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Historia 36467 — capítulo 21
Cap 19: Una pasión mas viva.
La noche había sido lluviosa, extrañamente sin relámpagos ni exceso de ruido. Los muros aun goteaban fuera del castillo. El sauce boxeador se sacudió tal y cual hace un perro después de un baño. El lago estaba tranquilo y los pajarillos cantaban a pesar que el sol no había salido, solo significaba que seguiría lloviendo, al menos la lluvia regulaba la temperatura del castillo.
Ella no durmió en su habitación. Se había quedado en la sala común con lágrimas secas esperándolo hasta que termino rendida por el sueño. La chimenea humeaba, en ese momento lo odiaba con toda su alma, creerle, intentarlo, perdonarlo... ¿Para que? Al incorporarse con el uniforme arrugado y el rostro hecho un desastre sus palabras golpearon su cabeza «Solo iré con Ron, no tardaré...» Y dándole un beso en la frente había salido. Sonrió al pensar que esa fue una mentira que no debió decir, ambos sabían a donde iba.
-¿Te levantaste temprano?
La chica se puso de pie y lo miró. Como era posible que aun en su situación el corazón le siguiera latiendo solo por oír su voz, esa voz que desde hacia mucho tiempo era su perdición, estaba parado en las escaleras y aun traía puesta la pijama azul de camisa afelpada de botones y el pantalón que le arrastraba. Se acercó para darle un beso, pero no le importó.
-Anoche no quise despertarte porque llegue...
-Un poco tarde. - completó Ginny- Como siempre.
-¿Estas molesta?
Ella rió- No...- dijo en con un sepulcral suspiro- ¿Por qué me molestaría ser el hazmerreír de Hogwarts?
-¿De que hablas?
Sin poder más, lo abofeteó con todas sus fuerzas y empezó a llorar de impotencia.
-¡Eres un asqueroso cerdo!- estalló- ¡¿Crees que no se que te revuelcas con medio mundo?!
-¡Ginn eso no es cierto...!
-¡CALLATE! ¡ERES...! ¡Anoche te liaste con esa "Carolina"! ¿Crees que no lo se? ¡SI todo el colegio lo sabe!
El se quedó sin palabras y ella lo supo. No podía discutir con eso pues ni si quiera él mismo sabia porque lo hacia. Si, Carolina le gustaba pero tal vez no lo había hecho por eso... La pelirroja lloraba derrumbada en el suelo, las manos pequeñas y pálidas le temblaban cada vez que intentaba retirarse las lágrimas que parecían más fuertes que ella. El corazón de Harry estaba al cien, verla sufrir era algo que no quería pues era quien menos se lo merecía, no debía llorar, porque los ángeles no lloran. Quiso bajarle el cielo pero no podía.
-Lo siento...- se arrodilló junto a ella, un brote salado le cruzó la mejilla. De verdad lo sentía.
La tomó de la barbilla para que lo mirara, no podía decirle "Perdóname" pues no se lo merecía, pero podía decirle que lo sentía, no tenía más.
-¿Por qué?- preguntó... Pero no esperaba una respuesta.
-No, lo, se.
La chica sonrió y le acarició la barbilla con una mano para acercar su rostro a él y besarle- Te amo Harry. Por eso lo entiendo.
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«22 de enero del año de 1849»
Con un grito agudo y distorsionado que retumbo en cada parte del Valle de la Paz empezó el horror, marcado por el caos total en el que acababa de estallar el pueblo. Efectivamente, era Frank Longbottom, solo que no estaba con los dos estúpidos de siempre, ahora además había al menos otros quince hombres en caballos robustos y con paños negros que les cubrían todo el rostro, exceptuando los ojos. Un relámpago sin iluminó la noche dejando marcado el único rostro descubierto del vaquero mas robusto y siempre vestido de negro.
-¡No vallas!- gritó Mir. Pero él ya no la escucho.
Ronald salió a la calle en medio de la destrucción las viviendas estaban incendiándose unos de los bandidos corrían agitando lumbreras grandes que usaban para prenderle fuego a cuanto vieran a su paso. Niños lloraban arrinconados con los pies encogidos... Pero su coraje estalló cuando a una mujer le arrebataron a su recién nacido para echarlo sobre la hoguera donde se calcinó al instante. Él se quedo con la boca abierta, el fuego se reflejo en la claridad de sus ojos y un coraje inmenso le invadió todo el cuerpo. Que importaba ya...
-AVADAKEDRABRA- gritó. Una luz verde emanó de su varita y al instante el que había matado al recién nacido se elevó como una alfombra flotante y retumbó en el suelo con su caída.
