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Historia 36711 — capítulo 10

20 de Diciembre

Remus y Sirius salieron temprano de casa de Remus para ir a la mansión Potter a recoger a Sara, para llevarla a la academia que la había apuntado su madre. Con la ayuda de Melania, la madre de Remus, le habían puesto un hechizo amplificador a la moto, así podían caber tres, incluso cuatro personas. A la media hora, y con la velocidad de Sirius, ya habían llegado. Remus, el pobre, que no estaba acostumbrado a tanta velocidad, bajó mareado y casi se cae encima de Sara, que estaba allí junto con James esperandolos.

  • ¡Remus! - exclamó Sara preocupada pero riendose al verlo así, y intentó quitarselo de encima.

  • Lo siento Sara - se disculpó un poco avergonzado y enseguida se quitó de encima de ella - Es que perdí el equilibrio - se excusó.

  • No importa tonti - le dijo cariñosamente.

  • Bueno - intervino Sirius - ¿Nos vamos? Si no llegaremos tarde.

  • ¿Qué pasa? ¿Ya no saludas? - preguntó James con una media sonrisa, y entonces, Sirius y James se abrazaron, y Sara se le quedó mirando a los dos.

  • Bueno, yo me voy andando - dijo James cuando se separó de Sirius y fue también a despedirse de Remus.

  • ¿Luego vendrás? - le preguntó Sara - Yo voy a comer con Clara, y no se si Sirius y Remus vendrán.

  • No hermanita, mejor otro día - le prometió dandole un beso en la frente - Cuidate.

  • Canuto, no corras mucho con la moto - le exigió James a su amigo.

  • Tranquilo - le respondió Sirius.

  • Adios Lunático - le dijo Remus antes de que James se fuera caminando hacia su academia.

  • Sirius - le llamó Sara con una sonrisa, se giró y vio que su hermano giraba una esquina y desaparecía de su vista. Entonces, ella corrió hacia él y se besaron con emoción. Cuando se separaron, los dos se miraron con infinito cariño. - Sirius, dime que si.

  • ¿Sí? ¿Sí a que? - preguntó confuso.

  • Tú primero dime que si lo vas a hacer, y luego te diré lo que es - le respondió ella juguetona mientras Remus, los miraba divertido.

  • Yo haría lo que fuera por ti mi niña - le prometió él.

  • Quiero que me dejes a mi llevar la moto - dijo ella de sopetón. Sirius, que no se esperaba eso, se quedó sin habla, pero Remus, negó olímpicamente con la cabeza.

  • No Sara, no vas a conducir la moto - le prohibió Remus - No sabes, y además, eres menor. Tienes que tener dieciséis años.

  • Pero si me queda un mes para cumplirlos - protestó ella.

  • Otro día - le susurró Sirius al oído. Y ella sonrió.

Sirius, se subió el primero a la moto, ya que él la conducía, después, se subió Sara, y le abrazó por atrás para sujetarse, y más tarde, lo hizo Remus. Los tres, se dirigieron hacia la academia de Ballet que estaba en Brentwood.

A la media hora o un poco más, ya habían llegado a Brentwood, y en cinco minutos, lograron localizar la academia. Allí, les esperaba con una gran sonrisa una morena guapa, Clara. Las dos amigas se abrazaron cariñosamente, Clara y Sirius se dieron dos besos, y después, se dio un buen beso con su querido novio.

  • Bueno, yo tengo que entrar - dijo apenada ella.

  • Pues entonces nosotros tres nos vamos - agregó Remus.

  • No - negó Sirius - Iros vosotros dos, yo me quedo.

  • Pero si te vas a aburrir - le advirtió Sara.

  • Me da igual, quiero verte bailar - le contestó él con una sonrisa.

  • Pues nos vemos más tarde - se despidió la pareja.

  • Claro - contestó Sara.

  • ¡Pasároslo bien! - añadió Sirius.

Los dos se cogieron de la mano, y entraron juntos en esa academia de muggles. En la entrada, había una recepcionista.

  • Buenos días - se presentó Sara - Me llamo Sara Potter, mi madre me inscrbió a clases de ballet.

  • Un momento por favor - pidió mientras en su ordenador buscaba los datos. - Aquí ha habido un error.

  • ¿Un error? - repitió Sara sin entender.

  • Sí - asintió la recepcionista - Aquí pone que usted está apuntada a clases de salón, y que vendría con su acompañante.

  • ¿Clases de salón? - preguntó sin entender. - ¿Con mi acompañante?

  • Sí señorita, yo tengo aquí inscritos los nombres de Sara Potter y Sirius Black - le explicó la recepcionista y Sirius empezó a entender todo.

