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Historia 36618 — capítulo 3

Sirius dejó a su hermana al cuidado del semigigante, era su primer curso como guardabosques.

Rubeus Hagrid asintió mientras que le pedía que no la despertase hasta llegar al Castillo.

  • Reg- se adelantó el chico hasta ponerse al lado de su hermano camino de los carruajes.

  • ¿Sí, Sirius?- preguntó incómodo el hermano.

  • No es una petición, quede donde quede sigue siendo nuestra hermana.

Regulus asintió.

Los dos hermanos tenían la piel blanca y el pelo azabache, los ojos grises y una sonrisa para caerse de espaldas, aunque Sirius era unos centímetros más alto que su hermano. Isis, sin embargo, era rubia, con los ojos del azul del cielo y pocas veces sonreía. De hecho, en ese viaje había sonreído más veces que a lo largo de toda su vida.

-Será de Gryffindor, Sir- le dijo Regulus.

-Slytherin- repuso Sirius.

-Esta vez te equivocas, Sirius. Siempre lo he sabido- murmuró el chico alejándose de su hermano.- Incluso antes de que tú quedases en esa casa.

Aunque no quería reconocerlo, a Regulus le fastidiaba que su hermana no perteneciese a su casa, pero él siempre lo había sabido. Aunque todos vieran una pequeña serpiente en potencia hasta aquella mañana, él sabía que eso era una máscara, la había visto tratar a muggles, siempre poniéndose a la misma altura que ellos, la había visto discutir con su hermano insultándolo por ser un Black, por un comportamiento propiamente de sangre limpia. Pero sólo él se había dado cuenta, y lo había ocultado.

La niña despertó a las puertas del castillo y se quedó impresionada por la magnitud del castillo. Era precioso. Su sueño se convertía en realidad, dos años antes, pero allí estaba ella, rodeada de niños y niñas que le sacaban una cabeza en altura.

Se llevó algún que otro empujón por parte de sus nuevos compañeros, pero no le importó. Estaba maravillada, no tenía miedo.

Cogió tanto aire como le permitieron sus pulmones y lo expulsó lentamente.

-Hola- le dijo una niña castaña con ojos azules, aunque no tan bonitos como los de ella- Soy Helen, Helen Bunner.

-Hola Helen, soy Isis Black- y le sonrió.

  • Encantada Black, he oído hablar de tu padre en el Ministerio, es un hombre con mucho poder.

-Sí- repuso la niña asqueada.

  • Supongo que estarás en Slytherin como toda tu familia.

-Supongo- en parte lo deseaba, la última bronca con Sirius la había dejado hecha polvo.

-Entonces espero que nos pongan en el mismo cuarto, espero entrar en la casa de los astutos.

-¿Por qué quieres estar en Slytherin?- preguntó intrigada.

  • Sería la primera sangre sucia que lo lograse, sería un honor.

Isis abrió los ojos como platos, ¿Aquella chica no sabía como trataban las serpientes a los hijos de muggles?.

  • No se como pretendes hacerlo, pero estoy segura que esté o no en la misma casa que tú podremos ser amigas.

-Si no entras en Slytherin conmigo, no se como.

  • Si aquí te has dignado a hablarme, podemos profundizar cuando entremos.

Las puertas del comedor se abrieron de golpe.

Todos los niños de primer año seguían a la señorita McGonagal, una chica joven con el pelo castaño recogido en un apretado moño y la capa verde a cuadros. Tenía pinta de ser estricta.

El viejo sombrero estaba reposando sobre el taburete delante de los profesores, en la tarima, enfrentando al resto del alumnado. Isis era la primera en la fila de los alumnos de primero, todos los estudiantes pudieron distinguir la diferencia de edad de la niña con los nuevos novatos.

La profesora desenrolló un pergamino y comenzó a llamar a lo nuevos alumnos.

  • Ana Abbot- la niña de cabello corto avanzó temerosa hacia la banqueta, se detuvo, se dio la vuelta sigilosamente y se sentó a la vez que cerraba los ojos y el sombrero reposaba sobre su cabeza.

  • Veamos que tenemos aquí…-pensó el sombrero en voz alta- Rawenclaw!

La niña se levantó de golpe dejando el taburete tambaleándose. La mesa de su casa, la primera arrimada a la pared comenzó a aplaudir con desenfreno. Isis sonrió, la niña llevaba las mejillas encendidas por el bochorno.

  • ¿Pero qué edad tiene esa niña?- preguntó Patricia McKenzi volteando su larga cabellera rubia.

-Nueve- respondió Sirius con autosuficiencia.

-¿Y tú como lo sabes?- le espetó con desprecio.

-Es mi hermana Isis- le cortó.

James le pegó un codazo en las costillas.

-¡Señorita Black!- gritó McGonagal enfurecida. Ese grito sacó a Sirius de su ensimismamiento, Patricia estaba hermosa.

-¡Estúpido sombrero, viejo, quejumbroso, mentiroso!.

-¡Señorita Black!- volvió a repetir la profesora.

La niña se arrancó el sombrero de la cabeza y comenzó a estirarlo.

-¡Se ha vuelto loco!¡Te dije que ni Griffyndor ni Slytherin!

Tanto los profesores como el alumnado estaban anonadados, estupefactos.

Sirius enterró la cabeza entre sus brazos, y murmuró:"Esta niña va a echar por tierra mi reputación".

Se levantó pesadamente dirigiéndose hacia su hermana para llevarla a la mesa, pues ella no hacia ningún movimiento, estaba plantada delante de todos los profesores exigiendo una segunda elección. Sirius la levantó del suelo y la llevó en volandas hasta su mesa, bajo la atenta mirada de todo el comedor.

