abrazando la eternidad — capítulo 10
Cuando llegó, Leah ya estaba allí, con la vampira atrapada entre los dientes. Entre la loba y la propia Renesmee, tardaron dos segundos en descuartizar el frío cuerpo. Cuando por fin terminaron, Nessie no se entretuvo en mirar los restos. Su mirada se posó sobre el cuerpo del gran lobo de pelaje rojizo, que se hallaba tumbado en el suelo a varios pasos de ella. Leah, todavía en forma de loba, se inclinó sobre él gimiendo suavemente. El horror traspasó a Renesmee el corazón. Rápidamente se agachó junto al lobo, y sus sentidos buscaron el sonido del corazón de Jacob. Con inmediato alivio, Nessie descubrió que todavía estaba allí, aunque latía de forma débil e irregular.
¿Jake? - susurró, pasando su mano por el tupido pelaje del lobo. Estaba frío. Leah siguió gimiendo, cada vez más fuerte. Parecía que lloraba.
El lobo abrió los ojos y los fijó en el rostro de Nessie. Su respiración era lenta y entrecortada, y sus ojos denotaban un sufrimiento infinito.
Jake, ¿qué tienes? - preguntó Renesmee suavemente, buscando el origen del daño del lobo a través de sus ojos anegados en lágrimas. No tenía heridas visibles, y ni siquiera olía a sangre. - ¿Qué tienes?
En ese momento, los Cullen en pleno y algunos lobos, entre ellos Sam, llegaron al lugar. Emmett se dispuso a reunir los trozos de la vampira para quemarlos, y mientras tanto, el resto de los Cullen observaron la escena ante ellos con un ligero desconcierto. Sólo Carlisle actuó, acercándose rápidamente al lobo para reconocerlo con sus recién aprendidos conocimientos de veterinaria. Los demás lobos se arremolinaron alrededor de Jacob. Renesmee pudo reconocer a Quil y Embry, Sam, Seth y Paul. Seth se sentó junto a su hermana, rozando a Jacob con su lomo para proporcionarle algo de calor. El pequeño de los Clearwater no dejaba de gemir.
La cara de Edward se contrajo de pronto en un gesto de infinito horror.
-
Oh no… - susurró, acercándose rápidamente a los lobos. - ¡¡NO!!
Edward… - dijo Bella entrando en pánico, acercándose también al círculo de lobos, en el medio del cual se encontraban Jacob, Leah, Seth, Renesmee y Carlisle. - ¿Qué ocurre? ¿Qué le ocurre a Jacob? No huelo sangre…
- Le han mordido… - susurró entonces Carlisle, su voz denotando tal horror que el mismo bosque se quedó completamente en silencio. Sólo los gemidos de los lobos y la respiración trabajosa de Jacob llenaron el ambiente durante varios segundos. Entonces, Bella gimió y se abrió paso entre los lobos para acurrucarse contra Jacob, enterrando su rostro en su pelaje y susurrando cosas ininteligibles con un tono de voz repleto de dolor.
Tras escuchar a sus padres y a su abuelo, la mente de Nessie se puso a trabajar. ¿Qué problema había con que le hubiera mordido? Ella le mordía todo el tiempo, Jacob se curaba rápido. Entonces, ¿qué…?
No tardó más de un segundo en comprenderlo, y un gemido ahogado salió de su garganta. Recordaba aquella vez, en la inocencia de su infancia, cuando había preguntado a su madre la razón por la cual ella no mordía a Jacob si su sangre estaba tan rica y además a Jacob no le hacía daño.
"No creo que sepa tan bien para mí como para tí" rió Bella. "Pero al margen de eso, no debo hacerlo" añadió después, muy seria. "El veneno de los vampiros es mortal para los lobos".
- Jake… - susurró Renesmee entonces, enterrando su rostro en el pelaje rojizo del lobo, tal y como había hecho su madre. Su piel estaba, por primera vez desde que lo conocía, completamente helada. - Por favor… por favor, Jake… por favor…
El lobo rojizo gimió suavemente en respuesta.
Fueron llegando más lobos al claro, hasta que las dos manadas al completo estuvieron arremolinadas alrededor de Jacob. Sam avanzó, apartando a Leah y a Seth del medio de forma suave, y se agachó frente a Jacob, dejando sus ojos al mismo nivel que los del lobo rojizo.
-
¿Qué está haciendo? - susurró Alice, su voz cargada de pena.
Intenta que cambie de fase. - contestó Edward con voz ronca. - Jacob desea hablar con Nessie, y no tiene fuerzas para cambiar por sí mismo.
No tardó mucho tiempo. Con un gemido de dolor, el lobo desapareció, dejando paso al cuerpo de Jacob. Inmediatamente, Renesmee colocó la cabeza del muchacho en su regazo, sin ni siquiera darse cuenta de su completa desnudez. Edward colocó rápidamente su camisa sobre la cintura del muchacho para cubrirlo, y Jacob le lanzó una mirada agradecida. Sus labios estaban azules, y su piel muy pálida. Un sudor frío comenzaba a instaurarse en su frente, y su cuerpo se sacudía en un violento tiritar. La marca de la mordedura del vampiro resaltaba brillante en su hombro derecho, y alrededor de ella, las venas del muchacho habían adquirido un feo color púrpura que se iba extendiendo poco a poco. Extrañamente, la herida no se estaba curando, al contrario de todas las heridas que el muchacho se había hecho desde que se transformó en lobo por primera vez, pero tampoco salía sangre de la mordedura. Era como si la sangre de las venas alrededor de la herida estuviera completamente coagulada.
- Jake… - sollozó Renesmee. El muchacho se las apañó para regalarle una sonrisa, ya que sus lazos con la muchacha todavía le empujaban a intentar tranquilizarla.
