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Historia 3558 — capítulo 47

  1. Miedos absurdos
  • No sabía que fumabas – Dijo Harry con tono suave para no asustarla

  • No lo hacía – Contestó Emy indiferente

  • ¡Ah! – Ni siquiera había abierto los ojos para mirarle. No se había sobresaltado o puesto nerviosa. Harry sabía que no se lo pondría fácil pero eso no le amilanaba. Quería acabar, esa misma noche, con aquella situación entre ellos. Las palabras le llegaban a la boca, distintas para los diferentes temas a tratar. Se acumulaba todo en su cabeza pero al verla con aquel semblante de melancolía impasible, no discernía por cuál empezar primero. Al final, una pregunta simple y directa ganó estúpidamente al resto - ¿Entonces por qué lo haces ahora?

  • Prescripción médica - Abrió los ojos y le miró a través del humo del cigarro. Se le encogieron las entrañas. Ya quedaba poco del Harry niño que ella se empeñaba en mantener. Sólo un reflejo al fondo de su mirada, algo apenas visible, más bien intuido, porque quien estaba allí de pie, observándola, ya era un joven que cualquier día se escaparía de sus manos

  • ¿Estás enferma?. ¿Te pasa algo? – Inquirió nervioso Harry - ¿No te volverás a ir, verdad?

  • Sólo es hormonal, ya sabes, temas de mujeres con sus tormentos mensuales – A Emy le había sorprendido la reacción de su sobrino. Ahora sentía unas enormes ganas de abrazarlo. Impulsos que le ordenaban levantar los brazos y decirle, con un gesto, que ella estaría bien en el instante en el que él se fundiese en ellos. Sin embargo, se mantuvo quieta y callada, esperando su réplica

  • ¿Por eso te has escondido aquí?. ¿Para llorar tranquila?

  • Sí, por eso – Emy lanzó el cigarrillo al aire, seguía enganchada a los verdes faros de su “niño”, mientras que éstos veían como la colilla se convertía en una pequeña nube de color malva, que desprendió su ya habitual olor a lavanda – Lo que me sorprende es que me hayas encontrado

  • Ha sido pura casualidad

  • Hace tiempo que dejé de creer en las casualidades. ¿Tú no?

  • Quizás lo supe por la conexión que tenemos. Simplemente te vi aquí

  • Más bien creo que, verme aquí, se debe a uno de los poderes que no admites - ¿Por qué tenía ganas de lanzarse a abrazarlo y en vez de ello le soltaba recriminaciones?. De nuevo llevó la cabeza hacia atrás y cerró sus ojos. De seguro que su comportamiento era la excusa para no terminar de derrumbarse

  • No he utilizado conscientemente ningún poder, así que no sé qué quieres que admita

  • Imagínate si lo potencias

  • ¿Potenciar el qué? – Harry lo sabía, en el fondo intuía la respuesta pero no quería que fuese cierto, no quería agarrar esa carta, ni jugar con ella. Consideraba que era engañosa y traicionera

  • Entiendo tus reticencias ante la idea de ser un “Visionario”

  • He venido a pedirte perdón

  • ¿Por qué cambias de tema?

  • He leído el libro que me diste y...

  • No quiero hablar de eso aquí

  • ¡Pero es importante!. Ahora comienzo a entender que...

  • No quiero hablar de eso aquí – Repitió con más ímpetu

  • Emy, comprendo que no me lo pongas fácil pero no pienso dejar que salga el sol sin que hayamos tenido la conversación que quiero – Harry había subido el tono de voz involuntariamente. Se formó un silencio incómodo, en el que Emy seguía ausente de mirarle, perdida en sus pensamientos, a los que él no tenía acceso – Tu reacción fue acertada ante mi...