La niña seguía pataleando en el aire pero al menos ya no chillaba, reacia a compartir mesa con uno de sus hermanos plantó los dos pies en el banco y se estiró hacia atrás con fuerza.

-Suéltame Sirius-siseó la niña.

Sirius la oyó perfectamente, pero no hizo mención de soltarla, a diferencia de ella, sabía que su hermano Regulus tenía razón. Aunque no entendiese su negativa, pero si estaba en la mejor casa del colegio.

-Ayúdame James a sentar a la pequeña serpiente- le rogó a su amigo.

James Charlus Potter cogió por el brazo derecho a Isis y la obligó, junto a Sirius que la sujetaba por el brazo izquierdo, a sentarse.

La niña dio un pequeño grito de dolor y las lágrimas perladas le descendieron por las mejillas encendidas.

Lo que más le asqueaba de todo eran los leones que habían aparecido en su túnica, el mismo asco que le hubieran producido las serpientes,¿Por qué no podían ser águilas o tejones?.

-Empiezo a pensar que el sombrero se equivocó con tu hermana- le dijo James a Sirius.

-Eso es lo que aparenta, pero en cuanto empiece a saltarse las reglas te darás cuenta de todo- le respondió el del pelo negro azulado.

Muchas chicas comenzaron a hacer corralito detrás de ellos. Dumbledore ya había terminado el discurso de bienvenida y la comida estaba delante de todos los alumnos. Sirius le sirvió zumo de calabaza y puso un par de muslos de pollo en el plato de la niña.

-¿Por qué me serviste jugo de calabaza!- le gritó la niña indignada.

-¿Por qué te encanta?- se sorprendió su hermano mayor.

-¡Pues no me gusta!

  • ¿Cómo!- tenía los ojos fuera de sus órbitas.

Mariam veía la escena divertida, sin poder contener la risa, pero James le mandó una mirada de advertencia por lo que la castaña dejó de reír de inmediato. Isis vio la escena indignada. ¿Quién se pensaba que era ese para callar a la chica cuando se reía de su hermano?.Sí ella no la había cortado,¿Qué derecho tenía James?.

-¿Y esta preciosidad quién es, Sirius?- dijo una voz tan empalagosa a la espalda de Isis que esta se atragantó con el trozo de pollo que intentaba tragar en esos momentos.

Isis no paraba de toser, realmente se estaba ahogando y no fingía como las chicas de alrededor se habían creído al principio. James le dio un golpe muy fuerte en la espalda y el trocito de pollo salió disparado hacia la cabeza de Remus. Éste se apartó en el último momento y el trozo se pegó en la túnica de una chica que miraba con deleite a James.

-¡Pero qué asco!- espetó la chica indignada.

Mariam, Lily y Patricia comenzaron a reír escandalosamente, aquella pequeña sin proponérselo siquiera había espantado a toda la banda de buitres que revoloteaban alrededor de los merodeadores.

James se levantó intentando que su admiradora de segundo se calmase y volviese a sus pies, pero la chica no se volvió siquiera a mirarlo.

James miró a Sirius con una súplica en su mirada, una súplica de ayuda. Aquella chica revolucionaba sus jóvenes hormonas.

-Isis, discúlpate- le siseó Sirius a la oreja.

-Perdón, Remus, casi me ahogo- dijo la niña con delicadeza.

-A él no, a Sara.

-¿Por qué?. Ya me disculpé, que se de por aludida- y sonrió pícara.

  • Isis es a Sara a quien has escupido.

  • ¿Quién es Sara?- dijo mientras levantaba la cabeza de su plato.

  • La chica que está al lado de James.

-¿Y por qué está James al lado de Sara?

-Porque le gusta.

-¿Y por qué le gusta?

-Porque sí.

-Pues esa no es respuesta. Yo no he hecho nada.

-Le has escupido.

-Porque me he atragantado por culpa de la estúpida esta- y volteó para ver la cara de la voz melosa que casi le cuesta la vida.

Las chicas se lo estaban pasando de miedo, desde luego Isis no tenía pelos en la lengua, bendita inocencia infantil.

Patricia miraba de reojo a Sirius e Isis. Nunca había visto intranquilizarse tanto a aquel guapo chico de bonitos ojos grises.

-Pero el pollo le ha caído en el pecho- se impacientaba Sirius.

-Porque James me ha golpeado- estaba viendo las estrellas aún, notaba como las gotas de sangre se deslizaban por su espalda, por suerte la túnica era negra-¡Qué se disculpe él!

-Ya se lo ha explicado, pero le podrías echar un cable pidiéndole perdón- le rogó con un puchero.

-No pongas esa cara que me la conozco.

-Por favor…-le rogó con ojitos llorosos.

Restregó su mano por la pequeña espalda de la niña, ella se apartó de sopetón, le dolía horrores pero lo ocultó.

  • He dicho que no. Yo no he tenido la culpa.

Cuando Isis decía que no, pocas cosas la hacían cambiar de opinión. Así que decidió seguir cenando con la espalda totalmente adolorida.

Empezaba a olvidarse de Bauxbatons, allí había diversión asegurada.

Cuando terminaron los postres los prefectos de las casas se levantaron y reclamaron a todos los alumnos de primero.

Isis se levantó con tres chicos más, pero ninguna otra chica había entrado en su casa aquél año, por lo que el mote de "Pequeña leona" que se le asignó enseguida le venía como anillo al dedo y nadie tenía motivos de equivocación.

Miró hacia la mesa de Slytherin, un chico rubio fornido de ojos azul mar precedía a Helen Bunner.¡Qué suerte! Y a ella le había tocado un pelirrojo gordito y una pelinegra dulce, vaya par de prefectos tenía su nueva casa.