Tituladas 17.2% · 34,225 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,464 de 95,612 páginas identificadas · 89,859/90,219 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 36398 · de

Historia 36398 — capítulo 3

Casi había pasado un mes desde que Hermione aterrizó en aquella especie de sueño, y aún Dumbledore no había encontrado una solución a su problema.

-Si lo intentamos y sale mal, puede ser transportada a cualquier época. Y créame, podría ser mucho peor que esto.

Bueno, si tenía que reconocerlo, aquello no estaba tan mal. No se trataba de eso.

Simplemente ella no pertenecía allí.

Cuanto más conocía a Lily Potter, más le recordaba a Ginny Weasley. No era solo por las pecas y el cabello color fuego; ambas eran decididas, divertidas, cariñosas. Si no fuera porque Harry nunca conoció realmente a su madre, hubiera pensado que tenía algún tipo de problema al enamorarse de Ginny.

Por otro lado, James Potter le parecía totalmente distinto a Harry. Aparte del parecido físico, James era mucho más irreflexivo e inmaduro que su hijo, pero él tampoco había tenido que soportar un gran sufrimiento en su vida.

Sin embargo, a veces la miraba, sonriendo y quería gritar de alegría. Por un momento pensaba que volvía a estar con Harry, en el presente.

Sirius Black era un arrogante terriblemente divertido. Muchas de sus locuras le recordaban a Fred y George, y eso, unido a haberlo conocido de adulto, hacía que Hermione le tuviera mucho cariño. Él se daba cuenta, y ella podría jurar que él la había cogido cariño también, a pesar de que ella le regañaba todo el rato.

Y Lupin era muy parecido a la persona que ella había conocido, aunque con mucho menos sufrimiento sobre los hombros. Pero la conexión entre ellos fue instantánea, igual que en el futuro.

Pero si tenía que decir que relación le asombraba más de las que había comenzado durante el último mes, esa debería ser la que tenía con Severus Snape.

Si ya era raro vivir en un mundo dónde todo estaba al revés, imagínate ver al cruel y terrorífico profesor de pociones como a un igual. No, peor aún; cómo a alguien especial.

Porque Hermione cada día, en las pocas palabras que cruzaba con él, adivinaba su dolor, su amor por Lily, su verdadero corazón. Porque empezaba a entender que aunque un alma puede nacer podrida, lo más natural es que lo haga con el tiempo.

Empezaba realmente a lamentar no poder hacer nada para cambiar el futuro que les aguardaba y eso la ponía realmente triste.

Un sábado por la tarde se encontraba con Lily en los jardines, tomando un poco el sol.

-Hermione…

-¿Sí, Lily?

-¿Te gusta algún chico?

Hermione no respondió al momento. Al fin y al cabo podía ser totalmente sincera, ¿No?

-Sí.

Lily se incorporó, intrigada.

-¿Quién?

-No lo conoces.

Lily se mordió el labio.

-¿Es muggle?

-No. Simplemente no está aquí.

Lily no preguntó nada más. Era lo bueno de ella: no era nada cotilla.

-Pensaba…

-¿Sí?

-Pensé que te gustaba alguien de aquí.

Ahora era Hermione la que se sentía intrigada.

-¿Ah, sí? ¿Quién?

Lily no respondió.

-Lily…

-¿Sí?

-¿Te gusta algún chico?

Lily rió.

-Que cotilla…

-Vamos, dímelo…- "Dime que te gusta James" pensó.

-Sabes quién me gusta Hermione. ¿No es evidente?

Hermione sonrió.

-Tú también le gustas a él…

-Lo sé. Pero dejémoslo sufrir un poco más…

Ambas rieron.

-Lily…

-¿Sí?

-¿Creías que me gustaba James?

-No, claro que no.

-¿Entonces Remus?¿Sirius?

-No. No veo esa clase de relación entre vosotros.

Ahora sí que Hermione se sintió perdida.

-¿Lily?

-Pensé que te gustaba Snape.-reconoció a regañadientes.

Hermione abrió la boca.

-¿Qué?¿Estás loca?

-No lo sé, Herms. Le miras de una manera…

-¿¿Cómo le miro??

Lily lo pensó.

-Cómo si te importara.

-Bueno…quizá me importe un poco-reconoció Hermione- Pero nada mas.-aclaró.

-No me malinterpretes. Yo… quería mucho a Sev, ¿Sabes? Él era algo cómo mi mejor amigo. Pero… él no es de fiar.

"Si tu supieras", pensó Hermione.

-Yo de ti confiaría un poco más en él-le contestó solamente.

-No creo que pueda.

Hermione no quiso insistir más.

-¿Cómo es él?-pregunto Lily sonriendo.

-Él es… bueno, es muy divertido, ¿Sabes? Y la persona más leal que conozco. Nunca me ha fallado y… él es el mejor amigo que una persona podría tener-Si un día tienes un hijo, seguro que te alegrarías de que él fuera su mejor amigo.

Lily la miró con los ojos muy abiertos.

-¡Un hijo!¡Cómo piensas esas cosas, Herms!

En ese momento se acercaron a ellas Remus, James, Sirius y su eterna sombra, Peter.