  • Las rocas oyen, como el fuego, como el agua y el aire

  • Yo sólo quiero que me escuches tú

  • Estoy cansada – Dijo despacio, como si cada una de esas dos palabras fuese una soga hiriente que llevara asfixiando su alma desde hace tiempo

  • Por favor, no soporto estar así contigo – Harry calló de rodillas junto a ella. Era cierto, no aguantaba más

Emy se giró hacia él y le sonrió. Sus ojos brillaron más que la media luna que luchaba por verse entre las nubes. Esta vez sí le obedecieron sus brazos, llevando su mano delicadamente para acariciar la mejilla de su niño... ¡Su niño!. No podía escapar al instinto de maternidad. Ése que le había hecho comportarse como una neurótica, sacando su espanto a flote en forma de gritos, insultos y venenosos sarcasmos. Y es que el temor de sus recurrentes pesadillas era perderle. La angustia de sus recelos su desmesurada curiosidad. El temblor de sus manos su excesiva valentía, y una duda perpetua: si iba a encontrar la auténtica razón para luchar. Era por quien había vuelto, por quien nunca quiso marchar, era por quien salió de la oscuridad, era por quien volver amar, por quien regresar para vivir. Él significaba Sirius y ella, él significaba familia, su sueño arrancando en el pasado y su motivo para luchar en el presente. Una lucha en silencio, por que no había sido invitada al único evento en el que quería lucir todos y cada uno de sus poderes más destructivos. El Destino le hizo leona pero su ferocidad la encerró en la jaula más alejada de aquel esperpéntico circo, en el que se jugaban la vida.

  • Está bien. Vayamos al Jardín de Los Guardianes – Se levantó y por un momento sus pasos le guiaron hasta el precipicio, con toda la intención de lanzarse en medio de la noche al lago, para llegar antes al Jardín

  • ¿Qué haces?

  • Iba a saltar – Tuvo que aguantarse las ganas de llorar. Ahora ya no estaba en juego su integridad, ahora era madre... madre antes que La Unión

  • ¿Por qué?

  • Debes aprender, de una vez, que somos parte de nuestro elemento. Tú eres el Poder del Agua, así que llegaríamos enseguida, el lago cumpliría tu deseo de traslado. Simple y llano – Emy, esta vez, no se lo dijo en modo de reproche, sino recordando lo evidente. Hablaba ausente sin mirarle, porque él habría visto en sus ojos que algo, esa noche, asomaba a su vida. Si él le preguntaba directamente, no iba a poder mentirle – Respeta y siéntete cómodo con lo que eres, sino no podrás dar los pasos finales, no llegarás nunca a la conclusión de tu entrenamiento

  • Está bien – Dijo Harry con convencimiento, mientras miraba hacia abajo y contemplaba el oscuro espejo - ¡Saltemos!

  • Será mejor ir dando un paseo

Harry siguió a su tía rocas abajo, sin entender entonces para qué se lo había dicho. Quizás seguía sin confiar en él y por eso no creía que fuese capaz de llegar al jardín después de un salto y un chapuzón en medio de la noche. No preguntó, era mejor dejar las cosas tal cual. Estaba muy rara pero prefería verla así que cabreada. Anduvieron por los terrenos y los senderos del bosque sin hablar y sin encontrarse con nadie. Por un momento, Harry pensó que el resto les huía, que algo le decía al mundo que no debía interrumpirles en su mutua compañía. Cuando miraba a su tía de reojo, veía pasmado como relucía en la noche, cual unicornio o fénix, quizás un hada. Ella alumbraba la oscuridad, emitiendo una luz ambarina, que resultaba dolorosa al contemplar.

