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Historia 3558 — capítulo 48
- Apagando silbidos
- ¿Por qué me elegiste a mí?
Ginny miraba como Lymei revoloteaba a su alrededor, emitiendo una candente y suave luz y soltando, de vez en cuando, polvos brillantes, que se esparcían por el oloroso aire marino.
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No fui yo quien te eligió – Lymei sonreía al mirar furtivamente a Hermione leyendo su carta – Helga me habló de ti. ¡No!. Helga tampoco te eligió, fue Emy quien te nombró Guardiana. ¡Y no!. La Unión tampoco te nombró por propia voluntad. Ella supo reconocerte y ver que ya te habían escogido desde tu nacimiento. Lo cierto es que no era tan difícil, te pareces mucho a la joven Helga, no digo que seas igual pero era evidente que fueses tú la elegida
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Pero ¿por qué?
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Seguramente por el mismo motivo que tú eres una bruja y en otro rincón del mundo hay una chica pelirroja, nacida en el mismo día que tú y con muchos hermanos, pero que es muggle. Mientras tú te preguntas por qué has sido marcada, ella se pregunta por qué no es alguien especial
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Nadie tiene lo que quiere... ¿eso es lo que me quieres decir?
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¡NO! – Rió Lymei – Lo que te quiero decir es que no importa el motivo por el cual tú eres tú, lo que importa es que lo aceptes y aprendas a apreciarlo. Lo más sencillo sería creer que simplemente eres una de las descendientes y que llegó la hora en que la magia necesita de tus dones
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Es que creo que entendiendo el motivo podré... podré
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¿Superar las pérdidas de tu gente, los horrores vividos, las ausencias, todos tus problemas? – Lymei se acercó a ella y se posó en su mano como una caricia – Pequeña... Entiendo muy bien por lo que estás pasando... Nosotros... bueno... nosotros...
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Lo sé – Ginny quiso que el hada entendiera que comprendía el horror de su historia
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¿Serviría de algo que te dieran el motivo por el cual tus ojos son marrones?. ¿No crees que en verdad lo importante es lo que vivas a través de ellos, lo que te hagan sentir, las imágenes que te pueden ofrecer? – Bajó la cabeza y dejo de mirar a Ginny – Para Helga y para mí fue muy difícil superarlo. Noche tras noche, nos martirizábamos con lo mismo. No era justo que nos sucediese a nosotros. Godric y Rowena también sufrieron por ello. El único que jamás se arrepintió de lo sucedido fue Salazar y hoy es el día en que cree que fue lo mejor que le pasó en la vida. Esa es nuestra diferencia con él. Nosotros cuatro aún lloramos en silencio a los que perdimos pero aprendimos a vivir con ello, a dejar atrás el dolor para vencerlo y poder asumir los días y las metas venideras. Salazar no tuvo nada que superar. El dolor forma parte de la vida y vivirla no da garantía de que no existan nuevos sufrimientos pero también nuevas alegrías. Algún día podremos volver a reunirnos con los que permanecen borrosos en nuestros recuerdos, por la larga ausencia que hemos pasado sin ellos. Godric volverá a forjar un espada con su padre, Rowena abrazará a su familia y les dará el afecto que no le dio tiempo a demostrar. Helga... ¡Oh, mi Helga!. Ella vivirá el amor verdadero que tanto tiempo le lleva esperando. Y yo, yo simplemente volveré a mi hogar con los míos. Mientras, seguiremos intentando una y otra vez que el mundo mágico sobreviva a cualquier cataclismo que quiera derruirlo. Seguimos luchando por la libertad sin preguntar por qué nosotros. No te detengas tú en ello
Ginny asintió con la cabeza. Las lágrimas retenidas en sus ojos sin permiso para salir. Miró a Hermione y vio que ella le sonreía. Estaba exultante. Le devolvió la sonrisa. Lymei se elevó y se puso delante de la pelirroja.
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Lo que has hecho hoy es muy hermoso. Helga estará complacida de que cumples su misión
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¿Ella sabe...?
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Por supuesto, pequeña, por supuesto pero calla
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¡Oh!