  • Sara, creo que tu madre nos apuntó a los dos para que pasemos más tiempo juntos, y no dijo nada para que James no se enfadara.- le dijo Sirius con una sonrisa.

  • Mi madre está loca - murmuró Sara con una sonrisa - Pero me agrada la idea. ¿Qué son bailes de salón?

  • La salsa, el merengue, la bachata… y además, incluimos el tango. - dijo la recepcionista.

  • De acuerdo. - aceptaron los dos. - ¿A dónde tenemos que ir?

La recepcionista les explicó que Sirius se tenía que cambiar de ropa en el cuarto de la derecha, y Sara en el de la izquierda. Después, tenían que seguir el pasillo recto hasta llegar a unas grandes puertas, donde allí ensayarían. Y así lo hicieron.

Adela y Frederick Potter, estaban en sus despachos con unos informes cuando sonó el timbre de su casa.

  • Cariños abre tú por favor que yo estoy muy liado - le pidió amablemente Frederick.

  • ¿Y yo no estoy liada? - le contestó divertida su mujer.

  • Por favor - le suplicó con esa sonrisa de angel.

  • Está bien - se rindió Adela - Sabes que no puedo decirle que no a esa carita que me pones.

  • Te quiero - le dijo él.

  • Y yo a ti - le respondió antes de salir del despacho. Llegó hasta la entrada y se quedó confusa al verla, pero luego le sonrió placenteramente.

  • ¿Puedo ayudarte en algo Lily? - le preguntó con una sonrisa y Lily le respondió con otra sonrisa.

James iba caminando por las calles, hasta que paró en frente de un edificio donde ponía Karate Academy. Allí es donde tendría que ir a las clases. Entró por la puerta y vio a muchísimos chicos muggles de su edad, o quizás un poco mayores o menores. Se acercó a uno, y le preguntó donde tenía que ir. El chico, llamado Jonhatan, se lo explicó todo.

Sara y Sirius se encontraron en la Sala, donde había bastante gente, chicos y chicas, y de toda clase de edades, pero casi todos rondaban los quince, dieciséis, y diecisiete años. Los dos se quedaron mirando con una gran sonrisa, iban guapisimos. Sara se puso un vestido negro cortito de tirantes, y unas bailarinas negras. En cambio, Sirius iba con un pantalón negro muy cómodo, una camisa negra de manga corta entreabierta, y unas zapatillas negras. Los dos se acercaron el uno al otro, y se cogieron de la mano para darse seguridad. Los demás, se les quedaron mirando.

  • Buenos días alumnos - saludó cuando entró por la puerta una bella joven de unos 24 años, de estatura normal, y morena. - Como vereis, hoy tenemos una nueva pareja de baile en nuestra sala, ellos son Sirius Black, y Sara Potter. Yo soy Diana.

  • Encantados, bienvenidos - escuchaban Sirius y Sara que les decía la gente.

  • Hoy empezaremos por algo facilito, para que Sirius y Sara se adapten bien. - explicó la profesora Diana - Comenzaremos con una salsa.

Todos se pusieron por parejas, y la música comenzó a sonar, entonces la profesora comenzó a bailar y todos los alumnos la siguieron. Sirius y Sara enseguida se acoplaron al ritmo, y la salsa, a pesar de no haberla bailado nunca, la bailaban muy bien.

Al terminar la hora de clase, los chicos se fueron a ducharse y a cambiarse a su escritorio, y las chicas lo mismo al suyo.

En el vestuario de las chicas, cuando Sara entró, se quedó un poco impresionada por los comentarios que oía que decían la gente de ella y de Sirius.

  • ¿Habeis visto al nuevo? - preguntaba una rubia de pelo corto de unos 17 años.

  • ¿Cómo no lo vamos a ver? - preguntó otra.

  • Escarlet se lo comía con la mirada - murmuró una chica morena entre risas.

  • Mentira - protestó la chica rubia, llamada Escarlet - Pero si es verdad que está buenísimo.

  • Sí, pero está claro que está con la rubia - dijo otra de pelo moreno.

  • ¿Y cómo estás tan segura? - preguntó molesta Escarlet.

  • Simplemente por la forma en que se miraban y como bailaban - contestó esta.

  • Pero si la rubia es más pequeña que él - protestó una chica de pelo rizado negro.

  • ¿Y qué? No tiene nada que ver - contestó la morena - Además, solo será un año más pequeña.

  • Callaros, que la rubia está aquí - murmuró otra rubia.

Sara no se podía creer lo cotilla y chismosa que era la gente. Ella se acercó a donde había dejado su ropa, y cambió rápidamente para poder salir lo antes posible de ahí.

