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Historia 36618 — capítulo 4
Capítulo IV. Las normas de la sala común.
Los cuatro Gryffindor acompañaron a los seis prefectos de su casa, el que encabezaba la cola era el prefecto de séptimo, pelirrojo, Arthur Weasly.
En cuanto el señor Weasly atravesó el retrato de la Dama Gorda, los cuatro niños lo siguieron, al igual que el resto de niños y niñas de cursos superiores, entre ellos Sirius y James.
-Bienvenidos a Griffyndor, chicos y chica- señalando con el dedo a Isis- soy prefecto de nuestra noble casa. Este año sois muy pocos, el último latigazo de los sesenta- empezó a reírse, los niños no entendieron la broma y ninguno rió- Voy a empezar por las normas, son pocas, así que no tendréis problema en recordarlas y cumplirlas- Sirius soltó un suspiro. Isis estaba maravillada viendo la sala común, estaba adornada igual que el cuarto de su hermano mayor, rojo y dorado por doquier, igual que pinturas de animales por las paredes- Primera: la contraseña se cambia cada viernes entre la comida y la cena. Segunda: a las nueve de la noche deberéis estar ya en la sala común y a las diez acostados. Tercera: no debéis subir los chicos a las habitaciones de las chicas. Cuarta: debéis comportaros correctamente en las clases y por los pasillos, cualquier falta hará que nuestra casa baje puntos, todos vuestros logros harán que nuestra casa gane puntos.
¿Sencillo, verdad?
Los niños asintieron, Isis sonrió de medio lado, ella no se acostaba antes de las doce, nunca.
-Bueno niños- dijo a modo de desgana- ahora os enseñaré vuestra habitación.
Isis siguió al grupo, pero Arthur la detuvo.
-Usted no, señorita Black, Alice Spencer le enseñará su cuarto- y subió por las escaleras de la derecha, perdiéndose de la vista de Isis.
Una chica morena de cabello corto al estilo chico se acercó hasta Isis y tomándola de los hombros la llevó a su cuarto.
-Bueno, no está nada mal- el cuarto era grande, alguien lo había decorado con estrellas fluorescentes que brillaban en la oscuridad de la noche- Piensa que al menos no tendrás que turnarte para ir al baño. Este es tu cuarto.
Y la dejó sola.
Eso es lo que había sentido desde que cruzó las puertas del castillo, soledad. Ella misma se preguntaba cómo podía sentir soledad rodeada de tantos niños, pero los niños tenían sus propios grupos de amigos, y ella aún no había decidido con quién se iba a juntar, se preguntó si todos los nuevos sentían lo mismo, aunque podía contar con su hermano mayor y sus amigos, estosno eran de su edad y seguramente pensasen de ella que era una cría. El resto de los de primero también la habían rechazado en un principio por ser tan bajita, alguno que otro le había preguntado la edad, y cruzándosele por la cabeza mentir, había dicho la verdad, por lo que sobresaltó a más de uno, mostrándole cierto rechazo desde un principio.
La niña deshizo su equipaje y colocó sus libros de primero en la estantería de al lado del pupitre, así como los pergaminos, la pluma y la tinta.
Se le quedaba un gran espacio entre la cama situada al lado de la ventana y la otra pared, sacó sus patines de bota blanca y los dejó al lado de la cama, a mano, como siempre.
Una vez revisado su cuarto por tercera vez, se colocó su pijama azul celeste de verano y bajó a la sala común.
El resto de los chicos estarían en sus respectivas habitaciones, pues la sala estaba desierta. Se aburría, y mucho. El fuego de la chimenea hacia crepitar un tronco.
Howly apareció en una de las ventanas de la sala común con un sobre rojo atado a la pata. La niña abrió la ventana para dejar pasar a la lechuza grisácea. Era la lechuza de su madre. Desató el sobre de la pata del animal y ésta emprendió el vuelo de regreso sin importarle su recompensa, Isis y ella no se llevaban relativamente bien, la niña realizaba pruebas de puntería con el animal, lanzándole toda clase de objetos, por lo que el animal había aprendido a evitarla, su madre nunca entendió porqué el animal rehuía a la niña.
La niña miró con detenimiento el sobre rojo y se sentó delante de la chimenea dispuesta a abrirlo, pero en el momento en que lo iba a abrir el sobre emprendió el vuelo, alzándose en medio del salón, Isis lo miró asustada, una amenazadora boca con dientes, furiosa, se presentaba frente a la niña.