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No se te olvide que también debes dar ilusión a un corazón, el tuyo
Con un gesto elegante, Lymei desapareció como un rayo, al igual que había venido. Ginny se levantó después de un rato y fue a buscar a su mejor amiga. En silencio le tendió la mano, que Hermione aceptó gustosa, y ambas bajaron a la playa para un largo paseo.
La felicidad que acompañó los pasos de las chicas por la orilla, las risitas de entusiasmo y los saltitos improvisados nacidos de una extraña sensación revoltosa en el estómago, finalizó al llegar a la casa. Sunny prohibió la comunicación sin dar explicaciones ni de cómo se había enterado. Las acusó de ser poco originales y de abusar de la buena disposición de las hadas. Ni que decir tiene que Ginny y Hermione protestaron hasta la saciedad pero la discusión llegó a su fin en cuanto Sunny recordó lo que estaba en juego. Ginny calló, perdiendo la posibilidad de ser la próxima en tener una carta, mientras que Hermione se asió con mayor fiereza a las palabras de Ron para buscar un método que Sunny no detectara. Ahora tenía fuerzas renovadas y había que aprovecharlas. Incluso se echó a sí misma una regañina por haber dudado tanto, por haber flaqueado de aquella manera.
La prohibición supuso un mayor reclamo de concentración, tanto Sunny como Merlín (aunque éste no estuviese de acuerdo con la anciana en ciertas reglas de aislamiento) forzaron aún más a las jóvenes, obteniendo de ellas un rendimiento más alto sin una sola queja. Hechizos para salir de situaciones de peligro, cómo camuflarse para confundirse con el entorno, crear puertas y ventanas en muros, imágenes reflejo, transformaciones sencillas pero efectivas para escapar de lugares protegidos y un sin fin de sortilegios para huir de un aprisionamiento por parte del enemigo, habían sido el principal tema en esos días. Bien fuese por orgullo o porque podían con ello, ni Ginny ni Hermione dieron muestras ante sus entrenadores de un cansancio que no fuese el propio. Era al llegar a la cama cuando se oían quejidos, pero por muy fatigadas que estuviesen, dedicaban un rato a hablar de sus sentimientos, de sus temores, de recuerdos o de sus aspiraciones por muy tontas que fuesen, para no perder el juicio en medio de aquel continuo y extenuante adiestramiento. Aquella parte del día también estaba fijada, eso sí, por ellas, para su propia cordura.
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Hoy seguro que han jugado un partido de quidditch – Dijo Hermione desde su cama - ¡Quién diría que yo lo echaría tanto en falta!
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Jejeje – Rió Ginny – Al menos siempre has animado mucho
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Es lo propio. Si no se pusieran los chicos tan pesados cuando sale ese tema, me gustaría más. Verlo es más divertido que hablar de ello, la verdad
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Y eso que no juegas ¡Yo lo echo muchísimo de menos! – A Ginny se le notaba verdadera nostalgia – Guardo con mucho cariño la primera snitch que atrapó Harry
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No lo sabía ¡Con lo que es Harry para eso! – Hermione se sentó de golpe en la cama, la conversación se ponía interesante y además no tenía que madrugar al día siguiente - ¿Te la dio cuando nos separamos?
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No, bastante antes. No era nada especial, ningún cumpleaños, ni Navidad. Simplemente apareció un día con ella, me la dio y me dijo que quería que yo la tuviese
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¡Sácala! ¿La tienes aquí?
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Sí, guardada, no quiero que se me pierda
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Estamos en un cuarto cerrado, no puede irse muy lejos – Hermione estaba emocionada, resultaría divertido para variar hacer una locura como aquella - ¡Sácala!
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¿Y si viene Sunny y nos la quita?
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¿Dónde se ha quedado esa “genética Weasley” de intrépidos y divertidos?
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¡Mis hermanos me quitarían la palabra si nos oyeran! – Rió Ginny - ¡Tú alentándome a hacer algo propio de ellos!
