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Historia 36467 — capítulo 20

**Cap 18:**La realidad es...

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«21 de enero del año de 1849»

Sentía su espalda arder, en la cara se le encajaban las piedras. Un cosquilleo en su nariz lo obligó a abrir los ojos, tosió al encontrarse de frente en la tierra caliente, era un ratón que husmeaba la humedad de sus fosas. Puso las manos sobre el árido suelo para levantarse y ver la nada rodeándolo ¿Dónde estaba?... El piso estaba duro y fragmentado, era signo de que no había llovido en mucho tiempo. La cabeza le dio vueltas mirando todo a su alrededor como un espejismo debajo del agua.

Su boca estaba seca y toda su ropa sucia, no contaba con nada que no fuera el dolor de su cuerpo. El calor sofocante lo derrumbó de nuevo en el suelo.

-Draco...- escuchó un eco distorsionado, abrió los ojos- Draco, Draco. Soy yo... ¿Me escuchas?

Él asintió. Ronald tomo agua del recipiente y se la hecho en la cara haciéndolo reaccionar. Lo arrastró hasta la sombra de una roca ofreciéndole mas agua. El refrescante líquido corrió por su garganta seca como un deleite entre ángeles, nunca en su vida había apreciado un líquido tan vano.

-¿Qué paso?- preguntó el confundido rubio.- ¿Dónde esta Hermione?

-Tranquilo... Ayer después de la explosión nos separamos. Mir vio a Hermione y la llevamos con nosotros porque no sabíamos donde estabas... ¿Estas herido?

-¿Mir? ¿Esta... viva?- era extraño él recordaba perfectamente que Frank le había disparado al arrojarla al suelo.

-Si, la bala de Frank solo le rozó el hombro, pero ella no se movió para evitar que le disparara de nuevo.

-¿Dónde están?

-En un pueblo que se llama "Peaceable Valley"... Vamos, tenemos que irnos.

Subieron ambos en el caballo de Mir, Draco reconoció al instante al peculiar animal, sonrió al darse cuenta de que ellos estaban bien. Cabalgaron lentamente entre el árido y deprimente paisaje que nunca se hubiera imaginado en su tierra de en sueño. Había cadáveres de animales seguramente muertos por el calor y la falta de agua, huesos por todas partes, cráneos, calaveras, moscas, zopilotes... Se le escabro la piel al ver tres de estos volando en círculos sobre ellos. Era un nauseabundo mar seco en el que reinaba el olor a muerte, la boca se le secaba de solo pensarlo.

De pronto Ronald se detuvo... había visto algo que lo hizo cambiar de dirección.

-¿Qué pasa?- inquirió el rubio.

Él no contestó, estaba examinando... Había caído en la trampa de los espejismos y no quería hacerlo otra vez, solo que este era demasiado real para ser un simple espejismo, aunque daría su vida por que lo fuera.

Se acercaron, parecía una carreta simple con una capa de manta, era de madera y le faltaba una rueda. Pero no había nadie alrededor. Ronald bajó del caballo y al instante tapó su boca con un paño rojo que colgaba de su cuello. El aroma era pestilente, a carne podrida. Se asomó.

Draco vio su gesto de repulsión y como se apartaba para intentar contener su asco. El ojigris bajó del caballo asustado, no se imaginaba lo que él pudo haber visto. Mas tardo en acercarse que en imitarlo. Eran cuatro cuerpos desnudos extremadamente delgados, se les veían los huesos de las costillas, los brazos, el fémur. Eran de piel oscura y cabello chino negro, uno de ellos estaba en un estado de putrefacción avanzado mientras que algunos zopilotes lo devoraban ferozmente, mientras que por los ojos abiertos de otro salían gusanos.

-¡No se te ocurra volver a acercarte!- gritó Draco ante la clara intención de su amigo de volver -¡RON NO!

Volvió a aquel lugar. El rubio no daba crédito como podía haber alguien tan masoquista. Se quedó quieto recargado en el caballo esperándolo. Cuando de pronto él salió de la nada con el cuerpo mas pequeño en brazos, Draco estaba boquiabierto.

-¿Qué haces?

-¡Esta vivo!- Ronald parecía casi furioso.

-Pero como...

El pelirrojo se quito la chaqueta y lo cubrió con ella, inmediatamente salieron a todo galope. Draco estaba completamente extrañado ¿Cómo sabia que había uno vivo en aquella escena de pestilencia?... Hasta hace unas semanas el pelirrojo profesaba un repudio total a los muggles y ahora no había dejado morir a uno. Aunque claro, nadie es lo suficientemente malo como para merecer la muerte aun así el cambio era asombroso. Como su hermano sabia que ese sentimiento de desprecio seguía inundándole la sangre...

