abrazando la eternidad — capítulo 8
Los lobos no volvieron ese día. Ni el siguiente. En la mañana de su cumpleaños, una ojerosa Renesmee retorcía las sábanas de su cama con nerviosismo. Jacob nunca se había perdido uno de sus cumpleaños. ¿Y por qué ni siquiera habían mandado noticias? Si les había pasado algo…
Si le había pasado algo a Jacob…
El dolor que le produjo ese pensamiento fue demasiado fuerte. La muchacha apretó su cara contra la almohada, y su cuerpo se sacudió en violentos sollozos. En un abrir y cerrar de ojos, sus padres estuvieron junto a ella.
- Cielo… - susurró Bella, tomando el cuerpo de su hija en su regazo.
Edward se sentó junto a ellas, y las envolvió a ambas en un suave abrazo.
Nessie… - murmuró entonces Edward, con voz calmada. - No deberías preocuparte por Jacob. Es fuerte. Estoy seguro de que está bien.
Pero… - sollozó la muchacha, desde el pecho de su madre. Antes de que pudiera decir nada, su padre ya le había leído el pensamiento.
Quizás se han alejado demasiado como para mandar noticias. - contestó Edward. - No deberías preocuparte. Tres vampiros no son rivales para esas dos infernales manadas. Ni diez.
Sin dejar de sollozar, Nessie apoyó una mano temblorosa en la mejilla de su madre, mostrándole la imagen de aquella pesadilla que había tenido tres noches atrás. Edward se estremeció ante el dolor de su hija, sus ojos llenos de sufrimiento por ella.
-
Nessie, no pienses más en eso. - urgió Bella, utilizando el mote de su hija, el cual no utilizaba nunca. - Fue un sueño. Sólo eso. Jake está bien. Seguro que sí. Seguro que aparece hoy por aquí con su sonrisa de golfo para que pueda arrancarle la cabeza por tenernos así de preocupadas.
-
He luchado codo a codo con los lobos, Nessie. - añadió su padre. - Son más fuertes de lo que parece.
Yo los he visto luchar. - afirmó Bella entonces. - Son ridículamente fuertes. Y además, imponen mucho respeto a sus enemigos. Recuerda que fueron ellos los que provocaron que los Volturi se detuvieran a escuchar cuando vinieron a por nosotros. Tres míseros vampiros no serán capaces ni de tocarlos.
Pero nada de lo que le dijeran podría aliviar el miedo que se había instaurado en el corazón de Renesmee.
Ese día, por primera vez en siete años, en la casa de los Cullen no se celebró la fiesta de cumpleaños de Renesmee. Charlie apareció por allí junto a Billy, una muy embarazada Rachel y Sue, esperando encontrar a la pequeña de los Cullen rodeada de regalos. Pero lo que se encontraron los humanos al llegar fueron caras largas.
Nada más ver aparecer a Billy, a Rachel y a Sue, Nessie se lanzó hacia ellos con ojos suplicantes, esperando recibir sus tan ansiadas noticias, pero ninguno de los tres sabía nada de los lobos. Le dijeron que no se preocupara, que seguro que estaban bien, pero la preocupación que los tres escondían en el fondo de sus ojos provocó el efecto contrario en la muchacha. Sobretodo la preocupación de Rachel, la hermana de Jacob. Ella también era una de las imprimadas, y temía doblemente por su imprimado y por su hermano.
Charlie, quien a pesar de su deseo no había podido evitar enterarse de ciertas cosas, y más ahora que vivía con Sue (y por tanto, con Leah y Seth), se sentó con su nieta y le pasó el brazo por los hombros, en silencio.
La noche llegó sin que se produjera ningún cambio.
Nessie se hallaba sentada en el límite entre el jardín de los Cullen y el bosque, pasando los dedos suavemente por el brazalete que Jacob le había regalado en su primera Navidad de vida. Un brazalete que también había visto en las muñecas de Emily, Claire, Rachel y Kim, las otras cuatro muchachas imprimadas por los lobos, por lo que ahora comprendía más o menos su significado. Un significado que estaba deseando abrazar, y más ahora que no sabía donde estaba Jacob. Al infierno con sus dudas, al infierno con sus miedos. Jacob estaba hecho para ella. Su media naranja, su otra mitad.
Su alma gemela.