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Venga, será una noche diferente – Hermione aplaudía y saltaba sobre su cama – La primera que la coja tendrá 150 puntos
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¡Vale! – Ginny salió de la cama y fue a rebuscar en su armario – Lo cierto es que Harry la tenía como oro en paño. Fue Oliver Wood quien, con toda ceremonia, se la dio por hacerles ganar el primer partido de la temporada... ¡AJÁ! Aquí está.
Ginny alzó la mano derecha en la cual tenía una caja pequeña y cuadrada de cuero marrón sin ninguna inscripción. Abrió la tapa y dejó ver una pequeña pelota dorada que tintineó a modo de saludo. Una correa de cuero la atrapaba, ya que por el movimiento, la pelota demostraba estar más que deseosa por salir de su largo aprisionamiento. Ginny de inmediato encontró similitud con ella, deseaba volar pero no la quedaba más remedio que seguir atrapada entre esas cuatro paredes.
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Recuerdo a Oliver encima de Harry todo el rato para ganar los partidos – Dijo Hermione con añoranza
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Sí, mis hermanos siempre decían que era muy pesado, aunque un buen chico y gran capitán
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¿Qué habrá sido de él?
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Me parece que está en el Puddlemere United pero no estoy segura – Ginny se colocó en el centro de la habitación con las manos en alto preparada para dejar salir la pelota alada – Cuidado con la cabeza, porque me da la sensación de que saldrá como un cohete. Hasta que no suelte la caja y me coloque encima de la cama, como tú, no puedes empezar
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¡Vale! – Respondió Hermione nerviosa, nunca había atrapado una snitch entre sus manos
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Allá va
El alboroto se organizó en un instante. Amabas reían, saltaban y chillaban por todo el cuarto. “¡Es mía, es mía!” gritaba Hermione pero cuando estaba apunto de atraparla, la pelota daba un giro brusco y Hermione se caía de bruces contra la cama. Entonces Ginny dejaba de buscarla y no paraba de reírse de su amiga señalándola con el dedo y llamándola torpe. Hermione no tardó en imitarla al pegarse, la pelirroja, un soberano batacazo en el suelo por enredarse en sus propios pies al intentar coger a la traviesa bala. Ambas empezaron a entender que era mejor disponer de una escoba voladora. Más de media hora, y porque aunaron sus fuerzas, estuvieron para acorralarla y por fin, Ginny dio caza a la esfera dorada pero no le dio tiempo a gritar eufórica su victoria. Una sensación conocida la embriagó, llevando su mente a muchos kilómetros de distancia, para distinguir una escena sombría, que la estremeció desde el principio.
Sus ojos contemplaron la figura que pasaba por delante. Era Oliver Wood. Estaba más mayor, mucho más fuerte, con aire de seguridad y con una sonrisa en la cara. Se tocaba los labios, simple gesto con el que Ginny supo que vendría de alguna cita. No solo veía a Oliver acercarse a donde su mente se había situado, un callejón oscuro era el centro de la escena, sino que podía intuir a la perfección dentro de él a tres figuras fantasmagóricas. La maldad salía de aquel entrante dejando a Ginny muda, indefensa y temblorosa. Podía sentir que estaba cerca de él, de Voldemort, como una fuerza que asfixia gangrenando cuanto estuviese cercano y, sin embargo, nada pudo hacer para alejarse o advertir a un Oliver Wood, que se puso a silbar. Por qué se metió en el callejón, no lo llegó a entender Ginny. Sí que dejara de silbar al ver la varita apuntarle, al recibir un primer Cruciatus, que le desgarró un grito de dolor. Luego un segundo. Ginny sentía su alma retorcerse, impotente a la vez que cobarde. Quiso moverse para ayudarle, como si su cuerpo estuviese allí, cuando le vio esquivar un tercer rayo e intentar salir corriendo pero el Señor Oscuro se había tomado las molestias de terminar ese trabajo y de llevar ayudantes por si había resistencia. Oliver Wood quedó inmovilizado y luego muerto ante el peor mago que se recordaba en esa era. Así lo definía Merlín, como si ni siquiera tuviese importancia. Ginny volvió a sentir que no luchaban contra un nombre, sino contra el puro mal. Allí se quedó el cuerpo sin vida del que fue su compañero de colegio, del que había dado con tanta ceremonia la snitch que ahora agarraba en su mano, la que le había conducido a ese momento en su vida, del cual estaba segura que se trataba del presente. Allí se quedaba de quien acaban de estar hablando. No lo podía creer.
