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Historia 36314 — capítulo 5
Hermione se hallaba en ese momento en las colinas, sentada en una gran roca. Ron estaba en La Madriguera, buscando unas cosas, pues se iban a mudar a su casa, otra vez.
La chica pensaba en Draco y los niños: ¿Malfoy los abandonaría, o, por respeto a Hermione, los mantendría unidos en la casa?
-¿Hermione? Tengo todo listo...- jadeó Ron, subiendo la colina, y Hermione salió de sus pensamientos-. ¿En que estabas?
-Pensaba en Lissy, Martha y Francis- murmuró la muchacha, y Ron puso cara de contrariedad-. Los hijos de Draco, Ron.
-Ah... Bueno... ¿Nos vamos?
-Sí, claro- asintió Hermione, levantándose, y dando su mano a Ron, que vio el anillo de compromiso de Malfoy. Hermione apretó los dientes, y se lo sacó, y lo tiró a un lago cercano.
Fueron por las valijas, y se encaminaron a la estufa de polvos Flu. Tomaron un poco cada uno, y aparecieron en la sala de la casa, que tenía todos los muebles otra vez. Draco los espiaba desde una ventana, muy angustiado, y vislumbró que la mano de su amada no tenía anillo.
-¿Dónde ponemos la ropa, Ron?- preguntó Hermione, mirando fugazmente la ventana, y viendo el cabello rubio.
-Donde siempre... Espérame, voy a ver una cosa- dijo Ron, y desapareció con un crack!
Hermione aprovechó para correr afuera, y Draco la abrazó.
-¿Por qué me has dejado? ¡¡¡Vuelve conmigo!!!- gritó con el corazón destrozado Malfoy, y Hermione lo apartó.
-Estoy con Ron, Draco, déjame en paz- le dolían esas palabras, pero había que pararle el carro-. Enamórate de otra, resucita a Pansy, o haz feliz a tus hijos, ¡no lo se!
-¡No metas a los niños en esto!- rugió llorando Draco, y ambos miraron a un punto. Una fantasma muy linda estaba cerca de unas rosas, y miraba dolorida a Draco.
-Draco... Draco...- susurraba, como llorando. Era Pansy Parkinson.
-¡Pansy! ¡Noooo! ¡Déjame vivir en paz!- aullaba el joven, arrodillado frente a su difunta esposa.
-¡No te dejaré nada! ¿Amas ahora a una sangre sucia? ¿Por esta inmundicia me has asesinado y abandonado?- chilló Pansy, señalando enfadada a Hermione, que estaba desconcertada.
-¡Las amo a las dos, por favor...!- musitó Draco, sentado en el piso, y su difunta esposa se arrodilló junto a él.
-Te voy a hacer la vida imposible por haberme matado, y haber traicionado a tu sangre pura, Draco... ¡Qué dirían Narcissa y Lucius! ¿Lo saben ya? ¿Quieres que yo misma se los diga?
-¡¡Basta!! ¡¡Estás muerta!! ¡Muerta!- gritó Malfoy, aterrorizado.
-No, Draco... A mi con esos llantitos no me vas a convencer... ¿Estoy muerta? Vaya... jajajajaja... ¿Cómo están mis pobres hijos? ¿No has matado a ninguno más a partir de que me fui de esta miserable vida?
-¡Nunca mataría a ningún hijo nuestro!- susurró alarmado Draco, y Hermione sacó su varita, disimuladamente.
-¡No te creo! ¿Qué fue entonces de Maggie y Antoine? ¡Los mellizos, a los que mas adoraba, Draco!- gimoteó Pansy, y Hermione decidió intervenir.
-¿Cómo? ¿Él ha matado a dos de sus hijos?
-¡Sí! ¡Cinco minutos antes de matarme a mí! ¿Sabes como fue, Granger sangre impura? Los ahogó... ¿Nunca le preguntaste por qué la bañera del baño principal tiene marquitas, como de arañazos? ¿O que tiene pequeñas rajaduras?
-Draco... Dime que es mentira- susurró Hermione, mirando con desprecio a Draco-. ¡Eres un asesino!
-¡Noo! ¡Basta!
-¡Hermione! ¿Qué sucede...?- dijo con voz ahogada Ron, al ver a la fantasma, que gemía, y a Draco, que sollozaba silenciosamente contra la pared de la casa.
-Me he hecho presente en la vida miserable de Draquito, Weasley... Pues él quería reconquistar a tu esposa.
-¡Draco!- rugió Ron, tirándose sobre él, y dando puñetazos a su cabeza-. ¡Deja en paz a Hermione!
-¡No, Ron! ¡Basta, basta!- gritó Hermione, apuntando con la varita a Ron-. ¡Impedimenta!
Ron quedó petrificado, mientras que Pansy miraba aterrada a Draco, que tenía un ojo amoratado, el labio con sangre, y la mejilla tajeada.
-¡Draco! ¡Draco!- chilló la fantasma, e intentó acariciarlo, y Draco sintió un alivio incomparable: pues cuando te toca un fantasma, sientes como si fuer agua helada.
-Ron, no lo golpees más- ordenó Hermione, finalizando el encantamiento obstaculizador, y Ron sonrió, malicioso.
-Está bien: pero que no intente conquistarte otra vez- contestó el joven, y vieron que Draco y Pansy se fueron, tomados de la mano, hacia la mansión.