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Alas blancas — capítulo 30
Retos.
Me encontraba parada, inmóvil y sin decir nada, había estado casi medio día parada en un solo pie, por órdenes de Arturo.
Empezaremos con el entrenamiento- dijo mientras yo me tallaba los ojos del sueño.
Son las cinco de la mañana Arturo- dije en un bostezo, que mi nuevo instructor reprendió con una mirada severa.
Párate ahí en un solo pie- dijo señalando un pedazo de tronco- cambiaras de pie solo cuando puedas contar hasta cien, sin mover un solo musculo, eso incluye la boca, los ojos y por supuesto tus extremidades, si haces un solo movimiento, volverás a iniciar desde uno, cuando hayas llegado al cien, lo harás con el otro pie- al ver mi cara de sorpresa agregó- si haces trampa, lo sabré… por si no lo sabes la telequinesis que poses no es herencia de tu madre…-
Me dolían todos los músculos de la pierna izquierda, eso hacia que perdiera el equilibrio con más facilidad, en un momento de distracción me moví solo un milímetro, pero Arturo se dio cuenta.
-
vuelve a comenzar…- me dijo con su inexpresivo tono de voz.
-
¿y para que me servirá todo esto?- pregunte molesta de que no avanzáramos mas.
-
si crees que tu entrenamiento será tan indisciplinado como la habías llevado anteriormente estas equivocada, tus poderes son mas poderosos de lo que alguien se lograse imaginar, si no preparas tu mente, tu cuerpo y tu espíritu, todo lo que eres desaparecerá, ahora ¡vuelve a comenzar a contar desde uno!- me coloque me mala gana en el pequeño tronco, eran casi las cinco de la tarde, había pasado doce horas continuas de pie.
Tenía un tremendo dolor muscular y a mis oídos solo llegaban los suaves susurros de los grillos, indicación de que estaba anocheciendo, mi vista se nublaba y sentía como si aquel tronco se volviera un hoyo sin fin, por el cual caía sin oponer resistencia.
Cuando tuve conciencia una serie de imágenes extrañas recorrían mi vista, rostros de personas que creía conocer y lugares en los que alguna vez estuve; abrí los ojos y me sentí completamente cansada, me senté sobre la enorme cama y me abrace las rodillas. Frente al mundo podía aparentar ser la chica fuerte y valiente que salvaría a todos, pero ahora estaba sola con mi respiración, ahí no tenia razón para ocultar el miedo que recorría mi cuerpo a cada minuto, el miedo de fallar, de no ser la indicada, de morir.
Cerré los ojos y la imagen de mis padres cruzo mi mente y la idea de que toda mi existencia había sido una mentira, solo para salvaguardar la última esperanza de la humanidad.
Me recosté sobre las almohadas de seda y mire el techo, Arturo me hablo de lo difícil que seria mi entrenamiento y de las consecuencias si no lo tomaba lo suficientemente en serio, no solo moriría, desaparecería para siempre. Cerré los ojos esperando que extraños sueños no perturbaran más mi cabeza esa noche.
De nuevo era de madrugada, escasamente había dormido cuatro horas y de nuevo estaba para en esa porción del jardín de la casa de Arturo donde se encontraba aquel pedazo de tronco.
harás de nuevo lo mismo…- dijo el sin mirarme- comienza con la misma pierna y llámame cuando lo hayas logrado con ambas piernas- se dio la vuelta y me dejo sola.
Dos semanas completas trate de mantenerme quieta, sin hacer nada mas que estar parada sobre mi pierna derecha, sin logras resultados o algún progreso.
Un día sin que me diera cuenta estaba Matt observándome, yo llevaba parada ahí casi medio día y el cansancio se denotaba en mi rostro y mi equilibrio fallaba aun más.
-tienes demasiadas cosas en que pensar ¿no Paloma?- me dijo cuando por enésima vez volvía a contar desde uno.
-
¿Por qué lo dices?- dije tratando de mantener el equilibrio de nuevo.
