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Vida en Hollywood — capítulo 47
Volví a mirar el papel mientras intentaba buscar algo que pudiese encajar en la canción que estaba escribiendo, pero no había nada que se me ocurriese. Seguí dando golpecitos con el bolígrafo en la mesa para ver si se me ocurría algo, pero era totalmente imposible que algo saliera de mi cabeza ahora mismo. Miré la mesa, llena de trozos de papeles donde había escrito cualquier rima buena para una canción, pensando que me servirían de algo para una futura composición, pero estaba claro que hoy tampoco iba a lograr nada. Tiré el bolígrafo mientras me recostaba en el sofá suspirando. Me estaba empezando a preocupar seriamente por mi incapacidad para escribir canciones, ya que me solían salir con bastante frecuencia. Miré la hora en el reloj de pared y vi que llevaba un par de horas intentándolo, así que me di por vencida. Decidí que debía dormir un poco, pero como era imposible de hacerlo sola, me dirigí a la cocina para tomarme un par de las pastillas que me había recetado la psicóloga. Vigilé que Eminem no estuviese cerca para que no viese lo que me tomaba, y una vez que comprobé que estaba bastante sola, abrí el cajón de la cocina para coger las pastillas y las puse encima de la encimera. Cogí un vaso de agua y mientras lo llenaba volví a coger las pastillas, pero al abrirlas me di cuenta que no quedaba ni una. Dejé el bote de las pastillas de mala gana encima de la encimera otra vez y respiré hondo. ¿Cómo se habían podido gastar tan rápidamente? Estaba claro que a partir de ahora vivir sin esas pastillas significaría dormir menos de lo que ya lo hacía, así que dejé el vaso de agua y me dirigí al salón para coger mi móvil y llamar a mi psicóloga.
-¿Emily?-pregunté ansiosa.-No, no pasa nada, simplemente te quería pedir algo...
Nunca la había llamado y era bastante raro ponerme en contacto con ella de esa forma, así que esperé a que mi voz no me delatara porque estaba empezando a ponerme nerviosa.
-¿No me puedes recetar más?-carraspeé un poco la garganta para parecer más serena.-Esta bien, no pasa nada, ya veré qué hago. Te veo mañana.
Colgué sin esperar a que se despidiera y dejé el móvil lentamente en la encimera de la cocina. Cogí el vaso de agua y pegué un trago para tranquilizarme. Apoyé las manos en la encimera y suspiré enfadada. ¿Qué se suponía que iba a hacer ahora? ¿Cómo iba a dormir sin las pastillas? Había hecho grandes progresos como me había dicho Emily la última vez que me había visto. En su opinión, Eminem me había venido bastante bien para abrirme un poco más al mundo exterior. Me ayudaba a tener apetito y a concentrarme más, pero lo del sueño era caso aparte. No podía dormir bastante, y mi cara lo expresaba a la perfección, pero es que no podía evitar odiarme a mí misma por todo lo que estaba causando a mi alrededor.
-¡Ahh!
Miré mi mano derecha y vi que tenía el vaso hecho añicos. ¿De donde había sacado tanta fuerza? Sin duda esos vasos eran una mierda, porque eran bastante finos, y acababa de demostrarlo. Dejé el vaso en el fregadero y me di cuenta que tenía la mano sangrando. Abrí el grifo para echarme un poco de agua pero me escoció bastante. Miré más atentamente y vi que tenía algunos cortes, y en uno de ellos tenía un pequeño cristal. Me lo saqué con la otra mano y lo tiré al fregadero.
-¿Qué ha pasado?
Me di la vuelta para mirar a Eminem.
-Nada, sólo que me he cortado un poco...
Le quité importancia al asunto, pero él me cogió la mano y me la abrió para ver los cortes. Yo la retiré porque me hizo daño y él suspiró.
-Sangras demasiado.-dijo cogiéndome ahora por la muñeca.-¿Tienes algo para curarte por aquí?
-No, está en el baño.-dije dirigiéndome al baño, pero él se detuvo.
-¿Qué es esto?-dijo cogiendo el bote de pastillas.
Me miró de reojo y luego pasó la vista otra vez al bote de pastillas. Se lo metió en el bolsillo y me empujó hacia el baño. Yo le seguí callada y sin hacer ningún ruido me metió la mano debajo del agua. Apreté los dientes a la vez que él buscaba en el armario algún bote para echármelo en la mano.
