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Historia 36467 — capítulo 4
Cap 03: De nuevo
<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<< «Inglaterra, 3 de febrero del año 1848»
Ronald se encontraba sentado en una de las mesas afuera de San Kentirgen. El intenso sol entibiaba la fría mañana, que era común en Inglaterra. Estaba cansado y las ojeras no lo disimulaban muy bien aunque él quisiera aparentar lo contrario. Amaba la medicina más que nada pero en esas condiciones insufribles era imposible y menos con un salario miserable. Comía con afán un sándwich de atún que en ese momento le parecía la gloria aunque el pan estuviera remojado. Le dio un sorbo a su cerveza de mantequilla cuando Draco llegó por su espalda y le golpeo el hombro haciendo que la bebida subiera por su nariz y luego escurriera por ella. El rubio rió con agrado sentándose frete a él al verlo toser.
-¿Qué haces perdedor? -preguntó Draco.
Ron tomó una servilleta para limpiarse su ahora sucio uniforme -Al parecer me ahogo -respondió con dificultad
-Así que esto es San Kentirgen...
-Ahora se llama San Mungo.
El chico sonrió -pero que ridículo.
-Como si te importara Draco. -dijo Ronald volviendo a su aperitivo
El rubio sacó otra edición del diario El Libertador y la puso sobre la mesa. Buscó durante unos segundos la noticia y sonrió doblando la página en la que se encontraba.
-No, no, no... Si quieres que lea estás loco.
-Ron,
-¡NO! Me muero de hambre y no se hasta cuando voy a tener otro descanso así que...
-Bueno, la guerra...
-¡Hay no! ¡Otra vez tus estúpidas fantasías muggles! -Gritó el chico sin levantar el rostro
-¡Los estados Unidos ganaron la guerra! ¡Ahora son un país independiente!
El pelirrojo puso los ojos en blanco y aventó su almuerzo a la mesa -Otra vez... Draco si, lo acepto. Por alguna retrograda razón que no comprendo tuviste la razón, pero eres mi amigo y debo decírtelo...
-¡Pero porque demonios no confías en esto! -Grito Draco, quien acostumbraba perder la calma con mas facilidad que Ron -¡Es real!...
Su amigo se levantó bruscamente de la mesa -¡Draco por favor! ¡Mira a tu alrededor!... Olvida tu estúpida guerra muggle. Están matando magos.... Ayer unos muggles de treinta años tomaron a una niña que sin querer hizo un encantamiento con su varita. La torturaron, la dejaron casi muerta solo porque querían sacarle al "Demonio"...
-Yo...
-¡No Draco! ¡Basta ya! ¡Tenemos nuestra propia guerra!... El ministerio de magia propondrá una nueva ley de que nadie puede usar magia antes de los diecisiete años, así tal vez evitemos este tipo de accidentes -dijo Ronald y caminó poniéndose de frente con Draco.
-Los muggles se equivocan amigo. -Dijo el rubio
-No... -Profesó Ron -Los muggles son la raza más asquerosa que haya habitado este planeta... Aquí tenemos nuestra propia guerra Draco -finalizó apartando el Periódico muggle del chico -Basta ya...
«América, 3 de febrero del año 1848»
Hacía calor a pesar de estar en febrero, no un calor insoportable como el de junio o agosto, pero aun así le quemaba la piel, aunque a ella le gustaba. La tierra aun era nueva, tan salvaje y rural como cuando ella había nacido, no estaba segura si con el paso del tiempo se hacia mas nueva y parecía que tenia muchos mas secretos, no envejecía. Los gitanos habían llegado al Oeste del nuevo país al que llamaban Estados Unidos de Norte América, la tierra más salvaje que había en todo el continente. Su gente estaba en medio de una colonia de indios Navajo y la nada. En el gran cañón que adornaba el paisaje los caballos salvajes corrían libres por los pastizales y las montañas. Las águilas dominaban el cielo con su imponente vuelo y los búfalos pasaban por el lago estremeciendo el suelo bajo sus pies. Adoraba esa tierra.
