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Historia 34969 — capítulo 8

-No está enfadada contigo porque te comportaras como lo hiciste, sino por no entender que te motivó a hacerlo -la voz burlona de Jason, me sobresaltó, y casi me caigo de la roca en la que estaba sentado.

Aquella escapada no estaba resultando como yo imaginé. Apenas había cazado un par de ciervos en toda la noche, y no sabía cuanto llevaba allí sentado, sin parar de darle vueltas a todo aquel asunto de Melinda. Me estaba desquiciando el no poder sacarla de mi cabeza ni un segundo, lo que me irritaba muchísimo, pues cuanto más tiempo pasaba lejos de ella, más pensaba en ella y más deseaba estar con ella. No podía creer lo atrapado que me tenía esa muchacha.

-No estaba pensando en eso, Jason -le dije intentando sonar relajado.

-Ya. Seguro -se burló él. Cuánto odiaba la empatía de Jason en ese momento, solo lo sabían los dioses-. Oye, no eres un ogro, Mike. Tienes sentimientos, es lógico sentirse mal después de una pelea... sobre todo si dices cosas que no deberías haber dicho -añadió suspicazmente.

-No me fastidies, Jason. Yo no me siento mal por nada -protesté mintiendo lo más convincentemente que pude, lo que resultó inútil con él, por supuesto.

-Por eso llevas toda la noche sin comer a penas, ¿no? -observó maliciosamente.

-Yo no... vale, está bien. Sí, me siento fatal, ¿contento? -cedí derrotado al final. Era inútil seguir intentando mentirle. No funcionaba.

Jason soltó una carcajada tan fuerte que los pájaros de los árboles cercanos, se despertaron y echaron a volar asustados.

-No, hermano. No estoy contento, sino satisfecho de que por fin lo admitas -dijo sentándose a mi lado-. Mira, no digo que no entienda tu postura, créeme te entiendo. Pero hay cosas que no podemos controlar, y los sentimientos es una de esas cosas. Lo más difícil de controlar, en mi opinión.

-No sé de qué me hablas -volví a mentir, esta vez con la voz más apagada. Tenía razón, los sentimientos son difíciles de controlar, y yo estaba a punto de explotar por dentro. Cada vez tenía menos fe en mí mismo, y menos fuerzas y voluntad para controlarme.

-¡Oh, claro que lo sabes! -exclamó riéndose Jason-. Ambos sabemos qué te está reconcomiendo por dentro desde que mi sobrina despertó. No te voy a decir que no te mataría si llegas a dañarla, porque te mentiría, pero no me voy a meter entre tú y mi sobrina. Eso es algo que tenéis que arreglar entre vosotros. Además, después de verte de tan buen humor cuando despertó, no me atrevería. Hacía muchísimo que no eras tú mismo, hermano.

-¿Qué quieres decir, Jason? -pregunté verdaderamente perdido. Como íbamos a arreglar algo entre los dos, si Melinda no tenía idea de por lo que estaba pasando.

Jason sonrió como con paciencia.

-Que Melinda sea una persona tranquila, nada molesta, que no pregunta nada, etc., no significa que no sienta curiosidad por todo, ni que no sea observadora, muy observadora. No podría decirte qué es lo que ella siente hacia ti con certeza, me resulta muy difícil comprender sus sentimientos hacia ti... no sé, es muy raro, la verdad. Pero sí te puedo decir, que se dio cuenta de tu cambio de actitud hacia ella, desde el primer momento, y que está muy molesta por no saber el motivo. Enfadada diría yo. Pero tranquilo, no está dolida -se apresuró a añadir al ver mi expresión de martirio-, es muy raro, es como si se hubiera esperado ese rechazo hacia su persona. Todavía está esperando que salgamos corriendo y la dejemos sola, todos nosotros. No entiende como podemos quererla tanto, incluso Lisa y yo, que somos sus tíos. Es algo que me duele, ¿sabes?

