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Historia 34969 — capítulo 5

-Llegáis justo a tiempo -exclamó Mia, cuando mi madre y Melinda entraron al salón, después de que ésta terminara de cenar-. Os estábamos esperando para poner la peli.

-Hum. Pensé que me perdería el principio -dijo mi madre sentándose en el sofá al lado de mi padre.

Rodé los ojos y me puse con mi boceto, para el trabajo que tenía entre manos. Se avecinaba una noche de pasteleo que no podría aguantar durante mucho tiempo. Hubiera salido corriendo de allí, si no hubiera sido por Melinda. La pobre chica no sabía la que se avecinaba, y no quise dejarla sola cuando los tórtolos empezaran a ponerse empalagosos.

-¿Qué película vais a ver? -preguntó Melinda sentándose en el suelo junto a mi. Me agradó bastante tenerla tan cerca, sentir el calor que desprendía su cuerpo... sonreí ante aquella sensación.

-Titanic -dijo emocionada Diana-. ¿Te gusta?

-Hum. No está mal -contestó Melinda acomodándose un cojín bajo la cabeza-. Aunque solo la he visto una vez, cuando la estrenaron.

-A mí me encanta. Es tan romántica... -dijo con un suspiro Lisa, mientras se acurrucaba en Jason, que solo aguantaba aquella película por lo "cariñosa" que se ponía Lisa cuando terminaba.

Me sonreí cuando todos pensaron lo mismo "Menuda noche, me espera. Ojalá fuera más corta la dichosa película".

-¿Qué te hace tanta gracia, Mike? -me preguntó suspicazmente Diana.

-Nada, nada -dije volviendo a sonreír.

-Seguro -protestó ella mientras recostaba la cabeza en el pecho de Alex.

Los chicos sospecharon lo que me hacía tanta gracia, porque pusieron los ojos en blanco y me lanzaron sendas miradas asesinas. Melinda también pareció olerse de qué iba el asunto porque rió entre dientes.

La película avanzó y llegó a sus primeros momentos "empalagosos". Las chicas empezaban a ponerse tiernas, y si no fuera porque no podían, estoy seguro que hubiera habido un mar de lágrimas en aquellos momentos. Me removí un poco, incómodo con aquella situación y tuve que bloquear los pensamientos de mi familia antes de morirme del asco.

Para mi sorpresa, Melinda también se removió un poco, bostezando. Se cruzó de brazos y apoyó su cabeza en mi brazo izquierdo. Por un momento me quedé helado; no supe reaccionar. Después pensé que se había quedado dormida, así que bajé la cabeza hacia ella y la vi observando mi boceto.

-¿Eres artista? -me preguntó con su suave y melodiosa voz, de forma tranquila.

-Entre otras cosas -respondía después de carraspear un poco para aclararme la voz. Estaba absurdamente nervioso-. Pero no es el boceto de un dibujo. Soy arquitecto e ingeniero de estructuras. Estoy trabajando en un proyecto nuevo y, antes de ponerme a diseñar la casa, me gusta hacer un boceto de como se vería desde fuera. Me ayuda a imaginarme como sería por dentro, y después ya puedo comenzar con el conjunto -esto lo expliqué de forma muy rápida. Siempre hablo así cuando estoy nervioso.

-Hum. Pues es preciosa -dijo observando todavía el dibujo.

No pude evitar sonreír complacido. Era muy extraño pero, hacía semanas que tenía que haber empezado con aquel trabajo, y sin embargo, no fue hasta esa noche cuando pude finalmente empezar con el boceto. Aquel proyecto había sido una tortura para mí; ni una idea me venía a la imaginación. Pero aquella noche me estaba resultando realmente fácil. La idea idea de aquella casa me había venido a la cabeza de forma repentina, aquella misma tarde, mientras Mia, Lisa y Diana enseñaban el jardín trasero y el invernadero a Melinda, que se mostró entusiasmada con ello. "Es como estar en el paraíso", había dicho cuando mi madre la preguntó qué la parecía.