Tras besar al muchacho en la frente, Nessie se volvió hacia Carlisle.
Abuelo… ¿qué podemos hacer? - preguntó con un hilo de voz, aunque ya sabía la respuesta. Simplemente, no quería hacerse a la idea de ella. - Tiene que haber algo que podamos hacer…
Carlisle le devolvió una mirada infinitamente triste, y sacudió la cabeza, para alejarse después varios pasos. El silencio seguía reinando en el lugar. Sólo los gemidos de los lobos y los sollozos sin lágrimas de Bella sacudían la quietud del bosque. Renesmee lloraba en silencio. No tenía fuerzas ni para sollozar. Todo eso era culpa suya. Debería haber esperado en casa hasta que Jacob llegara. No debería haber salido a su encuentro. No debería haberse peleado con él hasta estar a resguardo. ¿Qué había hecho? ¡Era culpa suya!
Jacob leyó el despliegue de emociones en los ojos anegados en lágrimas de Renesmee, y negó trabajosamente con la cabeza.
-
No es culpa tuya. - susurró, su voz ronca apenas audible. - No te atrevas a pensar que es culpa tuya.
Por favor, Jake… - susurró Nessie, su voz rota por el dolor. - Dime que puedo hacer. Debe de haber algo que pueda hacer. Por favor…
Jacob volvió a sonreír débilmente.
-
Sé feliz. - pidió, su voz sonando todavía más débil. - Hazlo por mí.
-
No puedo. - susurró la muchacha, comenzando, ésta vez sí, a sollozar. - No sin ti.
Podrás. - sentenció Jacob, y su cara se contrajo en un espasmo de dolor a la vez que su corazón, siempre tan fuerte, comenzaba a desfallecer por momentos.
-
Por favor, no me dejes. - susurró Nessie. Su voz encerraba tal dolor, que la expresión de Jacob se contrajo en una mueca atormentada. Ésta vez no podía hacer nada para ahuyentar la pena de de aquella con quien se había imprimado. No podía, pues él era el causante de ese dolor. Jasper también sintió el dolor de su sobrina, tan fuerte que, con las manos en las sienes, tuvo que alejarse varios pasos para poder pensar con claridad. Alice se acercó a él y enterró su juvenil rostro contra la camisa de su esposo, su menudo cuerpo sacudiéndose también en callados sollozos sin lágrimas. Edward también se llevó las manos a las sienes, incapaz de soportar los pensamientos de dolor de los lobos, de su mujer, de sus hermanos, los suyos propios… pero sobretodo, los de su hija.
-
Lo siento, Nessie. - susurró Jacob.
-
Siento no haber podido hacerte feliz. - Antes de que Renesmee pudiera responder, el muchacho se volvió hacia Leah. - Me parece que vas a ascender. - dijo, intentando sin éxito aligerar el ambiente. Leah simplemente negó con la cabeza y gimió suavemente.
En ese momento, Jacob jadeó. Cerró los ojos fuertemente cuando un espasmo de dolor se apoderó de sus sentidos, provocando que todos los presentes contuvieran el aliento. Renesmee comenzó a acariciar los cabellos del muchacho, intentando aliviarle el dolor. Bella comenzó a sollozar más fuerte, y Jacob volvió a abrir sus negros ojos, opacados ante la cercanía de la muerte, para fijarlos en el rostro angustiado de su mejor amiga.
-
No llores, Bells. - pidió con un hilo de voz. - Odio hacerte llorar.
Lo prometiste, Jake. - susurró Bella, sin dejar de sollozar. - Prometiste que siempre estarías conmigo, que siempre tendría tu amistad. No rompas tu promesa ahora. No me dejes. No dejes a Nessie. Por favor, Jake. Por favor…
-
Lo siento, Bella… mi Bella… - susurró Jacob de forma atormentada mientras su rostro empapado en sudor adquiría una tonalidad azulada ante la falta de oxígeno que ya asolaba su organismo. - No sabes cuanto lo siento. - su voz comenzó a sonar estrangulada.
-
Sssh… no hables. - susurró Nessie, acariciando la mejilla de Jacob. - Tranquilo, amor. Todo va a ir bien. - su voz se rompió en la última palabra, y la muchacha se sintió desfallecer. No, no iba a ir bien. Nunca jamás iba a ir bien. Se obligó a continuar hablando. - Ya lo verás, amor. Ya lo verás.
Jacob volvió a cerrar los ojos, odiando lo que le estaba haciendo a la persona que constituía su universo entero.
De pronto, el cuerpo del joven quileute se contrajo en otro espasmo de dolor, y el muchacho gimió entrecortadamente. Sus pulmones lucharon por conseguir un poco de oxígeno que le permitiera aguantar unos minutos más. Renesmee le acarició la mejilla, intentando reconfortarle mientras sentía que su garganta se cerraba a causa de sus violentos sollozos. Los ojos del muchacho comenzaron a cerrarse, y su corazón comenzó a latir todavía más lenta e irregularmente.
- No, Jake… - dijo Renesmee, con voz apremiante. - ¡Quédate conmigo! Quédate conmigo, cariño… No me dejes. ¡Me lo prometiste! No puedo vivir sin ti. Te quiero, Jacob. ¡¡Te quiero, te quiero, te quiero!! ¡¡NO ME DEJES!!
Y Jacob lo intentó. Con todas sus fuerzas. Pero su cuerpo ya no le respondía. Las tinieblas amenazaban con llevárselo en cualquier momento.
Te amo, Nessie. - se las arregló para susurrar esa última frase antes de dejarse arrastrar. Lo último que escuchó fue la voz de la muchacha llamándolo a gritos, y la voz apremiante de Bella gritando el nombre de su marido.