-¿Qué haces?-pregunté mirándole.-¿Estás enfadado?
-No.-dijo sin mirarme.
Abrió el bote de agua oxigenada y me lo echó en la mano. Yo como acto reflejo la aparte pero él me sujetó con fuerza.
-Estate quieta.-dijo mientras abría las gasas para ponérmelas en la mano.
-Es que me duele bastante.
Presionó las gasas en mi mano y se quedó quieto mirando hacia cualquier lado menos hacia mi cara. Yo seguí mirándole para que dijese algo, pero parecía que no iba a hablar, así que decidí dar el primer paso.
-Esta bien.-dije ahora mirando hacia mi mano.-Siento haberte ocultado que me tomo esas pastillas.
-¿Y no sientes habértelas tomado?-dijo ahora mirándome a la cara.
-No porque las necesito.
-No las necesitas.
-¡Sí!-dije casi gritando.-No puedo dormir y eso es lo único que me ayuda a conciliar un poco el sueño.
-Esta bien, vas a dormir conmigo para que sepas que sí puedes dormir sin ellas.
Le miré de reojo y carraspeé.
-No voy a dormir contigo.
-¿Por qué no?-dijo buscando algo en el armario.-Yo fui adicto a estas pastillas y a otras cuantas más, y sé como tienes que...
Se quedó parado con el brazo en el aire al darse cuenta de a lo que me refería.
-Oh, sabes que no voy a hacer nada que no quieras.
-Me da igual, no quiero estar contigo en la misma cama.-dije sin mirarle.
Eminem y yo no nos habíamos acostado todavía, y no era porque él no lo hubiese intentado, pero yo no me veía capaz. No ahora, y menos como yo estaba anímicamente. Sabía que él sería respetuoso, pero también sabía que tenía una serie de necesidades y que quería acostarse conmigo, al igual que sabía que no era famoso por ser casto.
-¿No crees que te estás pasando un poco?-dije al comprobar que me estaba vendando la mano.
-Mira, hay que presionar los cortes que tienes.-dijo apretándome más la mano mientras seguía dando vueltas a la venda y yo me quejaba.-Podemos estar aquí todo el día esperando a que dejes de sangrar, pero como hay que poner presión y puede que se te abra la herida, mejor te pongo una venda y no presionamos ni tú ni yo.
Volví a mirarle, pero esta vez enfadada.
-Perdone si le he ofendido, señor médico.-dije haciéndole burla.
Esperé a que terminase de vendarme para salir por la puerta, pero me detuvo por el brazo a mitad del pasillo.
-Me gustaría que me prometieras que no vas a volver a tomar esto.-dijo sacándose el bote de pastillas del bolsillo.-Prométemelo.
-No puedo.-dije mirando el bote.-No puedo dormir sin ellas.
Me miró de reojo.
-¿Vas a dejar que te ayude?
Le miré entrecerrando los ojos.
-No me voy a aprovechar de ti.
-Claro...-dije mirándole fijamente.-Como si no supiese en lo que estás pensando.
-¿No te fías de mí?-me preguntó sonriendo.
-¿Estás sonriendo?-pregunté sonriendo también.
-No sé. ¿Y tú?
Sonreí aún más que antes sin querer. Me gustaba verle sonreír, ya que solía hacerlo poco.
-Anda, siéntate mientras recojo los cristales.-dijo mientras se dirigía a la cocina.
Fui al salón y me senté donde había estado antes sentada intentando componer canciones. Me miré la mano y me toqué la palma para comprobar cuanto me dolía, pero dejé de apretar por si sangraba demasiado. Cogí la guitarra que tenía al lado y comprobé que me sería imposible tocarla durante una buena temporada, por lo menos hasta que se curasen las heridas.
-¿Qué se supone que haces ahora?-dijo Eminem mientras me quitaba la guitarra de las manos.-¿Quieres desangrarte?
-No, sólo probaba a ver si podría tocarla, pero ya veo que no...
Se sentó a mí lado y me miró esperando algo. Yo me alejé un poco pero él no dijo nada.
-Bueno, ¿de qué quieres hablar?
-Yo no quiero hablar de nada.
-Creo que deberías hablar sobre tus miedos para que puedas empezar a dormir.
Alcé una ceja al oírle hablar así.