Hermione miraba la manada de caballos que estaba frente a ella a una distancia considerable procurando no molestarlos. Traía un paño amarrado en la frente, el cual se quitó para limpiar el sudor de su cuello y dejar su cabello castaño regado por sus hombros desnudos. Un chico de cabello rojizo y brillantes ojos verdes se acercó a ella tomándola de la cintura, la castaña sonrió cuando él le dio un beso en el hueco del cuello y la hizo reír.
-¿Qué hace una mujer tan hermosa con un montón de caballos aburridos? -preguntó Harry.
-Son hermosos...
-No tanto como tu mi amor. - le dio un beso en la mejilla.
Hermione se viró para quedar de frente a Harry y lo tomó por el cuello mirándolo de manera juguetona -Harry... ahora que terminó la guerra y estamos mas tranquilos...
-¡Hermione no de nuevo! -Gritó el ojiverde -Solo tenemos un año de casados amor ¿No crees que es muy pronto?
-Solo promete que lo intentaremos.
El chico depositó un beso en su nariz y la volteó de nuevo pegándola contra él -Lo prometo... Tendremos un bebé... Algún día. -susurró.
-Te escuche. -dijo ella inclinándose hacia atrás.
La chica sonrió, amaba a su esposo como jamás se había imaginado que llegará a pasar. Harry le tomó el rostro y fue acercándose lentamente a ella para capturar sus labios de una manera intensa que la chica disfrutaba. Sus manos le recorrieron el abdomen a la chica y subieron hasta sus hombros frotándolos con ansiedad suprema. Él también la amaba.
Tomó a su esposa de la mano y la acompañó a sentarse en un tronco para mirar la manada de equinos. Quedaron en silencio uno junto al otro sin moverse un centímetro hasta que el ojiverde no aguanto mas sin tocarle que puso "Inocentemente" una mano en la rodilla de ella y la fue subiendo a lo largo de su pierna.
-No hagas eso -dijo la chica con voz sensual.
-¿porque? -alcanzó a preguntar él acercándosele cada vez más
Ella se aproximó a su oído -Porque me gusta demasiado...
De pronto Harry se encendió, poniéndose de pie la tomó en brazos y le dio una vuelta en el aire.
-¡Pero que haces! -gritó Hermione aferrándose a su cuello.
-¿Querías un bebé no? -dijo Harry -¡Pues vamos a hacerlo!...
-¡CINCUETA PUNTOS MENOS PARA GRYFFINDOR! -gritó Snape acercándose a la mesa de Hermione -Y la próxima vez le sugiero que cierre la boca señorita Granger. -dijo y sonrió
Harry, quien estaba sentado con la castaña se inclinó hacia el profesor pero ella lo jaló de la túnica antes de que pudiera hacer cualquier tontería por la que seguro seria castigado (Otra vez). El gryffindor creía que sus dientes se iban a desgarrar de lo fuerte que los mantenía apretados, sin saber porque viró su cabeza para mirar como Draco sonreía en el rincón mas oscuro de la clase al verlo como se moría de coraje.
-Tranquilo Harry... -susurró Hermione al oído de su amigo.
-Odio esta estúpida clase -dijo el moreno.
-No es tan mala como la legeremancia ¿O si?
Harry sonrió -Obvio que no -abrazó fuerte de los hombros a la chica -Ya pasara Herm.
Ambos chicos decidieron seguir con su ensayo, lo menos que necesitaban era otra reprimenda del "profesor". Aunque lo odiaran tenían que hacer las cosas bien. Trabajaron en silencio, el chico la miró de reojo y le pareció encantadora con su cabello suelto y escribiendo afanosamente en el pergamino que él aun no podía ni si quiera rellenar a la mitad, la luz del mechero le daba cierto aire místico a toda su personalidad perfecta. Sonrió sin saber exactamente el porque e inconscientemente le puso una mano sobre la rodilla que la castaña ni si quiera notó hasta que fue subiendo por lo largo de su pierna. Tenía una piel sedosa, que le era agradable al tacto y no sabia porque lo estaba haciendo...
-Harry... -susurró ella.
-¿Dime? -preguntó el en un tono muy inocente.
-No hagas eso -la chica se acercó a su oído.
El aliento de su amiga no supo porque pero en ese momento le erizó la piel. -¿Por qué no?
-Me hace cosquillas...
El azabache le dio un beso atinando detrás de su oído y ambos sonrieron -¿Hermione porque te quiero tanto?