Tal vez si dejáramos de etiquetar personas... Es decir, si tan solo por una vez dejáramos de verlas como, muggles, magos, gitanos, mortíos, licántropos, etc., nos daríamos cuenta de que mas allá de cualquier cosa todos tenemos algo en común, que tal vez no sea mucho, pero es maravilloso: Somos humanos. ¿Qué importan los estados de la sangre? Si al fin y al cabo la única verdad es que todos tenemos sangre.

La entrada del pueblo la marcaban dos pilares de madera muy altos que sostenían una placa de aluminio cubierta por la tierra "Valle de la paz. Dios tenga piedad". En cuanto cruzaron Draco sintió un escalofrió en la espalda. Era una comunidad de gente negra que los veía con cara de susto y a la vez odio sin saber por que, o podía confrontar a esas personas de cabello rizado pegado a la cabeza, hinchados labios y grandes ojos oscuros.

Ron amarro al caballo junto al abrevadero bajando con cuidado. Draco lo imitó al instante, donde iban a entrar parecía una choza de madera que parecía extremadamente frágil. Había un pórtico de color verde pistache bastante gastado por el uso del tiempo, no había si quiera un poco de vegetación, la tarde no era roja como en la hermosa tierra que había admirado, el cielo estaba nublado y un viento extraño y frío lo que hacia pensar en un pueblo fantasma.

-¿Dónde estamos?- preguntó Draco.

-Esta es como... La clínica. - dijo un hombre de sotana blanca y con un enorme crucifijo plateado colgado de su cuello, de piel oscura aunque evidentemente mas clara que la el resto de los pobladores.- Mi nombre es Sean Zabini.

-¿Qué son ustedes?- dijo el rubio

-Draco. - lo codeo Ronald.

-EL famoso Draco Malfoy, tu amigo me ha contado de ti. Sincero, me lo dijo.- prosiguió el hombre. SU tono de voz era terriblemente tranquilizante.

-Yo no dije sincero, dije impertinente- corrigió Ronald.

-Somos, un poblado de Dios. Es un milagro que nos encontraran. ¿Y quien es pequeño?

-¡Ah!... Lo encontré, toda su familia falleció.

Entraron, la primera habitación tenía huecos de lo mal alineada que estaba la madera, la temperatura parecía incluso más fría que en el exterior, las corrientes de aire eran demasiado evidentes. Las paredes que se caían a pedazos carecían de pintura y se excedían en marcos con figuras religiosas que en Inglaterra se hubieran considerado sacrilegio. Como una en especial en la que Jesús miraba la cruz en lugar de estar en ella.

-¿Qué son?- susurró Draco a Ron.

-Somos un pueblo protestante- respondió Sean mientras pasaba un trapo húmedo por el cadavérico cuerpo del niño- Muchos se pierden en el desierto buscando esta comunidad...

Draco hizo un sonido que era casi como una risa- No veo porque...

-Porque somos el único pueblo en el que los negros pueden estudiar y aprender una religión... No hay violencia y reina el amor y la unión...

Ahora lo comprendía "Dios tenga piedad", no de ellos. De la sociedad exterior pudriéndose día a día y la frase debajo del cuadro que a él le pareció sacrílego «Algún día todos seremos libres e iguales»... Ahora que lo recordaba en el primer pueblo que se habían quedado no había un solo afroamericano. Recordó que junto a las noticias de Guerra entre México y EUA, había otras noticias de la trata de esclavos, el asesinato masivo a todos ellos.

-¿Estas bien?- preguntó Sean a Draco poniendo una mano sobre su hombro.- ¿Cuántos años tienes Draco?

-El cinco de junio cumplo veinte. - respondió

-Valla. Diecinueve años... Que interesante. Todavía eres muy joven.

-Pues usted no se ve mayor que yo.

-Y no lo soy. Tengo dieciocho años.

El chico levantó una ceja. Había algo en su mirada que no lo convencía, tenía... La mirada de serpiente, igual a la de él. Ronald parecía no desconfiar de un religioso, pero Draco desconfiaría incluso de su propia madre, ese hombre le producía temor... Sabia que era igual a él y por eso era peligroso.

-Ron... ¿Dónde esta Hermione?

-Draco, ella...

-Esta en la otra habitación.


La tarde había caído... Estúpidos. ¿Lo habían dado por muerto?... Él nunca moriría, no sin antes vengarse. Frank Longbottom estaba vivo. Creían que había muerto con el golpe en la cabeza y se eso no lo mató seguramente sería la explosión, pero no. Era más fuerte que eso. Tosió moviéndose en el suelo. Sus amigos estaban en caballos frente a él, les sonrió con victoria, pues ni la muerte podía contra su poder.

