← Alas blancas · de
Alas blancas — capítulo 36
… Al final de la vida, puedes elegir simplemente morir… pero si eliges vivir, entonces deberás de afrontar todo lo que conlleva esa decisión…
Paloma respiraba entrecortadamente, cada minuto que pasaba era como una tortura, sentía que a cada latido se le iba un pedazo de vida, trataba de respirar más aire, como si no le alcanzara el que estaba a su alrededor. La escaza vida que le quedaba le ardía en el fondo de su pecho, todo lo que habían dicho de la muerte, era una mentira, no había una luz al final del túnel, no pasaba toda tu vida frente a tus ojos, solo había dolor, ese dolor que sentía por la vida que se le escapaba entre las cortadas de su cuerpo.
La sangre fluía hacia su mortal libertad y ella no podía hacer nada por retenerla, observo la mirada inexpresiva de Alexis, no podía descifrar si lo que sentía aquel ser era miedo o esperanza, de pronto toda imagen careció de sentido, el mundo comenzó a dar vueltas cada vez más rápido, sus ojos se inundaron de lágrimas y después solo cuando el dolor de sus latidos era insoportable, todo fue negro.
Era como quedarse dormida después de un agotador día sentía la pesadez de sus brazos y sus piernas… pero después nada, no sentía nada, ni dolor, ni angustia, ni amor o esperanza; solo un tremendo vacío como si la hubiesen estirado demasiado y ahora todo tuviera mucho espacio dentro de ella.
Abrió los ojos, sentía el mismo dolor que al morir pero amplificado cien veces más, se dobló sobre sus rodillas, la imagen que observo fue la de la misma caverna, oscura y fría. Salió huyendo de ahí, solo quería dejar de sentir dolor. Pero cuando salió a la superficie, todo era destrucción y soledad.
Unas gruesas lagrimas se acumularon en su rostro, pero no salían, sentía ese nudo en la garganta estrangularla, pero no había señales de poder liberar el llanto. Se dejó caer sobre las rodillas, abrazando su pecho, se sentía como un animal herido, peor que un animal, como un insecto pisoteado, pero al que no ternaron de asesinar. Todo lo que había aparentado ser, lo de la chica fuerte, lo de poder vencer a Mannon, lo de lograr eliminar ese horrible destino, había sido una mentira.
Escucho ruidos a su alrededor, quizá pinzas golpeando metal, o gruñidos de animales feroces, tal vez el rechinar de algunos dientes, pero a ella no le importaba nada a su alrededor, sentía como le jalaban de los brazos, de las piernas, como le arrancaban la piel, pero nada, ella no reaccionaba.
No quería moverse de ese lugar, no quería saber nada del mundo, al final no tenía más sangre que dejar en aquel infierno, todo carecía de significado. Solo el miedo invadiendo su alma, solo la desolación de saber que no podía hacer nada, solo eso existía.
Claro que sentía dolor ¿pero acaso eso importaba? Tenía en sus manos la última esperanza del mundo y había fallado, se sentía desilusionada, quería desaparecer simplemente. Pero de pronto en todo ese escenario de dolor algo había cambiado.
Se miró las manos, tanto pies, piernas, rostro, todo estaba intacto, observaba como las criaturas que ahí habitaban se escondían en su presencia, algo la impulso a levantarse. Noto que estaba descalza, que el suelo estaba caliente, que había vidrios y piedras ásperas esparcidos por todas partes, pero decidió caminar.
Cada paso que daba sentía como si un pedazo de piel que quedara en el suelo, y en las partes que no quedaban piel, comenzaba a desprenderse su carne, pero ella no podía dejar de caminar. Por primera vez en su vida sentía miedo, pero no se estaba acobardando.
Camino tal vez por horas o quizá fueron días, pudieron haber sido años y eso no importaría, pues en aquel terrible lugar no existía el tiempo; al final tropezó pues sus pies comenzaron a fallarle, pero aun así no se detuvo, no tenía más remedio que arrastrarse.