-
fija tu mirada en un punto del suelo a cuarentaicinco grados de tu pierna y no dejes de verlo, despeja tu mente y concéntrate en ese punto…- decidí hacerle caso- deja que el mundo se limite a ese punto, deja de escuchar mi voz y comienza a escuchar a tu cuerpo, tu corazón, tu respiración… ahora solo comienza a contar…-
Uno, dos, tres… cada numero era como si olvidara en donde estaba, como si comenzara a flotar… dieciséis, diecisiete, dieciocho… el dolor, el amor, el sufrimiento, todo carecía de sentido, lo único que me parecía tener sentido era el ritmo de mi corazón… treinta, treinta y uno… ahora sentía como mi mente se expandiera, como si con cada respiración hubiera mas y mas espacio dentro de ella… sesenta y nueve, setenta… ahora podía verlo todo desde una nueva perspectiva todo volvía a estar en su lugar… noventa y nueve, cien.
Cuando logre hacerlo con ambas piernas, ya comenzaba a anochecer, los escasos rayos de luz que se colaban por detrás de los árboles, dotaban de un color naranja al cielo de la ciudad que contrastaba con unas gruesas nubes de lluvia.
- lo conseguiste…- dijo una voz detrás mío, gire sobre mis tobillos y mire a Arturo recargado sobre un árbol- lograste vaciar tu mente, pero eso solo es el principio…- me ayudo abajar del tronco y me miro a los ojos- ahora descansa, te lo ganaste-
A pesar de que trate, por todos los medios de dormir extraños sueños siempre rondaban por mi cabeza perturbándome, a la mañana siguiente desperté con la sensación de que alguien me vigilaba muy de cerca.
Baje despacio las escaleras de la casa de Arturo, había dejado de ir a la escuela, pero tía Amelia se las ingenio para decir que estaba enferma de varicela y además Isa se mantenía ocupada haciendo mi tarea, no tenia que preocuparme ahora por las pequeñeces del mundo exterior.
come algo- Arturo cada día se portaba mas distante conmigo- te veré afuera- terminó su café y se dispuso a salir.
Mastiqué de mala gana un trozo de pan tostado y bebí algo de jugo de naranja, Arturo había dejado de ser aquel jefe amoroso y comprensivo de hace unos meses, desde que me había enterado de la verdad, solo me evadía y estaba conmigo en los entrenamientos solo el tiempo necesario.
-¿pasa algo princesa?- Jacob también se encontraba en casa de Arturo, pero según él Jacob no requería de entrenamiento, estaba ahí solo para protegerme.
-
no me llames princesa- le conteste tristemente- no me gusta…-
-
lo siento olvide que él…- Jacob se cayo justo en el momento en que entraba Matt.
-
Buenos días lindura- me saludo con una gran sonrisa- hola-se dirigió a Jacob y se sentó frente a mi.
-
¿Qué tienen de buenos?- pregunté en tono sarcástico mientras dejaba en un plato los restos de mi pan tostado.
-
¿te encuentras bien?- me pregunto Jacob tomándome de los hombros.
-
si, no se preocupen…- sonreí vagamente, pero ellos eran mis dos mejores amigos en todo el mundo y las dos personas que mejor me conocían a ellos, simplemente no podía mentirles- … es solo que…- respondí al ver sus miradas atentas a mi- Arturo se comporta raro, eso es todo…- dije riéndome por lo bajo, mientras que ambos suspiraban aliviados.
-
vamos preciosa no te desanimes, es solo que Arturo… es… el es así, ya lo comprenderás- Matt me tomo por los hombros y me sonrió.
-
bueno chicos, los dejo tengo que proseguir con mi entrenamiento…- hice un ademan con las manos para dar énfasis a mis palabras y me retiré, pero dentro de sus cabezas oía claramente el sentimiento de angustia que ambos tenían.
Salí al jardín de la inmensa mansión de Arturo, tenia un césped verde brillante, arbustos y flores, al fondo un inmenso sauce llorón de levantaba imponente ante los ya grandes, pero jóvenes arboles de su alrededor.
Era justo ahí donde Arturo estaba esperándome, de pie junto a aquel noble anciano que dejaba caer sus hojas. Me acerque para preguntarle qué haríamos hoy, pero él como siempre se me adelanto.