-¿Quién eres y qué has hecho con el Eminem que yo conocía? ¿Por qué no hablas mal y te crees mi psicólogo?
Hizo un amago de sonrisa, pero la volvió a ocultar.
-Primero, sigo siendo el mismo de siempre, pero si quiero puedo controlarme al decir palabrotas sobretodo en una situación como esta.-dijo mirándome.-Y segundo, creo que deberías hablar sobre lo que te preocupa porque tienes demasiadas cosas en la cabeza para poder dormir.
-Sí, puede que tengas razón.-dije mirando a los papeles que había encima de la mesa.
-Empecemos, entonces.-dijo inclinándose para coger los papeles.-¿Son canciones?
-¡No los mires!-dije quitándoselos de las manos.
-¿Por qué?
-Es privado, y de todas maneras, no están terminadas y son un desastre. Soy incapaz de escribir nada bueno.
-Me gustaría verlas.
-Lo siento, pero ahora no, me da vergüenza.-dije cogiendo todos los papeles y amontonándolos.-Cuando estén terminadas, te cantaré lo que quieras.
-Te tomo la palabra.-dijo levantándose del sillón.
No me gustaba cantar para él porque sabía que no escuchaba mi tipo de música, pero ya no podía hacer nada. Volví a mirarle y abrí los ojos al ver que llevaba en la mano un álbum de fotos.
-¿Qué haces con eso?
-¿Puedo ver a tu familia?-me preguntó sin esperar a mi respuesta.
Vi como abría el álbum y aparté la vista rápidamente. Sabía que si veía una foto de mi abuela, me echaría a llorar.
-¿Quién es esta? ¿Es tu madre?
Me acerqué a él para que apoyase el álbum también en mis rodillas y que pudiésemos verlo los dos.
-Sí, es mi madre.-dije sonriendo.-Y este de aquí es mi padre, con unos amigos en carnavales, más que nada por como van vestidos.
Pasé paginas mientras veía los primeros años de mis padres como novios. Mi hermano James aparecía en alguna foto junto con Amanda, y al verlos volví a sonreír. Unas fotos mías de cuando era pequeña empezaron a aparecer y pasé rápidamente las páginas para que Eminem no me viera. Después llegamos a una foto donde estábamos todos: mis abuelas, mi padres, mi hermano James y yo. Mi hermano y yo sujetábamos a mis hermanos pequeños, que eran recién nacidos. Miré la cara de cada unos de ellos y pude ver felicidad, algo que hacía mucho que yo no sentía. Cerré el álbum y lo alejé un poco de mí.
-No puedo, ya vale por hoy.-dije quitándome las lágrimas de la cara.-En serio, otro día continuamos.
-Pero...-dijo él abriendo el álbum otra vez.
-Por favor.-dije cerrándole apoyando mi mano en la suya para que no lo volviese a abrir.
Me miró a los ojos y decidió hacerme caso por una vez. Dejó el álbum en la mesa y lentamente me pasó un brazo por los hombros, algo que me dejé hacer porque lo necesitaba.
-Tú no tienes la culpa de nada.-dijo dándome un beso en la frente.-No pienses así porque sabes que no es verdad.
Apoyé la cabeza en su hombro y cerré los ojos.
-Gracias.-dije abrazándole.-Gracias por estar aquí.
-Las veces que sean necesarias.-dijo abrazándome más fuerte.
() () (*)
Me revolví un poco y volví a acomodarme para estar más cómoda y poder seguir durmiendo, pero yo sabía que una vez despierta no me volvería a dormir, porque me pasaba desde siempre. Abrí los ojos y comprobé que el otro lado de la cama estaba vacío, y me sentí un poco incómoda. Eminem había dormido conmigo desde hacía tres noches para ayudarme a conciliar el sueño y descansar, y aunque al principio no dormía casi nada, había logrado que durmiese varias horas seguidas, pero había sido con él a mi lado. Despertarme sin él no me gustaba porque no me sentía protegida, pero supuse que se había ido a correr por la hora que era. Salí de su habitación y me dirigí a mi habitación subiendo las escaleras.