-¿Te gusta? -pregunté moviendo un poco la libreta de dibujo para que pudiera verlo mejor.

-Ajá. Es muy... actual, fresco... transparente. Me encanta, aunque... -la sonrisa que me dedicó me hizo sentir una especie de electricidad entre nosotros, cuando me cogió la libreta y me quitó el lápiz de las manos.

Dobló una pierna y apoyó la libreta sobre su rodilla, para poder dibujar mejor. No sabía qué iba a hacer pero, la dejé y me giré un poco hacia ella para poder ver mejor lo que hacía, apoyando un brazo en el asiento del sofá por detrás de ella, lo que hizo que se la acelerase un poco el ritmo cardíaco y se ruborizó un poco, aunque intentó ocultarlo. Me hizo sonreír sin poder remediarlo.

Empezó a dibujar una terraza en el piso superior de la casa. Tenía un estilo diferente al mío, pero estaba muy bien dibujada y el estilo arquitectónico de la terraza, era igual al que yo había dibujado. Sin duda había captado el estilo a la primera, algo que no debió sorprenderme como lo hizo, pues era una chica extremadamente inteligente; se había graduado aquel mismo año, en astronomía, con tan solo dieciocho años.

-¿Eres artista? -la dije repitiendo la pregunta que me había formulado ella, con anterioridad. Una vez más, no pude evitar tomarla el pelo.

Sonrió y levantó su vista hacia mí.

-Entre otras cosas -me imitó a su vez, a mí-. Soy astrónoma, como ya sabes -continuó levantando las cejas y sin dejar de sonreír-. Pero mi abuela me hizo aprender arte desde pequeña. Siempre me ha dicho que el saber no está de más -se encogió de hombros y siguió dibujando mientras proseguía-. Me decía que a mi padre y a mi tío los educaron de una forma muy extensa (en artes, música, etc.), y que a mí no iban a educarme de forma diferente. Nunca me dejaron abandonar nada, aunque odiaba y odio, el ballet con todas mis fuerzas.

Reí entre dientes cuando hizo una mueca de asco al mencionar el ballet.

-Ya veo -susurré, observando el dibujo. No pensaba con claridad cuando la miraba-. ¿Vas a dejarlo como un balcón abierto? -pregunté señalando con un dedo el dibujo que estaba haciendo.

-Como ordene, jefe. El diseño es suyo -bromeó poniendo una mueca de falsa seriedad, y comenzó a alargar el techo de la casa, hasta tapar la terraza.

-Tengo una curiosidad. Bueno, varias, pero una en especial -dije volviendo a mirarla.

-Dispara.

-Te has tomado muy bien, esto de convivir con nueve vampiros, ¿no tienes miedo? -me puse a juguetear con un mechón de su coleta.

-Hum. Pues si te soy sincera, creo que debería tener miedo, pero no lo tengo -dijo juntando las cejas y algo más seria-. Puede que te resulte extraño, a mí me lo parece, pero tengo la sensación de conoceros de antes, sé que me conocéis desde pequeña, ya me lo habéis dicho -se apresuró a añadir anticipándose a mi protesta-. Pero me refiero, a que es una sensación como de haber vivido ya con vosotros. Vuestras voces, sobre todo, me resultan cada vez más familiares.

Cada vez me resultaba más extraña y más interesante. ¿Cómo era posible que pudiera recordarnos, si tan solo tenía tres años cuando estuvo con nosotros por última vez? Me sonreí ante aquello y a ella, evidentemente, no la pasó desapercibido el detalle.

-No es una tontería, ¿verdad? -me preguntó suspicazmente mirándome fijamente a los ojos-. Ya he vivido con vosotros antes, ¿no?

-Tenías tres años. Tus padres habían salido de viaje para celebrar su aniversario y te dejaron con tus tíos, aunque obviamente, todos estábamos allí -adorné un poco la verdad, ella no sabía como habían muerto sus padres en realidad y no estaba seguro de que fuera el momento adecuado para contárselo.