Sentía que sus ropas se fundían con su piel, chamuscándose dolorosamente, las palmas de sus manos se podían ver rojas y frescas, llenas de ampollas, o pedazos donde ya no existía ningún tipo de protección.
Pero no podía dejar de avanzar, nada la detendría, no tenía claro cuál era el destino de aquel peregrinar, pero sabía que sería algo bueno, o eso esperaba, tenía fe; por primera vez en toda su vida tenia fe en que las cosas serían mejores después de ese martirio.
Cuando estaba casi inconsciente llego a rastras a algo que ella podría llamar claro, en ese bosque de destrucción y soledad, ahí estaba clavada en el suelo Fonteius, brillando como si estuviera esperándole desde hace mucho tiempo atrás.
Paloma se levantó con dificultad, era su orgullo el que no la dejaba acercándose arrastrando hacia la espada, pero al llegar a ella cayó, pero aun así se recargo sobre su espada, como si ella fuera una mano amiga. Trago saliva, tenía en los ojos sudor y lágrimas entremezclados con polvo y sangre.
Dio un respiro y saco a Fonteius de aquel refugio, pero no pasó nada; ella pensaba que después de hacer ese suplicio y sacar la espada, todo se arreglaría. Callo inerte al suelo, esperando ver aquellas estrellas hermosas que había visto esa noche, pero el cielo estaba opacado por gruesas nubes, rayos encendían de vez en cuando aquel cielo nublado, pero paso el tiempo y no caía ni una gota de lluvia.
Paloma se quedó ahí recostada con Fonteius en una mano y esperando a quedar inconsciente, pero no pasaba nada, ni la atacaban, ni desaparecía, ni se quedaba inconsciente… solo la nada ¿Qué clase de infierno era ese?... era pues su infierno.
Arturo se quedó paralizado, esa opresión en el pecho era exactamente igual a la que sintió cuando Camila murió, el día que comenzó a intensificar su búsqueda para localizar a la mano izquierda de Dios. Ese dolor en el pecho solo significaba algo: Paloma estaba muriendo.
No podía dejar pasar más tiempo, apenas salió de la casa de Amelia y se desapareció, sabía que aquel dolor lo llevaría a donde estaba su moribunda hija.
Cuando abrió los ojos se encontró frente a un imponente volcán, el Popocatépetl, Arturo dejó salir una risita burlona por el romanticismo estúpido de su hermano gemelo. Entró a la primera abertura que encontró y observó asombrado como Alexis golpeaba desesperado la pared de la caverna, en el centro yacía Paloma en un charco de sangre sosteniendo a Fonteius con la mano derecha, tenía los ojos cerrados y los brazos extendidos.
-¿Qué hiciste?- exclamó furioso Arturo- ¿Qué fue lo que le hiciste?- tomo a Alexis de la chaqueta negra que traía y lo azotó contra la pared-¿Cómo pudiste usar la ira de Dios en ella?
-yo creí que soportaría… ella es fuerte, pero… no lo sé… no sé porque no despierta… ¡ella es la mano izquierda de Dios!- Alexis estaba desesperado igual que él- no puede morir… no puede…-
Arturo se acercó a Paloma, estaba helada, moriría en cualquier momento, sino hacían algo en ese instante, lo primero que se le ocurrió fue ir personalmente al infierno, tomo su propia espada y apunto con ella hacia sus muñecas; su hermano debió adivinar sus pensamientos y lo detuvo.
-¿de qué te serviría?- Arturo se soltó de la mano de su hermano- podría ahora estar desmembrada por los carroñeros… entonces ¿la salvaras?- Alexis hablaba en un tono frio e inexpresivo- ¡no seas imbécil!-
-¿y qué se supone que debo de hacer?- Arturo le grito a su hermano con todas las fuerzas que tenía- ¡dejar que se muera! ¡Esperar a ver si tu enfermo experimento funcione?...- Arturo retomo su idea y miró a su hermano- si tu no piensas bajar para salvar al único ser que puede conservar el equilibrio yo lo hare- Alexis lo detuvo de nuevo y lo miro en semblante serio.