-¡DEBÍ IMAGINÁRMELO!- ¿mamá?- ¡TÚ ME LLAMASTE MENTIROSA!- "lo siento": susurró Isis- ¡DISCULPÁNDOTE?.
La sala común empezó a recibir gente por el retrato, la niña tenía los ojos como platos.
Mariam, Lily y Patricia se quedaron petrificadas al ver la escena, el peor vociferador que habían visto en su vida se encaraba a la pequeña niña de su casa, "la Pequeña leona", todos pudieron ver el terror en su cara, las lágrimas en su mejilla.
Patricia hizo el ademán de lanzarse a proteger a la niña, pero se detuvo ante la voz encolerizada de Walburga.
-¡SÍ!¡ÚNETE A TUS NUEVOS AMIGOS DE GRYFFINDOR!¡NOS HAS TRAICIONADO!¡ENGENDRO!- Isis lloraba avergonzada- ¡NO TE ATREVAS A LLORAR!¡TRAIDORA!¡CÓMO OSAS DESAFIAR A TU SANGRE?- esa era la voz de Orion- El único que merece la pena de vosotros tres es vuestro hermano Regulus, me has decepcionado Isis- Isis agachó la cabeza, había decepcionado a su padre, eso no tenía remedio, en su cabeza apareció la imagen en la que su padre le decía las mismas palabras a su hermano mayor, tres años atrás, desde entonces la relación entre ambos era demasiado fría, Isis no iba a soportar eso, ¿Qué haría cuando su hermano se fuese en verano a casa de James? Se iba a quedar sola, aguantándose las impertinencias de su prima Bellatrix y de los amigos de Reg, una furia le recorrió la garganta- Por cierto- dijo Orion de forma mortiferamente pausada- Ya podéis buscaros un sitio para pasar las Navidades, aquí no sois bien recibidos, y no esperes recibir regalos de Navidad- ¿Santa también se había enfadado con ella?- Ni tu madre ni yo estamos dispuestos a gastar ni un duro más en vuestros caprichos.
Isis se quedó helada, Santa no existía. Las tres chicas vieron en el rostro de la niña la decepción. Tres chicos apuestos entraron por el retrato, se quedaron petrificados al ver la estampa. La niña estaba blanca como la nieve, de espaldas a ellos pudieron ver la mancha de sangre de su espalda, no era muy grande, pero pequeñas manchas negras rojizas se difuminaban por los hombros y la zona dorsal de la espalda, así como una incipiente en la zona lumbar.
Sirius asustado vió como su hermana empezaba a llorar, aquello era más de lo que podía soportar, ella no solía llorar en público, se guardaba sus sentimientos bajo un telón de acero, costaba mucho sacarle una sonrisa o un llanto en casa, pero se ve que el Castillo había franqueado ese muro. Se acercó sigilosamente a la niña y se acuclilló a su lado. Patricia lo siguió, pero ésta abrazó a la niña. Ella había oído todo el mensaje y no salía de su asombro.
La niña se apartó de sus brazos, le dolía la espalda cuando se la tocaban.
-¿Cómo te has hecho eso, pequeña?- preguntó Sirius conociendo la respuesta.
- Me caí- su hermano la miró inquisitoriamente, sabía que mentía- el calamar gigante me atacó- no la creía- una piedra me golpeó y me raspé- no le quedaban más mentiras.
-¿Quién te ha hecho eso?¿Cuándo?
La niña bajó la mirada, su hermano no la había creído, la verdad es que no había ensayado ninguna respuesta, pero la espontaneidad en ella era un hecho que constataba su inteligencia, inventaba excusas muy rápidamente, todas creíbles, el howler la había dejado fuera de combate. La niña lloraba en silencio, sin importarle dónde estaba.
- Isis, ¿Qué pasa?- se acercó Remus.
La niña emitió una falsa sonrisa, no quería preocupar a la gente, y menos que se apiadaran de ella, no quería ser una víctima, su familia era estupenda y ella también. Pero no pudo mantener el tipo, Santa no existía.
- Santa no existe- de todo lo que le habían dicho aquello era lo que más a fuego se le había quedado.
-¡Cómo!- se sorprendió James.
La niña levantó la mirada confundida, ¿Y si James seguía en la mentira?.
Lily lo miró confundida, pero este le devolvió una sonrisa de medio lado, dándole a entender que era obvio que él sabía lo de santa, pero que tenía en mente que aquella niña no perdiese esa inocencia tan pronto. Lily le devolvió la sonrisa, y él se sintió en la gloria.
-Sirius- rogó la niña- ¿Podría dormir contigo esta noche?.