Unas lágrimas silenciosas se derramaron por sus rosadas mejillas, casi sin que la muchacha se diera cuenta. Esa espera era inaguantable. Jamás había pasado tanto tiempo separada de Jacob. Jamás había pasado tanto tiempo sin saber nada de él. Por primera vez en su vida, Nessie se dio cuenta de cuanto necesitaba la cálida presencia del muchacho a su alrededor, del papel que Jacob tenía en su felicidad, de lo perdida que se sentía cuando él no estaba a su lado. Se sentía como si alguien le hubiera arrancado algún miembro, como si alguien apretara su corazón haciéndole daño.
Sólo ahora entendía Nessie que entre sus muchas capacidades no se encontraba la de vivir sin Jacob Black a su lado. No podía vivir sin él.
Renesmee sintió la suave presencia de sus padres tras ella. Ambos se sentaron, cada uno a un lado de ella, y la muchacha se acurrucó en medio, aceptando el consuelo que sus duros y fríos cuerpos le ofrecían. Nessie sabía que su padre estaba leyendo todos y cada uno de sus pensamientos, pero no hizo ningún comentario. Si le molestaba la forma en que la muchacha estaba pensando en Jacob, el nivel al que habían llegado sus sentimientos, no lo hizo notar. Tal vez se limitaba a aceptarlo. Al fin y al cabo, no era algo que se pudiera evitar.
Claro que lo acepto. - ésta vez, Edward sí contestó. - Ambos lo aceptamos. Jacob es un gran muchacho, no lo puedo discutir, por mucho que me duela admitir eso de un chucho como él. - bromeó un poco, para darle un tono más informal a su afirmación.
- Jake es muy importante para mí. - dijo entonces Bella. - Y lo conozco en profundidad. No podría estar más contenta. Él es lo mejor que te podía pasar, créeme. Te hará feliz, y estará a tu lado siempre, protegiéndote y amándote con cada átomo de su ser. No se me ocurriría pedir más.
Por primera vez en tres días, Nessie sonrió.
Vamos a salir a rastrearlos. - dijo entonces Edward. - Emmett y Jasper se están preparando. Te traeremos noticias, aunque irritemos a Jacob. No le suele gustar que les hagamos de niñeras. Billy, Rachel y Sue también se han quedado para esperar las noticias, y tu abuelo Charlie también se queda para hacerles compañía.
-
Probablemente Jake os insultará con todas sus ganas cuando os vea aparecer. - rió Bella.
Tiende a tener un vocabulario bastante vulgar cuando se enfada. - asintió Edward, con una sonrisa sarcástica. - Espero que no lo use contigo, Nessie.
Edward miró entonces hacia atrás, hacia la casa, y asintió levemente, levantándose de un salto.
- ¿Os marcháis? - preguntó Bella, pasando un brazo por encima de los hombros de Renesmee.
Edward volvió a asentir, pero de pronto volvió la cabeza hacia los árboles, dudando.
Oh… - murmuró. Una gran sonrisa se extendió por su rostro. - No, creo que no hará falta que nos vayamos. - dijo entonces, lanzando una mirada elocuente hacia Renesmee.
Nessie comprendió. Se levantó de un salto.
- ¿Jake? - preguntó a su padre. Edward sonrió y señaló hacia los árboles.
No tuvo que decir nada más. Con pasos gráciles y silenciosos, Nessie se internó corriendo en el bosque. Bella y Edward se miraron sonrientes, y se envolvieron en un fuerte abrazo.
-
Vámonos. - dijo entonces Edward. - Dejémosles un poco de privacidad.
-
¿No vas a leerle la mente a Jacob para ver si tiene pensamientos impuros con respecto a nuestra hija? - le pinchó Bella.
No. - contestó Edward, con una sonrisa. - Creo que se merece que, por una vez, deje de "hurgar en su cabeza", como él dice. No les vigilaré esta vez. He de dejarles resolver esto por su cuenta.
Bella sonrió con dulzura, y besó a su marido con todo el sentimiento que pudo reunir. Sabía lo que le iba a costar no leer los pensamientos de los dos muchachos, y lo que le costaba confiar en las hormonas de Jacob. Pero el muchacho se había ganado con creces su confianza, eso no se podía negar.
Cuando se separaron, los dos vampiros entrelazaron sus manos, y así, agarrados, ambos volvieron a paso humano hasta la casa principal.