-¿Estas bien?- dijo Vincent

-La mina está deshecha, no podemos sacar nada... Lo mejor es largarnos al demonio- comentó Gregory con un leve tono de rencor.

Frank se puso de pie apoyándose en uno de los caballos y sonrió.

-No.

-¡PERO QUE MAS ESPERAS!- gritó Gregory, era casi siempre el único que se atrevía a replicarle. El chico bajó del caballo -Casi te mueres, la mina esta tapada... ¿Qué buscas ahora?

Longbottom lo tomó de la camisa con una fuerza sorprendente- ¡Los quiero a ellos!

Quería que pagaran cada maldito rastro de su sufrimiento. De verdad que lo quería, en su mente solo estaba la idea del sufrimiento, Draco estaba enamorado de la gitana, así que por eso le obsesionaba, quería tenerla solo para que él no pudiera, iba a hacerlo pagar... En su mente solo reinaba una palabra: Venganza.

-¿Tratar mal a las personas te hace olvidar tu miseria?- preguntó Vincent

-No... Pero al menos, hace que la olvide un rato...- rió macabramente.


Draco se arrodillo en la orilla de la camilla. Hermione estaba tendida con los ojos cerrados. En ese instante todo dentro de él se derrumbo. Ronald se quedó en el marco de la puerta mirando como todo dentro su amigo se debilitaba lentamente. Para el rubio ella era la única que lo consideraba algo más que un holgazán, no podía perderla, no quería hacerlo, la necesitaba para vivir. Le tomó una mano fría para besarle los nudillos.

-¿Se repondrá?

Ronald se encogió de hombros.

-No lo se Draco. Hice todo lo que pude, la magia no siempre es la respuesta- dijo Zabini

-¿A caso tu...?

-También es Medimago Draco. - le informo Ronald.

-Su pulso esta muy débil, estamos tratando con plantas medicinales. El desierto es muy generoso en cuanto a la medicina natural... Imagino que si la trato unos dos días más despertará.

Ronald y Blaise se retiraron. EL rubio siguió mirándola, no podía dejar de hacerlo. No sabia porque, pero la sola idea de que ella pudiera morir lo aterraba.

-Hermione no me dejes... No me dejes por lo que mas quieras... Te necesito... Porque... Yo... Te amo.

Ella empezó a moverse- Draco...- dijo entre sueños.

Él se acercó a ella poniendo su nariz contra la mejilla de la chica una lagrima surcó su rostro sin querer.

-Aquí estoy mi amor...- susurró besándola cerca del oído -Por lo que mas quieras no me dejes...

La castaña pareció sonreír.

A Draco no le importaba que ella pudiera despreciarlo por ser un mago. Ahora que lo recordaba ella parecía haberlo descubierto, pero se lo explicaría. Le beso la mano, curvándole el rostro con las yemas de los dedos.

-Eres como una canción escrita por las manos de Dios...


Cruzando la calle estaba algo parecido a una pensión que ayudaba a los que no tenían casa. Ronald estaba más nervioso que de costumbre, habían sido idiotas al mostrar su magia pero ¿Qué era mejor? ¿Qué los mataran o tomar ese riesgo?... Algo dentro de sí le dictaba que Draco estaba enamorado, nunca lo había visto mirar a alguien como la miraba a ella, nunca se había preocupado por otro ser humano (Ni si quiera por él que era su mejor amigo) y ahora estaba con aquella castaña... Y pensar que la conoció solo porque la había visto robando. Tal vez ese era su destino: Enamorarse de una muggle. Ahora le tocaba a él enfrentar el suyo.

Quiso tocar la desgastada puerta detrás de la cual seguramente se encontraría Mir. Pero no se atrevió, abrió lentamente, hubo un chillido de la madera vieja. Empezó cautelosamente asomando su cabeza y no la mira. Entonces se deslizo lentamente dentro de la habitación, por la gran ventana se deslizaban los rayos de sol de la tarde.

Ronald se quedo mirándola mientras estaba de espalda, sin blusa ni sostén y con una falda amplia hasta la cintura, notó la presencia y al instante supo que era él. Se viro lentamente para que pudiera mirar su torso desnudo. Pero lo que hizo más que mirarlo fue admirarlo, ella no le provocaba morbo ni nada que pudiera parecérsele, la deseaba y eso estaba más que claro ante los dos. Después de un rato la chica decidió cubrirse con una blusa de botones que como siempre dejaba al descubierto su abdomen.

-Hola...- profesó ella.

-Tu... ¿Sabes lo que soy?

-Si...- dijo mientras se acercaba lentamente- Eres... Mi salvador.

El sol se metió en ese instante. Una vela se prendió sola dentro de la habitación pues todo había quedado en oscuridad, Mis no se extraño pero tampoco quiso preguntárselo. Sabía que él era diferente, que tenia magia eso lo había percibido desde la primera vez que lo había visto desnudo.

