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Historia 34969 — capítulo 3
Cuando llegamos a casa era cerca de mediodía. Apenas habíamos hablado durante el viaje, Melinda no se había despertado aún y, por suerte yo pude bloquear los pensamientos de mi padre y mis hermanos, y pude perderme en los míos propios.
Era increíble la curiosidad que se me había despertado con respecto a Melinda. La llevaba sentada encima mio y no podía dejar de mirarla, quería que despertara, lo necesitaba más bien. Tenía que hablar con ella, preguntarle qué era lo que había sentido, como se encontraba mientras la quitaba la vida sin querer.
-¿Estás bien, Mike? -la pregunta de Mark me hizo levantar la vista de Melinda y salir de mis pensamientos por unos segundos, un par de horas antes de llegar a casa.
-Si. Si, estoy bien -contesté intentando sonar tranquilo.
-Pues pareces preocupado -me dijo Alex.
-No, no nada de eso. Es solo que me extraña que no haya despertado ya -mentí descaradamente.
-La verdad es que si es raro. Parece estar bien -dijo Jason, arrugando la frente concentrándose en las constantes vitales de su sobrina.
-Lo está, no te preocupes, Jason -dije volviendo a mirarla con curiosidad-. Está mejor de lo que te puedas imaginar.
Cuando llegamos a casa las chicas nos estaban esperando con la ansiedad reflejada en sus rostros eternos.
-¿Está bien? -preguntó mi madre, en cuanto salimos del coche.
-Sí, cariño, tranquila. Solo está dormida -contestó mi padre besándola en la frente-. ¿Dónde la acostamos? Necesita descansar.
-En mi cama. Yo no la utilizo nunca. Puede dormir ahí -dije subiendo las escaleras para entrar en la casa.
En cuanto mi madre cogió a Melinda para llevarla a mi habitación, me escabullí al lavabo de la parte de abajo. Necesitaba refrescarme, intentar poner mis ideas en orden, antes de salir pues mi padre no iba a dejar que rehuyera sus preguntas por mucho más. Cuando las chicas bajaran iba a haber una reunión familiar en la que tenía pensado sacarme todo lo que pudiera. Pero, ¿como contestas a algo que ni siquiera tú comprendes?
Todos me miraban expectantes cuando entré en el salón. Las chicas habían bajado ya, y estaban al corriente de todo. Solo tardé algo más de lo necesario, para eludir el interrogatorio solo un poco más.
-Creo que debemos hablar -dijo mi padre haciéndome un gesto con la mano para que me sentara.
Ahí venía.
-Bueno, Mike. ¿Qué pasó? ¿Porqué tenías esa cara de horror? -me preguntó finalmente.
-Casi la mato, papá -confesé al fin, abatido.
Me sentía fatal por aquello y no tenía fuerzas para inventarme ninguna mentira. Era mejor ser sincero.
-¿Qué casi...? -la voz de Jason era apenas un susurro- Pero, ¿de qué hablas Michael? Ella estaba bien, todos pudimos sentirlo. En el momento que sacaste el veneno de su...
-Esa es la cuestión, Jason -dijo frustrado-. Tu sobrina es muy... rara. Un sorbo más y abría muerto, te lo aseguro. Pero no, seguía tan normal como si nada hubiera pasado, a pesar mio y de las lesiones internas que tenía, las cuales no me costó nada curar, por si no te diste cuenta -añadí algo molesto por la incredulidad con la que me miraban.
-¿Qué dices, Mike? -exclamó Alex medio riendo-.
-Os digo que esa chica no es normal -la voz me salió entre dientes. Me estaba empezando a cabrear-. Perdí la cabeza en cuanto bebí la primera maldita gota de su sangre y no me di cuenta, hasta que no paré de beber. Pero todos estabais allí, y pudisteis notarlo; el pulso, a pesar de todo, no varió jamás, estaba tan estable como si no ocurriera nada. Además... por si no lo habéis notado, huele de diferente manera al resto de los humanos, y por si fuera poco, puedo decir que también sabe diferente... aunque, claro, eso no lo puedo afirmar, ha sido la primera vez que he bebido sangre humana... El caso es que, su sabor... no creo que la sangre normal sepa de esa forma tan... extraña.
Hubo unos minutos de silencio, mientras asimilaban todo lo que les había dicho en los últimos minutos.