- comenzaras con un entrenamiento básico…- después de unos segundos de ver mi cara confundida suspiro y agrego- ejercitarás tu cuerpo y lo harás fuerte para que logre aguantar tus poderes cuando estén desarrollados, ahora ¡comienza a correr, no solo te me quedes viendo!-
Durante semanas completas Arturo se convirtió de ser un jefe lindo a un jefe militar que te grita si no haces las cosas de forma rápida y correcta. Día a día aprendía que los entrenamientos con Arturo eran "aprende rápido o muere". Mi cuerpo se volvía más fuerte, resistente y reaccionaba solo con el movimiento.
Hacia constantes circuitos de obstáculos, corría todas las mañanas, hacia abdominales y pesas después de comer, pero poco a poco mi cuerpo comenzaba a reclamar todos esos desayunos desmoronados que dejaba antes de salir.
-
¡Paloma!- Jacob se acercó a mi durante un circuito de obstáculos, pues me estaba desvaneciendo- ¿te encuentras bien?- sentí sus calidos brazos rodeándome y esa descarga eléctrica me hizo reaccionar.
-
si, solo estoy un poco mareada…- me solté de su abrazo y continúe corriendo.
Ese era el principio de una serie de mareos espontáneos que se volvieron desmayos con el paso de los días, fue cuando bajando las escaleras hacia el vestíbulo que Arturo de dio cuenta de que algo estaba mal en mi.
-
¿Cómo te encuentras?- se acerco a mí con voz seca.
-
solo estoy un poco débil y es lógico nunca le había exigido tal rendimiento a mi cuerpo…- dije tomando un sorbo de agua que me había traído.
-
eso no es normal… lo chicos me han dicho que han sido varias veces que te desmayas o te mareas- por primera vez en mucho tiempo Arturo me miro a los ojos, era como verme a mi misma pero en otro rostro- ¿has comido bien?
-
bueno… si… bueno no…. Solo un poco…- fueron las únicas palabras que salieron de mi boca.
-
ya veo…- Arturo se levanto y fue hacia la cocina, extrañada yo lo seguí.
En la cocina estaban Jacob y Matt, preparando una serie de deliciosos platillos que figuraban entre los favoritos Paloma.
-¿Qué significa esto?- preguntó anonadada la pequeña, Paloma mirando a ambos y luego a Arturo.
- estas débil y deberás comer algo- respondió Arturo dándole la espalda y saliendo de la cocina.
-¡vamos pequeña Palomita!- Matt la empujo hacia una silla de la barra de la cocina y le acerco un plato con fideos chinos- deberás de comer algo o de lo contrario…
-…no seguirás con el entrenamiento- Jacob le acerco un plato de pollo frito- no creas que no nos hemos dado cuenta de que te vas de la mesa sin comer- Jacob se sentó frente a ella y la miro con una sonrisa.
-
por eso debes de comer cosas sanas- Matt Alejo el pollo frito de Jacob y le acerco un plato de sopa de cebolla.
-
pero que te gusten- Jacob le Alejo el plato de sopa y le ofreció un trozo gigantesco de pizza de tres quesos.
-
y que te mantengan sana- Matt quitó el pedazo de pizza y le dio una ensalada verde.
-
pero que te den energía- Jacob le hizo a un lado el plato y le puso enfrente un filete.
-
¡tienes algo en contra de mi comida Jacobobo?- Matt golpeó la mesa con ambas manos y retirándole el plato a Paloma.
-
tú eres el que tiene algo en contra de lo que yo le cociné a Paloma- Jacob le retiró la ensalada.
-¡chicos, esperen!- Paloma se puso de pie y separó a ambos chicos de su, ya nada sorprendente duelo de miradas- ¿Cómo esperan que coma si me quitan toda mi comida?- a ambos les dirigió la misma sonrisa.
-
tienes razón…- comentó Jacob avergonzado.
-
vamos lindura siéntate y nutre esos huesos- Matt le ofreció de nuevo la silla y Paloma tomó un platón vacío y colocó en él unos poco de fideos, una pierna de pollo, un poco de ensalada y un trozo considerable de filete, tomo la sopa de cebolla y se sentó a comer.
-
¿pasa algo Palomita?- Jacob notó que Paloma se había quedado inmóvil y sólo viendo la comida.
-
nada- Paloma dio un largo suspiro y después se dispuso a comer, la verdad era que ella no tenía hambre, había dejado de tenerla hace un tiempo, pero los chicos tenían razón, si ella no comía entonces estaría muy débil y no lograría terminar con el entrenamiento.