-Me salvaste de Frank...

El pelirrojo tragó saliva, ella estaba demasiado cerca -Nunca te hubiera dejado.

-¿Nunca me dejarás?

-No.

-¿Me lo prometes?

-Te lo juro.

La chica le acaricio el rostro dulcemente, entonces él la tomó de la cintura y fue arqueando su espalda a ella, quería sentir sus labios solo eso. Su deseo empezaba a desafiar su propio entendimiento, estaban flotando a milímetros el uno del otro cuando algo parecido a un cañonazo ilumino la ventana con un resplandor dorado.

-¡Que fue eso!- gritó Mir.

Un grito de vaquero se escucho- Frank...- no podía ser nadie más que él.

Draco estaba en su sala común tendido sobre el suelo, no traía camisa y tenia los brazos por debajo de su cabeza mientras miraba el techo. En momentos así le gustaría tener ventanas... Y recordó la torre de Gryffindor ¿Por qué no podía dejar de pensar en Hermione? Cada cosa, situación, plática o lo que fuera estaba asociado con ella, con su recuerdo. Había que admitir que nunca planeo la forma de perder su virginidad, pero si lo hubiese hecho habría sido exactamente como fue. Con ella.

¿Qué podía esperar? Nadie la conocía mejor que él, incluso antes del hechizo sabía todo de ella. Ahora que lo pensaba Hermione Granger siempre había sido su obsesión: Noches enteras sin conciliar el sueño porque no lograba hacerla miserable... Recordaba haberle puesto dientes enormes una vez... Rió sin poder evitarlo, torturarla era una adicción.

Ahora que... poseerla, era una adicción mucho más grande. Si, tenía razón. Desde la primera vez supo que estaba obsesionado por ella, por eso los insultos, por eso las peleas... Le gustaba que lo retara, que le gritara, su negro sentido del humor lo enloquecía. Había llegado un momento en que todas las discusiones en lugar de exasperarlo y dejarlo completamente mal humorado lo hacían reír y sabia que a ella también.

-Tengo la ligera sospecha que algo recuerdas. - dijo Pansy sentándose en el sofá largo frente a él, recargando su barbilla en uno de los brazos.

El Slytherin se sentó en posición de flor de Loto- Porque lo dices...

-Nunca te había visto con una sonrisa tan grande.

-¿Por qué todo el mundo aquí sabe lo que pienso?

Blaise entro- Déjalo Pansy ¿No vez que Draco ya no es virgen?

-¡Que!- grito la chica y miró al rubio

-Yo no he dicho nada...

-Pero es más que obvio no. No llegas a dormir, te desapareces... Tienes que estar teniendo sexo con alguien... El punto es ¿Con quien?- eL moreno se dejó caer en el sillón reclinable.

Draco puso los ojos en blanco y volvió a tirarse.

-¿Es cierto?- dijo Pansy.

-si.

-Lo sabia- dijo Blaise riendo.

-¿Y se puede saber con...?

-No se puede.

-¿Por qué no? ¿Qué? ¿Es una gryffindoriana Sangre Sucia?

Inmediatamente abrió los ojos.- Ah, claro. Adivinaste- Trató de sonar sarcástico

-Draco, el sexo sin amor es una experiencia vacía...- dijo Pansy

-Pero como experiencia vacía es una de las mejores- interrumpió Zabini haciendo reír al rubio- Vamos Pansy, solo existen dos cosas importantes en la vida: La primera es el sexo y de la segunda no me acuerdo...

El ojigris se carcajeo con gusto

-Que pésimo sentido del humor tiene los dos...- dijo Pansy levantándose y pasando por encima de Draco dándole una pequeña patada en las costilla que lo hizo reír mas.

¿Qué pasaría si lo sabían? Obvio no podrían correrlo de Slytherin y mucho menos del colegio. Pero tal vez se quedaría sin amigos, sabia que Hermione no sentía nada por él más que deseo... Así que si decidiera dejar de tener sexo con ella no le importaría demasiado, pues podía ir con Potter... Apretó los dientes sin querer, la sola mención de su nombre lo malhumoraba, recordarlo besándola en el gran comedor, imaginárselo poseyéndola...

-Ahora que piensas Draco. - dijo Zabini.

El rubio se levantó con un ágil movimiento- Pienso que es sábado y no tengo nada que hacer aquí- dijo mientras tomaba su camisa del respaldo del sillón.

-¿Vendrás a Dormir?

-Probablemente...- finalizó con una sonrisa y salió

-¡DRACO TU ASQUEROSA BESTIA...!- alcanzó a oír el gritó de Pansy. Seguro hablaba de Crookshanks.