-Está acostumbrada a estar sola -expliqué derrotado-. Me lo dijo mientras me ayudaba con los papeles de la reunión. Me dijo que estaba acostumbrada a no tener amigos, a no encajar con la gente. Me dijo que la gente siempre se aleja de ella, que la temen...

-¡Oh! -Jason estaba totalmente sorprendido, no entendía como la gente podía ver algo malo en su sobrina. Como no podían ver lo que realmente era.

-Lo sé, yo también me sorprendí -le aseguré sin dejar que expresara sus pensamientos en voz alta-. Debe ser la sangre divina. Tu sobrina es la más parecida a los Hijos Sagrados originarios de todos nosotros, en generaciones... salvo por que no posee los mismos poderes que ellos... que nosotros. ¿Te has fijado en sus ojos?

-Si. Creo que tienes razón -aceptó Jason-. Pero no entiendo porqué deberían tenerla miedo...

-Todos en esta isla conocen la historia de como se fundó el pueblo de Avalon, saben que todos nosotros somos los descendientes de la estirpe divina que lo creó, y saben qué aspecto tenían aquellos Dioses y sus hijos, también saben de la magia que poseían y que aún perdura en nosotros. Estarás de acuerdo conmigo en que Melinda es la viva imagen de Cerridwen, de la que procede vuestra familia. Creo que lo que temen es lo que representa, más que a ella. Será la próxima Dama de Avalon, cuando tu madre ya no esté, y bueno, es evidente el "aura" que desprende, es... muy diferente al resto de nosotros, y me refiero a cuando eramos humanos. Es inevitable que la gente sea consciente de esa diferencia.

Durante unos minutos nos mantuvimos en silencio, pensando en lo que acababa de decir. Me di cuenta de que acaba de darme cuenta de aquello.

-Pero, ¿como...?

-Cuando fue a la oficina, lo pensaban la mayoría de mis empleados -expliqué dándome cuenta de aquello, en aquel mismo instante-. Veían a vuestra antepasada en ella, con la única diferencia en el color de sus ojos. Todos sintieron un escalofrío al verla, a parte de envidia por parte de las mujeres y deseo por parte de los hombres -añadí esto último entre dientes. Me hervía la sangre al recordar el deseo que sentían esos infames humanos, al tiempo que me enfadaba conmigo mismo por no haberme percatado antes de aquello. Definitivamente, esa chica estaba siendo mi perdición, solo había estado pendiente de ella aquella tarde. Si no arreglaba cuanto antes aquella situación perdería mis facultades por completo. Apreté la mandíbula y me chirriaron los dientes.

-Hum. Puede que tengas razón... -aceptó en un susurro Jason, todavía pensativo-. En fin... ¿qué vas a hacer tú? ¿Hablarás con ella antes de que te vuelvas loco? -me preguntó volviendo al tema original.

-No sé, Jason. ¿Cómo le voy a decir a una chiquilla humana que... que... ?¡aargh! -gruñí sin poder pronunciar las palabras adecuadas-. No puedo hacerle eso.

-No creo que te vea como un monstruo, Mike -me dijo adivinando mi pensamiento-. En realidad, no nos ve como monstruos a ninguno. Ni siquiera como lo que somos; vampiros. Simplemente nos ve como gente diferente... No sé, como te digo, a veces me cuesta comprender los sentimientos de mi sobrina, son muy... particulares, diferentes al resto de las personas.

-En cualquier caso no sé... -intenté explicar como me sentía. Ya no veía motivo para seguir mintiendo a mi hermano, era obvio que él tenía su poder al cien por cien, mientras que yo tenía el mío a menos del cincuenta por ciento, lo que le daba ventaja, sobre todo si contábamos con que me encontraba bajo de ánimo y seguía furioso por lo de aquella tarde. Sin embargo, no pude seguir hablando con él. El teléfono sonó interrumpiendo nuestra conversación-. ¿Si? -contesté de forma brusca.

