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Alas blancas — capítulo 27
-¿Qué estas insinuando con todo esto Alex?-mi respiración era cada vez más acelerada, y todo el color de mis mejillas había desaparecido, sentía como si toda la sangre de mi cuerpo se concentrara en mi estomago. -Arturo sabía de la profecía, el mismo la escuchó en persona, toda la vida había tratado de encontrar esa línea de sangre de magia pura, hasta que se enteró de la exigencia de tu madre-Alex tragó saliva y miró por la ventana-Él la enamoró, la manipuló-Alex miro con rencor su reflejo y se le quebró la voz-Y al final cuando tu madre supo que esperaba un hijo de Arturo, él le propuso que se escaparan, que abandonara a tu padre y a tu hermano… -¿Cómo es que sabes todo esto?-lo miré aun con desconfianza. -En mi familia sabían perfectamente que tu familia era la única sangre pura de magia, por lo cual desde que nació tu madre, nos comprometimos a protegerla como diera lugar-me miró a los ojos y en ellos vi, una sinceridad total y en su mente, sabía que no mentía, él jamás me haría eso-Esto que te cuento, me lo dijo mi padre antes de… Antes de que Arturo lo asesinara-esas palabras hicieron que mi corazón se rompiera, era verdad todo lo que Alex me estaba contando, por eso tanto interés en que me quedara a trabajar ahí, suspiré, jamás imaginé que a mi padre lo pudiesen engañar de esa manera-Eso no es todo-continuó Alex-Cuando tu madre se negó a abandonarlo todo, Arturo se enfureció, estuvo a punto de matarlas a las dos, pero fue por mi padre que no lo logró, él la ayudo a escapar, pensando que era una buena idea enviarla con su tía, Amelia, pero Amelia también es manipulada por Arturo, cuando te tuvo por fin, esa mujer trató de separarte de tu madre…-todo lo que Alex me estaba contando me dolía en el alma, ya no sabía si seguir confiando en las personas o no. -¿Tía Amelia está del lado de Arturo?-dije con unas lagrimas resbalando por mi mejilla, cuando Alex me vio llorando me abrazó fuertemente y enjugó mis lagrimas con su manga. -Eso no es todo, la muerte de tus padres no fue un accidente, Arturo te quería utilizar como su fuente de poder personal y tus padres le estorbaban, sabía que tu hermano aun no estaba listo para educarte y que por lo tanto recurriría al único pariente vivo que tenían… -Tía Amelia-complete aun en su brazos, es ese momento deje que el dolor se apoderara de mi, que las lagrimas fluyeran como las gotas de lluvia, toda mi vida había sido una conspiración de poder, poder para hacer quién sabe qué, pero eso no me importaba-Yo no quiero regresar a ese lugar…-dije bajando la cabeza y aforrándome más a él-No quiero que me sigan utilizando…-me miró con ternura y me dio un delicado y reconfortante beso. -Ahora nadie lo hará, porque yo estoy aquí-me abrazó de nuevo y me quedé profundamente dormida. Cuando me desperté, estaba en una enorme cama, arropada con la frazada que estaba ahí. Traté de reconocer ese lugar, parecía una habitación muy lujosa y por la vista que ofrecía la ventana estaba muy alta, mire el reloj que estaba sobre la mesita de noche eran las dos de la madrugada, me levanté y caminé hacia el baño, miré atentamente mi reflejo, había estado llorando y ahora se veían mis ojos hinchados y enrojecidos, odié esa imagen que recibía del espejo, por lo que di media vuelta y salí del baño, no quería ver mi reflejo que ofrecía una imagen desgatada y deplorable. Me senté a la orilla de la cama y comencé de nuevo a llorar ¿Por qué la vida me odiaba? La desgracia estaba grabada en mi destino, mucho antes de mi nacimiento, odié mi exigencia, quería morir de una vez y dejar que los cuervos se comieran mis ojos. Abracé una almohada, esperando que mi llanto fuera sofocado por ella, de pronto la puerta se abrió, en el umbral apareció la figura alta de Alex, quien despacio se acerco a mí, me tomó del hombro, como temiendo que me fuera a romper. -Paloma, no tienes que sentirte así…-trato de calmarme-Tenemos una salida, una forma de que tus poderes no sean utilizados para fines malévolos, para que nadie te utilice de nuevo…-esta vez mis oídos escucharon con mucha atención, entonces si había salida. -¿De qué se trata?