-Yo me largo- murmuró Zabini. Cuando Pansy se enojaba era mejor abandonar el continente.

Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta... aunque es bien sabido que cuanto mas se ama a un amante, mas cerca se esta de odiarle, pero contrario odiar a alguien es darle demasiada importancia...

Hermione caminaba completamente distraída. El pasillo estaba solo, al parecer todos estaban demasiado ocupados disfrutando de estar afuera del castillo como para preocuparse por estudiar. Ella leía, tenia que deshacer el hechizo... Tal vez así podría deshacerse de Malfoy... De sus besos, de las marcas que dejaba en su piel, de la forma en que hacia estremecer su carne, del deseo de...

-* ¡Ya basta! *- pensó.

Se detuvo cerrando el libro del cual ya no comprendía ni media palabra por estar pensando en estupideces... Y no es que Malfoy fuera una estupidez... Solo que... Recordar la forma en que tocaba su cuerpo era algo que la hacia estremecerse, y así fue. «Se lo que hay dentro de ti Hermione, me deseas tanto como yo a ti...» Recordó. Era cierto que si bien despertaba un deseo bastante insano en ella debía reprimirlo o mentirle, solo que no podía pues él sentía a la perfección todo lo que ella... Por lo que si le decía que No y pensaba que Si, Draco lo adivinaría. Tal vez la solución era convencerse a si misma antes de hablar.

Entonces chocó contra él. Era él, lo sabia, no había duda.

-Que quieres- dijo completamente fastidiada.

-Es sábado Granger...- dijo con un tono muy suave. Entonces la tomó de las muñecas para estamparla en la pared como siempre lo hacia.

-A la mayoría de la gente no nos gusta que nos golpeen la espalda con la pared- dijo Hermione- No es divertido.

-Para ti no, para mi si.

-Que quieres

Draco estaba riendo, como sucedía con cada una de las reacciones que ella tenia- ¿Tengo que querer algo?

De nuevo él estaba demasiado cerca de ella, otra vez podía sentirlo. La lujuria estaba claramente reflejada en sus ojos, no podía evitarlo, esa manera de penetrarla con la vista hacían que su mente se pusiera en blanco para que todos sus sentidos fuesen inundados con una solo cosa: La imagen de Draco Malfoy. El chico le liberó amabas manos, pero ella no se movió y antes de que fuera consiente Draco le acarició el labio inferior con el pulgar y se inclinó para besarla. Atónita fue incapaz de moverse mientras los labios del rubio separaban los suyos manteniéndola fuertemente abrazada.

Draco abandonó sus labios y trazó una húmeda senda con la lengua desde la boca hasta la oreja. Hermione sintió el roce de sus dientes sobre el cuello y se estremeció. Sus pechos se hincharon, anhelando sus caricias. Y, mientras tanto, él no dejaba de presionar un muslo entre sus piernas, haciéndola que ardiera aún más. Las rodillas se le aflojaron de tal manera que tuvo que apoyarse por completo en él. Y así de pronto Draco la soltó.

-Por Merlín, acabo de besar a un Slytherin en un pasillo de Hogwarts- dijo Para si misma

-¡Por Merlín! Acabo de besar a una gryffindor en un pasillo de Hogwarts.

-¿Te estas burlando de mi?

El rubio sonrió mostrando el esplendor de su perfecta dentadura. Ella odiaba cuando él reía así, porque sabía que no había mujer, animal o cosa que le negara algo solo por ver esa hermosa sonrisa. EL Slytherin encajó su rostro en el cuello de la chica, al instante Hermione empezó a empujarlo de los hombros, lo que lo obligo a aprisionar sus muñecas de nuevo contra la pared, odiaba que se pusiera tan difícil, pero mas odiaba no tenerla a su lado.

-Malfoy estamos en medio de un pasillo...- dijo Hermione levemente

Él enlazó sus manos con las de ella sin quitarlas de la pared -Sígueme...

-¿Qué? ¡NO!

-Granger, vamos a hacer esto por las buenas o por las malas.

-¡Por ninguna!

De acuerdo, había que admitir que adoraba su actitud de "Si quiero pero tienes que obligarme". Ya estaban un poco lejos el uno del otro, así que el chico dio un paso a ella y ella retrocedió. De forma rápida Draco corrió detrás de Hermione, la alcanzó de la forma mas fácil que le fue posible y por detrás de la cintura, la chica se carcajeo, la verdad jamás había intentado huir, solo quería saber si Draco la perseguiría. Él la levanto en brazos mientras que Hermione hizo una mueca de niña disgustada cruzando los brazos. Obviamente cualquier otra le hubiese rodeado el cuello embelesada, solo que ella no era "Cualquier otra"


-Harry no empieces de nuevo...- suplicaba Ron.

