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Historia 35274 — capítulo 6
Capítulo vi
Un mes en el que únicamente dos veces pude escuchar su voz por teléfono me la pasé soñando diario con él. Pensaba todo el día en él y le escribía cartas que si me animaba tal vez algún día le daría. Hasta que por fin llego agosto y regresamos a la escuela, lo que más deseaba era volverlo a ver, quería estar un año más a su lado.
Llegué a la escuela y revisé la lista, Salgado Barrera Alba Victoria. Oh no. Volví a revisar, esta Yuri conmigo, pero no están ni Lety ni Anahi ni Karina… ni Mendoza Arista Luis Roberto.
Dejé mis cosas y corrí como loca al salón de junto, me valía un comino si en el salón en el que él estaba no le hablaba a nadie, yo tenía que estar con él. "Para el tren ahí" escuché que alguien me decía, di media vuelta y lo vi caminar hacia mí.
¿Pues qué hace este chico en vacaciones que cada vez que lo vuelvo a ver está más bueno? Aunque yo sea la única que lo piense. El sabía que no estábamos en el mismo grupo y dado aque ese año no iban a hacer cambios de grupo fue a hablar con el director para que lo pasara a mi salón. No sé cómo lo hizo pero lo consiguió. El destino quiso que estuviéramos juntos en nuestro último año, tanto así que los maestros nos acomodaron uno detrás del otro desde la primera clase en el primer día.
Me encantaba tenerlo cerca, y cómo había crecido bastante sus piernas sobresalían a cada lado de mi banca. Y cuando necesitaba algo se recargaba sobre mi hombro y gentilmente me gritaba lo que quería. En verdad lo quería bastante. Me desvivía por él.
En la primera clase de educación física no llevó el uniforme completo y me pidió que le prestara mi chamarra. Me la quité y me comió con la mirada. En las vacaciones yo también crecí un poco, aunque no precisamente de alto, y fue más que obvio que Roberto lo había notado. No me miró a los ojos en todo lo que quedó del día, estaba ocupado comprobando si el escudo de su playera era igual al mío. Hombres… lo bueno del asunto fue que pude usar su sudadera a cambio de mi chamarra. Y su aroma se quedó impregnado en mí todo el día. Por el momento no le reclamé pero al siguiente día ¡tuve que decirle algo! Pero lo único que dije fue "deja de mirarme como bobo" a lo que él me contestó "tonta tú, no te hagas que tu también me ves así o peor" Ups, entonces si se ha dado cuenta. Y lo que siguió después fue una serie de insultos: menso, tarada, estúpido, lela, idiota, pendeja, inepto, etc. Después esos insultos lo tomamos como un juego, ganaba el que dijera el último insulto y no se podían repetir. Lo malo era que él siempre me ganaba.
En una de las tantas clases que tuvimos libres unos cuantos se estaba poniendo de acuerdo para hacer que corrieran a un maestro de música que era pésimo. Mientras se ponían de acuerdo, una de nuestras compañeras, Ámbar, gritaba "El pueblo unido jamás será vencido, el pueblo unido jamás será vencido…" Justo cuando ella se calló, sonó el celular de Rob. Le llamaba un amigo que era sargento de no sé dónde. Luego le quiso hacer una broma y me pidió que hablara con él y le dijera sarta de babosadas sobre prostitutas a las que les debía dinero. Después de un rato convenciéndome le iba a llamar cuando otra vez Ámbar empezó a gritar "el pueblo unido jamás será vencido" Roberto empezó a desesperarse y me dijo "Si no puedes contra estos bastardos mal paridos, úneteles" me giñó un ojo y le siguió la corriente a Ámbar, ahora los dos gritaban "el pueblo unido…" pero Roberto terminó la frase diciendo "ya cállate el hocico". Todo el salón soltó la carcajada, incluidos Rob y yo, y así fue la única manera en que Ámbar se calló y Rob pudo hacer la broma a su amigo el sargento con mi ayuda.