  • Lo siento – Dijo borrando el silencio Harry, mientras la veía beber en la fuente - Entiendo tu temor, tu cabreo conmigo, en verdad he sido un inconsciente

  • ¡En verdad... mmm... en verdad! – Repitió ella con mordacidad, sentándose en la piedra y jugando con el agua entre sus dedos – En verdad no tenías porqué saber nada de esto, así que “en verdad” no me debes disculpas

  • Mis disculpas son por lo que te dije, no soy nadie para echarte en cara nada

  • Ahí te equivocas, por desgracia, eres el único que queda para echármelo en cara – Seguía sin mirarle, no podía hacerlo. Se estaba derrumbando y no sabía cómo impedirlo. ¿Qué clase de madre iba a ser si ni siquiera era capaz de alegrase por ello?. Tenía miedo, auténtico pavor. Al mundo llegaría un nuevo ser ante el que sentirse culpable. ¡Qué egoísta era!. Volvía a salir el monstruo que creyó dejar de ser - No hay nada de lo que se habló que no fuese cierto y que no cargue con ello cada día de mi vida

  • Pero yo no quise... – Dijo Harry sentándose a su lado y buscando su mirada. Lo sabía, sabía que el daño había llegado demasiado dentro, que sus palabras jamás se irían de la memoria de su tía y se detestaba a sí mismo por ello

  • Ahora eso ya da igual, está en el pasado y allí se debe quedar – Cortó Emy tajante, hundida en sus pensamientos de delito y autodestrucción, sin querer observar a Harry, sin querer ver su auténtico arrepentimiento

  • No quiero que pienses que no te respeto. Yo te admiro profundamente, tienes que saberlo – Harry le habló con ímpetu, guiando con su mano la barbilla de Emy para que viese que era cierto y encontrando la tristeza en su rostro

  • Prefiero que simplemente me quieras – Contestó Emy mirándolo al fin a los ojos, a la vez que dos lágrimas resbalaban por sus mejillas, al tiempo en el que el alma se comprimía para dar cabida a un miedo asolador

  • Eso ya lo sabes – Dijo él con emoción, borrando con sus dedos las señales de aflicción en el rostro de Emy

  • ¿De verdad?. ¿No te estoy perdiendo entre tanta discusión?. ¿No te he alejado siendo dura contigo en los entrenamientos?. No debí ser yo, ellos tenían razón, no debo ser yo quien te entrene, sólo quien te quiera, sólo tu tía... nada más

  • Eres mucho más que mi tía y lo sabes, eres la madre que nunca tuve – Harry la besó dulcemente en la mejilla

  • He llegado demasiado tarde. Debí esperar a que terminaras de estudiar. Eres igual de independiente que yo, no estás acostumbrado a que te corten las alas. No he hecho lo que debía, lo he estropeado todo. Sólo he traído caos a tu vida – Dijo mientras se tapaba la cara con las manos

  • ¡Eso no es cierto!. No le he importado a nadie tanto como para arriesgarse por mí como lo has hecho tú – Aseguró con tristeza Harry – Así que, aunque a veces no lo demuestre, estoy encantado con el cambio

  • Tienes mucha gente a la que importas y que lo ha hecho mucho mejor que yo a tu lado...

  • Soy quien soy por ti, Emy

  • ¡No! Apenas he tenido nada que ver. Cuando te encontré ya eras energía pura

  • Me faltaba lo fundamental. Me faltó el amor de una madre y tú has sido la mejor madre que pude soñar. Ha sido por ti que yo he aprendido a querer, por quien aprecio mejor el amor de un padre como Sirius, el de unos amigos como Ron y Hermione. El inmenso amor que sentimos Ginny y yo, me asustaría y acobardaría si no fuese porque tú me enseñaste a vivir una vida sin miedos absurdos

