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Historia 36711 — capítulo 13
24 de Diciembre
FLASH BACK****
En el comedor, reinaba un gran ambiente festivo, todo estaba muy animado hasta que James se dio cuenta de que faltaba su hermana, y para su desagrado, también faltaba Sirius.
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¿Has visto a Sara o a Canuto? - le preguntó a Remus.
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La verdad es que no… Aunque creo que Sirius se fue al baño - le contestó Remus aparentemente tranquilo.
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Voy a buscarle - murmuró James antes de salir del comedor.
Clara se acercó a Remus que parecía preocupado.
-
¿Qué pasa amor? - le preguntó con una sonrisa.
-
James está buscando a Sara y a Sirius - le contó Remus y Clara se tapó la boca asustada.
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¿Qué? - exclamó cuando le volvió la voz - ¡No! Hay que impedir que los encuentre…
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¿Pero tú sabes algo? - le preguntó Remus mirandola inquisidoramente.
-
Bueno - mumuró con una sonrisa traviesa - Sara le iba a dar el regalo de Navidad a Sirius en privado.
-
¡Sirius a Sara también! - exclamó Remus, y los dos se rieron.
-
Bueno, hay que buscarlos - dijo Clara volviendo a ponerse seria.
-
Sí - acordó Remus - Si James los descubre, los mata.
Fueron hasta los jardines, y buscaron por allí, pero no había nadie. Regresaron a la casa, y se encontraron con una gran sorpresa llamada Lily.
-
¡Lily! Que alegría verte - le dijo Clara cuando la vio y las dos se abrazaron.
-
Feliz Navidad Lily - dijo Remus sonriendo y dandole dos besos - ¿Cuándo has llegado?
-
Ahora mismo, vine por la red flu - le respondió - ¿Y James? ¿Y los demás? - preguntó ansiosa por ver a todos.
Sirius y Clara, le pusieron al día con respecto a lo sucedido, y los tres se dividieron para buscar a James.
FIN DEL FLASH BACK*********
James ya llevaba rato buscando a su hermana y no la encontraba por ninguna parte. Subió las escaleras y se dirigió la habitación de su hermana, ya que presentía que algo estaba pasando. Puso la mano en el picaporte, y se dispuso a entrar.
Sirius y Sara seguían besandose apasionadamente cuando Sara apartó sus labios de Sirius.
-
¿Qué pasa? - preguntó este con un fingido molesto.
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Escuché pasos - murmuró Sara asustada.
-
¡Merlín! - exclamó Sirius asustado y se levantó de pronto tirando a Sara de encima suyo.
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¡Ais! - protestó la chica y Sirius en seguida la levantó del suelo.
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Lo siento mi niña - se disculpó Sirius abrazandola pero Sara no contestó porque vio horrorizada como la manivela de la puerta giraba.
-
¡James! - le llamó una dulce de voz de una pelirroja.
Jame soltó la manivela y miró sonriente a su novio.
- ¡Lily! - dijo olvidandose de todo y corriendo a besar a su novia.
Se besaron por unos minutos hasta que los dos se separaron y se sonrieron dulcemente.
- Anda cariño, vayamos abajo con tus padres - le animó Lily y James aceptó poniéndole la mano a su novia en la cintura y abrazándola hacia él.
Remus lo vio todo desde el pasillo, y una vez Lily y James hubieron desaparecido de vista, fue hasta el cuarto de Sara y abrió la puerta.
Sirius estaba abrazando a Sara, que miraba muy asustada la puerta y al abrirse, se desprendió de Sirius y gritó.
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NO ES LO QUE PARECE - Remus, al escucharla, comenzó a reirse y ella se quedó aturdida al verle.
-
¿Remus?
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¿Lunático? - preguntaron Sara y Sirius a la vez y este volvió a reirse pero al recordar lo que hacía allí se puso serio.
-
No sabeis lo poco que ha faltado para que James os pillara, si no llega a ser por Lily… - les contó Remus.
Sara se abrazó más a Sirius y le dio un beso en el cuello.
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Es mejor que bajemos - le dijo Sirius mientras le acariciaba el pelo.
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Primero bajaremos Sara y yo - propuso Remus - Diremos que estabas en tu cuarto porque querías maquillarte o algo.
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Vale - accedió Sara.
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¿Y qué pasa con migo? - preguntó Sirius ofendido.
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Tú estabas en el baño - le contestó.
-
¿Tanto tiempo en el baño? - volvió a preguntar molesto.
-
Sí Sirius, estuviste tanto tiempo en el baño porque ibas mal del vientre - dijo Remus riendose.
-
¡No! - negó Sirius.
-
Pues inventate una escusa mejor - le dio la oportunidad Remus, pero a Sirius no se le ocurrió nada y se rindió.
-
De acuerdo - murmuró molesto.