-amm... No se... ¿Tal vez porque soy tu mejor amiga?
-Te juro que si no fuera por eso me enamoraría de ti.
Luna y Ron caminaban por el bosque al atardecer. La rubia cargaba un libro de piel contra su pecho. Hacia frio, pero a ella parecía no importarle. El pelirrojo estaba fascinado con la delicadeza de ella, su cuello expuesto, todo le fascinaba, simplemente no entendía como podía existir una combinación tan perfecta entre su extrañeza, sensualidad y la ternura que reflejaba aunque la manera en que lo miraba no era precisamente la de una niña.
-¿Escribes un diario, o algo así? -preguntó el chico al ver como revisaba constantemente el libro que tenia entre manos.
Ella asintió -algo así...
El cuerpo del gryffindor comenzó a temblar al escuchar su suave voz... Una momentánea brisa sacudió las copas de los arboles y sintió su sangre helada. Pero no era el frio, era ella. Ella lo estaba congelando con cada gesto indiferente que él era incapaz de soportar un minuto mas.
Sin pensarlo más la tomó de un brazo y la recargo lentamente contra un Olmo blanco. La Ravenclaw no dijo nada, lo miró con sus ojos azul claro, Ron creyó volverse loco y al instante la besó. Ella no cerró los ojos y se limitó a ver como él hacia su trabajo, era la primera vez que alguien tocaba sus labios de esa manera y le gustaba, que fuera Ron el primero. Fue cerrando sus ojos lentamente y le acarició con las manos la nuca y después el cabello. Absorbieron sus alientos y jugaron entre sus bocas manteniendo una batalla con sus lenguas hasta que se vieron obligados a separarse para poder respirar.
-me gustas... -profesó Ron
La ojiazul sintió todo el cuerpo del pelirrojo sobre ella y se avergonzó sin encenderse -Gracias. -respondió con dulce voz.
-¿Solo gracias?...
Luna sonrió -También me gustas.
El chico acunó su rostro entre sus manos y la volvió a besar bajando por el contorno de su cuerpo y pegando sus caderas lo más que pudo, ella lo envolvió con sus piernas mientras Ron sentía que todo lo helado de antes ahora comenzaba a hervir. Bajó besando su cuello con desesperación cuando ella lo aparto.
-Ron...
-Dime -dijo dándole un beso en los labios.
-¿Desde cuando te gusto?
-Yo, No, Lo, Se... Creo que desde antes de nacer.
Luna sonrió -Ya lo sabia.
Él sabia que la amaba, solo porque la amaba desde antes de nacer. El amor empieza en el pasado, pero el de Ronald Weasley sobrevivió a través de los años.
No te quiero, sino porque te quiero y de quererte, a no quererte llego, y de esperarte cuando no te espero pasa mi corazón del frío al fuego.
La noche cubrió los terrenos de Hogwarts, el húmedo manto oscuro asechó liberando a todas las criaturas de que gobernaban la noche. Un aullido se escuchó a lo lejos pero a él no le importo. Había una magia extraña en el ambiente. Draco Malfoy salió del castillo y al instante una brisa fría le golpeo el pecho, no sabia que estaba haciendo ahí, pero algo lo había impulsado, quería encontrar algo, aunque no estuviera seguro de que...
Era el momento exacto para que comenzara a recordar...
El Slytherin encendió un cigarrillo mientras su sangre palpitaba. El frió había enrojecido la punto de su fina nariz y una punzada leve le golpeo la cabeza. Caminaba distraídamente cuando decidió pasar por la enorme sombra que proyectaba la luna en el gran roble frente al lago. Siempre había odiado ese estúpido árbol ¿Entonces que le hacia ir hacia él?
Así caminando, sin pensar en el porque de sus actos, tropezó. Algo invisible le golpeo los pies y sintió su sangre arder ante su propia torpeza. Se levantó inmediatamente gruñendo de coraje y tomó la muñeca del que estaba sentado donde no podía verle. La muñeca era huesuda y pequeña así que por lógica debía ser una mujer. Sus ojos brillaron en la oscuridad sin saber quien era y la arrastro al otro lado del tronco donde la luna revelo su identidad.
-Asquerosa comadreja -le dijo a Ginny Weasley.