Durante unos segundos me miró fijamente, como si buscara algo en mi rostro o en mi expresión. Finalmente, sonrió y volvió al dibujo. No sé porqué, pero tuve la impresión de que supo que no la había dicho toda la verdad.

-Fue cuando murieron mis padres, ¿no es así? -preguntó de forma tranquila, aunque una nota de tristeza ensombrecía su suave y melódica voz.

"Michael, cuidado", me advirtió mi padre sin palabras.

-Si. Así es -contesté sin dar más detalles.

-Entonces, creo que podré fiarme de eso que me habéis dicho. Lo de que no bebéis sangre humana. Confío en vosotros -dijo volviendo a sonreír y con tanta confianza y seguridad, que me dejó sorprendido.

-Yo he bebido tu sangre y casi enloquecí. Podría querer probarla de nuevo -dije levantando las cejas y poniendo mi gesto más aterrador, para picarla. Aunque en el fondo tenía miedo de que eso fuera verdad.

-Hum. Pues en ese caso, evitaremos que una familia de osos, leones, ciervos o lo que sea que comas, sea exterminada -dijo entre risas, todavía muy segura de si misma-. Solo procura no dejarme seca, no me apetece morir todavía. Soy muy joven y tengo muchas preguntas que haceros sobre muchas cosas -bromeó para terminar.

No sé como lo conseguía, pero me hizo reír de nuevo, soltando una carcajada tan sonora que las chicas me regañaron.

-¡Eh! Ya sabemos que nos gusta la peli, pero por favor, mantened la boca cerrada o largaos a otra parte -refunfuñó Diana, aunque no estaba molesta por no oír la película; el sentido del oído no era que la fallase, desde luego. Era otra cosa lo que estaba pensando. Algo, que me revolvió el alma y que no quise ni pensar en aquel momento-. No nos dejáis oír.

-Vale, lo sentimos. No hace falta ponerse así... -se burló Melinda, disculpándose-. Ya nos callamos.

-Hum -gruñó mi hermana apretando los labios y frunciendo el ceño, en un gesto de falsa molestia-. Eso espero.

-Ya está -dijo Melinda al cabo de unos minutos, entregándome la libreta de dibujo-. Siento habértelo estropeado -se disculpó examinando el boceto como si hubiera cometido un sacrilegio.

Observé el dibujo y quedé gratamente sorprendido con lo que vi. Como había estado atontado mirándola a ella, no me había dado cuenta de lo que estaba dibujando. La terraza quedaba cubierta por el techo de la casa, el cual había ampliado cuando hice la observación de que no quería que dejase la terraza descubierta. Y, a su vez, la terraza cubría toda la parte baja, formando un enorme porche. Tanto la terraza como el porche, estaban sujetas por columnas de líneas rectas y las paredes bajas que unían ambas columnas, eran de cristal. Me encantó el efecto que hacían. Con unos cuantos retoques, quedaría espectacular.

-¿Pero qué dices, Melinda? -exclamé con más asombro en la voz del que pretendía-. Está genial. Solo tendré que hacer unos pequeños retoques para que quede al gusto de los clientes y listo. Me parece que te debo una, no sabes el tiempo que llevaba atascado en este maldito proyecto.

-Bueno, pues si me debes una, contéstame algo -me dijo sonriendo-. ¿Lees la mente de las personas?

Aquella sorpresa me dejó helado. Aquella tarde no habíamos hablado nada acerca de nuestra condición de vampiros, y ni mucho menos de nuestros poderes. Mi padre quería que Melinda se recuperase del todo antes de explicarle nada, algo que habíamos respetado todos, y Melinda tampoco hizo ninguna pregunta. Como sabía que podía leer la mente de la gente, era un misterio.

-Así, es -la respuesta me salió de forma espontánea y sincera. Había algo en aquella muchacha que me hacía tener que ser totalmente sincero con ella-. Pero, ¿cómo...?

