderoso! ¡Yo sólo soy una bruja insignificante! ¡Una huérfana!-comenzaba a alterarme, en mi pecho sentía una presión horrible, sentía que mi cabeza iba a explotar y que todo el mundo me daba vueltas, no estaba entendiendo nada.

-Debo de contarte todo desde el principio…-Alex se aclaró la garganta y miró a su madre y al chofer que estaban vigilando la puerta de la bodega-Hace dieciocho años, tu madre era una mujer muy feliz…

-¿Qué tiene que ver mi mamá en todo esto?-no comprendía nada.

-Solo escucha… Tu madre fue profesora de la universidad de Monterrey durante toda su vida, pero hace dieciocho años ella conoció a un hombre y ese hombre era…

-¡ALEX NOS ENCONTRARON!-la voz de su madre se escuchó en toda la bodega, un grupo de hombres entraron en la bodega acorralando a la madre de Alex y a su chofer, Alex me protegió con su propio cuerpo, a pesar de que podía apenas moverse.

-No te muevas-me susurró el mirando a todos esos hombres que se acercaban a nosotros.

-Sólo venimos por la chica, esto no te incumbe a ti-

-No pueden forzarla-Alex me rodeó con un solo de sus brazos manteniéndome detrás de él.

-Tú tampoco puedes forzarla…-los hombres miraron a una figura esbelta y cubierta por una capucha negra, avanzo hacia nosotros dando paso cortos, dejando un espacio de medio metro entre él y nosotros.

-Déjala ir, a mi puedes hacerme lo que quieras, solo déjala ir.

-¿ahora te sacrificas? Eso si es novedoso…-el sarcasmo con el que dijo esas palabras el hombre encapuchado me pareció singularmente familiar.

-No se quieren ir por las buenas, de acuerdo…-Alex cerró los ojos y a nuestro alrededor se comenzó a formar una espacie de esfera formada de rayos color púrpura, a cada instante esa esfera se hacía más grande, el hombre encapuchado desapareció, justo en el momento de que la esfera estallo y golpeó al resto de los hombres que también desaparecieron con el contacto de los rayos.

-¿Están bien?-la madre de Alex se acercó a nosotros preocupada.

-Sí, solo eran clones, su especialidad…-Alex estaba molesto y me empujó hacia adentro del auto, el cual inmediatamente arrancó el chofer y Alex entró en el-Ahora debemos estar en constante movimiento…

-¿Qué demonios pasa?-esta vez me estaba desesperando, al principio me preocupaba lo que Alex pensaría de mí, pero ahora me preocupaba lo que yo estaba pensando de Alex.

-Tus padres no siempre fueron los más felices del mundo Paloma…-Alex reinicio con su explicación-El hombre que conoció tu madre hace dieciocho años fue nada más y nada menos que Arturo, tu antiguo jefe de la cafetería.

-¡¿Qué?! Eso no es posible ¡es mucha coincidencia!-repliqué yo, por lo absurdo de la situación.

-Demasiada ¿no? Tal vez porque es una coincidencia…-Alex miraba constantemente el retrovisor del auto y por las ventanillas.

-Alex, ten cuidado en cómo le cuentas las cosas-su madre lo miro con severidad por el retrovisor.

-¿Y qué tiene si fue o no coincidencia? ¿Eso en que afecta que nos estén persiguiendo un montón de hombres locos?

-De hecho, es hombre-Alex se acerco al asiento del chofer y le dio unas indicaciones que no pude escuchar-Tiene casi los mismos poderes que Mapy.

-Me tienes que decir que es lo que está pasando ahora-ordené.

-Sé que lo que te estoy diciendo no tiene ningún sentido para ti…-Alex me miró nervioso-Pero por nuestro propio bien necesito que te tranquilices-Alex me tomó de las muñecas y me miro a los ojos-Hace mucho tiempo, más del que tu y yo podemos contar, existieron unos hombres llamados Levitas, hombres al servicio de Dios, lo que nadie sabía es que esos hombres no eran sólo hombres, tenían el aspecto de hombres, comían y andaban como nosotros, pero no eran hombres mortales…

-¿Mortales?-me mojé los labios esperando respuesta-Eso significa que no podían morir… Pero los Levitas eran sólo sacerdotes, he leído la Biblia católica…-lo miré con cara de decepción.

-Hay cosas que solo pocos saben y que no están escritas, pero que existen, Paloma, y la vida de los Levitas es una de ellas-lo miré ahora con más atención-Cuando existían los profetas, uno de ellos escribió que una fuerza de incalculable poder bajaría a la tierra, esta sería producto de un amor entre uno de los Levitas y una fuerza mágica pura-Alex se detuvo un momento me tomo de los hombros y me miró-¿Sabes por qué tu familia es tan especial?-yo negué con la cabeza-Porque hasta tu madre esa familia había tenido una sangre mágica purificada, no existía una mezcla con los no brujos-"una familia larga de grandes hechiceros" recodé esas palabras de mi madre, que siempre lo decía orgullosa de sí misma-Y más aún, es la única familia en el mundo de ese tipo…-me puse pálida como el papel, poco a poco las piezas comenzaban a encajar.

-Mi madre era esa fuerza de magia pura de la profecía-me sentía extraña, comencé a recordar todos esos regaños por no aceptar mi pasado, mis poderes, el cómo simplemente esos poderes se salían de control… Pero aun había algo que no encajaba-Mi padre… mi padre…

-El hombre que toda la vida llamaste padre, no era un Levita…-por un segundo suspiré aliviada por las palabras de Alex-Pero Arturo sí lo es…-lo miré desconcertada-Y tú eres esa fuerza incalculable…