La pequeña pelirroja respiró agitada, no podía hablar y todo su cuerpo temblaba. Tenía un miedo espantoso de lo que el rubio pudiera hacerle, no creía que le tendría consideración por ser una mujer. Su mirada de hielo la congeló al instante aterrorizándola.
Draco se limitó a mirarla fijamente sin profesar un solo insulto más. La luz de la luna acrecentaba la palidez de la chica y su cabello rojizo brillaba con más intensidad. El chico nunca había mirado unos ojos tan hermosos, como el color del mar, con una mirada tan inocente, tan, tan... Un mariposeo le recorrió el estomago, sus labios abiertos eran rojos y hermosos... Algo extraño sucedió en su mente, como si abandonara su cuerpo se vio sobre ella, se movía, estaba desnudo y su cuerpo sudando. La sentía derretirse de placer bajo su cuerpo, la sentía presionar sus hombros y jadear en su oído. La gryffindor lo vio sobre ella y de pronto la miraba justamente como lo hacía ahora. Ambos temblaron al mismo tiempo y en la misma forma, como si no se tratara de ellos pero así era, compartían una misma fantasía que había salido de la nada. Un deseo extraño les recorrió el cuerpo, era un sentimiento desconocido pero que aun así ya habían sentido antes pues les era familiar. Y aunque tenían los ojos cerrados estaban consientes de la presencia del otro y como inundaba cada uno de sus sentidos...
El rubio abrió los ojos solo para darse cuenta de que la estaba besando con un ansia suprema. Ella también los abrió al darse cuenta de que la besaba. Con un saltó hacia atrás Draco cayó de espalda sobre el césped y se quedó mirándola con la misma extrañeza que ella lo hacia. Levantándose torpemente huyó de ahí lo mas rápido que sus piernas temblorosas se lo permitieron. ¿Qué hizo? ¿Por qué lo hizo?...
Ginny respiró profundamente y se derrumbo en el mismo lugar en el que él la había besado... ¿Acababa de sentir deseo por alguien tan despreciable como Draco Malfoy? Agitó su pecho y cerró sus ojos, las imágenes relucían frescas en su mente y podía escuchar retumbando en sus oídos la voz grave de Draco... ¿Pero porque?
<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<< «Inglaterra, 1° de enero del año de 1849»
Ginebra Weasley estaba desnuda sobre la cama de Draco. La chica cubría su pecho con una sabana blanca hecha de poliéster. Habían pasado el año nuevo, teniendo su propia "Celebración" ante la desaprobación de su hermano aunque acostumbrado a ser el único hombre en una familia compuesta solo por mujeres no le dio mucha importancia. El chico se subía los pantalones frente a la cama y los dejó desabrochados, tomó la camisa arrugada de una silla y se la coloco dejándola abierta. Había una maleta de cuero café sobre la misma silla donde arrojaba cosas con su varita descuidadamente.
Ron entró corriendo de pronto aventando la puerta bruscamente -¡DRACO! ¡DRACO! ¡DRACO! -gritaba desesperadamente.
-Que, que, que... -dijo el rubio y suspiró -¿Qué quieres perdedor?
-¡LA FIEBRE! ¡ERA CIERTO!
-¿Pero, de, que, demonios, hablas? -Dijo Draco abotonándose la camisa
-¡YO! ¡TU! ¡EL ORO!
Draco lo tomó de los hombros y lo movió con fuerza -¡Quieres calmarte! ¡Estas hablando como imbécil!
-Si... lo siento... Es que, no se como voy a decir esto pero lo haré-
-¿Y bien?
-Tenias razón, empezó algo que llaman "La fiebre de Oro", hay minas vírgenes en todas partes.
-Ha, era eso...
-¡Pero que estes tan tranquilo! ¡Te estoy diciendo que tenías razón!
El rubio sonrió y cerrando su maleta la tomó con una mano -Siempre lo supe Ron. -dijo tranquilamente y salió.
Al pelirrojo le tomó un podo de tiempo reaccionar. Él siempre supo que eso pasaría, por eso no abandono sus "estúpidas fantasías"... Y ahora que iba a hacer él ¿Quedarse a trabajar como Medimago mientras Draco se volvía rico?
-¡Draco espérame!- gritó Ron y salió tras él -¡LLEVAME CONTIGO!
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