-Vale, supongamos que es cierto que es... especial -dijo finalmente mi madre tratando de poner calma al ambiente-. Pero quizá te equivocas con lo de que casi la matas. Quizá no bebieras tanto como crees.
-Sé cuando se me está terminando el almuerzo, mamá, gracias -contesté de forma sarcástica y elevando un poco el tono-. Y os digo que otro sorbo y... bueno, no quiero ni imaginarlo.
Otro momento de silencio incómodo.
-Bueno, pues si estás tan seguro, tendremos que esperar a que despierte para ver qué recuerda -dijo finalmente mi padre con autoridad-. No averiguaremos nada mientras esté dormida.
-Si. Será lo mejor -dijo Jason-. Voy a llamar a mi madre para informarle de que Mel está bien.
El resto del día lo pasamos con normalidad, haciendo diversas cosas, trabajando, etc., pero cuando llegó la noche, no pude resistir más y tuve que salir a tomar aire. Melinda no despertaba y la culpa me golpeaba con fuerza, aunque podía oír su rítmico corazón latiendo con calma. No me atrevía siquiera a ir a verla. Sabía bien lo que había pasado y el mero echo de pensar que quizá no despertara por mi culpa, me reconcomía por dentro, era insoportable.
Al día siguiente fue mucho peor. Melinda no despertó en todo el día, aunque según me habían dicho los demás, tenía muy buen aspecto, tenía su color sonrosado de piel, y sus constantes eran buenas. "Solo duerme, hermano. No te martirices más", me dijo riendo a carcajadas Jason, cuando bajó al salón por la tarde, después de subir a verla. Eso me tranquilizó un poco, pero no hizo que la culpa que sentía desapareciera, no me sentiría mejor hasta que la viera despierta y hubiera hablado con ella a solas.
Aquella noche no pude resistir más, tenía que verla con mis propios ojos, comprobar que realmente se encontraba bien, que solo dormía, como decía Jason. Así que, a eso de la medianoche, me armé de valor y entré en mi habitación. Era cierto. Dormía plácidamente.
Me acerqué para verla mejor y en el momento en que me senté en el borde de la cama, se revolvió, dándose la vuelta y desarropándose hasta la cintura, sacando la rodilla que quedaba en el lado en dónde yo estaba sentado, por un hueco de las sábanas. Por un segundo creí que se había despertado, al fin. Pero no, siguió durmiendo tan plácidamente como hasta el momento. No pude evitarlo, me hizo gracia su forma de dormir y no pude reprimir una carcajada. La arropé y me quedé observándola un rato.
Soñaba. Estaba en el jardín de su casa, con su abuela. Recogían hierbas del jardín y hablaban de forma distendida sobre el ritual de alguna de las festividades, aunque no sé a cual se refería su sueño, si podía saber que se trataba de alguna de las tres festividades de la primavera o incluso la de Litha, pues parecía que hacía calor ya que llevaban ropa ligera. Terminaban de recoger las hierbas y el sueño cambió. Ahora bebían limonada en el porche trasero y hablaban con... mi hermana Diana. Estaban riendo y de pronto aparecía mi madre con un niño pequeño de la mano, que se tiraba encima de Melinda, en cuanto la veía. Ahí terminaba el sueño. Se revolvió otra vez y se giró hacia mi. Tenía el ceño fruncido, pero enseguida lo relajó y siguió durmiendo.
-Definitivamente, vuestra sobrina es muy rarita -les dije a Jason y Melisa, cuando bajé y los encontré a todos en el jardín trasero-. Soñaba con vosotras dos -añadí dirigiéndome a mi madre y mi hermana.
-¿Qué? -preguntó Diana con curiosidad.
-Si. Y con un niño pequeño, también -añadí mientras me tumbaba en el césped al lado de Mark y Alex que estaban jugando al ajedrez.
-Hum. Muy curioso -exclamó Lisa, pensativa.
-Si, mucho -coincidí.
Nadie volvió a sacar el tema en toda la noche, pero todos pensamos en ello. Melinda era todo un misterio. Por muchos motivos era diferente al resto de los humanos, e incluso nuestro veneno actuaba en ella de distinta manera. Estábamos ansiosos por que despertara.
Bueno aquí os dejo un nuevo capítulo. Este capítulo es un poco más largo, así que lo he dividido en dos partes. Espero que os guste y vuestros comentarios (así podré saber si os va gustando o no, si debería cambiar algo, etc.).
En fin, no molesto más. Muchas gracias por leerme y por vuestros comentarios.
Besos.