-hay otra forma… puedes llamarlo…- Alexis soltó su brazo esperando a que su hermano captara la idea y no hiciera cosas estúpidas.
Mapy repasaba lo que tendría que hacer en el conjuro candado cuando un frio aterrador le recorrió el cuerpo desde su muñeca izquierda hasta su corazón, aquel frio congelante provenía desde una sencilla pulsera con un dije.
-¿No se supone que tendrías que esperar a mañana?
-¡Feliz navidad amiga!-Mapy sonreía como nunca esperando a que Paloma abriera su regalo, dentro de la cajita había una pulsera con una piedra color marfil-Se supone que es para que las dos seamos amigas por siempre, si alguna esta en problemas la otra lo sabrá, lo hechicé yo misma-Mapy la tomó y se la puso en la muñeca de su amiga.
-¡Woo! Yo sólo te tejí un suéter-Paloma alzo ambas cejas y le entregó una caja grande de color negro con un moño dorado-Pero la intención es lo que cuenta ¿no?-Mapy lo saco, era un lindo suéter de color negro, con una capucha.
-¡Es genial! ¡Nadie nunca me había hecho algo a mano!-Mapy estaba muy emocionada con su regalo-¡Cielos!... Tengo que irme ya, es muy tarde-se despidió con un beso en la mejilla.
Ella se puso en pie dejando caer el viejo libro de hechizos de tía Amelia, corrió como pudo hacia el comedor, donde se encontraba el resto. Pero a quien Mapy buscaba era a Matt. Con ojos aguados se acercó a él y cuando estuvo en sus brazos se derrumbó.
-¡Mapy!- Matt la sostuvo entre sus brazos y la reconforto- ¿Qué ocurre?- estaba preocupado por la chica y la abrazó más fuerte.
- está muriendo…- susurro Mapy entre sollozos, la chica sintió como Matt se tambaleaba, de seguro el también sentía como la vida de su mejor amiga se desvanecía como el humo- está muriendo y no sabemos en donde esta…- Mapy comenzó a llorar más fuerte.
Al escuchar eso la estancia se volvió silenciosa, Raúl apretó los puños con rencor fulminando a su tía con la mirada; tía Amelia se dejó caer sobre la silla con los ojos aguados; Isa se dejó caer sobre el suelo con las manos en el rostro, gritando desesperadamente "No, no…"
-Mapy ven…- ordenó Matt jalando a Mapy de los brazos, ella sin muchas fuerzas se dejó conducir por la casa, llegaron a la cocina y Matt la miró fijamente- no es casualidad que tú seas amiga de Paloma, no es casualidad que hayas sido la primer novia de Jacob, tú debes salvar a Paloma…-
-pero yo no sé… no sé cómo- Mapy comenzó a llorar más fuerte.
-¡debes hacerlo Mapy! - Matt le sacudió por los hombros- ¡debes hacerlo porque tú conoces el corazón de Jacob y el corazón de Paloma! Solo a ti te escucharían… ¡así que haz algo por tus amigos y sálvales la vida si realmente los quieres como dices!- Mapy lloro más y con más desesperación.
-no puedo… yo solo soy… solo soy-
-solo eres la mejor amiga de Paloma, no debes de tener un poder especial, solo con la amistad basta… si ella estaba triste o en un terrible peligro ¿Qué haces?- Mapy dejo de llorar y abrió la boca varias veces pero sin emitir un solo sonido- ¿Qué haces Mapy?- Matt estaba cada vez más desesperado, si Paloma moría, él iba a desaparecer.
- llamo a Jacob…- fue lo primero que se le ocurrió decir, era lo que generalmente hacia- pero ahora él está…-
-él puede escucharte- Mapy se limpió las lágrimas, había entendido lo que le quería decir Matt, pero aun así no sabía cómo- con esto…- Matt le entregó un medallón con el grabado de una flor de Lis.