Ya no aguantó más. Le atrajo hacia ella y le abrazó. Era cierto que estaría bien en el instante en el que él se fundiese en sus brazos. Esos miedos absurdos de los que hablaba Harry, se le fueron fundiendo a Emy en el calor de su sobrino. Sus delitos y faltas se desvanecían en el pasado, como espectros guardados en féretros pero algo seguía ahogándola, persistiendo en quedarse arraigado en ella. Lo llamaba “la última noche”. La visión de un momento oscuro que quizás no tuviese fin. Lo que asfixiaba sus entrañas era la posibilidad de no ver nunca el rostro de su hijo. Y entonces lo notó. Dos cosas pasaron a la vez. Una fuerte energía le unía a Harry, recorriéndolos de arriba a bajo. Cerró sus ojos y le vio. Era una premonición. De forma borrosa veía a Harry abrir los ojos y asomar una gran sonrisa. Aquella sorpresa le hacía mucha ilusión. Emy lo supo y justo en ese mismo instante, notó, por primera vez dentro de su vientre, a su bebé. Se quedaron un rato en silencio. Ella con el temor de que él lo hubiese podido sentir y Harry con la seguridad de que no debía de preguntar. Emy se puso en pie y le ofreció la mano a Harry, darían un paseo entre las perpetuas flores. Si seguía allí, abrazada a él, terminaría confesando más de lo que quería. Aún no estaba preparada.

  • ¿Me perdonas? – Preguntó Harry con voz de niño – Yo lo hice, te perdoné y eso que en ocasiones te detestaba

  • No tengo nada que perdonarte – Emy le revolvió el pelo mientras le iba naciendo una sonrisa sincera por primera vez en el día

  • A veces soy un imbécil

  • ¿Y quién no? – Exclamó dándole un codazo

  • Por fin puedo ver las cosas con mayor claridad, el libro me ha mostrado un camino para comprenderlo todo – Harry andaba más deprisa, su humor había mejorado considerablemente, ahora caminaba delante de ella marcha atrás, explicándose con las manos como si hubiese estuviese a punto de hallar la respuesta a todas sus preguntas

  • ¿Todo?. ¡Qué suerte! – Emy se quedó asombrada ante la inocencia de esa afirmación

  • Las ideas pueden estar desordenadas en mi mente pero tú... tú puedes ponerlas en su sitio si me confirmas que mi destino...

  • Te lo dije hace dos años, no seré yo quien te hable de tu destino

  • ¿Es porque no confías en mí? – Preguntó Harry parando ante ella

  • En absoluto, es porque decírtelo sería confirmarlo y eso es algo que no pienso admitir. Bastante tengo con aceptar el mío, como para ser la voz que dé sentido al tuyo – Emy le bordeó y siguió paseando

  • ¿Debo hacerlo yo?

  • Exacto

  • ¿Tú ya sabes cuál es el tuyo?. Dime que no será morir por salvarme a mí

  • ¡Qué más quisiera que estar en tu lugar! – Le salió del alma. Lo cierto era que las ganas de acabar con el malnacido de su tío, no desaparecían de sus deseos ni siquiera estando embarazada. Lo más probable es que se incrementaran para mantener sus tesoros a salvo

  • Pues yo no lo quiero en absoluto, no pienso cargar con otra muerte mas a mis espaldas, no lo amito

  • No me refería a eso. Mi niño, tú no tienes que cargar con nada, bastante conque lleves la responsabilidad dada sobre la espalda – Emy pasó su brazo por el hombre de su sobrino

  • Pude cambiarlo, pude volver a por ellos, decirle a mi padre que se marcharan a España... ¿Por qué dijiste que el mayor regalo fue no hallar las repuestas que buscaba mi padre?. ¿Qué tuvo en la punta de sus dedos?

  • Tuvo su vida y la de tu madre

Harry se quedó pensando aquella respuesta. Le volvían la multitud de preguntas a la cabeza. Haber leído “La piedra de fuego caída del cielo” le contestaba unas pero no todas. Quizás se estaba equivocando, quizás sus respuestas no eran las válidas. ¡Si ella pudiese contestar algunas!.

  • ¿Es Marina de quien se habla en la leyenda?

