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No sabes todo de mí Granger — capítulo 55
La visita al medimago, representó muchas cosas que él desconocía. Hermione tenía dos meses y medio de embarazo, y estaba muy feliz con los resultados. Por supuesto, él no dejaba de recriminarle el tardío aviso que le había hecho sobre su estado.
Ella no lo sabía a ciencia cierta, pero él no la escuchaba. Se sentía como escuchar a una mujer anciana, quejándose. Sonrió al pensar en eso. Draco podía ser un tonto cuando quería, pero sabía que estaba preocupado por ella.
Algunas cosas, pocas veces cambiaban.
Amelié estaba muy feliz en cada carta que escribía a casa. Draco las leía todas y cada una, mientras Hermione intentaba levantarse. El embarazo le agotaba enormemente y apenas podía despertarse sin sentir sueño otra vez.
-
Entonces, ¿quieres comer pero a la vez no? Dímelo de una buena vez para preparar la cena- le reclamó su esposo y la mujer trató de encontrarse con un punto medio.
-
Bueno, tengo apetito- dijo y el joven se levantó de la cama- pero al mismo tiempo, no tengo- dijo y él, volvió a sentarse- entonces, deberías preparar algo y guardarlo por si.
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No, tienes que comer. Eso dijeron y comerás. Te guste o no.
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No me puedes obligar.
-
¿Eso crees?
Draco sonrió con malicia y caminó hasta la cocina. La cena estuvo lista al poco tiempo, gracias al uso de la magia. Agradecía eso, a lo largo de su vida. Haber nacido mago, era una de las mejores cosas que había ocurrido en su vida.
Y ese era un buen momento, para celebrarlo.
Hermione lo miró entrar con la comida y negó rotundamente. Ella no comería aunque él la obligase. Suspirando, Draco se sentó en la cama y extendió un tenedor hacia ella. Hermione negó caprichosamente y él insistió.
Cayó en la cama y con una sonrisa maliciosa, Draco le hizo tragar el primer bocado. Hermione intentaba negarse, pero él era más fuerte que ella.
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Comerás aunque no te guste- le dijo y ella continuaba quejándose- ¡Come, Granger!
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¡No eres mi madre!
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Pero sí tu esposo y mi apellido va primero que el tuyo.
-
¡Sigue soñando!
Hermione y él, habían terminado, llenos de comida. De todas formas, ella había cenado. No propiamente, pero había cenado. Draco sonrió, triunfante y ella, lo miró, recelosa. Luego de una limpieza, era hora de dormir una vez más.
-
Amelié ha dicho que vendrá de visita. Dumbledore le ha dado permiso. ¿No crees que le dan mucho permiso?
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Que haga lo que quiere. Ya es grande.
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Sí y a ti también te encantaba hacer lo que querías.
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Y hablaste tú.
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¿Por qué eres tan fastidioso?
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¿Por qué peleass tanto?
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¡Me desagrada tu tono de voz!
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¡Me desagrada tu malhumor. Tus cambios de hormonas!
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¡Vuelve a decir eso frente a mí y te quedarás sin tu esposa y sin tus hijos!
-
Crees que...
Guardó silencio, mientras la mirada amenzante de Hermione, le dio pie para silenciarse. Suspirando se dio la vuelta y se acomodó en la cama de mala gana. Hermione hizo lo mismo y ambos se dedicaron a dormir.
Ninguno entendió, por qué peleaban.
Al amanecer, la situación fue diferente. Hermione había amanecido con la tensión baja y Draco, simplemente se dedicó a atenderla. Sonriendo, Hermione tenía un humor muy feliz y estaba agradecida con muchas cosas.
Lloró por otras. Estaba llena de miedo.
Esas hormonas que él no solía entender, estaban a flor de piel.
-
No, te dije que ella nunca se molestó por eso. Eres su madre, tenías que decírselo por primera vez.
-
Pero estaba hablando del periodo, Draco- suspiró ella, sollozando. Él no supo qué hacer. ¿Cómo lidiar con ella?
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Ella lo tomó muy bien. Mucho mejor que yo, realmente.
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¡No estaba bien!
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Bien, no lo estaba. Lo comprendo.
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No, tú no lo entiendes- resumió ella y él, negó con la cabeza. Que él recordara, su madre nunca había mencionado que era tan complicado.
Nunca había mencionado nada, a ciencia cierta.
Con una sonrisa a medias, Hermione se paseaba por la casa, tiempo después. Su malhumor, había pasado a la historia, pero él seguía de mal humor. ¿Por qué las mujeres actuaban así? Inspiró y se resignó. No le quedaba otra opción, que tratar de entenderla. Rugió, ante la sensación de no comprender nada y conocer todo por primera vez. Negó fuertemente y trató de calmarse.
Hermione inspiró, hambrienta por segunda vez. Pero esa vez, si había comido por su deseo propio. Con otra sonrisa, se preparaba su platillo favorito y lo degustaba, mirando un libro de terror. Draco estaba sentado a su lado y suspiraba, leyendo el profeta.
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Te pondrás gorda.
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No es verdad.
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Sí, te pondrás gorda.
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Déjame en paz. No me pondré gorda por que me llevarás a caminar- le dijo y Draco inspiró, bajando el periódico.
-
Entonces, tú comes hasta engordar y yo, tengo que hacerte bajar de peso.
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Sí, así es.
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Debes estar bromeando con eso.
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No, no bromeo. Me harás rebajar y entonces, continuaré comiendo y me harás rebajar más y así será, hasta que tenga al bebé.
Draco se imaginó la triste cadena en la que iba a estar sometido. Seguramente podría echarse a llorar, si fuera una mujer con ataque hormonal. Sin embargo, él no lo era. Solo podía quejarse. No la llevaría a ninguna parte.
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Sigue comiendo así y no te pararás de allí.
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No me hace gracia, no sigas.
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Pues eso ocurrirá.