-Esta mañana supiste que estaba decepcionada, y esta tarde -cuando bajé después de ducharme-, sabías que estaba perdida y me llamaste. ¿Cómo podías saberlo si no? -me interrumpió hablando de forma tranquila y con una sonrisa en los labios que casi me hizo perder el control y besarla allí mismo, lo que me hizo enfadarme conmigo mismo.

-¿Y no te asusta o te parece extraño? -pregunté tontamente. Por supuesto, no la parecía extraño ni la asustaba. Sabiendo que eramos miembros de las familias sagradas, eran normal que tuviéramos algún tipo de poder. Ella también tenía varios.

-Muevo cosas y siento lo mismo que sienten los demás, ¿porqué me iba a extrañar o asustar el que leas mentes? -me preguntó con sarcasmo. Diría que estaba algo molesta por aquella suposición mía.

Reí entre dientes. Acababa de darme cuenta que ahora, ella había sido quien me había puesto nervioso a mí.

-Cierto. Te pido disculpas -me disculpé levantando una mano y llevándome la otra al pecho, en un gesto dramático-. Pero, a decir verdad, ahora no puedo leerte. He estado haciéndolo todo el tiempo, hasta que bajaste de ducharte -confesé mirándola fijamente a los ojos con extrema curiosidad.

-Hum. Quizá se deba a mi "escudo" -me explicó con una medio sonrisa de misterio-. No sé mucho sobre vampiros, pero desde luego, jamás me habría imaginado que vuestras emociones fueran tan profundas.

"Cuando bajé esta mañana, estaba bastante confusa y asustada, la verdad, y mi empatía no funcionaba bien. Bueno, al principio no funcionaba en absoluto, el caso es que, después de hablar con vosotros, comer y todo eso, mi empatía volvió a funcionar con absoluta normalidad y, cuando bajé y me uní a vosotros... bueno, vuestras emociones me golpearon como una bola de demolición, casi me mareé, para serte sincera. Así que activé mi "escudo"; normalmente intento bloquear las emociones de los demás para no volverme loca, así que visualizo una especie de esfera azul que me rodea e impide que las emociones ajenas lleguen a mí. Eso es lo que he echo esta tarde con vosotros; bloquearos.

-Entiendo -dije sonriendo. Era muy parecido a lo que yo solía hacer cuando quería bloquear los pensamientos de los demás, pero la técnica era diferente.

-No me lo digas; tú haces lo mismo, ¿me equivoco? -preguntó antes de bostezar de forma más prolongada.

-No. No te equivocas. Pero mi técnica es diferente -contesté acariciando de forma impulsiva, la punta de su nariz. Me encantó como se aceleró a mi contacto-. Yo creo un muro. Y ahora, creo que es hora de que te vayas a dormir -añadí cuando volvió a bostezar.

-Mmm. Sí, creo que me iré a la cama. Pero, ¿y tú? ¿dónde dormirás?, te he robado la habitación... -dijo compungida y casi en un susurro.

-Tranquila, Melinda. Nosotros no dormimos -la informé acercándome un poco más a ella, susurrándole.

-Oh. Vaya -exclamó sorprendida, acelerada y sonrojada-. Hum. Bueno, en ese caso... buenas noches.

-Que duermas bien -la desee. Me sentía bien, volviendo a ser yo, quien alterara al otro.

Se levantó de forma torpe y, cuando se recompuso, se despidió del resto de la familia y se marchó, volviendo a lanzarme una mirada fugaz, antes de salir del salón.

-Vaya, hermano -se burló Jason una vez estuvo seguro de que Melinda no nos oía-. Contrólate,¿no querrás "asustar" a mi sobrina con semejante arranque?

Por un momento no supe qué quería decirme. Me había quedado pasmado mirando la puerta, recordando la figura de Melinda salir por la puerta. Entonces caí en la cuenta.

-¡No seas ridículo, Jason! -le espeté furioso y asustado de mí mismo-. ¿Cómo puedes pensar que yo...que yo piense en tu sobrina de... esa forma?

-Bueno, es joven y hermosa. No es nada raro. Además es muy maja -intervino mi madre con cierta nota de emoción en su tono que me puso de los nervios.