-
¿no te gustó la comida Palomo?- Matt pregunto preocupado mirando a su amiga comer tan lento.
-
no es eso, de hecho esta todo delicioso- Paloma sonrió ten convincentemente que pudo engañar a los chico, pero había alguien que jamás engañaría y ese era Arturo.
Estaba recargado detrás de la pared de la cocina escuchando atentamente todo lo que los chicos decían, pero con los ojos cerrados para tratar de retener unas gruesas lágrimas.
Estaba siendo muy cruel con Paloma, pero lo peor, era que no podía evitar serlo, ella había aceptado tan cruel misión y para ello tenía que ser así.
-bien chicos, gracias por la comida, debo de ir a continuar con el entrenamiento- Arturo escucho que Paloma se ponía de pie y salió disparado de ahí con dirección al jardín.
Cuando Paloma salió, le había dado tiempo suficiente para tranquilizarse y retomar la postura fría que había adoptado con la chica.
-
ven- ordenó en un tono severo- a partir de hoy aprenderás a pelear cuerpo a cuerpo- dijo él acercando con telequinesis un par de colchones.
-
¿y esto ayudará a mis poderes?- Paloma estaba confundida.
-
esto ayudará a que si te quedas de nuevo sin poderes, logres defenderte- contesto el hombre poniéndose en posición de ataque y Paloma lo imito- recuerda, confía en ti, en tu propio cuerpo…- comenzó a atracar, pero Paloma no duro ni diez segundo de pie, pues Arturo la había golpeado en la pierna- levántate…-
La chica obedeció, comenzaron de nuevo a pelear, pero de nuevo Paloma fue fácilmente derribada por los golpes de Arturo.
-conserva tu equilibrio, concéntrate- Arturo volvió a atacar, fuertemente, un golpe tras otro, una caída tras otra, a Paloma la estaba haciendo trizas- ¡vamos! ¡Levántate!- le gritó fuertemente, sabía perfectamente que a Paloma no le gustaba que le gritaran necesitaba que reaccionara, que sacara esa fuerza interna, para después concentrarla, pero no resultó en ese mismo momento, Paloma trataba y se levantaba y volvía a ser derribada.
No se dieron cuenta de cuánto tiempo estuvieron ahí, pudieron haber seguido por días, si es que Jacob no interviene para detener el entrenamiento.
-¡basta!- Jacob tomó a Paloma un instante antes de que cayera al suelo, estaba sudando y sangraba de la parte superior de su ojo y su labio, tenía morenotes muy pronunciados por todo su cuerpo y casi estaba inconsciente- ¡vas a matarla!- Jacob estalló en ira, no permitiría que nadie dañara a Paloma.
-
Jacob…- alcanzó a decir la chica- déjanos… debemos… seguir- Paloma no tenía fuerzas ahora para ponerse en pie, por lo que se tambaleo y cayó al suelo.
-
el chico tiene razón- Arturo miro decepcionado a Paloma y luego agregó- continuaremos mañana, descansa…- se dio la media vuelta y entró a la casa.
Jacob tomo entre sus brazos a Paloma y la llevó a su habitación; cuando llegaron ahí Matt ya estaba con compresas frías para curar a Paloma y por primera vez ambos chicos no pelearon, se quedaron en silencio, un silencio fúnebre y espectral.
Durante toda la noche los chicos no se alejaron de ella, la miraban dormir, en parte no querían dejarla sola y en parte sentían que si se iban estarían abandonando lo más importante en su vida.
Paloma despertó a la una de la tarde del siguiente día, aún tenía su rostro un poco hinchado, pero lograba articular algunas palabras, tomo el desayuno que los chicos habían dejado en la barra de la cocina y miro expectante la casa.
Después de haber tomado toda la comida, miro a su alrededor y se tapó con las manos la cara, sollozó un par de minutos con los ojos cerrados. Estaba asustada, se sentía débil y no lo podía demostrar.
-ese es tu verdadero problema…- la fría voz de Arturo la hizo reaccionar y rápidamente se secó las lágrimas.
-¿de qué hablas?- la chica trató de aclararse la garganta, mirando fijamente al frente.