-el medallón de alquimista…- Mapy lo tomo entre sus manos y suspiró, seguía sin saber qué hacer, pero en momentos como eso más le valía improvisar.
Mapy cerró los ojos, trato de hacer que su mente, su alma y todo su ser se extendiera para buscar a Jacob, para buscar algún rastro de él.
"Jacob… sé que puedes escucharme… sé que no la abandonaste, ahora ella te necesita, sé que lo sabes, sé que lo sientes, sé que a pesar de todo lo que han dicho, tú la amas… por favor Jacob ayúdanos"
El tiempo se había detenido, y el dolor se amplificaba, cada momento era como si hubiesen calvado mil agujas en su cuerpo. Pero no podía hacer nada, ni dormir, ni llorar, ni gritar. Nada que no fuera sentir ese dolor atroz; se preguntó si realmente ella era la elegida como la mano izquierda de Dios, si realmente tenía ese místico y grandiosos poder del que todos le habían hablado.
Pero ahora, tirada ahí, sintiendo como su piel se quemaba, como su esperanza se esfumaba, nada importaba, ahora estaba segura de que estaba muriendo, en cuerpo yalma, estaba desapareciendo poco a poco y tardaría una eternidad en desaparecer por completo. Sintiendo por siempre ese dolor.
-por siempre es mucho tiempo… ¿no lo crees?- una voz grave la hizo voltear, era una figura masculina envuelta en una túnica negra, en su cabeza tenía una capucha que tapaba su rostro y en sus manos tenía una espada fuertemente empuñada y estaba sentado al lado del cuerpo de Paloma.
-¿Quién eres?- Paloma tenía la garganta ronca y la boca seca, trato de incorporarse sobre sus manos, pero el dolor era tal que cayo nuevamente sobre su espalda.
-¿yo?... soy nada…- dijo el sin revelar su rostro se puso de pie- pero tú… me han dicho que eres la mano izquierda de Dios… ¿Qué es lo que haces aquí?- la figura le apunto con la espada.
-yo… no lo recuerdo- Paloma tomó extrañada a Fonteius y la levanto- debía buscar algo… pero no recuerdo que es…- hundió a Fonteius en la tierra y se levantó, su vista estaba nublada, le ardían los ojos y sus piernas le temblaban.
-
¿de verdad eres tú?- la voz de aquella persona sonaba incrédula, bajo la guardia por un momento y se le acercó un poco.
-
¿Quién?- Paloma no entendía nada ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Qué era ese lugar?, no recordaba cómo había llegado ahí, que era lo que tenía que hacer.
-
¿eres tú la mano izquierda de Dios?- ella quería huir, ¿Qué significaba eso? ¿Quién era ella? ¿Qué estaba pasando?- ya veo… no eres la persona que estaba buscando- aquel hombre sonaba desilusionado y tomo su espada con ambas manos- la elegida nunca olvidaría quien es- blandió su espada, estaba a punto de impactarla sobre la cabeza de Paloma, pero algo detuvo la trayectoria de la espada.
Había sido Paloma quien con un movimiento rápido detuvo el ataque, ambas espadas se encontraban luchando, al ver que la espada de la chica no cedía, el hombre encapuchado tomo con ambas manos la empuñadura de la espada, empujaba con todas sus fuerzas, pero la espada de Paloma no se doblegaba ni un milímetro.
-¿Qué eres tú?- incrédulo empujo con todas sus fuerzas pero la muñeca de Paloma fue más rápida, de un momento a otro esta desarmado- ¡no eres ella! ¿Cómo te atreves?-
-es muy probable que no sea la mano izquierda de Dios…- la chica temblaba sobre sus pies, pero aun así no se inmuto ante aquella presencia- pero se quién soy… yo soy Paloma Rosas Velázquez… y yo prometí luchar para salvar a las personas que amo…- había recordado quien era ella, sintió de pronto como todas sus fuerzas regresaban a su cuerpo, como cada herida era curada, poco a poco volvía a ser ella- no mi interesa saber si soy o no la elegida..- Paloma empuño su espada y se acercó a el hombre de la capucha- me interesa saber cómo salir de este lugar…- apunto con su espada a aquel hombre, este solo rió y tomoa Fonteius con ambas manos.