-¿Jefe? Soy Brian -la voz de mi empleado me revolvió el estómago. Todavía se la tenía jurada por tener esos pensamientos con Melinda.

-Hola Brian, ¿qué ocurre? -pregunté de mala gana, pero intentando ser amable.

-Siento molestarle tan temprano, señor. Pero ha ocurrido algo -la voz de mi empleado sonaba preocupada, por lo que me alarmé.

-¿Qué ocurre? -pregunté entre dientes. Ya me temía un desastre.

-Los señores, Lee me han llamado hace cinco minutos. El padre del señor Lee ha enfermado y tienen que viajar esta tarde fuera de la ciudad, por lo que me han llamado para preguntar si nos importaría enseñarles los cambios del proyecto, esta tarde en lugar de mañana en la mañana. Quieren dejarlo todo listo antes de irse porque no saben cuánto estarán fuera.

No había previsto aquello. Tuve la tentación de decirle que les dijera que podíamos dejarlo hasta que regresaran, sin importar cuánto tardaran. Pero era un proyecto muy importante, ya íbamos muy retrasados con aquello, y los señores Lee habían sido muy consideraros al no quitarnos el trabajo a pesar del retraso. No podía fallar más.

-Está bien, Brian. Llámalos y diles que les espero en la oficina a las cuatro. No es necesario que avises a nadie, ni que vengas a la oficina. Ya me encargo yo, tú disfruta de tu familia -le dije, con menos hostilidad en la voz. Sabía que su mujer y sus hijos (otro motivo por el que me revolvían sus pensamientos sobre Melinda), hacía tiempo que querían pasar un día con él, para cerciorarse de que seguían siendo importantes para él.

-De acuerdo, Michael. Muchas gracias -me dijo con un evidente tono de alivio y gratitud en la voz. No entendí como podía pensar así en Melinda, cuando era evidente que amaba a su esposa y a sus hijos.

-¡Maldición! -exclamé cabreado. Tendría que volver a casa enseguida y no me hacía ninguna gracia quedarme un día entero a solas con Melinda. Algo me decía que algo no iría bien si eso ocurría.

-Tranquilo, Mike. Ve a casa, yo les diré a los demás que has tenido que irte. Además, así tendrás tiempo de hablar tranquilamente con Mel -me animó Jason, con malicia al sacar el tema de Melinda. Algo que pareció divertirle.

-Hum. Toma, las llaves de mi coche. Yo iré corriendo -le dije enfadado, antes de salir corriendo para evitar entretenerme en otra discusión con Jason, que estaba seguro volvería a perder.

Cuando llegué a casa, eran cerca de nueve de la mañana y llovía débilmente, pero de forma persistente. Me sorprendí al ver a Melinda en la entrada de la casa, en manga corta.

-¿Pero qué haces, chica? Te vas a poner enferma -le grité sin poder contenerme-. Haz el favor de entrar y ponerte algo.

-Tranquilo, "mi señor". Jamás me he puesto enferma. No he tenido ni un leve resfriado -me contestó de forma sarcástica y medio riéndose, mientras la metía en casa sujeta por un brazo.

-Ya, bueno -contesté incrédulo-. No te hagas la valiente conmigo, Melinda.

-No me hago la valiente -me dijo con su tono normal, sin pizca de sarcasmo ni rastro de enfado en su voz-. Te digo la verdad, nunca he estado enferma. Ni siquiera tuve las enfermedades normales de los niños, como la varicela o el sarampión... y eso que estuve cerca de algunos compañeros cuando éstos las pasaron.

La verdad es que no sé que cara puse ante aquello, pero parecía divertirla. Se apoyó en la barandilla de las escaleras y me miró fijamente, con cara divertida pero al mismo tiempo como si intentara descifrar algo.

-Has llegado pronto, pero no has venido en coche...

-He venido corriendo -la corté con un tono de voz que no reconocí como mío, y que a ella no le pasó desapercibido pues se puso derecha y se aceleró bastante.