  • Hola Sara - le saludó la chica morena - Soy Amelia.

  • Encantada Amelia - le respondió Sara dandole dos besos, total, esa chica no le caían tan mal, no había dicho nada malo ni de Sirius ni de ella, no como la rubia esa de Escarlet.

  • ¿Qué tal tu primer día? - le preguntó amistosamente Amelia.

  • Muy bien, gracias - respondió.

  • Supongo que ya habíais bailado antes, ¿no? - volvió a preguntar.

  • Pues la verdad es que no - le fue sincera Sara.

  • Pues lo hicisteis genial - le felicitó Amelia.

  • ¿Tú crees? - preguntó Sara confusa.

  • Claro - le repondió con sinceridad.

  • La verdad es que no lo hicistes mal para ser la primera vez - intervino Escarlet - Yo soy Escarlet.

  • Sara - se presentó ella.

  • Disculpa Sara, tu pareja e baile, ¿cómo se llamaba? Ah si, Sirius Black, ¿es un familiar tuyo? - preguntó haciendose la indiferente.

  • No - contestó Sara - No somos familia.

  • ¡Ah! ¿Sois amigos? - preguntó directamente.

  • Bueno… - murmuró Sara - Se podría decir que sí, pero somos algo más.

  • ¿Sois novios? - preguntó sin rodeos, descaradamente.

  • Sí - contestó Sara con una sonrisa.

En el vestuario de los chicos, Sirius entraba cansado, y se dirigía a el banquito donde había dejado sus vaqueros y su camiseta. Iba todo bien, hasta que escuchó a un rubio hablar de Sara.

  • Joder, ¡qué buena que está la rubia eh! - exclamó entre risas con sus amigos.

  • Sí jajaj- le rieron la gracia casi todos, menos un pelirrojo y un moreno.

  • La rubia que está buena es mi novia - intervino Sirius enfadadísimo - Y si alguien se atreve a tocarla o a decirle algo, le parto la cara. ¿Entendido?

  • Sí tio, no te pongas así - le contestó uno.

  • Yo me pongo así cuando veo que amenazan a lo que quiero - respondió desafiante. - Así que cuidaos.

  • No te hagas el chulo con nosotros - le contestó el rubio que había dicho el comentario.

  • Y tú no te acerques a mi niña - le amenazó Sirius.

  • ¿Y si lo hago que? - le contestó desafiante.

  • Si lo haces esto - respondió Sirius pegandole un puñetazo en la cara, y así comenzó la pela, entre el rubio y Sirius, pero pronto los compañeros les separaron.

  • No le hagas caso - le dijo el pelirrojo, que parecía no ser amigo de el rubio. - Siempre se porta así con todo el mundo.

  • Se cree el amo de todo y de todos - agregó el moreno - Y le diste una buena paliza - le felicitó con una sonrisa divertida.

  • Gracias - dijo un poco avergonzado Sirius.

Los tres salieron del vestuario, y afuera, le esperaba Sara con Amelia.

  • Bueno chao - se despidió Amelia de Sara - ¿Te vienes Gregory? - le preguntó al pelirrojo - Mi madre ha venido a recogerme.

  • Vale - contestó - Nos vemos el miércoles - se despidió de los demás.

Sirius y Sara, salieron cogios de la mano de la academia, y se sentaron en un banco que había en la calle.

  • ¿Pasa algo? Te veo muy callado - le preguntó ella.

  • Solo contemplo tu belleza, y temo perderte algún día - le respondió Sirius - Tengo miedo de que llegue alguien y te aparte de mi lado.

  • Eso nunca pasará - le prometió ella - Y seguramente, sería al revés, que llegaría una chica que te apartaría de mi.

  • Por supusto que no - protestó Sirius.

  • Hoy escuché en el vestuario como las chicas hablaban de ti, y una rubia que se llamaba Escarlet, decía que estabas guapísimo, y vino a preguntarme si eramos novios - le contó Sara.

  • ¿Y qué le dijiste? - preguntó Sirius riendose.

  • Que si - contestó Sara.

  • Pues yo escuché como decían que buena que está la rubia - le contó Sirius. - Y entonces yo les dije pues la rubia es mi novia.

  • ¿De verdad dijiste eso? - le preguntó Sara sonriente.

  • Pues claro, ¿eres mi novia no? - le dijo Sirius dandole un beso - Y desués, yo dije que le partiría la cara a cualquiera que se acercase a ti, y un rubio se puso chulo, y me dijo que que pasaba si no se apartaba entonces yo le dije esto, y le pegué un puñetazo en la nariz y comencé a pegarle hasta que nos separamos, y me fui con el pelirrojo y el moreno ese.