Antes de que la mente volviese, Ginny sintió un hormigueo en el estómago y un nerviosismo propio a la cercanía de alguien especial. Ginny sintió cercano a Harry, como si estuviesen compartiendo el dolor ante tan tortuoso suceso. Calló el nombre de quien amaba por miedo a que la maldad lo oyese. De nuevo la cobardía la invadía y no sólo la mente.
Hermione abrazaba a su amiga, la cual llevaba más de un minuto temblando sin parar. En cuanto abrió los ojos, la separó de la snitch, guardándola en la caja sin ningún miramiento. Hizo aparecer un vaso de agua y se lo dio a Ginny, poco a poco, como si fuese una niña pequeña. La acariciaba el pelo y la cara y podía sentir que la había subido la fiebre. Aquella premonición debía de haber sido horrible. La respiración de Ginny era entrecortada y las lágrimas no dejaban de brotarle por la cara.
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¿Chicas? ¿Estáis bien? – Preguntó Merlín desde algún punto detrás de la puerta
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Oliver Wood – Ginny gimoteó como única respuesta – Oliver Wood
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Tranquila, tranquila – Hermione soltó a Ginny para dejar entrar a Merlín, con él venía Sunny y en su cara se podía ver que ya sabía todo lo que había que saber – Estábamos jugando con una snitch y al atraparla, Ginny ha tenido una premonición y no sé más
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Ha visto la muerte de un hombre joven a manos de... él – Sunny no pudo terminar la frase otorgando al nombre de su hijo la atrocidad. Si luchaba cada día era para contrarrestar en lo posible el dolor que causaba su vástago. Ella tenía que ayudar a acabar con ello pero las fuerzas en cada asesinato la minaban más y más
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¿Oliver Wood? – Repitió Hermione preguntando a Ginny. Con un simple y ligero movimiento de cabeza, Hermione vio confirmada la nefasta noticia. Llevó las manos a su boca para ahogar un quejido de dolor y lloró al igual que Ginny
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¿Entonces ella ha presenciado el presente? – Preguntó Merlín a Sunny - ¿No deberíamos avisar?
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Ya le habrán encontrado, la Maldiciones Asesinas dejan huella y se detectan rápido
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¿Era un compañero vuestro, chicas? ¡Ya lo siento! – Merlín atrajo a ambas y las abrazó cual abuelo
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¡No estés a tanta contemplación!. Esto demuestra que no nos sobra el tiempo y que no están preparadas ni de lejos. No es tiempo de llorar muertes ni de...
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¡Sunny! ¡Déjalo ya! ¿Vale? – Merlín sacó su voz autoritaria que no admitía réplica – Ya tendrán tiempo, con suerte, de ser ancianas. Déjalas ser inocentes. No las quites la huella del dolor por la muerte. Aún no
El tiempo se hizo lento y pesado. Los cielos, tanto de día como de noche, eran plomizos y poco alentadores. Un viento helado del norte visitaba la costa Cantábrica y acrecentaba el duelo en los corazones de las chicas, apagando aún más su estancia en la casa y haciendo muchos más costosos sus entrenamientos. Bajo aquellos días, hubiesen preferido las jornadas dentro de la biblioteca sino hubiesen estado tuteladas por Sunny. Sietes días habían pasado desde la premonición y Ginny sólo tenía una cosa en mente: comunicarse con Harry. Quería saber si había estado viendo lo que él y qué significaba que pudiese hacerlo. Cuando más tiempo pasaba, más obsesionada estaba. Hermione lo sabía, Ginny se lo había dicho y ahora era ella quien intentaba encontrar, a la desesperada, un método por el cual comunicarse con los chicos.