-Hola chicas-dijo James, sentándose despreocupado al lado de Lily. Jugaba distraídamente con una snitch dorada. Sirius se sentó a su lado y Remus entre él y Hermione. Traía una par de libros y le pasó una de manera automática a Hermione. Está le sonrío mientras lo abría. Peter se quedó indeciso unos momentos y finalmente se sentó tras ellos.

Hermione se enfrascó un rato en su lectura, mientras oía de fondo a James, Lily y Sirius discutir sobre la familia de este último, y a Remus pasar las páginas de su libro. De repente algo captó su atención.

-¿Dónde se mete últimamente Quejicus?-dijo Sirius.

Hermione respondió de forma automática.

-Déjalo en paz.

-Oh, vaya, ya esta la metomentodo, ¿Qué pasa ahora?

-Tiene razón, Sirius-dijo Remus sin levantar la vista de su libro-Déjale en paz.

-Tú sigue leyendo-le cortó- Sólo preguntaba por él, Hermione.

-Cómo si no te conociera, y no supiera que tramas algo.

-¿Yo?-dijo Sirius mientras sonreía-Que mal pensada…

Esa noche, Hermione terminaba de leer el libro en la Sala Común, aunque andaba algo intranquila. Sirius había desaparecido tras la cena y ella se temía lo peor.

-Tranquila, seguro que no está haciendo nada-la tranquilizó James, aunque estaba demasiado ocupado tonteando con Lily como para prestarle mucha atención.

Remus tampoco se encontraba allí, pero Hermione sabía que esa noche había luna llena.

Al rato, Sirius entró por el retrato de la dama gorda, muy satisfecho de sí mismo.

-¿Dónde estabas?-preguntó Hermione, levantando una ceja.

-Tranquila mamá, estaba haciendo cosas de adulto.

-¿Estabas con una chica?

-No me refería a eso, tonta ¿O es que estás celosa?

Hermione sacudió la cabeza impaciente.

-Sirius, dónde estabas…

James se percató por fin de la situación y se acercó a ellos.

-Eso, Sirius ¿Qué hacías?

-Bueno-dijo Sirius, que parecía tener muchas ganas de compartirlo- le he dicho que vaya con él.

-¿Qué?

-A Quejicus-dijo Sirius, mirando a Hermione con cara de aburrimiento-le he dicho que vaya dónde él.

Hermione de pronto entendió.

-¿Quién es él, Sirius?

-A ti eso no te importa.

James estaba con los ojos muy abiertos, y Lily los miraba sin comprender.

-Sirius-dijo Hermione en voz baja-¿Has enviado a Snape dónde Remus?

Sirius la miró con el ceño fruncido.

-¿Tú que sabes dónde está Remus?

-Sirius…-dijo Hermione, asustada-Dime que no has mandado a Snape a las fauces de un hombre lobo transformado…

Lily dejó soltar un pequeño grito y Sirius y James la rodearon.

-¿Cómo demonios…?

-¡Sí o no, Sirius!-chilló más de lo que hubiera querido Hermione. Algunos la miraron.

-Sí, pero no te preocupes, por dios. Es muy fácil de manejar, James, Peter y yo…

-¡Lo va a matar, idiota!

Hermione no esperó a oír nada más y salió disparada por el retrato. Podía sentir que la seguían pero no se volvió a mirar.

Cuándo llegó al Sauce Boxeador apretó la rama que lo detenía y se dispuso a entrar.

-¡No!-gritó James- Hermione, no puedes entrar ahí.

-¡James, lo va a matar!

James no dijo nada y pasó delante de ella. Ella le siguió.

No puedo evitar recordar cuando había entrado con Harry por el mismo lugar apenas 3 años antes, y también se habían encontrado con Lupin y Snape dentro. Aunque ahora las cosas eran diferentes.

Por suerte, encontraron a Snape en la misma entrada.

-¡Severus!-gritó Hermione-¡Vuelve!

Snape la miró confuso. De repente se oyó un horrible gruñido y un hombre lobo salió por el pasillo.

Su aspecto no era muy imponente; apenas más grande que un perro, pero sus dientes eran grandes y amarillentos y sus ojos brillaban con una locura asesina.

-¡Corre! Gritó Hermione, tendiéndole la mano.

Snape corrió hacía ella y le cogió la mano, pero Lupin les iba a alcanzar.

-¡NO! Gritó Hermione.

De repente, un gran ciervo se interpuso entre ellos y la bestia; esta retrocedió y aprovecharon para salir de allí.

Hermione temblaba tanto que sentía que se iba a desmayar. Ya había visto transformado en otra ocasión a Lupin, pero no tan cerca…

-Nunca olvidaré lo que habéis hecho por mí-dijo Snape, respirando entrecortadamente- Ni vosotros dos…ni Sirius.

-No le digas a nadie…-Empezó a decir James. Snape negó con la cabeza y eso bastó.

S e marchaba cuándo una Hermione llorosa dijo:

-No te vayas…

No supo porque lo dijo, pero él no preguntó. Se quedó allí, cerca de ella, sin tocarla, hasta que se tranquilizó y los tres volvieron al castillo sin decir una palabra.