  • No, Harry, aunque debo decir que es quizás la más próxima a ella con otras dos hadas, Vesta y Sabana. Tú no la conoces, no coincidiste con ella, fue Ginny la afortunada bruja a quien ella eligió para ser su hada. He de decirte que tienen una relación muy singular, igual que tú con Marina

  • ¿La reina eligió a Ginny? – Preguntó asombrado Harry – Quizás por eso Hagrid dice que Ginny es muy especial

  • Lo dice por muchos más motivos – Rió Emy ante la simplicidad del razonamiento - No todas las brujas tienen el poder de curación de Ginny y si encima se le ha otorgado la Llama... Nuestra pelirroja es muchas cosas y todas ellas son muy deseables para quien tú sabes. ¿No creerías que os iban a separar por mero capricho?. Está cumpliendo de maravilla con su trabajo, está manteniendo a la estrella unida por amor. Avisó a Sirius, hizo llegar las cartas de Ron y de Hermione, estuvo contigo en el sueño, incluso yo puedo sentir cómo ella me echa de menos y me manda ánimos

  • ¿Cómo sabes que...?

  • ¡Ay, cariño!. Aún eres un poco inocente. ¡Cuánto daría para que se mantuviese!

  • Premonición, seguro que es por tus premoniciones – Se quejó Harry – Como la que acabas de tener

  • Yo no te he dicho que haya sido eso – Sonrió Emy ocultando la verdad

  • No hace falta que me lo confirmes

  • En ese caso, no lo haré – Emy se paró a contemplar sus tulipanes, permaneciendo ambos callados varios minutos

  • ¿Sabes?. Hemos ganado el partido

  • Lo sé, felicidades

  • Yo no cogí la snitch

  • Hay que saber perder – Siguió caminado hacia un banco próximo y se sentó

  • Tía – Dijo Harry con voz entre melosa y pícara

  • Malo

  • ¡No!

  • De seguro que va una pregunta con trampa después de eso, como siempre

  • Con trampa no, pero sí una pregunta – Confirmó Harry parando frente a ella- ¿Por qué has decidido acompañar a Sirius en las misiones?. ¿Has visto que le vaya a pasar algo?

  • Es mucho más sencillo que todo eso. Simple y llanamente quiero estar con él

  • ¿No es por Wilcox? – Preguntó de nuevo Harry

  • No, Wilcox es tema aparte – Emy miró a Harry fijamente - ¿Crees que debí matarle?

  • Creo que, si se puede evitar, no se debe matar a nadie

  • Este es mi chico – Una amplia sonrisa apareció en el rostro de Emy – Gracias por esa respuesta, la necesitaba

  • Tía

  • Malo

  • ¡No! – Se quejó Harry en tono divertido para luego pasar a uno más serio - ¿Qué hicieron Los Fundadores para querer enmendarlo ahora?

Emy se recostó en el banco e invitó a que Harry se sentara a su lado con una palmada en el asiento de madera mullida. Cruzó los brazos y miró al cielo. Una leve sonrisa apareció en su boca. Su rostro se tiñó de melancolía, al igual que su voz.

  • Cuando era pequeña, mi madre me sacaba a pasear cada mañana a Hyde Park. Nunca nos llovía. Frecuentábamos una zona ajardinada con columpios que estaba cerca de casa. Recuerdo que día sí, día también, nos cruzábamos con una señora de mediana edad, que paseaba sola. Se me encogían los sentimientos al verla. ¡Era tan triste!. Daba igual que hiciese un sol de justicia o soplase el más frío viento del norte, ella llevaba puesto el mismo abrigo raído, encima de un vestido viejo de algodón. Vestía de un gris monótono y descolorido, haciéndola parecer un personaje ceniciento de algún antiguo libro olvidado. Sólo un punto de color le daba realidad, siempre llevaba en la mano una rosa amarilla. No recuerdo haberla visto con un bolso en la mano, ni con guantes o paraguas. No. Continuamente portaba, cual princesa moribunda, su rosa amarilla. A veces la observaba desde los columpios, otras dejaba de prestarla atención y me centraba en mis juegos con los otros niños pero siempre de regreso a casa, mi madre y yo manteníamos la misma conversación. Le preguntaba sobre aquella misteriosa mujer, haciendo hincapié en dos grandes, para mí, cuestiones: ¿por qué parecía tan triste? Y ¿por qué llevaba una rosa amarilla?. Un día, en el que mi madre me creía muy concentrada jugando con otros niños, vi como ambas estaban sentadas en el mismo banco del parque, como en la distancia y con apenas un movimiento perceptible de sus bocas, conversaban, hasta que mi madre pasó de tener una expresión inocua a otra de absoluta aflicción. La mujer se marchó antes de que yo llegara al banco y mi madre ya había limpiado sus lágrimas pero no pudo disimular que se le había arrugado el corazón. Por más que le pregunté de regreso a casa, ninguna respuesta obtuve. No me dijo qué era lo que le pasaba a aquella mujer, ni por qué llevaba siempre la rosa amarilla en la mano. Sólo me dijo: “Hay cosas que es mejor no saber”. A veces tengo la sensación que, el día en el que vuelva a dar un paseo por Hyde Park, me la encontraré de nuevo con su rosa en la mano y su alma partida.