A mitad de semana habían intentado de nuevo utilizar las hadas pero no habían acudido al acantilado, y al volver con su desesperanza, pudieron observar a Sunny, aún más transparente detrás del ventanal de su habitación, sonreír triunfante. Estaba claro que las hadas no volverían a hacer de recaderas. Aquel nimio detalle, crispó los nervios de Ginny, cortando su relación con la abuela a simples monosílabos y cuando era obligatorio.
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Mañana me pasaré el día entero en la biblioteca y encontraré la manera ¡ya lo verás! – Alentó Hermione a Ginny, quien permanecía callada masticando una y otra vez el mismo trozo de bocadillo
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¡Hum!
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¡Vamos! Tiene que haber infinidad de formas... lo que pasa es que se nos escapan a la imaginación
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¿Qué se os escapa? – Merlín entró en la cocina, su cara traía la esperanza de cenar un bocadillo caliente y preparado y lo halló. Las chicas le cuidaban bien y a él no le quedaba más remedio que callar como recompensa - ¡Mi favorito! Os adoro
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Le he echado menos picante, debes cuidarte el estómago, no es bueno que hagas excesos a tus años – Sermoneó Hermione mientras el anciano arrugaba el morro como protesta – Y nada... hablaba de... las misiones
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¡Ah! Pensé que era alguna forma nueva de escapar... jejeje – Merlín fue directo a la alacena y se echó más salsa picante. Sabía que Ginny se había quedado paralizada ante sus palabras por tragar de golpe. Al menos significaba que estaba escuchando lo que se decía. Tenía los ojos marrones de la muchacha clavados en su espalda e incluso podía sentir su temblor nervioso
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Somos muy conscientes del motivo por el cual estamos aquí – Contestó Hermione – Si no hubiese sido así... ya nos habríamos ido
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Pensé que se me pagarían mejor las clases – Merlín dio un bocado mientras Hermione abría y cerraba la boca sin saber qué decir – Aunque con estos bocadillos me doy por cobrado... mmm
Ginny se levantó y se marchó corriendo. Las palabras de Hermione le habían hecho más daño que las de Merlín. Sí, sabían muy bien porqué estaban allí, porqué estaba prohibida la comunicación y lo que en juego se ponía si se les descubría. Lo sabía demasiado bien. Guardaba en secreto la imagen de un futuro que deseaba fuese incierto. Estaba haciendo lo imposible para escapar de ello, de ese sentimiento de desolación e impotencia. Ella callaba y seguramente los demás también lo hacían. Quizás los demás tuviesen el mismo miedo y pusieran en tela de juicio su valentía, al igual que ella. Lymei luchaba por la libertad sin cuestionar. ¿Cómo no iba a preguntarse ella?. Escondida y silenciada... ¿Cómo ayudaría?.
Un silbido del viento le hizo salir de su embeleso, asustándose al verse en el borde del acantilado. Las olas rompían con fuerza sobre las rocas unos metros bajo sus pies, y la tormenta arrastraba agua salada hasta su boca. Saboreo sus labios, cerrando los ojos y se dejó llevar por el beso del mar, imaginando por un instante que era Harry quien la envolvía en viento con sus brazos y la protegía del mundo con su amor. Lloró, porque se le rompían las fuerzas, porque se sentía insegura y abandonada. Sólo quería un momento en sus brazos, al menos unas palabras, sólo un nuevo bocado que le alentara para aguantar lo que hiciese falta. No pedía una cita en el bosque, ni una noche de amor, sólo un instante con él, sólo... Un agudo silbido acompañado de una fuerte ráfaga de viento y mar la hicieron tambalearse hasta casi perder el control y caer al vacío. Y entonces lo pensó. “Si me tiro y pienso en él... quizás me ocurra a mí lo mismo. Yo les vi en la boda. Él estuvo en la premonición. Estamos enganchados. Lo sé. Llevo puesto el colgante. Puedo hacerlo. No hay tanta altura. ¡Madre mía!. ¿Cómo pudo Harry tirarse desde aquí?. ¡Hay que estar loco!. Venga Ginny, tú puedes. Impúlsate y salta. Estarás con él. Harry te recibirá. No... no... puedo... no puedo...”. Comenzó a caminar hacia atrás, alejándose del acantilado. “Inténtalo”. Frenó cuando ya podía coger carrerilla y saltar. “Inténtalo”. Comenzó a correr con torpeza. La lluvia le hacía daño en la cara, como agujas que se clavaran para advertirle. Bajó la mirada y la hierba le decía: “no”. Paró a dos pasos del acantilado. Calló de rodillas y rompió a llorar con mayor fuerza. Volvía a sentirse muda, indefensa y temblorosa, con su alma retorciéndose, impotente ante la invasión de su propia cobardía. Si no era capaz de ganar a sus miedos ¿a quién derrotaría?.