-
te sientes débil, pequeña, no te crees capaz de lograr lo que eres- Arturo se acercó más a ella- los fantasmas de tu pasado, los remordimientos… tu autocompasión, no te dejan avanzar-
-
¿tú me hablas de autocompasión?, ¡por Dios Artorius!- Paloma se levantó del banco y lo miro con rencor- ¡eres tú el que se auntocompadece, el que se culpa y se castiga!-
-
¿Qué demo…?-
-
¡de la muerte de mamá! ¡De eso estoy hablando! ¡De tu relación con ella!- no sabía que había detonado aquello pero no pretendía páralo.
-
¿crees que estoy confundido? ¡Ame a tu madre más de lo que te imaginas!- Arturo la miro de igual manera.
-
¿la amaste? ¿Y por eso la abandonaste? ¿ Por eso huiste de nosotras?- Paloma alzó mucho más la voz, algo en su interior se encendía, algo que no podía controlar.
-
¡tú no sabes nada!- Arturo jamás había sentido esa rabia tan latente, tan fuerte, tan viva.
-
¡tú eres el que no sabe nada! ¡Pretendiste ser humano y todo te salió mal!- Paloma gritaba descontroladamente, los anaqueles de la cocina comenzaron a vibrar.
-
¡si eres tan buena para recriminarme eso! ¿Por qué comentes mis mismos errores?- los ojos azules de ambos se volvían negros con cada frase.
-
¿de que estas hablando?- Paloma paró en seco, la cocina se volvió más tranquila.
-
tú pretendes ser una chica normal, con deberes normales- Arturo la tomo por los hombros y la miro fijamente- ¡pero no es así!- Arturo la sacudió un poco- ¡eres diferente, acéptalo!- después la soltó y miro al suelo- porque si no lo haces, entonces… entonces nada de esto tendrá sentido-
-¿te parece si arreglamos esto entrenando?- Paloma lo miro con pena, se sentía avergonzada de sí misma, por recriminarle algo en el momento menos indicado.
- si…-
Ambos salieron silenciosos al jardín, estaba comenzando a llover, pero eso no los detendría. Arturo se puso en posición de ataque, sentía un dolor tremendo cada vez que Paloma caía, pero debían continuar, pues ambos no tenían marcha atrás.
-
concéntrate- le dijo el esquivando fácilmente una patada de ella- despeja tu mente, confía en ti misma- le decía mientras la derribaba una vez más- usa todo lo que está dentro de ti- Arturo la ayudaba a levantarse para seguir con el entrenamiento- alegría, dolor, ira- Paloma lo había golpeado con fuerza en el mentón- eso, usa todo ese enojo-
-
no estoy tan enojada como tú- le decía con una sonrisa.
-
claro… ¿Por qué estar enojada?... si no es porque todos te consideran débil…- Paloma lo golpeo de nuevo en el rostro-… o porque Alexander se cree con el suficiente poder para destruirte…- Paloma lo pateo con fuerza en el abdomen y Arturo se dobló un poco.
-
¿duele?- contestó Paloma desafiante.
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no tanto como siempre tener que depender de Jacob para que te salve- había encontrado su punto débil, el detonante de todos sus poderes, la ira, el más descontrolado de todos los sentimientos humanos, era la clave para despertar a la mano izquierda de Dios; Arturo no logró defenderse y sólo salió volando víctima de una ola de energía que se desprendió del cuerpo de Paloma.
Quizá solo fue una milésima de segundo, pero al desprenderse esa fuerza de energía hasta la lluvia se detuvo.
Hola!!! lo se... lo se.... han pasado un lustro para que actualizara pero les tengo noticias, ahora voy a tratar de hacerlo mejor!!!!!!!!
Bueno, antes que nada quiero agradecer que se pasen por mi historia, la lean y si les gusta mucho la agregen a sus favoritos!!!!!! ahora ya vamos por casi las 2300 lecturas, espero que superemos esta meta con los proximos capitulos!!! y espero que si desean dejarme un comentario, una critica, un saludo, una felecitacion, una queja, un chiste o un refrán se pasen por el espacio destinado a ello... jejejeje GRACIAS POR SU MARAVILLOSO APOYO Y POR LEER MI HISTORIA CHIC@S L@S ADORO!!!