-Por favor ¿SI?

El pelirrojo estaba sentado junto al lago, detrás de él envolviéndolo con sus piernas estaba Luna y claro Harry haciendo un mal tercio como últimamente estaba demasiado acostumbrado a hacerlo. Su "Cita" con Carolina seria en un par de horas y si en ese tiempo podía aprender lo aprovechara ¿Qué mejor maestro que Ron? ¿Por qué no lo había pensado antes?

-Ayúdalo Ron. - Dijo Luna a su oído mordiéndole el lóbulo -Hay que enseñar al que no sabe.

-¡Vez! ¡Luna es una persona razonable!

El pelirrojo rió mostrando sus dientes- Esta bien- aceptó con fastidio- Que quieres... Ahora.

-¡SI!- gritó el ojiverde con emoción- Bueno, yo se que el hombre es la mas elevada de las criaturas...

-Pero la mujer es la mas sublime- lo interrumpió.

Luna sonrió y le depositó un beso en la mejilla haciéndolo reír.

-¿Vas a defender a las mujeres?- increpó Harry.

Ron levantó una ceja y asintió sin dejar de sonreír.

-¡Pero eres hombre!... No importa, los hombres somos mejores... El hombre, es como, como El águila que vuela...

-Y la mujer es como el ruiseñor que canta

El azabache se carcajeo- Volar es dominar el espacio Ron...

-Cantar es conquistar el alma.

De acuerdo, marcador: Harry Potter 0, Ronald Weasley 1

-Están peleando- se acerco Seamus Finnigan curioso.

-Discuten- corrigió Luna

-¿Puedo quedarme?

-Depende ¿Estas de parte de los hombres o de las mujeres?- dijo Harry

-¡Hombres por supuesto!

-Entonces quédate- aceptó el moreno y prosiguió- El hombre es el cerebro.

-La mujer es el corazón.

-¡Corazón!- interrumpió Seamus- El cerebro ilumina

Ron sonrió- El corazón produce amor...

-¡Y eso que!- prosiguió Seamus- La luz fecunda.

-El amor resucita.

Una bulla estalló habían llegado mas chicas. Ron Weasley 2, Harry Potter 0.

-Bien, bien- dijo Harry- El hombre tiene la supremacía

-La mujer la preferencia

El azabache rió - ¿Y que con eso? La supremacía significa fuerza.

-La preferencia representa el derecho.

3-0

-No importa Ron- interrumpió Seamus de nuevo- El hombre es capaz de todos los heroísmos

-La mujer es capaz de todos los sacrificios.

-Como si eso sirviera para algo, el heroísmo ennoblece

-El sacrificio sublimiza

4-0

El sol empezó a ocultarse, solo que los chicos no parecían muy dispuestos a dejar la discusión hasta que demostraran porque los hombres superaban a las mujeres, solo que eso era algo que Ron no permitiría.

-Hola Neville- saludó la rubia

-¿Qué hacen?- preguntó el gryffindor

-¿Estas de parte de los hombres o las mujeres?- dijo Seamus

-Ha... Los hombres. Creo.

-Entonces quédate- dijo Harry. - El hombre tiene el farol de la conciencia

-Ya basta, la mujer tiene la estrella de la esperanza...

-La conciencia Guía.

Ron guardó silencio ¡Al fin! Un punto para ellos...

-Pero la esperanza salva ¿No?

-¡Neville! ¡De lado de quien estas!- gritó Harry

-Lo siento. - se disculpó Neville.

5-0

-¡YA se!- gritó Seamus- ¡Lo tengo!... El hombre esta colocado donde termina la tierra.

Ron sonrió- Y la mujer done empieza el cielo.

De acuerdo. No lo tenía. El pelirrojo se levantó y le extendió una mano a Luna.

-De todas Formas, los hombres somos mejores al cien.

-¿Y cuantos de los que apoyan esa teoría tienen novia?- la respuesta era... Ninguno.


Después de un rato Hermione accedió a caminar por voluntad propia. ¿Era la torre de adivinación? Al parecer se dirigían allí, el sol empezaba a ocultarse no entendía para que la llevaba ahí ¿Seria que había averiguado algo del hechizo?

Subieron en silencio, la castaña se puso nerviosa, el rostro inexpresivo de Draco podía cambiar en cuestión de segundos, tal vez al fin quería matarla... Aunque era estúpido pues no se mataría a si mismo. Al menos no ahora.

La clase estaba vacía y en perfecto orden. Él entró primero, sin saber porque tuvo que seguirlo. Estaba cruzada de brazos y avanzaba lentamente mirando sin comprender.