En su cumpleaños le regalé una linda carta de esas de Changolos que se pusieron de moda. Es que siempre decían que él parecía chango, entonces siempre le he dado cosas relacionadas o de changos. Rob nunca me había dado algo para mi cumpleaños pero ese fue uno de los pocos años en los que me dio algo. Me regaló una cartera de piel, de hombre para variar, pero estaba muy bonita. Además en la caja en la que me la dio le puso una carita feliz toda chueca que se me hizo de lo más lindo. Pero cuando me la entregó me dijo "Shhh, no le digas a nadie. Tu regalo de cumpleaños un poco adelantado" Casi me derrito cuando la tuve en mis manos. Después sonó el timbre del receso y salió corriendo. Cuando él estaba en la fila de la cafetería me acerqué para darle las gracias y le dije si me compraba una rockaleta, le iba a dar dinero para que me la comprara pero no lo aceptó, yo pensé que él me la iba a comprar. Terminando el receso me di cuenta que no me compró ni madres y se trago la mugrosa rockaleta frente a mí, sin si quiera darme a probar un poco. ¡Nunca en todo lo que restó del año me compró una paleta! Se me antojaba tanto quitársela de la boca, plantarle un beso y luego saborearla. Se me antojaban tanto esos gruesos labios pintados de rojo por la paleta y quería probar esa lengua que le quedaba azul después de comerse las capas del centro, maldito bastardo mal parido antojable. Y el profe Octavio sólo hacía que me dieran ganas de correr al lugar de Roberto, sentarme en sus piernas y besarlo apasionadamente cuando platicábamos con él unas compañeras y yo. En esos momentos era cuando menos podía disimular que yo derramaba baba por él. El profe se ponía a decirnos "Es que mírenlo, ¿no les parece interesante? Es bello" a lo que todas, menos yo obviamente, alegaban que no lo era y el profe continuaba diciéndonos "Es una belleza, claro está, pero de otro planeta por supuesto. ¿A caso no les dan ganas de darle un beso a esos labios?" nos decía mientras observábamos a Roberto escupir bolitas de papel llenas de saliva. Mi mente decía a gritos que sí. Y para disimular un poco mi locura lo único que podía hacer era responderle al profe, mientras todas hacían caras de asco por el comentario que él había hecho,"Mi papá le llama Robercantropus Erectus porque dice que parece más un chango y que si Darwin lo hubiera conocido en esa época hubiera descubierto al eslabón perdido" el profe se reía como loco cada vez que se lo mencionaba y si hubiera tenido menos modales se hubiera revolcado en el piso de la risa.
Luego deje de insistirle a Rob con lo de las rockaletas y como habían puesto una máquina de cafés y chocolates en la cafetería pues ahora compraba eso. Se hacía una larga fila para poder comprarlos y cuando por fin lo tenias en la mano se terminaba el receso y entonces o te lo tomabas y te arriesgabas a quemarte la boca o lo tirabas a la basura. En una de esas compré un chocolate cuando faltaban 5 minutos para que sonara la campana y el pinche chocolate no se enfriaba. Cerca del salón estaba Rob con un refresco de mandarina me le acerqué y le pregunté qué podía hacer con el chocolate y me preguntó "¿Qué tiene de malo?" le contesté que no quería quemarme y tampoco tirarlo entonces le dio un trago y gritó "Anda la osa, esta chingadera está bien pinche caliente" destapó su refresco que estaba muy frio y le vació un poco a mi chocolate. Se me quedó viendo y me dijo "¿Tú querías que se enfriara no? Y no dijiste cómo, así es que ya trágatelo que ya se acabó el receso". No me quedó otro remedio más que tomármelo, sabía muy rico por cierto y nos lo tomamos entre los dos.
Lo quería tanto… tanto que cuando casi golpea a un compañero con un bat de baseball que por alguna extraña razón llevaba en la mochila, fui a recuperar el dichoso bat con la profa Liliana al final del día. Le inventamos unas cosas y gracias a mi cara de niña buena, por ser la consentida de la maestra y por la mentira de Rob, la profa me regresó el bat diciéndome "Te lo regreso porque sé que eres responsable pero no lo vuelvan a trer por favor". Dije gracias y que no lo volveríamos hacer. Se lo llevé a Roberto y lo que recibí a cambio fue un "Te tardaste un chingo Vicky, ya casi me iba y mejor pasaba por él a tu casa al rato". *Ah pero que niño, todavía de que lo saco de un problema y recupero sus cosas ni un gracias puede decirme.*Nos despedimos y ya que casi me subía al camión me gritó gracias desde lo lejos.