Empecé a prepararme la ducha con varios pensamientos en la cabeza. Tenía que volver a Estados Unidos ya, no sólo porque tenía varios compromisos para la reedición de mi álbum, si no porque echaba de menos a mi familia. Había necesitado tiempo para pensar que hacer con mi vida, y gracias a Eminem había cogido las fuerzas suficientes para seguir adelante. Pero el problema estaba exactamente ahí. ¿Qué iba a pasar con Eminem y conmigo? En estos días nos habíamos acercado mucho, e incluso se podía decir que había vuelto a sonreír con él, pero había otra persona en mi mente que ocupaba la mayoría de mis pensamientos. Estaba enamorada de Nick, y no podía simplemente dejarle e irme con Eminem, porque le quería más que a nada en el mundo. Sabía que Eminem estaba deseando tener algo más conmigo, casi nos besamos ayer, pero Nick aparecía en mi cabeza siempre que tenía deseos de besarle, porque los tenía. Y no sólo de besarle, pero sabía que no estaba bien, por eso cada vez que pensaba en besarle, me alejaba rápidamente de él.
Salí del baño después de un buen rato con la toalla enrollada al cuerpo. Me había lavado la cabeza y había aprovechado para arreglarme del todo. Me fui vistiendo poco a poco con la toalla en la cabeza, comprobé que tenía la venda de la mano seca, y cuando fui a coger el secador, alguien abrió la puerta del baño.
-Ah, estás aquí.
Eminem se dio la vuelta y volvió a mi habitación. Nunca había subido a mi habitación, y me extrañaba que lo hubiera hecho. Yo me miré en el espejo y comprobé que estaba vestida del todo para que no se me viese nada.
-¿No sabes llamar a la puerta?-dije saliendo del baño mientras me apartaba el pelo de la cara.
-No sabía donde estabas, perdona.
Siguió andando sin ni siquiera darse la vuelta para mirarme.
-Oye, te estoy hablando.-dije cogiéndole del brazo.
-¿Qué quieres?-me preguntó suspirando mientras se daba la vuelta.
-¿Que qué quiero?-dije mirándole a los ojos.-¿Qué te pasa?
-No me pasa nada, sólo quiero ducharme porque estoy sudando de haber corrido. ¿Algo más?
Estaba preocupado por algo, se lo podía notar, pero sabía que no me lo iba a decir.
-¿Estás un poco borde, no?
Noté como apretaba los dientes para no gritarme.
-¿Un poco borde? Encima que me preocupo por ti, me vienes pidiendo explicaciones de qué me pasa y acusándome de si soy borde.
-No te estoy pidiendo explicaciones de nada, sólo te estoy diciendo que podías haber llamado antes de entrar al baño...
-¿Para qué? Si con la ropa que llevas ahora mismo es casi lo mismo que si fueses desnuda...
Me volví a mirar y observé con más atención mis shorts y mi camiseta de tirantes. Si a esto le llamaba ir desnuda...
-No es para tanto.
-¡Para mí si!-dijo ahora gritando.-Verte así todos los días sin hacer nada es un castigo.
Me quedé callada mientras notaba como me estaba empezando a poner colorada.
-¿Me tienes miedo por algo? Si hubiera querido hacerte algo, ya lo hubiera hecho y no hubiera estado aquí contigo haciéndote compañía.-empezó a apuntarme con el dedo, algo que no soportaba.-¿Quién me iba a impedir que te hiciese algo? ¿Juan, que no entra aquí nunca?
-No me apuntes con el dedo.-dije quitándole la mano de delante mía.
-Te apunto con lo que me da la gana.-dijo volviéndolo a hacer.
-No.-dije cogiéndole la mano esta vez sin soltarla.-Mientras estés en mi casa...
-No le vengas diciendo a un padre que es lo que tiene o no tiene qué hacer.
Se dio la vuelta y me dejó con la palabra en la boca. Le miré la espalda mientras avanzaba por el pasillo cabreado para bajar a su habitación. Comencé a sentir una presión en la boca del estómago y supe que tenía que detenerle enseguida si no quería que me diese algo, porque sabía que no podía dejarle ir enfadado. Cerré los ojos y avancé detrás de él para detenerle justo antes de llegar a las escaleras.
-Espera.-dije cogiéndole otra vez del brazo.
-¿Y ahora que pasa?-preguntó mirándome con los ojos muy abiertos.