-Por si no lo sabias yo ya conocía esta torre- dijo Con sarcasmo

-Te apuesto a que no- dijo Draco mirando por la ventana. Volteo para verla y sonrió.

Entonces abrió una puerta que era casi idéntica a la pared, Hermione nunca la había visto. La luz del sol entro bañando el cabello de Draco y su rostro. Él le tendió una mano que sin pensarlo dos veces ella tomó. Había unas escaleras de piedra que seguramente llevarían a la punta. Así era. Aquella torre no terminaba en cono como la de gryffindor o todas las demás, la superficie era plana con un pequeño bordado de menos de medio metro. No pudo más que maravillarse ante lo que ella jamás había visto, el atardecer naranja se miraba directamente, el sol acariciaba el lago como si estuviera hundiéndose en el con los mágicos colores rosados y naranjas. El viento cálido le golpeaba las mejillas mientras miraba embelesada.

-Pero que hermoso- dijo Hermione

-Aquí mi padre le propuso matrimonio a mi madre.

La castaña sonrió.

El Slytherin tenía las manos en los bolsillos embelesado con ella, su cabello reflejaba destellos brillantes, adoraba que nunca trajera puesta la túnica, el sol hacia algo transparente su blusa. Dejó de pensar, solo la imagen de esa chica se adueño de su rostro. Se acercó a ella rodeándola con sus brazos mirando al horizonte, solo que ningún espectáculo era mas placentero que sus gestos, sus facciones, su cuello... La miró, ella pudo sentirlo así que viro su rostro para encontrarse frente a frente. Las manos del chico estaban en su cintura, ella las cubrió con las suyas.

No existe nada más interesante, que la conversación de dos amantes que permanecen callados. El odio y el amor no son ciegos, si no que están cegados por el fuego que llevan dentro.

Sin decir otra cosa, sin cambiar de opinión se besaron. ¿Porque?... Quien sabe. Solo eran consientes de que el sentir el uno lo del otro los hacia necesitarse, no querían estar juntos, pero lo necesitaban. El odio no es nada mas que carencia de imaginación, pues quien la tiene puede imaginarse amando a la persona que odia o que paradójicamente la necesita. El beso era una danza entre sus almas que se mezclaban con el roce entre sus labios, disfrutando los sonidos inarticulados. A Hermione le gustaba la textura de las manos de Draco bajo las suyas; grandes y masculinas, pero al mismo tiempo finas y suaves, de dedos largos y con una fuerza poderosa.

Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.

-¿Tu no me amas verdad Granger?- dijo De pronto

-No... Porque solo se ama lo que no se posee totalmente y tu... Aunque lo niegues eres completamente mío.

¿Había alguna forma de debatir ese argumento?

La leona se viro entre sus brazos para volverlo a besar lentamente, Draco la sostuvo como a un bebé y empezó a recostarla lentamente y él sobre ella, teniendo cuidado de no aplastarla sin dejar sus labios. Hermione le saco la camisa del pantalón con un tirón hacia arriba y empezó a desabotonarla sintiendo como él sonreía entre sus labios, sin sacarle la camisa completamente empezó deslizando sus manos por todo el torso del chico mientras él bajaba por su cuello.

Sentía la adoración de Draco que nunca antes había estado ahí, en ese momento el chico no tenia la menor intención de acostarse con ella, pero por primera vez desde que todo pasó Hermione quería que lo hiciera y lo deseo desde el fondo de su... ¿Corazón?... El rubio lo sintió, sintió que algo dentro de ella le gritaba que la poseyera, otras veces sentía un deseo y una excitación que le erizaba la piel pero esta vez esos sentimientos no estaban en ella, era algo mas que no quería descubrir, porque empezaba a gustarle demasiado.

Lentamente fue desabotonando su blusa colocándose en medio de las piernas de ella que estaban a cada lado de su cuerpo. Encontró un sostén de broche al frente por lo que fue fácil descubrir sus pechos sin necesidad de quitarle prenda alguna, eran perfectos, bronceados, de un tamaño perfecto para la mano de un hombre, para sus manos. Puso una mano acariciando uno mientras que la otra la llevó debajo de su falda despojándola por un lado de la ropa interior para no separarse mucho de ella. Su calidez era algo maravilloso, con la misma mano libre se desabrocho el cinturón y bajo el cierre de su pantalón. Solo fue un roce entre sus sexos el que los hizo arder en una temperatura como el fuego. Draco se llevó uno de sus pechos a la boca haciéndola arquearse contra él.

-Hazlo Draco... Te necesito- jadeo Hermione a su oído.