  • ¿Y le preguntarás a ella lo que no te dijo la abuela? – Le cuestionó Harry a Emy

  • Hay cosas que es mejor no saber – Contestó sonriendo y entendiendo mejor que nunca a su madre. Lo triste es que era demasiado tarde

  • Pero yo necesito saber, Emy, necesito entender. Al leer el libro y enlazarlo con mis ambiguas pesquisas, me ido creciendo una horrible sensación de que da igual lo que haga, porque ya está todo escrito. Tú hablas de que “ellos” tenían razón, que debía ser Merlín quien siguiese impartiendo los entrenamientos. ¿Quiénes son ellos, Emy? ¿Los Fundadores? ¿Son parte ellos de mi destino? ¿Qué, quién o quiénes son El Destino?

  • Tú, al igual que en su momento tu padre, buscas respuestas exteriores siendo una respuesta interior la que en verdad necesitas. Por eso no seré yo quien te diga qué del pasado influye en el presente para que afiance un futuro. Debes encontrar por ti mismo las respuestas que crees necesitar

  • Pero tú me las puedes confirmar – Se empecinó Harry sin querer soltar la posibilidad de que el equilibrio se le brindase Emy

  • En cuanto las encuentres, sabrás que no necesitan de mi confirmación

  • ¿Entonces por qué me diste el libro?

  • Te he dado muchas otras cosas además de este libro, de hecho tienes otros elementos para que despierten tu curiosidad y varias bibliotecas a tu disposición, con las que responder algunas de estas cuestiones. Lo que no te he dado es lo que debes interpretar en el libro, eso sabes descubrirlo tú solo. No negaré nada que sea cierto. Tampoco esperes más. Yo entreno tu mente, tu energía, tu cuerpo y tu magia. No entreno tus motivos, ni tus decisiones, ni tu vida. Eso, Harry, es personal. No quiero que creas que digo esto con total parsimonia. Cuesta soportar las continuas provocaciones de Tom, los ataques, las muertes de inocentes que se están dando. Los que creemos conocer unos pocos hilos de lo mueve esta situación, pensamos en ocasiones si no es mejor adelantar las cosas y decírtelas para que se produzca antes el encuentro definitivo. En ti han depositado las esperanzas de que esta barbarie, que amenaza nuestra libertad, se detenga. No negaré que si yo no lo hago, es en parte por el miedo a perderte, porque aún cabe la posibilidad de que seas tú quien muera y entonces no sé qué sería de mí

  • ¿De verdad que confías en mí? Dijiste que...

  • Dije cosas de las que me arrepiento como te ha pasado a ti. El miedo no deja confiar, habla a veces por nosotros, pero como tú has dicho antes, debemos vivir una vida sin miedos futuros, absurdos, sustentados en situaciones que aún no han ocurrido. El presente es nuestro tesoro, intentemos no perder ese rumbo

  • ¿Puedes decirme al menos si volvemos a estar conectados como antes?