Merlín negó con la cabeza, odiaba ver a las chicas en aquel estado. Se acercó en silencio y con ternura por detrás y abrazó a Ginny. La pobre ni siquiera se asustó. La cogió en volandas y la llevó para la casa. Le rodeaba con los brazos por el cuello manteniendo la cabeza hundida en su hombro para que no la viese llorar. No dijo nada hasta llegar a la casa.
- Hermione te ha preparado un baño caliente. Ya verás como te reconforta – No la soltó hasta llegar a arriba. Ni miró a Sunny cuando pasaron a su lado – Haz un favor a este viejo y relájate. Te prepararé una buena sorpresa y hablaremos en el salón cuando termines
Con cariño la dejó en el suelo y le dio un beso en la frente. Hermione les miraba muy preocupada y luego fue a por Ginny para ayudarla a quitarse las ropas mojadas. Merlín se fue al salón, preparado para hablar con Sunny e intentar suavizar la situación.
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Es hora de recuperar la chimenea en esta casa
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Si está bloqueada es por algo, así que será mejor que...
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Mira, Sunny, me vas a permitir que te diga que no estás llevando bien esta situación
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Quedamos en que no te metías...
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¡No pienso quedarme al margen! – Merlín no alzó la voz pero dejó claro cuál era su posición – Quiero a esas chicas como si fuesen mis hijas. Las veo cada día dejarse la piel en los entrenamientos, en los estudios y con nosotros. Ellas ponen de su parte, mientras tú... Yo tengo sentimientos y me duele enormemente verlas así. Sólo quieren hablar con los chicos y si se establecen una serie de normas en ambas partes, no veo por qué no pueden hacerlo, la verdad
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No impido que hablen con ellos
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¿Ah, no?
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No – Sunny hizo un movimiento con la cabeza y las puertas del salón se cerraron de golpe – Sólo quiero que hablen por el mejor método para ellos, para los cuatro
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Ya estamos con lo mismo – Merlín se sentó en la butaca, posó los codos y cruzó las manos frente a su cara articulando sus dedos – Son demasiado jóvenes. No darán el salto tan pronto, por mucho que tú insistas en que se les acaba el tiempo. Tiene 16 y 17 años, me parece iluso por tu parte creer que se pueden transformar a esta edad
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¡Ese es el problema! – Exclamó Sunny con acritud – Que tú no crees en sus posibilidades
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Ahora tengo la culpa yo
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Si creyeras en tus alumnas, ahora mismo las palabras de Hermione viajarían por el aire, con Ron como único destinatario, y las de Ginny las vería y entendería Harry en los centelleos de una lumbre
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¿Y cómo quieres que eso ocurra si en esta casa no hay chimenea?
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Ni debe haberla, ni es necesario para Ginny que la haya. Por ese maldito conducto se cuelan los intrusos. Estaríamos expuestos a un ataque
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¡Sunny! ¿Quién va a saber que puede llegar hasta aquí por la chimenea? Además, si la has tenido bloqueada tanto años, quien lo haya pretendido, ya se le habrán quitado las ganas
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O se habrá muerto – Reflexionó Sunny en voz alta – Está bien. Pero habrá sistema de protección, reconocimiento y detención. Pon esa vitrina, con muchísimo cuidado, en esta pared y desbloquea la maldita chimenea. Si las chicas se van por ella, sólo tú tendrás la culpa
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Sunny, las chicas se pueden marchar por la lámpara
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También es cierto... – Sunny se contrarió con gesto gracioso - ¡Oh! creo que hoy tengo un ataque de estupidez
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¿Hoy?