Había dicho TE NECESITO, esta vez no había escuchado mal, no había mal interpretado nada, ella le estaba suplicando a su oído con un aliento caliente y un tono ansioso. Entonces entró en ella. Lentamente disfrutando poco a poco como la calidez de ella le daba una húmeda bienvenida y sin dejar de besarla de la manera más erótica y lenta empezó a moverse dentro y fuera. Sin movimientos desesperados ni ansiosos, quería disfrutarla, saborearla en todo su esplendor.

Draco tenia una necesidad de olvidar su yo en la carne extraña, eso, es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar.

Después de un considerable tiempo termino dentro de ella, sus fluidos se mezclaron con un grito espasmico que los llevo a ver luces de colores, la luz al final del túnel. Ambos se quedaron inmóviles sintiendo sus mutuas respiraciones, en lugar de salir de ella le abrió aun más las piernas para sentir su profundidad.


-¿A dónde me trajiste ahora?- dijo Carolina

Harry tiraba de la mano de ella que se resistía a seguir. - Solo es la torre de adivinación, te va a gustar.

Abrieron la puerta de las escaleras, la oscuridad había acorralado el castillo por completo. Era una noche negra sin estrellas, algo fría para jugar un poco, pero que importaba. Todo el mundo sabe que los mejores placeres se encuentran en la noche. Cuando llegaron a la cima Draco estaba de espaldas abotonándose la camisa. Los ojos de la Ravenclaw brillaron con una intensidad casi maléfica que molesto al azabache.

-¿Haciendo justica con tu propia mano Malfoy?- dijo Harry.

El rubio se viro- Miren, Potter con una chica a la que no tiene que inflar. - dijo Draco.- Hola caro.

-Largo Malfoy. - dijo Harry.

-Ya me iba Potter.

Hermione salió de espaldas de chico, haciendo que la sangre de Harry se congelara. En ese momento el chico ni si quiera peso en que ella estaba con Malfoy. Solo podía pensar en que él estaba con Carolina y acababa de volver con Ginny, no le importaba lo que ella estaba haciendo. Le importaba lo que él estaba haciendo. Quería que la tierra se lo tragara.

-No digo nada, si tu no dices nada Harry- propuso la castaña.

El azabache tragó saliva y asintió. Hermione tomó a Draco de la mano y bajaron.

Harry y Carolina se quedaron, se quedarían ahí un buen rato, aunque si se lo dijera a carolina lo más probable es que se burlaría.


-¡Hasta que llegas! ¡¿Dónde estabas y porque te ríes como idiota?!- gritó Zabini.

Draco acababa de entrar en su sala común con ambas manos en los bolsillos y como dijo Blaise una sonrisa idiota.

-¿Alguien murió mientras no estuve?

-Solo tu estúpido gato.

-¡QUE!

-Ya, ya. Solo era una broma...

-¡Donde esta mi Cosa!

-En tu habitación. Lo salve de que Pansy lo despellejara.

El ojigris no dijo más y corrió hasta su habitación. Pansy se volvía loca cuando algo la molestaba y claro que si Crookshanks hacia algo como triturar su diario y comerse las paginas no pensaba dejarlo vivo. Al entrar se dio cuenta de que su "Cosa" estaba intacta sobre la cama moviendo la cola alegremente con algunos pedazos de papel sobre los bigotes. Sonrió, seguramente si le pasaba algo Hermione lo mataría... Aunque era de él, así que podía hacerle lo que quisiera ¿NO?... Se acercó para quitarle los trozos de papel y acariciarle el lomo lentamente...

Su sonrisa fue borrándose cuando Se fijó en el sobre dorado encima de su almohada, sin dirección o remitente... las manos le temblaron al instante, al voltearlo estaba sellado con el escudo Malfoy, era una carta de su madre. Respiró profundamente mientras una pena lo invadía... Sabia que eso iba a pasar, pero jamás se imagino que ahora.

Hijo:

A tu padre se le dicto sentencia de muerte, le comprobaron demasiados cargos de algunos de ellos ni si quiera yo estaba enterada. Lo lamento. No te pediré que lo veas porque estoy segura de tu respuesta. Sabes que ya no será seguro Hogwarts así que como siempre lo has querido después de la navidad irás a Dumstrang. Te mando en un paquete el cuenta tiempo para evitar retrasos. Ya sabes que hacer: Lo pones alrededor de tu cuello el último día de clases y tendrás treinta minutos antes de desaparecer de Hogwarts y aparecer en casa, si así lo deseas de lo contrario puedo hacer que aparezcas en tu nuevo colegio, no quiero que tomes el expreso pues podría ser peligroso.

Te ama, tu madre.

Draco apretó el papel entre sus manos casi rompiéndolo. Tenia que irse.

hola lamento la demora pero he estado muy ocupada ya saben el colegio jejeje

aqui les dejo tres capitulos espero y lo disfruten jejeje

dejen comentarios plis!!

bueno me despido

biie

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