  • ¿Qué dices? - le preguntó riendose Sara - No me lo creo. ¿Te pegaste por mi?

  • Por ti haría lo que fuera, ya lo sabes - contestó Sirius y se acercó poco a poco a Sara, hasta juntar sus labios, introducir su lengua pícaramente y besarse con pasión.

  • Bueno, ¿vamos a casa de Clara? - le preguntó Sara.

  • ¿A casa de Clara? - repitió Sirius - No, tengo un plan mejor. Tú y yo solos.

  • No Sirius, mejor otro día - le contestó Sara - Es mejor que hoy regresemos con ellos, a ver si a mi hermano se le ocurre ir y no nos encontramos ni tu ni yo.

  • De acuerdo - se rindió Sirius - Pero me debes un día enterito tú y yo solos - le recordó.

  • Por supuesto pero conduzco yo - respondió con una sonrisa.

  • ¿Qué? No se Sara… - dijo duvitativo Sirius.

  • ¡Venga Sirius! Por favor - le suplicó.

  • Bueno… vale, pero ten cuida… - Pero no puedo acabar la frase porque Sara ya había arrancado la moto y Sirius casi se cae de lo rápido que iba.

James salió de la clase de Karate y se dirigió hacia la puerta de salida. La clase en general no había estado tan mal, nunca pensó que se pudiera pegar tantas patadas y puñetazos de diferentes formas. Estaba a punto de salir cuando escuchó unas risas y vio un circulo de chicos mirando a alguna dirección. Decidió ir allí para ver que pasaba.

  • Hola - saludó - ¿Qué pasa? - les preguntó curioso.

  • Que ahí hay una pelirroja guapísima con una minifilda… y parece que espera a alguien. Estamos mirando a ver quien es el afortunado - le explicó un chico.

James, al oír la palabra pelirroja, el corazón le comenzó a latir más deprisa, aunque no era posible que su pelirroja estuviera aquí, ¿o si? Entonces, decidió mirar y se encontró con los ojos verdes que tantas veces le habían enamorado.

  • James - exclamó ella contenta al verle y se acercó a él.

  • Ho-hola - contestó - ¿Qué haces aquí Lily? - le preguntó

  • He venido porque tenía que hacer algo - le contestó seria.

  • ¿El qué? - preguntó James impaciente.

  • Esto - respondió con una gran sonrisa y le puso las manos en el cuello y se acercó rápidamente a él para besarle con anhelo y con pasión. Los demás chicos se quedaron flipados al ver a esa chica besar tan salvajemente. Lily y James estuvieron casi media hora besandose, hasta que los dos se separaron, tomaron aire profundamente, y decidieron irse a casa de James, donde ya no habría nadie, y estarían los dos solos.

Sirius y Sara consiguieron llegar a la casa de Clara, aunque más bien, parecía una mansión como la de James, aunque eran bastante diferentes. Esta, parecia más moderna, más a lo muggle.

  • Eres una loca conduciendo - exclamó Sirius entre risas.

  • jjaja, tengo que mejorar un poquito - reconoció ella - Pero no me puedes negar que no nos lo hemos pasado bien, ¡si tu no has parado de reirte!

  • Lo se - aceptó riendose otra vez.

Llamaron al timbre, y vieron como Remus y Sara llegaban sonriendo por el jardín hasta la entrada. Les abrieron la puerta, y los cuatro fueron por el jardín, hasta que entraron en la casa.

  • ¿Están tus padres? - le preguntó Sara.

  • No, llegarán a la hora de comer - respondió ella.

  • Pues falta poco - dijo Remus -¡qué nervios!

  • No te preocupes por nada - le dijo ella dandole un besito.

A la media hora o así, llegaron los padres de Clara.

  • Hola pápa, mamá - saludó Clara sonriendo.

  • Hola cariño - le saludaron sus padres - ¿Estos son tus amiguitos? ¿Y tú novio?

  • Sí - respondió Clara - Esta es Sara Potter - les presentó.

  • ¿Potter? ¡Oh claro! Conozco a tus padres - dijo el padre de Clara, Charlus.

  • Mucho gusto señor - repondió ella.

  • Lo mismo querida - le dijo con cariño Fatima, la madre de Clara.

  • Este, es Sirius Black - presentó Clara - Es…

  • ¡Tu novio! - exclamó Charlus - Excelente, ¡Un Black! Menos mal que me hicistes caso cariño y te buscaste a alguien descendiente de una gran familia, no como esos mestizos o esos magos pobres, que no parecen magos.

Remus al escuchar todo esto, le salió una lágrima de la rabia que tenía, y salió corriendo de la casa.