Le agarré del cuello sin darle tiempo a que reaccionara y junté mis labios con los suyos. Seguí con los ojos cerrados porque sabía que él los tendría abiertos, así que me concentré en abrirme paso en su boca con mi lengua, algo que no me costó demasiado. Cuando pude besarle en condiciones, noté como su mano derecha se posaba en mi cintura mientras que con la otra me pegaba más a su cuerpo. Yo seguí agarrándole del cuello en un acto desesperado de que no se fuera hacia ningún otro lado de la casa enfadado. Tenía miedo de que por una pequeña pelea pudiésemos echar a perder todo lo que él había conseguido por mí.
Su mano siguió bajando por mi espalda hasta llegar a mi trasero, que apretó fuertemente. Bajé una de mis manos por su brazo y decidí separarme de él para poder mirarle a los ojos. Él sonrió de una forma muy interesante todavía agarrándome fuertemente para que no me separase de él.
-¿Y esto a que ha venido?
-No quiero que te enfades conmigo, y pensar que te podías ir... Sé que has hecho un gran esfuerzo por respetarme, pero necesitaba tiempo para saber cuanto te necesitaba.-dejé de mirarle avergonzada.-Siento ser tan... tan...
-¿Tan qué? Ahora que ya tengo lo que he estado esperando tanto tiempo sé que eres especial. No he pensado en irme nunca porque nos necesitamos mutuamente y sólo quiero que seas feliz pase lo que pase. Preferiría dejarte ir con tu marido y que fueses feliz gracias a lo que hemos hecho aquí, a que estuvieses infeliz conmigo.
Le pasé las manos por la cara para recorrerle los pómulos y mirarle a los ojos. Volví a besarle y le dejé que explorase mi cuerpo con sus manos todo lo que quiso. Cuando sacó la mano de debajo de mi camiseta para quitármela, le paré un segundo.
-¿Demasiado deprisa?-preguntó mirándome a los ojos.
-No, quiero que vayamos a mi habitación.
Vi que se sorprendió al decirle eso pero cuando le agarré de la mano y le llevé a mi habitación, me siguió sin ningún problema. Después de cerrar la puerta volví a acercarme a él para besarle mientras que poco a poco le llevaba hacia la cama. Cuando le empujé suavemente para que se sentara en ella, me agarró de la cintura y me tiró encima de él. Le besé de nuevo pero él me detuvo para decirme algo, pero le puse un dedo en los labios para que no dijese nada que me echase para atrás.
-Shhh... No digas nada, por favor.
Me giró hacia un lado para ponerse él encima de mí mientras notaba como su mano bajaba por mi entrepierna. Le obligué a que se quitase la camiseta mientras yo hacía lo mismo con la mía para después dejar que me hiciese todo lo que quisiera. Después de que se quitase los pantalones y volviese a mí, le abracé fuertemente preparada para las consecuencias que traería lo que estábamos a punto de hacer.
() () (*)
Abrí los ojos y me di cuenta que él estaba agarrado a mí por la espalda. Su brazo me abrazaba y sentía su respiración detrás de mí. Me di la vuelta lentamente para mirarle y sonreí al verle con los ojos cerrados. Su cara estaba más relajada e incluso se podía decir que estaba... feliz. Me acomodé mejor para observar como dormía y seguí notando su respiración en mí, esta vez en mi pecho. Después de un rato en el que se había movido un par de veces, por fin abrió los ojos. Me enfocó con los ojos todavía entrecerrados y se aclaró la garganta para hablar.
-Hola, guapa.
Le besé en los labios y le abracé apoyando la cabeza en su pecho.
-¿Qué tal?-pregunté sin mirarle.
-¿Yo? Perfecto. ¿Y tú?
-No, no me refiero a eso...
Cuando pilló la indirecta, sentí como se reía en silencio.
-¿Por qué te ríes?-pregunté levantando la cabeza para mirarle indignada.
-¿Te preocupas por como has estado en la cama?
-Para mí es importante.-dije volviéndome hacia el otro lado.-Sinceramente, he comprobado que no estoy a tu nivel.
Me agarró por la cintura para acercarse más a mí.
-Has estado perfecta.-dijo dándome un beso en el cuello.
-He gritado demasiado.-dije tapándome la cara mientras me reía.
-Es normal, no estabas preparada para algo tan grande...
-Oye, no te flipes.-dije riéndome.
Sonrió al verme reír y se puso más serio.