Su hermano mayor asintió con la cabeza.
- Vamos a cambiar tu pijama- le dijo Patricia arrastrándola hasta su cuarto.
En la sala común se quedaron tres chicos anonadados, sentados en el sofá.
-¿Ha sido él?- preguntó James.
-O ella- respondió Sirius.
Remus se revolvía en el asiento, aquella niña escondía más secretos que él.
-¿Por qué ha ingresado tan pronto en el colegio?- preguntó abstraído.
-
Por su condición- respondió Sirius- Necesitan entrenarla, para que pueda controlar su magia, en casa ya era un peligro, cuando se enfada da miedo, pero es muy difícil hacerla enfadar, por suerte.
-
Pero en el comedor…-dijo James.
-
No estaba enfadada, estaba asustada, supongo que se imaginaba las represalias de mis padres, tendré que preguntarle qué le han dicho.
-¿Quieres saber lo que me han dicho?- preguntó una voz a sus espaldas qué hizo que los tres chicos saltasen del sofá al suelo.
Isis comenzó a reír, los chicos se levantaron torpemente del suelo, murmurando,"que susto", "será sigilosa", "yo la mato".
-A la muy puta…- empezó Isis riendo, pero Sirius la cortó.
-Sigue siendo tu madre- dijo severo, no le gustaba que su hermanita fuera una malhablada.
-Pues no lo parecía por todo lo que ha dicho en el howler- dijo Mariam emocionada.
-¡Qué?- preguntaron los tres chicos a la vez.
-Pero ¿Dónde os habéis perdido, chicos?- preguntaron Lily y Patricia al unísono.
-¿Qué te ha dicho mamá, Isis?¿Tan malo ha sido?
La niña asintió con la cabeza, su hermano se acercó hasta ella y le puso una mano sobre el hombro, dándole a entender que no estaba sola. Los demás hicieron lo mismo, y por un momento se sintió protegida y querida, entonces Sirius la apartó a un rincón de la sala para tener más intimidad, lo que le habían dicho no podía ser peor que lo que le dijeron a él, pero él tenía dos años más que la niña cuando pasó. Se maldijo a sí mismo por su manera de pensar.
-¿Quieres que te lo repita palabra por palabra?- le preguntó la niña mientras su hermano la sentaba entre sus piernas sobre los escalones.
-¿Si puedes?- y le sonrió guiñándole un ojo.
-Pues ahí va: ¡Debí imaginármelo!¡Tú me llamaste mentirosa!¡Únete a tus amigos de Griffyndor!¡Nos has traicionado!¡Engendro!- por ahora igual que el suyo- ¡Traidora! ¿Cómo osas desafiar a tu sangre? El único que merece la pena es Regulus, pero tu hermano y tú ya podéis buscar un sitio dónde pasar las Navidades, y luego papá me dijo que no se iban a gastar el dinero en nuestros caprichos.
-Vaya memoria auditiva tiene esta niña- dijo Lily mientras sonreía a James.
-Sirius,¿Hay alguien en la familia que no discrimine por la sangre?- preguntó la niña asustada.
Su hermano la abrazó fuertemente por la espalda y le dijo en un susurro:"Sí, conozco un par de ellos. Pero piensa que la familia te toca, y a los amigos los eliges tú. Rodéate de gente que piense cómo tú y vivirás feliz, pequeña". Estaba orgulloso de su hermana, se sentía mal consigo mismo por estar feliz cuando a su hermana la habían repudiado, pero notaba tanta felicidad como el día que el sombrero lo envió a esa casa.
Subió las escaleras que daban al cuarto de los chicos, tumbó a Isis en su cama, se puso el pijama y se metió con ella en la cama.
Durmieron abrazados hasta las seis de la mañana cuando Isis se fue a su cuarto, donde se duchó y se colocó el uniforme para empezar las clases.
En el cuarto de las chicas, Lily como cada año fue la primera en amanecer, Mariam no tardó en despertar al oír la puerta del baño cerrarse, Patricia seguía durmiendo a pierna suelta, demasiado pronto para la rubia.
Aún en pijama, Mariam salió del cuarto para dirigirse a la habitación de Isis.
Llamó con cautela, por si acaso la niña dormía, pero se sorprendió mucho al ver como la niña le abría la puerta totalmente arreglada. Una sonrisa iluminaba todo su rostro.
-Buenos días Potter.
-Buenos días Black- respondió Mariam al saludo desde la puerta.
-Pasa, por favor. Si quieres puedes ducharte aquí, yo me voy a despertar al dormilón de mi hermano.