- ¿estas segura de que te puedes ir con solo amenazarme Paloma?- su voz sonaba extrañamente familiar, el hombre se reincorporo de forma espectral, casi como si flotara.
El sentimiento que embriago a Paloma, fue el mismo que hace algunos días, una extraña mezcla de soledad, miedo y desesperación; comenzó a respirar entrecortadamente, dio un par de pasos hacia atrás, esa presencia era la misma que había sentido desde hace días. Gruesas lágrimas cayeron por su rostro, eso sorprendió a Paloma, en todo el tiempo que había pasado ahí, nunca había llorado ¿Por qué ahora sí?
-tendrás que enfrentarme primero y yo determinare si puedes salir o no de aquí- esa voz hacía temblar a Paloma, quería huir de ahí, quería escapar, dio media vuelta sobre sus tobillos, pero una espacie de animales descarnados con bocas grandes, colmillos ensangrentados y sin ojos le cerraron el paso- no puedes huir Paloma, a menos que quieres enfrentarte a los carroñeros- su voz parecía burlarse de ella, tomo su espada y giró sobre sus tobillos, no tenía más opción que pelear.
-está bien… peleare contigo- Paloma empuño su espada, no sabía por qué de pronto tenía miedo de aquella persona, su presencia antes no le había molestado, pero ahora, mirándolo de frente, sentía temor.
-¿estas lista?- aquella espada era tan poderosa como Fonteius, envestía con ira y deseo de matar, a pesar de eso su dueño era tosco en sus movimientos, los hacia pesados y cargados de fuerza pero carentes de rapidez.
Para Paloma le fue muy fácil leer sus movimientos, no implicaba gran esfuerzo determinar el movimiento siguiente de su enemigo, la pelea era fuerza contra rapidez e intelecto; pero en vez de relajarse más por lo acontecido; algo no le estaba cuadrando en esa ecuación ¿Por qué esto era tan fácil?
-en definitiva…- decía su oponente esquivando el ataque de Fonteius- no cabe duda que eres la mano izquierda de Dios…-
-¿Por qué dices eso?- Paloma trataba de desarmarlo a toda costa, solo quería salir de ese lugar.
-tus movimientos son calculadores, tu forma de pelear no deja espacio a dudas de que asesinarías en cualquier descuido… solo alguien destinado a una guerra podría enfrentarse en cuerpo y alma a una batalla… solo alguien destinado a ser la fuerza de Dios en la tierra olvidaría todo, excepto luchar…- Paloma bajo la guardia un instante y una fuerte envestida emitida por ese oponente encapuchado la sorprendió- tienes razón Paloma, tú no eres la mano izquierda de Dios…- la desarmo de un momento a otro y le apuntaba hacia su cuello- ya no lo eres, olvidaste todo… menos asesinar- Paloma tomo la muñeca de aquel desconocido y atino una potente patada en la quijada de aquel sujeto, con su telequinesis recupero a Fonteius y miro con desprecio al hombre que yacía en el suelo- anda hazlo, eso solo comprobaría que es verdad lo que te estoy diciendo- Paloma tomo la espada de su adversario y se la arrojó.
-
te probare que sigo siendo la mano izquierda de Dios…- el duelo comenzó de nuevo, el sonido de las espadas al chocar era estruendoso, pero por alguna razón las criaturas que estaban a su alrededor comenzaron a verse más desesperadas.