-Crucio!!- gritó otro de los bandidos a espaldas de Ron.
El dolor lo hizo retorcerse como una lombriz mientras caía con el cuerpo contorsionado de rodillas. No profirió ni un solo grito aun cuando la acción repetida le provoco más dolor. Apoyado con las palmas en el suelo con los dientes apretados contenía la rabia que le provocaban las risas de los bandidos.
-¡Detente ahora!- una voz imponente, fuerte, pacifica... Sean.
Frank alzó su cabeza con una sonrisa llena de sorna y bajo del caballo al ver que el sacerdote estaba de pie en el pórtico de la clínica. Tenía las manos en el vientre y el rostro relajado sin proyectar ninguna expresión que no se asociara con la misericordia. Ron tuvo miedo, hasta él que siempre se consideró ateo y sin ningún temor por Dios lo atemorizó la presencia imponente de Zabini.
Longbottom caminó decididamente hasta donde el "Sacerdote" se encontraba sin quitar su sonrisa, ¿Cómo era posible que no le diera miedo?... Sacó su arma para martillarla y se quitó el sombrero en señal burlesca de reverencia como se debe hacer con cualquier sacerdote, solo que esto era el colmo del cinismo. Le apunto firmemente con su brazo extendido.
-Sean Zabini. Que sorpresa- dijo Frank. - Veo que me recuerdas
Sin verlo Ron percibía la risa en sus palabras.
-Frank Longbottom- dijo Sean, su tono de voz había cambiado drásticamente.
El chico caminó rodeando al moreno hasta ponerse detrás de su oído, este no se movió un solo milímetro.
-¿Te atreves a profesar amor Sean?- dijo Frank y sonrió- ¿Precisamente tu? ¿La persona mas fría que existe?... Peor, amor a los muggles.
Sean cerró los ojos, una lagrima escapo deslizándose por su mejilla. Escuchaba la destrucción a su alrededor, tembló de los pies a la cabeza. Frank tenía razón. Las viejas heridas estaban abiertas, de pronto abrió los ojos ya no estaba en el pueblo:
La tarde era grisácea en el viejo poblado de Canadá. En ese entonces era un reverendo, podía ver su sotana negra y su crucifijo plateado del que nunca se había deshecho. Había guerra en ese entonces, pero lo peor eran los soldados con sed de sangre y destrucción. Parecía que todo era en blanco y negro, peor simplemente eran los colores naturales de esa región en la que nunca salía el sol. Estaba en la plaza de piedra rodeado de feligreses, la pobreza era tanta que muchos robaban para poder comer, solo que el único castigo por el robo era la pena de muerte. Esa mañana quince personas inidentificables habían robado una hogaza de pan.
Había tres soldados muggles que tenían el reflejo del diablo en los ojos y una sorna en el tono de voz que era nauseabundo.
«Quince de estos son ladrones padre...»- dijo uno de los soldados -«Elíjalos.»
«¡QUE!»- gritó Sean
«No sabemos quienes son, así que lo dejaremos al azar...»
« ¡No podemos condenar inocentes!»
Los soldados rieron, uno de ellos amartillo su gran rifle de cazador- «Elije usted a los quince o morirán todos.»- dijo este.
Eran más de cien, matar a cien o matar a quince... Ninguno de los dos era un trato justo. Pero que sabía el de justicia más que la que hacia la mano del hombre puesto que su Dios jamás se había bajado de la cruz para impedir que más mortandad se siguiera llevando a cabo...
«No... No puedo...»- profesó Sean al fin.
«ELIGE!!!»- gritó el soldado con el arma mas grande, parecía estar histérico, los ojos casi se le saltaban de la cara y sudaba con las fosas nasales dilatadas, tal como un caballo que muere...
Entonces él tomó su crucifijo firmemente y alzando su dedo índice apunto al primero... Una mujer en silla de ruedas de cabellos canos y una expresión sumamente dulce que era casi ciega. Con un disparo en la cabeza el rojo de la sangre tiño el mundo de dos colores en uno tercero que se regó por el piso de piedra lisa. Repitió la acción y esta vez fue un niño con cáncer en la pierna, lo mismo ocurrió. Así seis veces... ¿Qué iba a hacer? ¿Matar a todos los discapacitados?
«No, no, no... Padre, esto no es divertido. Uno que sea funcional, los discapacitados no pudieron robar.»- dijo el soldado más alto de todos.
« ¡Que mas da!»- gritó Zabini.
En la mirada de ellos pudo ver que no bromeaban así que apuntó al niño de ojos azules, estaba abrazado de su padre: Neville Longbottom. Un hombre amable y servicial que había dedicado toda su vida a estudiar el comportamiento muggle, ahora estaba a punto de ser asesinado por uno. En ese momento Frank supo que lo había escogido a él...