-Espera- le dijo mientras la sujetaba del brazo- Quería pedirte disculpas.
-¿Por qué?.
-Por lo que pensé de ti en el comedor cuando fuiste seleccionada. Porque pensé que eras una maldita serpiente traicionera- dijo en un murmullo.
Isis sonrió, sus hermanos la llamaban así de continuo, era genial, empezaba a sentirse como en casa, pero sólo con las cosas buenas.
-No te preocupes, es mi mote preferido- y era cierto.
Mariam sonrió ante el desparpajo de la niña.
-Me encanta hablar contigo, pero de verdad he de ir a despertar a mi hermano, no quiero llegar tarde el primer día, creo que a McGonagal no le caigo bien, y lo mismo con el resto del profesorado, me odian por ser una Black.
La niña salió corriendo del cuarto, sin cerrar la puerta, con la mochila al hombro y la varita en la mano derecha. Bajó corriendo las escaleras, dejó la mochila sobre una mesa de la sala común y subió corriendo al cuarto de los Merodeadores.
La niña entró a la habitación sin permiso, arrollando a un chico rubio de ojos color miel, cayendo ambos sobre una cama recién hecha.
James que apuntaba con su varita a Sirius apunto de lanzarle un chorro de agua fría para despertarlo pegó un bote del susto. "Pero qué susto, esta niña va a lograr matarme de un infarto".
Remus sujetaba por la cintura a una lindura rubia de bonitos ojos azules encima de su cama. La chica pequeñita estaba literalmente sobre él, a escasos centímetros de sus labios.
-Perdón- se disculpó la niña sin ninguna muestra de arrepentimiento, Remus sonrió- Vine a despertar a Sir.
El rubio asintió con la cabeza, rozando sus labios con la barbilla de la niña. Isis sonrió y le dio un piquito en los labios. Se levantó dejando al chico sorprendido.
-Hola James- saludó la niña mientras se subía a la cama de su hermano.
Comenzó a dar saltitos encima de la cama de su hermano, el chico botaba, pero no se despertaba, entonces Isis sacó su arma "despierta hermanos": ¡Mamá, Sirius no se despierta!, gritó a todo pulmón.
En plan bisagra Sirius se incorporó en la cama asustado y miró a su alrededor. Remus, James y Peter (que también se acababa de despertar a causa del berrido) miraban la escena sorprendidos.
Ellos llevaban dos cursos intentándolo todo, y muchas veces optaban por dejarlo dormir aunque llegase tarde, pues nada lo despertaba, hasta que a James se le ocurrió lo del agua fría, pero aquella niña con apenas cinco palabras lo había levantado de la cama.
-Buenos días, Sir- le dijo su hermana con una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Pequeña serpiente traidora!- bramó el chico moreno- ¡Si te cojo te enteras!.
El chico se quitó las sábanas de encima y salió de la cama por el lado derecho, poniendo los dos pies en el suelo a la vez y levantándose con el odio pintado en el rostro, sus amigos lo miraban con temor, "Mal despertar", pensaron a la vez, no serían ellos a los que les gustaría estar en esos instantes en la piel de la niña, parecía que se la fuese a comer con la mirada.
Isis se apartaba tragando saliva.
-Sirius, yo solo quería despertarte- estaba atemorizada ante el semblante de su hermano.
Sirius cambió radicalmente de enfurecido a divertido, con una maravillosa sonrisa que iluminó su rostro.
-Hacía tiempo que no te veía reír, pequeña serpiente.
-Supongo que me tengo que resignar a ser de Gryffindor.
-Supongo que si, traidora.
Los chicos pasaban las miradas de uno a otro.
-¿Me perdonas?- preguntó la niña con lágrimas de cocodrilo.
-¿Me perdonas tú a mí?. ¿Por asustarte?- le preguntó el chico no pudiéndose resistir a aquella mirada azul cielo.
La niña asintió y corrió a abrazar a su hermano por la cintura. El chico la atrajo hacia así y apretó con fuerza, era reconfortante sentir esas muestras de cariño antes de empezar las clases, supo que aunque tuviera que aguantar muchas cosas indeseables aquélla época sería rememorable y absolutamente envidiable.
-No lo vuelvas a hacer- le dijo de modo paternal, no quería morir infartado.
-¿Me enseñarás el Castillo?
-Claro, enana- mientras le besaba la frente.
-Te espero abajo, vístete que es tarde.
La chica salió del cuarto dejando a tres chicos patidifusos y a uno entrando en el baño con una sonrisa encantadora.