-pregunté emocionada, tal vez y sólo tal vez tendría una vida normal. -Podemos aislar tus poderes a una especie de contenedor… Como un genio en una botella-me dijo sonriéndome-Después esconderlo en un lugar seguro y serás una persona normal para siempre, sin poderes…-lo abracé emocionada-Pero… -¿pero?-pregunté temiendo la respuesta. -No puede ser un contenedor cualquiera, es una vasija especial y muy antigua, por lo tanto muy poderosa y la única persona que la tiene es Amelia… -¿Quieres que valla de regreso y robe esa vasija?-lo miré con desconfianza. -No tienes que hacerlo si no quieres-me dijo sosteniendo mis manos. -lo haré, haré cualquier cosa por mi libertad-le dije sonriéndole el depositó sus dulces labios en los míos. -Esto lo haremos juntos, por nuestra libertad-me besó el cabello y luego mis manos, cuando el golpeteo desesperado de la puerta hizo que ambos volteáramos. -¡Alex, de nuevo nos encontraron, no nos dejarán en paz hasta que!-pero un sonido fuerte interrumpió la voz de la madre de Alex, ahí había una persona, Arturo, y había dejado inconsciente a la madre de Alex con un sólo movimiento. -¡Sal de ahí!-ordeno su voz sofocada por la puerta cerrada-¡Sal de ahí o te saco yo!-el sonido de su voz era el mismo que una vez conocí, pero a diferencia, ahora se escuchaba enfurecido, desesperado y con mucho odio hacia Alex, la puerta salió volando y entró Arturo con aire de superioridad, traía consigo una espada y en sus ojos se denotaba odio y desesperación-¡Entrégame a Paloma!-Alex se interpuso entre los dos una vez más, para luego comenzar a lanzar los mismos rayos color púrpura hacia Arturo, quien los detuvo con una sola mano y los regresó a su atacante. Alex cayó al suelo, rendido de dolor, corrí a ayudarlo, para saber si estaba bien el respiraba con dificultad, lo tomé de la cabeza y deje que tomara aire. -¡Déjalo!-chille, tenía tanta impotencia dentro de mí, Arturo me obligó a levantarme tomándome de un brazo. -Irás conmigo para después dejarte con tía Amelia-me solté bruscamente de su mano. -¡Está bien, iré contigo, pero a él déjalo en paz!-sabía perfectamente que Arturo iba con todas las intenciones de matar a Alex y yo no iba a permitírselo-¡No le harás daño o yo no voy contigo!-él me miro con dureza y me tomó de nuevo del brazo, cerré los ojos por un momento, sentí vértigo y cuando los volví a abrir estaba en medio de la sala de tía Amelia. -¿Estás bien Paloma?-Amelia me tomo de los hombros y me abrazó, yo deshice el abrazo y asentí con la cabeza bajando la mirada. -Tenemos que hablar-Arturo intervino nuevamente con ese tono mordaz con el que me había hablado hace un momento. -Yo estoy muy cansada…-dije con la voz ronca y subí a mi habitación, no sin antes escuchar un "gracias" por parte de mi tía hacia Arturo, que hizo que me hirviera la sangre. Eran como las tres de la tarde, fingí dormir hasta esa hora, mientras practicaba la teletransportanción, ya lo había hecho antes, pero ahora no podía volver a usar el mismo conjuro, Amelia se daría cuenta y me buscaría, por lo cual tenía que perfeccionarlo. Después de todo un día de fatigosos intentos lo logré, ahora tenía la forma de salir de la casa, solo faltaba encontrar la vasija. Bajé cuando todos estaban dormidos y comencé a buscar en toda la planta baja, en el estudio, el comedor, la misma habitación de tía Amelia, mis poderes resultaron de gran ayuda para buscar más rápido, pero no encontré nada; resignada, baje a la cocina y comencé una nueva búsqueda sin esperar mucho éxito. Pero cuando estaba a punto de darme por vencida, me di cuenta de que algo cerca de mi brazo levitaba, era la vasija, nunca me dijeron como era, pero un sentimiento de temor dentro de mí, el más conectado a mis poderes me dijo que era lo que tanto había buscado. Cerré los ojos y pensé en estar con Alex, sabía que no importaba en donde estuviera yo estaría al lado de él.