«NO»- gritó Neville- «Mi hijo no... Yo fui uno de los que robó»- era mentira.
«Papi, tengo miedo»- dijo el pequeño Frank. Su padre se arrodilló ante él.
«Corre Frank, ve a casa y no te detengas. Dile a mami que tienen que irse y que nunca vuelvan»- le dio un beso en la frente y sacó de su bolsillo una recordadora mágica para entregársela- «Nunca me olvides hijo mío...»
El pequeño corrió y a lo lejos, solo escuchó el disparo.
Frank aventó a Sean al suelo, el moreno rodó por los tres escalones su labio se reventó y escupió la sangre. Inmediatamente lo tomó del mismo crucifijo plateado que llevaba aquella escabrosa tarde, lo levanto casi a su altura, la joya empezó a sacar gotas espesas de su cuello, en una ardiente mezcla de sudor y sangre. Ronald se puso de pie con dificultad y juraría ver como los ojos de Frank estaban llenos de lágrimas contenidas. El vaquero le apuntó a Zabini con el arma, tenia los dientes apretados y efectivamente las lágrimas se deslizaron por su rostro.
-¡Los miras a la cara y los señalas con el dedo para que los maten!- gritó Frank- ¡Como puedes profesar la paz! ¡Maldito bastardo!- Lo golpeo en la mejilla con el arma, cualquiera hubiese perdido la conciencia pero él no lo hizo.
-¿Torturar personas te aleja de tu miseria Frank?- dijo Sean aun en el suelo.
Frank se puso en cuclillas detrás de él- No, pero hace que la olvide un rato- se puso de pie dispuesto a irse.
-¡Acaba con esto!- Sean se había puesto en pie de nuevo. Levantó la barbilla- Me quieres a mi ¿Quieres venganza?... Anda, Mátame.
El vaquero le apuntó pero al disparar una mujer cayó a espaldas de Zabini quien miró con horror.
-Matarte seria liberarte Sean y tu, no lo mereces. Tienes que vivir, para que cargues con los remordimientos muchos años. Y si algún día eres lo suficientemente hombre, tu mismo terminarás con tu vida pero para tu desgracia tus descendientes cargaran con tus pesadillas...
Ronald se acercó a Sean sin decirle nada. Otro de los que tenia el rostro cubierto le apuntó a Ronald. El blanco principal no era Sean, esa había sido una cruel coincidencia, eran ellos. Draco, Hermione, Mir y él. Pero Ron sacó su varita y con un hechizo sordo lo mandó lejos. Por detrás de el pelirrojo otro de los bandidos le apuntó con un rifle, volteó demasiado tarde como para verlo y recibió un disparo en el hombro que lo hizo caer de bruces.
Draco sacó a Hermione de la clínica, ella aun estaba inconsciente y según sabia no despertaría en mucho tiempo. Miraba la destrucción que se llevaba a cabo, solo quería sacarla de ahí, pero no se iría sin Ron, no podía abandonar a su hermano.
-¡A donde crees que vas!- gritó Sean siguiendo su paso apresurado.
-¡ME largo!
-¡No te la puedes llevar!
Draco paró en seco y se viró para mirarlo- ¡Porque no!
-¡La estoy tratando con plantas medicinales!
Volvió a caminar- ¡En San Mungo pueden hacer eso!
-¡Entiende que morirá!... Si no toma mi medicina día a día, a la hora minuto y segundo exacto el remedio se convierte en veneno.
-Perfecto. Tú vienes conmigo.- dijo Y sonrió pero en sus gestos no había nada que indicara gracia.
Ronald seguía en el suelo desangrándose, el mismo que le había disparado se acercó a él tirando del pañuelo hacia abajo para descubrir su rostro, era un chico de cabello castaño claro y ojos azules como el cielo, le recordó a su esposa como un ángel, solo que en la mirada de este muggle no había ni una pizca de pureza. Le volvió a apuntar directo a la cara, él solo cerró los ojos y tragó saliva oliendo la pólvora que emanaba del cañón caliente...
El chico calló de espaldas. Ron abrió los ojos, era Mir. Sin decir otra cosa sacó su varita y se curó la herida ante la gitana sin pensar en lo que hacia.
-Eres un mago...
Para el pelirrojo todo empezó a dar vueltas, todo estaba como en cámara lenta, solo veía las siluetas borrosas de Draco que cargaba a Hermione sobre su hombro y con la otra agarraba a Sean para que no escapara, Mir diciéndole que era un Mago. «Conviértela en piedra»- decía Sean en el mismo eco que le retumbaba en la cabeza. « ¡Ron, Ron! ¡Conviértela en piedra y vámonos!»- gritaba Draco.
