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Alas blancas — capítulo 29

Estaba esperando en una recepción muy lujosa y ostentosa, los sillones eran de un tapizado en piel color negro y había amplias columnas que se levantaban en los cuatro puntos de la habitación, el fondo estaba una puerta grande de madera con detalles de un material dorado que podría asegurar que era oro, yo miraba preocupada a ambos lados, primero habían entrado Cathy y Arturo por esa extraña puerta, pero de ese suceso había pasado ya media hora. De pronto la puerta se abrió dejando pasar a una joven de cabellos dorados y ojos grises, tenía la piel tan pálida que me recordó a la nieve; estaba vestida con una especie de túnica color blanca y su rubio cabello caía alrededor de su rostro. -Tú debes ser Paloma-me dijo con una voz profunda y escalofriante-Ven, no tengas miedo, no dejaré que te hagan daño-dijo extendiendo ambas manos hacia mí, yo las tomé, sin cuestionar nada, la seguí hasta la puerta de madera y esperamos a que abrieran. De inmediato una fuerza extraña me inmovilizó y me provocó dolor en todo el cuerpo, caí sobre mis rodillas mientras gritaba de dolor. -Acordamos que no le harían daño-la joven se colocó frente a mí y el dolor desapareció. -Aun no podemos confiar en ella-dijeron varias voces al mismo tiempo. -Pero no la lastimarán, no frente a mí-la voz de Arturo se escuchó fuerte y severa. -Acordamos que tú la traerías con nosotros-dijeron de nuevo las voces-Más no acordamos tomar medidas preventivas- -¿Medidas preventivas?-repliqué yo mientras me levantaba-¿Medidas preventivas? ¡Por lo que he pasado, yo soy la que debería tomar medidas preventivas!-traté de que mis poderes funcionaran, pero no ocurrió nada. -No seas tonta niña…-dijeron al unísono todas esas voces-Tu forma de concentrar tus poderes aun no es lo suficientemente poderosa…-de nueva cuenta el dolor me hizo doblegarme, sentía que mi cuerpo quemara por dentro. -¡Basta!-la joven que me había ayudado le ordenó a aquellos seres que me dejaran de hacer daño-¡Es momento de que ocupe el lugar que me corresponde en el consejo!-la chica me ayudó a levantarme una vez más, y luego se sentó en la silla central de esa sala. -Artorius, hijo de Adán-la voz de la chica hizo que fuera más escalofriante esa escena-Has traído con nosotros a la mano izquierda de Dios y es momento de que ella elija su destino… -Mi decisión está tomada, pero antes-hablé sin sentir miedo-Quiero respuestas y las quiero ya. -¿Cómo te atreves a hablarle así a Eva?-uno de los hombres que estaba a la derecha de la joven. -Odín…-la chica hablo con autoridad-Basta, ella es una parte humana, sólo tiene curiosidad y miedo-me miró y en sus ojos pude ver ternura y sinceridad. -Paloma, la verdad es que te necesitamos, dentro de ti hay una enorme e incalculable fuerza y poder, poder para destruir a los demonios, algo que nosotros no podemos hacer-ella hizo una seña para que me acercara-Mi nombre es Eva, soy la reencarnación de la primera mujer y la primera hechicera que existió, lo que hacemos nosotros es proteger al inocente… -Y nunca castigar al culpable-completé la frase. -Así es, pero tú lo puedes hacer, el mundo que conocemos, la humanidad y todo por cuanto hemos luchado en este tiempo, será destruido por Manon, el más terrible de los demonios, nadie podrá controlarlo; durante siglos completos, la humanidad ha luchado contra el mal, pero no es una lucha que podamos ganar… Es necesaria la oscuridad para controlar la luz, pero lo que traerá Manon será solo oscuridad. Tu pasado, es algo que debió ocurrir y no puedo decirte si fue el correcto o no, pero estas aquí y es por algo-ella pasó sus delicados dedos por mi rostro como si buscara algo que aun nadie había encontrado-Artorius es el más poderoso de los levitas y él te entrenará, podrás usar todo tu poder para destruir a Manon y a su ejército, claro si tú eliges ese camino… -No quiero vivir en un mundo de agonía-suspiró y miro a Arturo-Acepto…-dije sin saber aún las consecuencias que atraería esa decisión. -Está hecho entonces-dijo ella mientras yo me levantaba y me dirigía hacia la puerta junto con Arturo. Ahí estaban Jacob y Matt, mirando como embobados las columnas de la recepción. Miré a Jacob y luego a Matt a quien la di un fuerte golpe en la cabeza. -¿Qué demonios te pasa? -¿Por qué jamás me lo dijiste? ¡Pude haberme ahorrado muchos problemas por eso!-dije mirándolo con una sonrisa. -No podíamos hablar hasta…-comenzó Matt, pero Jacob lo interrumpió. -Que tu novio tratara de asesinarte y dejarte abandonada en un ritual pagano-Jaco tenía los ojos cerrados y los brazos cruzados. -Tú también tienes que explicarme muchas cosas-le dije mirándolo con rencor. -Antes que me golpes como a este-señalando a Matt con la cabeza-Perdón-Jacob me conocía muy bien, sabía que no me podía resistir ante esa mirada. -¿Ahora crees que con un simple perdón vas a arreglar todo el daño que me has hecho?-dije reprochándole con un nudo en la garganta. -Sé que con eso no se arregla todo y sé también que si yo no hubieses sido tan idiota nada de esto estaría pasando, pensé que Alex era lo mejor para ti, me deje engañar por lo que aparentaba- -creo que todos nos dejamos engañar-dije con una sonrisa-¿Y ahora qué?-pregunté a Arturo, ambos sabíamos que teníamos muchas explicaciones que darnos, pero había cosas que eran más importantes ahora. -A entrenar…-afirmo el mirándome fijamente.