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No te pases un pelo, viejo decrépito, o empezaré a enumerarte tus simplezas en forma de jaula de cristal
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Uno mata una vez a un perro y le llaman “mataperros”
Cuando Ginny llegó al salón con Hermione y vio el fuego en la chimenea, salida de no sabía dónde, le pareció que su alma se empezaba a reconfortar. Una butaca y una manta de lana la esperaban frente a la fogata, junto con Merlín sumergido en algún tipo de meditación. Se acercaron con delicadeza para no molestar y tomaron asiento, Hermione a los pies de Ginny, sentada sobre la alfombra y tapada con otra manta. No dijeron nada en bastante tiempo, una por no saber encontrar palabras de consuelo y la otra por querer abrigarse con el fuego que la revivía.
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Fuisteis vosotras quienes con sabiduría, nos dijisteis que, para que esto funcione, todos debemos llevarnos bien. Nuestra fuerza, la vuestra, reside en una afluencia libre de la magia pero las circunstancias no son propicias para ello. Debemos luchar con mayor energía para que no nos frene, no nos desaliente en las misiones, para que no se apague nuestra luz interior y eche por tierra la seguridad que ya habíamos adquirido – Merlín hablaba con su tono hipnotizador, capaz de infundir fe en el más agnóstico – Entiendo lo injusto de vuestra situación. Haced un esfuerzo para entender lo injusto de la nuestra. No quiero decir con ello que estemos en dos bandos opuestos, sólo que uno tiene por bandera la extrema prudencia y el otro, la necesidad de los suyos. Por favor, reflexionad sobre lo dicho, no os dejéis llevar por lo aparente, ahondad en el problema y haced un pacto entre vuestra razón y vuestro corazón. No quiero atribuirme el mérito de esta frase pero no está de más que pongáis atención en ella: la mayoría de nuestras equivocaciones en la vida nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos
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Eso es de John Churton Collins, fue un crítico literario que ha pasado a la historia por frases como esa... – Hermione enrojeció de pronto. Por un instante se fijó si su brazo estaba levantado y dio gracias a los vientos al ver que no era así – Perdón
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No te disculpes por tu sabiduría y curiosidad, son junto con tu valentía y gran corazón quienes te ha traído hasta aquí – Merlín sonrió con ternura. Se levantó de la butaca con algo de dificultad y se dispuso a salir del salón – Dejad que la noche repose vuestras inquietudes, mañana todo se verá mejor a la luz de un nuevo día
Ambas se quedaron mirando el fuego un rato, luego el bostezo de Hermione rompió el silencio y Ginny prefirió dejarla marchar.
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Ve a la cama, Merlín tiene razón, mañana habrá una nueva luz con que ver las cosas
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¿Y tú? ¿No vienes? – Preguntó Hermione
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Quiero quedarme un rato a solas, junto al fuego
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No quiero dejarte sola, quizás te apetezca hablar...
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Mione, no te preocupes, no me volveré a empapar, sólo disfrutaré un rato más junto a la chimenea, ahora no puedo dormir – Ginny sonreía para calmar a su amiga, aún sin poder disimular su melancolía
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Está bien, te espero arriba, por si acaso luego quieres que hablemos
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Sube y duérmete, sino no me quedaré aquí tranquila
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Te quiero – Hermione se despidió de Ginny con un beso en su rojo pelo
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Y yo a ti – Contestó ésta con un quiebro en la voz
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¿Sabes? – Hermione habló desde la puerta – Algún día seremos libres
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Eso espero... – Contestó Ginny. Dejó una larga pausa y vio a su amiga desaparecer tras la entrada. Las lágrimas le caían involuntarias por las cálidas mejillas dejando escapar unas tontas palabras – ... y que ya nadie pueda apagar nuestros silbidos
Sunny lo oyó y se dio por aludida. Llevaba tiempo esperando a que dejaran a solas a Ginny. Esa noche hablarían con franqueza, pasara lo que pasara, y si Merlín no sabía hacer que las chicas saltaran, sería ella quien pinchara hasta hacerlas explotar.