Mir lo miraba ansiosa como si en verdad esperará que él la hiciera solo un trozo de roca. Sabia su secreto, debía hacerlo, solo que las palabras de ella le retumbaban en el cerebro « ¿Nunca me dejaras?...» Era una promesa, se lo había prometido... Ella calló de rodillas.
-¡NO!- gritó Ronald desgarradoramente arrastrándose hasta ella.
La gitana quiso decir algo pero se desmayo. El chico la volteó, una bala estaba en su pulmón... No podía curarla con Magia. Draco lo levantó de un brazo.
-¡VAMONOS!
-¡NO! No puedo dejarla.
-¡Entonces llévala contigo!
-¡No pueden!- se interpuso Sean- Mezclar Muggles con Magos no es bueno...
-¡TU cállate! ¡Crees que no vi tus recuerdos!- gritó Draco
-Legilimancia. Ahora nos ayudas a salir de aquí o tus recuerdos serán lo más grato que vas a tener.
Sean tragó saliva- Podemos transportarnos con polvos Flu.
El rubio hizo un gesto de asco- Eres como un asqueroso perro...
-¿Perro yo?- dijo Blaise sentado en la sala común de Slytherin.
-Oh, claro que no- dijo Pansy pasándole una manos por el rostro- Decirte Perro seria un insulto para toda la raza canina.
-Ja, ja. Que graciosa Parkinson.
Los ojos de la morena se desviaron hasta Draco. Vestía de negro listo para ir a Hogsmeade. Su cabello estaba peinado hacia atrás y había un rastro de tristeza que ensombrecía sus ojos, ella lo notó. Conocía mejor que nadie a Draco Malfoy, por algo llevaba enamorada de él casi diez años, mas se conformaría con ser su amiga, como hasta entonces.
-¿Pasa algo Draco?- Inquirió la chica cuando él se sentó a su lado recargando la cabeza en el respaldo con un fuerte suspiro y se quedó mirando el techo.
-Nada.
-¿Qué tu juguetito sexual te dejo?- dijo Blaise.
Pansy lo miró con odio- No empieces.
-¿De que hablaban?- cambió el tema Draco.
-Le decía a Blaise que Parece como tu perro.
EL rubio sonrió- Con todo respeto a los perros.
-¿Vez? Lo mismo dije.
Draco miró a Pansy ¿Qué más podía pedir?, se iría de Hogwarts, ella era hermosa, perfecta, completamente pura. Nadie la había tocado, incluso él le había dado su primer beso, tenía un gesto de ternura del que muchas carecían y claro era su mejor amiga. Tal vez la única persona en la que confiaba.
-¿Qué me ves?- dijo la chica
La mirada de él descendió hasta su escote- Eres la mujer mas hermosa que existe- Mentira. Pero que importaba.
-Gracias... ¿A la chica con la que te acuestas le dices lo mismo?
-¿Eso es un reproche?
-A mi me suena a celos -Interrumpió Blaise, el moreno se levantó para estirarse- Bien, yo voy por mi dinero antes de irnos, que bueno que está nublado...
De inmediato Draco se arrodillo ante ella tomándola de las manos. Que podía decirle. Como podía explicarle que la Sangre Sucia no significaba mas en su vida de lo que ella... Bueno tenía que empezar diciéndole que estaba atado a una Sangre sucia... Seguro Pansy lo entendería... Solo que...
-Necesito que entiendas que significas mas para mí de lo que piensas
Ella le acarició el rostro- Lo se.
Se puso de pie y tiro de su mano atrayéndola contra su cuerpo sosteniéndola de la cintura. La Perfecta Slytherin sonrió con inocencia.
-Pero que haces...
Le recordó a Hermione cuando él contestaba "No tengo la menor idea" Cuando él preguntaba lo mismo y ella contestaba igualmente. No podía responderle lo mismo que a Hermione simplemente por que no era igual a ella y no podía compararlas. Sin decir nada la besó, fue un beso lento lleno de emociones entremezcladas que iban desde la confusión, el coraje, la simpatía...
No hay incendió tan grande como la pasión, pero lo que Draco sentía por Pansy era amistad. La amistad es una pasión fuerte, potente, ciclónica, viva... Pero todo el mundo sabe que si hay una pasión más viva que la amistad, esa, es el odio.
-¿Te sientes bien?
Draco sonrió sin soltarla y le dio un beso en la frente-Si.
Otra mentira.