-
te has olvidado de quien eras Paloma…- el miedo que le tenía a aquella presencia de amplifico, lo que provoco que Paloma hiciera ataques más desesperados, ahora los papeles se estaban invirtiendo, él era el ágil y ella la torpe- olvidaste porque luchabas… solo te concentraste en tu venganza… ¿pero eso de que te sirve ahora? ¿Tendría algún sentido asesinar a Alexander? ¿Te hizo sentir mejor matar a Lilit?...-
-¿Qué esperabas? ¿Qué dejara ir a un demonio como ella?- Paloma comenzaba a respirar agitadamente, el duelo se detuvo un momento, ambos se miraban de frente, caminando en círculos- la mate porque eso es lo que se debe hacer con los demonios…-
- no Paloma, la mataste porque decidiste echarle la culpa de que Jacob te abandonara…- Paloma se detuvo un momento sorprendida- la mataste por venganza, y matarás a Alexander por las mismas razones y ¿luego qué? ¿Mataras a tu tía Amelia por obligarte a venir aquí o Artorius por engendrarte?... estoy seguro de que matarías incluso a Jacob por abandonarte…- Paloma no se detuvo más y arremetió contra él con todas sus fuerzas.
-¡Jacob jamás me abandonó!- gritó con todas sus fuerzas arrojándolo con su telequinesis, pero al parecer nada de lo que ella hiciera dañaba a aquella figura encapuchada.
-al menos es un progreso, admites que él no te abandonó… ¡fuiste tú!- su voz se transformó en una más grave y áspera, la ira invadió cada uno de sus ataques- ¡lo olvidaste! ¡Olvidaste lo que hizo por ti!- ella ahora se enfureció mas estaba perdiendo el control de sus ataque de su cuerpo, de su mente.
-¡yo jamás lo abandonaría! ¡Yo lo amaba!- Paloma expulsó parte de sus poderes, en esta ocasión parte de la capa del extraño de desgarró, se quedó en el suelo, respirando agitadamente.
-¿lo amabas?... quizá no sea un genio, pero esa oración esta en pasado…- en su voz se escuchaba la ironía- es momento de terminar esto Paloma- aun sin revelar su rostro tomó su espada y volvieron a la pelea, dio un par de estocadas mas pero Paloma lo desarmo de nuevo.
-no… estoy mintiendo- Paloma sentía su corazón latir a mil por hora, pero no tenía nada que ver con la pelea, ni siquiera se dio cuenta de que lo había desarmado, estaba ahí parada viendo de frente la verdad que nunca quiso ver: Jacob no la había abandonado y ella no había dejado de amarlo.
-¿de que estas hablando?...-
- dije un mentira…- Paloma comenzó a caminar en sentido contrario a donde estaba la batalla- ¡dije una mentira!- estaba tan feliz que logro abrirse camino entre la manada de carroñeros con un solo movimiento de mano- ¡no amaba a Jacob!...- el cuerpo de Paloma comenzó a brillar y de su espalda salieron un par de alas blancas enormes e imponentes-¡yo aún lo amo!- comenzó a volar y de un movimiento de su espada abrió un portal hacia la tierra.
-es bueno saber que regresaste Paloma…-
Del charco de sangre donde yacía el cuerpo de Paloma salió una luz tan fuerte y tan brillante que dejo a ambos levitas cegados por un momento, cuando por fin recuperaron la vista, lo que vieron fue tan impresiónate que a ambos los dejó con la boca abierta; era Paloma quien en su espalda tenía unas gigantescas alas blancas, vestía de blanco y tenía fuertemente empuñada su espada.
-creo que es momento de detener un demonio…- Paloma hablo serenamente y les sonrió, pero Arturo se limitó a abrazarla, ese sentimiento de calma lo invadió por todo su ser, pero aun así Paloma lo separo- no hay tiempo que perder Artorius, el último de los levitas…-
-¿tienes un plan?- preguntó Arturo mirando con orgullo a su hija.
-no, pero he visto cosas, en el infierno no hay más que destrucción y desesperanza, pero si no detenemos a Mannon no quedara ni eso…- miró a Alexis quien con una reverencia le respondió- vamos, no tenemos tiempo que perder.