  • Ya no lo estamos. Tú podrías desaparecer de aquí y aparecer en China que ninguno de los dos sentiríamos más que la ausencia del otro de forma espiritual, sin riesgos de muerte o dolor físico. Sí sabría que te has marchado y tú también lo sabrás cuando desarrolles ciertos aspectos de tu interior... pero como no hay manera de hablar de ello contigo

  • No creo estar preparado – Confesó Harry

  • Pues es una lástima – Emy se estiró en el banco, ahogó un bostezo y giró su cuello en señal de fatiga - ¿He dicho ya que estoy muy cansada?

  • Sí, es mejor que volvamos

De la mano y bastante más aliviados, fueron caminando despacio hasta la fuente. Cuando llegaron, Emy se paró a una distancia en la que Harry pudiese ver algo de lo cual, igual, no se había percatado. Levantó la mano y señaló al pequeño murete de piedra que formaba una base circular y que contenía el agua que salía de los bellos caños.

  • ¿Ves esos relieves en el pedernal?

  • Sí

  • ¿Y sabes lo que son?

  • Tienen todo el aspecto de ser runas pero no sé su significado

  • Me apuesto una tarta de chocolate rellena de pepinillos a que Merlín le pidió a Hermione que no os lo dijera – Emy rió – Ese viejo sabe ser muy puñetero cuando quiere, seguramente quería que te llevaras una sorpresa

  • No fue justa su pérdida – A Harry se le pasó por la mente los últimos momentos vividos con él, quedándose un tanto abstraído

  • Esas runas señalan el lugar de su encarcelamiento y el motivo por el cual se ha sustituido por una fuente, ya que el agua cristalina fluye para honrar su libertad y la de todos los magos encarcelados injustamente. Quien se mire en el reflejo de sus aguas y tenga el don de la visión, como él mismo tiene, podrá ver aquello que ansía advertir. Sabe dejar sus propios legados

  • ¿Qué?

  • ¿Por qué dices “pérdida”? ¿No creerás que Merlín se ha perdido? – Pregunto Emy al darse cuenta de lo que había dicho su sobrino

  • ¡Vamos por partes! – Harry se había puesto muy nervioso - ¿Dices que si miro a esas aguas, veré lo que ansío? ¿Veré a...? ¿La veré?

  • No crees estar preparado ¿recuerdas?

  • ¡Emy!

  • Asúmelo, Harry, sin miedos absurdos. Entra en la última fase de mi entrenamiento y libera la magia que grita por salir. Esos poderes que te asombran son parte de ti. Les temes porque no les has estudiado en tus clases de Hogwarts, porque nacen de un interior al que te da pavor mirar pero son fragmentos de lo que tú eres y debes abrazarlos y recibirlos con agrado. No son ellos quienes te han puesto la responsabilidad a la espalda, de eso tenemos culpa los demás, no tus poderes. Eres La Segunda Unión de las Cuatro Sangres por linaje, debes estar orgulloso y es mejor que te acostumbres a todos tus dones... antes de que seas mayor de edad

  • Ya soy mayor de edad

  • No, lo serás cuando terminen tus diecisiete años

  • ¿Y qué pasará?

  • Que se incrementarán aún más

  • Por eso Voldemort...

  • Sí – Afirmó Emy - ¿Te he dicho algo que te sorprenda?. ¿No crees que ya lo sabías?

  • Creo que sí. Creo que todavía hay algo que hierve en mí, algo que desconozco y que en verdad no sé admitir – Harry miró a Emy y se encontró con su sonrisa

  • Yo confío en ti. Inténtalo – Le abrazó, le revolvió el pelo y le dio un beso en la frente – No te vayas muy tarde a la cama

Sin más Emy desapareció de su vista, dejándole su perfume y la agradable sensación de que las cosas entre ellos aún eran mejores que antes de la discusión. “Miedos absurdos” pensó “sí, ni tú, Emy, ni yo podemos librarnos del todo de ellos”.