Un aprieto más del que lo saqué fue uno grande relacionado con gas pimienta. La estúpida de Lizet lo llevó un día y lo puso en el marco de la puerta, cuando todos salimos empezamos a toser y a tener llorosos los ojos porque esa madre los irritaba. Total que a Rob le encantó la broma y quiso un mentado gas pimienta. Lo consiguió y lo llevó al día siguiente a la escuela. Fui a la única a la que se lo enseñó.
Regresando del receso unas chicas se empezaron a sentir mal, dos se desmayaron y otras dos estaban vomitando. Estaban en el patio. Todas tenían parte de la cara y cuello completamente irritados. Nos hicieron regresar a todos los demás a los salones. ¿Qué carajos les había pasado? Escuchamos a los maestros y al subdirector decir que ellas dijeron que algo había pasado en el baño. Registraron el baño y había un fuerte aroma que te hacía toser y te irritaba los ojos…
Cuando Roberto lo supo se puso pálido y me llevó a una esquina del salón. "Yo puse gas pimienta en el baño de los hombres" me dijo en forma de susurro. El gas había pasado al baño de mujeres por la ventilación que estaba comunicada entre ambos baños. Como los hombres no suelen mirarse mucho en el espejo ni tardar tanto tiempo en el baño, a ninguno le pasó nada. Pero en cambio las mujeres, se admiran por todos lados en el espejo, además de que siempre vamos todas en grupo. Y eso si tarda algo de tiempo, tiempo suficiente para que las chicas respiraran mucho del gas pimienta.
"¿Qué tanto fue el que pusiste?" le pregunté a Rob "Como menos de media botella" me dijo aun con el pánico en la cara. Si se enteraban que había sido él, ahora sí lo expulsaban de la escuela. "A ver, ponle el seguro al mentado gas y dámelo" le dije. Cuando tuve el gas lo puse en la pretina de mi falda y me puse el suéter encima, así no se notaba nada. "Van a sospechar de mí chaparra, ¿qué fregados voy a hacer? Ya sé, espérame aquí." Cuando regresó me contó que fue a inventarles a los coordinadores que una vez a uno de sus amigos le hicieron una broma así y que se había puesto bien mal; total que así consiguió que no sospecharan tanto de él.
Registraron todas las mochilas de todos los salones y no encontraron nada. Llamaron a varios alumnos a la dirección para hacer preguntas, yo fui una de las que llamaron. Me preguntaron muchas cosas mientras podía sentir el frío del envase del gas pimienta cerca de mi ombligo. Me preguntaron si pensaba si alguno de mis compañeros pudo haber hecho la broma. Dije que no mientras me sudaban un poco las manos. Me preguntaron si había visto a Roberto hacer algo inapropiado. *Saben que somos buenos amigos.*Tragué saliva y respondí "Estuve con él mientras copiaba mí tarea de Química en el receso, se que está mal pero no creo que sea tan grave como lo que pasó." Antes de hacerme salir de la dirección les dije, con mi cara de niña buena, que si sabía algo o veía algo sospechoso yo les decía.
Terminó el día y nunca se supo quién había hecho la broma. Una vez más Roberto estaba a salvo gracias a mí. Nos despedimos de mano (algo había en esa mano) me dio un fuerte tirón y me dio un gran abrazo mientras me susurraba "Que ésta reemplace la que se te rompió". Se fue.
Volteé a ver lo que sostenía en mi mano. Era una de sus pulseras. De metal, parecía una cadenita que a veces le ponen a las persianas, sólo que ésta era más grande, mucho más grande. Me quedaba perfecta. Desde ese día sigo usando la pulsera.
hola!!! este capitulo se lo dedico a mis dos fieles lectoras: princess_27 y Harry Black Weasley!!! muchas grax por animarme a seguir la historia!!! espero qeu les guste!!! besos de limon para ustedes... abY