-Hablando en serio, ha sido un placer.-dijo bajando su mano por mi cintura.-En algún momento he creído que Juan iba a venir en tu auxilio, pero en lo demás, perfecta.
-Cállate.-dije al ver que se reía de mí.
-De todas maneras, siempre podemos practicar más hasta que nos compenetremos mejor.-dijo ahora con su mano en mi pecho, pero al ver mi cara, se paró.-Si quieres, claro...
Le dejé tocarme porque sabía que me tenía ganas, pero quería dejarle las cosas claras.
-Espero que no te pienses que vamos a estar así todos los días.-dije intentando mantenerme seria.-Esto ha sido una excepción y sólo lo haremos cuando a mí me apetezca...
Otra vez volvió a ponerse serio, pero al verle así no pude evitar reírme. Me parecía que estaba tan guapo cuando se ponía serio, que tuve que besarle otra vez.
-Ha sido una broma.-dije abrazándole.
Miré la hora en la mesilla y me separé de él.
-Deberíamos bajar para cenar.
-¿No podemos estar aquí un poco más?-preguntó cogiéndome de la muñeca con cuidado.
-No, porque tengo hambre.-soltó mi mano al oírme decir eso.-Y hoy hago yo la cena.
Busqué mi ropa para ponérmela mientras él seguía tumbado en la cama. Cuando estuve vestida, salí por la puerta rápidamente y bajé para hacer la cena. Decidí que haría la cena como si fuese un desayuno de los que me comía con mis padres cuando íbamos de vacaciones a un hotel: con sus huevos, salchichas, zumo... Tenía tanta hambre que sería capaz de comerme cualquier cosa que me pusieran delante. Comencé a prepararlo todo mientras pensaba en como habían cambiado las cosas desde el día que grabamos el videoclip de la segunda parte de "Love the way you lie". Nunca me hubiera imaginado que mi vida daría un giro tan grande. Eminem había pasado de ser la persona a la que le contaba mis problemas, a ser la persona por la que vivía. Sabía que si él no hubiese venido, lo más probable es que me hubiese vuelto loca o hubiese terminado en algo peor.
-Mmm... Huele genial.
Noté como pasaba sus brazos por mi cintura y me abrazaba mientras yo intentaba seguir cocinando. Me apartó el pelo y me empezó a besar el cuello lentamente haciéndome cosquillas. No llevaba ninguna camiseta puesta, así que sonreí al verle así.
-Para.
-¿No te gusta?-preguntó metiéndome ahora la mano por debajo de la camiseta.
-No puedo hacer la cena así.-dije intentando librarme de él.-Sí que estas necesitado ¿eh?
Paró de meterme mano y me quitó la sartén de la mano.
-Trae anda...
-Puedo hacerlo yo.-dije resistiéndome a dársela.
-Sé que eres capaz de hacerlo, pero quiero hacerlo yo.-dijo apartándome del todo.-Además, no debes hacer mucho esfuerzo con tu mano. Gracias.
Le miré a la cara y comprobé que se había enfadado.
-Oh, te has enfadado.-dije agarrándome a su brazo.-Perdona.
-Intento ser amable contigo y no contestarte mal, pero es que me lo pones muy difícil.-dijo sin mirarme.
-Te estoy pidiendo perdón.-dije ahora abrazándole mientras me ponía entre él y la sartén.-Lo siento...
Le besé en los labios para que reaccionara, por lo menos para que hiciese algo que me indicase que no estaba enfadado. Al verle sonreír, volví a besarle pero esta vez más intensamente.
-Me gusta esta forma de pedir perdón.
Le pasé los brazos por encima de los hombros y me junté más a él, pero empezó a sonar un teléfono en algún lado de la casa.
-Creo que es mi teléfono.-dijo él mientras miraba hacia donde venía el ruido.
Después me miró para decirme algo con la mirada. Cuando capté lo que me quería decir, puse los ojos en blanco.
-Esta bien, ya voy yo...
Avancé por la casa hasta llegar a la habitación donde él dormía, que es de donde salía el sonido. Busqué su teléfono con la mirada y le vi en la mesilla. Cuando lo cogí y vi quien llamaba, no me lo pude creer. Volví sobre mis pasos y al llegar al umbral de la puerta, cogí el teléfono para que Eminem me oyese.
-Hola, Jay.