Harry avanzó despacio hasta las aguas que temblaron levemente, haciendo surcos en su lisa superficie cristalina. Se arrodilló sobre ellas y contempló su imagen. Era extraño fijarse tanto en su aspecto, en sus ojos, en su cicatriz, no solía mirar su reflejo. Sintió que tenía a un desconocido frente a él y le dolió. Tuvo un absurdo impulso de llevar sus manos hasta el reflejo de su cara pero se paró al ver que la imagen se estaba distorsionado para ofrecer una nueva. Su corazón dio un brinco. La vería, esa era su ansía, verla a ella, quizás durmiendo en ese instante, ya era tarde para estar despierta. Pero las aguas no formaron tan bello reflejo.

Se oscurecieron delante de él, creando siluetas fantasmagóricas de un lugar que no conocía. Un callejón a oscuras y unas figuras, tres para ser exactos, se dibujaron. No podía oírlo pero podía sentir que unos pasos se acercaban a esas tres sombras. Alguien entró en escena, iba silbando. Una de las figuras, la del centro, se adelantó, sacó su brazo y Harry pudo ver que portaba una varita. El silbido paró. Un rayo salió directo hacia el hombre que se había adentrado en donde le estaban esperando. Un grito de absoluto dolor y Harry supo que le habían lanzado un Cruciatus. No hacía falta que le dijeran quien era el responsable, a pesar de estar de espaldas a él, podía sentir en su frente que era Voldemort. Otro rayo y de nuevo un grito. La víctima sacó fuerzas de donde pudo e intentó esquivar el tercer rayo, consiguiéndolo. Quiso salir corriendo pero los dos hombres, que estaban detrás de Voldemort, le lanzaron sendas cuerdas para inmovilizarle. Harry quería dejar de ver todo aquello. No podía ser cierto. Su imaginación le estaba gastando una mala pasada. Quiso cerrar los ojos pero fue imposible. Ojalá lo hubiese hecho, porque un último rayo de color verde dejó sin movimiento a la víctima. Los tres hombres desaparecieron y el callejón se quedó vacío de vida alguna, con el cuerpo extinto y silencioso, apagado ya de todo canto.


Emy abrió la puerta del apartamento despacio, de forma cansina y vencida. Su mirada triste al sentir que un nuevo varapalo había dañado a su sobrino. Debía aprender que las visiones no se podían elegir y que su ansia no solo daba cabida al amor, también a la justicia y a la libertad. Lo primero que halló fue a su marido, esperándola sentado en su butaca, leyendo un espléndido libro antiguo, que seguramente era de Runas. Sus ojos se encontraron y ambas sonrisas nacieron con sinceridad.

  • ¿Has estado con Harry?

  • Sí

  • ¿Ya estáis bien?

  • Sí

  • Me alegro, no me gusta veros así

  • Lo sé

  • He supuesto que querías estar sola – Dijo Sirius tentando el ánimo de Emy

  • Así era – Con dos palabras se hizo latente el agotamiento y la desidia

  • Ven aquí – Sirius posó el libro en la mesa del centro del salón y abrió los brazos en reclamo de su esposa – Deja el traje de “supermujer” afuera, yo me ocuparé de ti ahora. Tú sólo tienes que relajarte y dejarte mimar

Parecía que Emy iba a ponerse a llorar. Sirius no lo quiso permitirlo, hizo un gesto gracioso y sonrió con picardía.

  • No te preocupes, tu cuerpo notará un ligero cambio pero no será permanente, nada que los demás puedan notar, dejaremos que sigan pensando que todo lo puedes

  • Debería acostumbrarme a esos cambios en mi cuerpo - ¡Qué ironía que le sacase justo ese tema!

  • Dicen que soy mago, quizás obré algún milagro

Emy se sentó sobre las rodillas de su marido, hundiendo su cabeza en el hueco entre el cuello y el hombro de Sirius. Aspiró su aroma, le abrazó y ya no le importó nada. Selló el momento con un leve “gracias” y se dejó querer.