Paloma salió volando hacia la superficie, contemplo con una inexplicable alegría las estrellas que tanto había deseado ver; clínicamente había estado muerta dos minutos, pero dos minutos en el infierno eran una eternidad sin ver esas estrellas.
-sé que puedes oírme Jacob… y sé que te volveré a ver- Paloma dirigió su rumbo hacia el centro histórico de la ciudad de México.
Aterrizo suavemente sobre la plancha del zócalo, era de madrugada por lo que no se veía ni un alma pasar por ahí. Parecía extraño ver ese lugar tan concurrido en el día, ahora tan solo.
Demasiado tranquilo y silencioso, Paloma apretó su mano sobre la empuñadura de su espada, la plancha del zócalo estaba rodeada de edificios estilo colonial, a un costado estaba la catedral, al centro se erguía el asta bandera, donde una pesada manta tricolor se movía con la apacible brisa y al fondo en la parte más lugre y oscura de todas, estaba el templo mayor.
La chica dio un par de pasos hacia el centro de la plancha del zócalo; una mano fría le tapó la boca y la arrastro hacia un costado donde se encontraba un monumento de mármol.
-¿se puede saber qué haces exponiéndote?- la voz preocupada de Matt llego alegre pero preocupada al mismo tiempo a los oídos de su amiga.
- me alegra escucharte de nuevo para que me regañes como en los viejos tiempos- Paloma sonrió con la misma calidez que antes y le abrazó muy fuerte.
-claro está, que en los viejos tiempos era más fácil abrazarte—Matt señaló el par de alas que salían de la espalda de la chica.
-Acostúmbrate…- Paloma le mostró la lengua y arrugo el rostro.
- este no es momento de jugar…-- dijo Matt en tono más serio—hay que acercartesana y salva a las ruinas del templo mayor…- Matt la tomó del brazo pero ella se separó.
-no—la voz de Paloma sonaba llena de determinación—ustedes van a cuidarse unos a otros y a sobrevivir…-
-¿Cuándo dejaras de ser tan egocéntrica Paloma?—una conocida voz femenina sonó en sus espaldas, Paloma giró sobre sus tobillos y miró de frente a su mejor amiga en todo el mundo; Mapy la miraba con semblante serio, y ambos brazos cruzados - ¿Cuándo entenderás que tal vez y solo tal vez… no tienes que hacer todo sola?- Mapy tenía los ojos inundados en lágrimas, pero se estaba conteniendo para ser fuerte como Paloma.
-no dejaré que nadie muera esta noche… no por mí—Paloma la abrazo muy fuerte como a la hermana que nunca tuvo—…Matt tiene razón, es difícil abrazar con esto…— Paloma se limpió un par de lágrimas, mientras soltaba una risita.
-bien hagámoslo—Matt tomo de los hombros a ambas y mirando hacia el templo mayor.
-no piensan hacerlo solos ¿verdad niños?—Paloma sintió un hueco en el estómago, esa voz era la de su hermano quien puso una mano en su hombro para expresarle su apoyo.
-bueno… nunca caen mal un par de manos extra—Paloma miró a Raúl, tantas veces que le hubiese gustado verlo de frente, abrazarlo o simplemente golpearlo; y ahora ahí estaba sonriéndome como si fuéramos a subir a una montaña rusa.
- entonces ¿estamos completos?—Raúl suspiró, pero antes de que Paloma contestara una sombra se les acercó lenta y sigilosamente; los ojos de la chica se iluminaron al reconocer quien era aquella persona.
AWWWWWWWWWW!!!!... de verdad!!! De verdad lo siento mucho!!!!! Quería terminarla en un solo capitulo, pero son tantas cosas que no creo poder hacerlo una sola parte… T_T… pero no se preocupen, trataré de hacer lo posible para que solo sean dos partes del final… Bueno espero que les haya gustado el capítulo, me agreguen a sus favoritos y si tienen tiempo me comenten!!! Los amo mis lectores invisibles, entre más leen mi historia más rápido escribo!!!!