Vi como Eminem se quedaba parado mirándome a los ojos, mientras que al otro lado del teléfono se producía un silencio incómodo.
-Hola... Natalia.-Jay-Z intentó no parecer sorprendido.-¿Qué tal?
-Pues mira, desde que hablé ayer contigo, han pasado muchas cosas.-dije levantando una ceja mirando a Eminem.
Eminem se acercó a mí para quitarme el teléfono, pero yo me moví más rápidamente por la cocina.
-Por tu tono de voz puedo notar que estás molesta...
-Oh, ¿tu crees?-dije casi gritando.-¿Desde cuando hablas con Eminem a mis espaldas?
-Tranquila, Natalia.-dijo Jay.-Em me comentó que quería ir a verte a Madrid y yo le dije que estaba bien...
-O sea que llevas hablando con él desde el principio.-dije interrumpiéndole mientras me movía alrededor de la mesa de la cocina para que Eminem no me cogiese.-¿Por qué nadie me ha dicho nada?
-Creíamos que sería mejor que no supieses nada, para que no te sintieras observada.-dijo Jay con la voz calmada.-Natalia, te conozco lo suficiente como para saber que es lo mejor para ti y que es lo peor. Sólo quiero que vengas cuanto antes porque tienes muchas cosas que hacer. Me preocupo por ti, y lo sabes, y espero que él te esté tratando bien.
Miré a Eminem y esperé a que viniese a mi lado para detenerle suavemente y que no me quitara el móvil. Suspiré intentando coger fuerzas.
-Me está tratando más que bien.-le miré a los ojos, y vi que los abría al oírme decir eso.-Respecto a cuando voy a volver, creo que lo mejor sería que mañana volviese.
-¿Segura?-oí la voz de Jay al otro lado del teléfono pero me concentré en Eminem.-Espera, B quiere decirte algo.
-Natalia, cariño.
-Hola, Beyoncé.
-Vuelve cuando quieras, no te dejes influenciar por Jay.-oí como por detrás de Beyoncé se quejaba Jay.-Aquí tienes muchas cosas que hacer, pero tú tienes más cosas que solucionar primero contigo misma.
Me quedé en silencio esperando a que me dijese algo más.
-Recuerda que Jay y yo te queremos, pero queremos que estés bien para volver al trabajo. Es fundamental que tú estés segura de que puedes volver, porque sabes que todo el mundo te está esperando aquí...
-Lo sé.
-Entonces tómate tu tiempo.-dijo haciendo que sonriera.-Cuando decidas volver, llámanos.
Me despedí de Beyoncé y colgué el teléfono para dárselo a Eminem.
-¿Qué te ha dicho sobre lo de que te trato bien?
Le miré de reojo y a pesar de todo sonreí al ver que estaba nervioso.
-¿Qué te pasa? ¿Estás nervioso por algo?
-Bueno, antes de venir aquí hablé con Jay sobre lo que teníamos tú y yo.-dijo volviendo a la sartén para que no le viese la cara.-Le conté todo lo que había pasado porque quería una explicación de porque me preocupaba tanto por ti, y casi terminamos mal...
-¿Mal?-pregunté preocupada acercándome a él.-¿Te refieres a... discutir?
-Sí, y bastante.-dijo serio mientras terminaba de cocinar.-Pero después entendió que sólo tu marido o yo podíamos ayudarte a volver. Como él no iba a venir, vine yo a sacarte del infierno en el que te habías hundido.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo al saber que Nick no iba a venir a buscarme aunque lo estuviese pasando mal, pero no le culpaba. Yo era la culpable de toda esta situación.
-Antes me daba igual ese tío, pero cuando te vi en el estado que estabas...
-Em...-dije intentando que parase.
-¡Te estabas muriendo poco a poco!-dijo gritando.
-Marshall...-dije intentando que se callara.-Vale, por favor.
Se quedó callado al oírme decir su nombre.
-Lo importante es que tú estás aquí.-dije abrazándole.-Gracias por todo.
Respondió dándome otro abrazo.
-No podemos decirle a Jay que nos hemos acostado, aunque supongo que tarde o temprano tendrá que enterarse.-dijo Em.
-Esta bien.-dije separándome de él para darle un beso.
Le miré los ojos y comprobé que estaba preocupado de verdad. Aunque me costase la vida, llegaría el día en que tendría que volver a Estados Unidos, y mañana era ese día.