-¡Bah! ¡Dejádme en paz! -protesté furioso, cogiendo mi libreta y mis lapices y saliendo disparado de la habitación. No quería ni pensar en aquello.

-No te pongas tan dramático, Mike -le escuché decirme a Jason, cuando llegué a la puerta de mi habitación-. No es para tanto. Además, tienes mi bendición -se mofó para terminar de rematar la angustia que me había invadido en aquellos pocos minutos.

-¿Te ocurre algo, Michael? -me preguntó con alarma, Melinda, cuando entré en el cuarto.

Se me había olvidado que Melinda dormía en mi habitación y que, seguramente todavía no estaría dormida. Estaba de pie, junto a la cama y vestida con un bonito camisón de raso azul claro.

Me quedé paralizado, mirándola de arriba a abajo, y casi enloquecí. Cerré los ojos y tragué saliva para intentar calmarme.

-Mmm. No nada. Solamente he venido a dejar la libreta y los lápices. Siento no haber llamado antes a la puerta -estaba tan nervioso que hablé más deprisa de lo habitual para mí, en esos casos. Hasta pensé que no me había entendido, pues su cara era de confusión absoluta.

-Tranquilo. Es tu habitación, después de todo. Pero es que, no tienes buena cara... estás muy paliducho -me dijo escrutando mi rostro.

-No, tranquila. Estoy bien -la aseguré, intentando no parecer tan nervioso como estaba-. Disculpa mi intromisión, descansa. Hasta mañana.

No esperé contestación. Salí de la habitación a toda prisa y me dirigí al jardín trasero. No comprendía nada. ¿Qué me pasaba? Era solo una chiquilla. Una chiquilla humana, a la que yo había ayudado a traer a este mundo. No sabía en qué momento había empezado a pensar en ella como en una mujer tan deseable. Hasta que Jason no lo mencionó no me había dado cuenta de lo mucho que me atraía, en todos los aspectos posibles. Era muy hermosa, inteligente, buena y misteriosa. Esto último es lo que más me atraía de ella. Y después estaba la forma en que conseguía sostener mi mirada, la forma tan profunda en que me miraba. Recordé la electricidad que había surgido entre nosotros cuando me cogió la libreta y el lápiz...

No podía respirar. Aquella forma de pensar en ella era enfermiza. Me di asco. No podía pensar en ella de esa manera, estaba totalmente fuera de lugar. Podía ser su padre, perfectamente. O peor, su abuelo o bisabuelo. Y eso sin contar con el echo de que era un vampiro y ella una chiquilla humana y frágil. No, no estaba bien la forma en que pensaba en ella. Además, estaba casi seguro que ella no había pensado en mí así en ningún momento, lo cual era lógico; tampoco es que me conociera como para gustarle, siquiera un poco.

Tenía que salir de allí. No podía quedarme cerca de ella ni un minuto más. Aquella noche había podido contenerme a duras penas, la próxima vez no estaba tan seguro de poder hacerlo. Me resultaba demasiado interesante. Pero por otra parte, no podía irme, por lo menos no aún. Tenía un trabajo que entregar, además era el director del estudio de arquitectura de mi padre, no podía dejarlo, tenía responsabilidades.

Cogí una bocanada de aire, aspirando con violencia, y solté un gruñido de frustración. Me sentía atrapado, tenía que irme cuanto antes, alejarme de ella antes de cometer una estupidez, pero no podía hacerlo, no podía dejar mis obligaciones por que una simple humana me hubiera revuelto las hormonas. Tenía que pensar en algo, y pensarlo pronto.

Me encontraba perdido, en una encrucijada.

Hola a todos; bueno aquí os dejo un nuevo capítulo de mi historia. Espero que os guste.

Gracias por leerme y por vuestros comentarios.

Besos fuertes.

P.D.: Disculpad que haya tardado tanto en subir el capítulo. Es que, me atasqué a la mitad. Siento la tardanza y espero que me lo perdoneis.