-Vaya, si que corres rápido -dijo con la voz temblorosa, aunque me dio la impresión de que intentó disimular los nervios que sentía.

-Ajá.

No sé qué fue lo que me pasó, pero en aquel momento, no era capaz de pensar con ninguna claridad. Solo deseaba que fuera mía en cuerpo y alma. Tampoco sé qué expresión tenía, pues nunca me lo ha dicho, pero fuera cual fuera mi expresión, hizo que sintiera pánico haciendo a su vez que su bloqueo cayera a plomo. Lo supe porque pude leer su mente; en un primer momento estuvo confusa, y al instante siguiente, la mente se le quedó en blanco por completo. Y de eso tuve yo la culpa, aunque cuando me di cuenta de aquello, ya había pasado todo.

Sin ser realmente consciente de ello, me había acercado a ella y la había besado, sin darle ninguna oportunidad de zafarse o protestar. No obstante, sabía que tampoco quería hacer ninguna de las dos cosas pues me devolvía el beso con la misma intensidad que yo le demostraba, aunque parecía asustada de verdad.

No me aparté ni corté el beso en ningún momento, a pesar de sentir su miedo, no quería hacerlo. Ahora que me había condenado para toda la eternidad, cogiendo lo que quería, no iba a soltarlo, y menos cuando sabía que ella tampoco quería que la dejara ir; había agarrado mi brazo derecho (con el que sujetaba su cintura), con una mano, mientras que con la otra sujetaba fuerte mi camisa a la altura de mi cintura, mientras que mi mano izquierda acariciaba suavemente su cuello por detrás de su suave melena.

Al contrario de lo que me había estado imaginando durante todos aquellos días de tormento, mi forma de abordar a Melinda, fue pausada, sin rastro de la ansiedad que sentía, y mucho mejor de lo que pude haber imaginado nunca, ya que ella me correspondía de la misma manera; con intensidad y pasión pero suavemente. Algo que nunca pensé que sucedería

Lo siguiente que recuerdo es estar en la cama con ella, haciendo el amor lenta y apasionadamente. Disfrutando de cada poro de su piel, de su magnifico y delicado olor a rosas, y de su mirada cálida e intensa, mientras nos hacíamos una sola entidad. Era increíble como nos amoldábamos el uno al otro.

-Bebe, Michael -me susurró al oído Melinda, suplicante momentos antes de llegar al éxtasis final.

No hizo falta que me lo pidiera dos veces. Me incliné sobre su cuello y la mordí, procurando sacar toda la ponzoña antes de beber. No quería ni transformarla ni que se durmiera.

Bebí lentamente, saboreando cada gota de su sangre al mismo tiempo que saboreaba el placer que me ofrecía su cuerpo. Era increíble la mezcla de sensaciones que sentía en aquel momento; el placer del sexo se mezclaba con el frenesí del sabor de su deliciosa sangre y la fuerza que aumentaba en mí a cada sorbo que daba, todo ello aderezado con la satisfacción que me embriagaba al saber que ella estaba disfrutando tanto como yo; recibiendo lo que deseaba, al igual que lo hacía yo.

Junto con la última gota que bebí de su sangre, llegó el ansiado clímax, y minutos después la cruda realidad y el pánico: había bebido hasta la última gota de su sangre, los casi cuatro litros que poseía su esbelto y bello cuerpo, habían saciado mi sed. Había perdido el control de una manera brutal, horrible, no me odiaba a mí mismo por aquello, simplemente quería morirme pues lo que había echo no tenía nombre: la había matado... o eso era lo que debería haber sucedido, en aquella fatídica situación.

Bueno, pues aquí tenéis el siguiente capítulo de mi historia. Espero que os guste y que lo disfrutéis.

Muchas gracias por leerme y por vuestros comentarios.

Besos.

P.D.: Espero no haber sido demasiado esplícita en la última parte...  (qué vergüenza) ya me diréis.