Remus y Sara bajaron y vieron que en un sofá estaban sentados Lily y James que no paraban de hacer el tonto. Al otro lado del comedor, se encontraban los padres de James y de Remus, hablando animadamente, y parecían que habían tomado de más. Clara se encontraba con ellos, y los miraba muy bien sin entender, no sabía que decir ni que hacer.
Los dos se acercaron a Clara y Sara, sonrió a Lily y la saludó con la mano, pero Lily se desprendió de James con un leve empujón, y corrió a abrazar a Sara.
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¿Qué tal? - le preguntó Lily guiñandole un ojo.
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Gracias - se limitó a contestar Sara.
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No tienes nada que agradecer - le contradijo Lily - ¿Y dónde está nuestro Sirius Black?
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Aquí - contestó el nombrado apareciendo en la Sala con una mano en el estómago.
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¿Te encuentras bien Canuto? - le preguntó James algo preocupado.
-
Sí, solo es malestar de barriga - mintió Sirius y se fijó en Lily - ¿Qué tal pelirroja? - le preguntó y en vez de darle dos besos, le revolvió el pelo.
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¡Ais! - exclamó ordenandose sus cabellos - Bien, ¿y tú? - le respondió ella.
-
Como siempre - dijo guiñándole un ojo, y James se percató de eso.
-
¡Eh! - exclamó - ¿Qué haces tú guiñándole un ojo a mi novia? - preguntó destacando la palabra mi novia.
-
Cosas nuestras - contestó muy rápido Lily y le guiñó un ojo, antes de que Sirius pudiera contestar.
-
¿Cosas vuestras? - repitió como un tonto James.
-
Sí - volvió a responder Lily, por lo que Sirius rió - Cosas entre una pelirroja y un pelinegro.
-
Ah - murmuró James más confuso que antes y Lily le abrazó sonriendo.
-
No te pongas celoso James - le dijo dandole un fuerte beso en los labios - Si sabes que solo te quiero a ti.
-
Lo se, nadie puede escapar de mis encantos - dijo James sonriendo y besando a Lily.
El final de la noche fue agradable, hablaron, bailaron, tomaron, rieron… hasta que todos perdieron la razón y se quedaron durmiendo en el suelo, en algún dormitorio, o en los sofás.
James y Lily se fueron a la habitación de este, y durmieron placidamente en su cama. Los señores Lupin, y los Potter, se quedaron durmiendo en las sillas donde estaban sentados. Sara, se quedó dormida en el hombro de Sirius que la rodeaba con su brazo protector aferrado a su cintura en el sofá y Remus y Clara, estaban tumbados en el otro sofá.
A la mañana siguiente, todos dormían profundamente, pero unos ojos azul claro se abrieron. Sara sonrió dulcemente y besó el pecho de Sirius, que al contacto se despertó bruscamente pero cuando vio a la niña de sus ojos, sonrió. Miró a todas partes para ver si James estaba despierto, pero no lo encontró por ningún lado. Sara le miraba con infinito cariño, y él sin poder contenerse más, la besó. Y como todos los otros besos, fue mágico y electrizante, pero pronto acabó por miedo a que los pillaran.
-
Parece que hoy va a llover - le dijo Sirius con una sonrisa.
-
Yo también te quiero - le sonrió ella.
De repente, alguien bostezó, y ellos se hicieron los dormidos.
-
Charlie despierta - le zarandeó fuerte Reneé Lupin
-
No chilles Reneé, me duele la cabeza - le suplicó el señor Lupin tocándose la cabeza.
Adela y Frederick Potter, se despertaron al escuchar a la familia Lupin.
-
¡Ah! - exclamó Adela - No chillen…
-
¿Qué hora es? - preguntó Frederick mientras se desperezaba.
Charlie se arremangó la camisa y miró su reloj. De pronto, pegó un brinco de la silla y se levantó rápidamente.
-
Vamos Reneé, despierta a Remus y a Clara, debemos irnos ya - murmuraba mientras recogía su chaqueta.
-
¿Pero qué hora es? - volvió a preguntar Frederick mientras Reneé despertaba a Remus y a Clara.
-
Venga dormilones, tenemos que irnos ya a casa - les sacudió suavemente.
La pareja se despertó a su pesar, y bostezaron.
-
Son las once menos cuarto - le contestó Charlie a Frederick.
-
¡Imposible! - negó Reneé - A esa hora estabamos cenando.
-
¡De la mañana! - le gritaron Remus y Clara mientras ella y los demás se tapaban los oídos.
-
Por enésima vez, no chilleis - les pidió Charlie Lupin.
-
¿Ya es de día? - repitió Reneé avergonzada - ¡Por Merlín! ¿Cómo nos pudimos quedar durmiendo? ¡Que vergüenza!
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No te preocupes, no pasa nada - le intentó animar Adela.
-
¡Ais! Cuánto lo siento Adela… pero no recuerdo casi nada - murmuró mientras intentaba pensar en lo último que había pasado. Lo último que recordaba era a ella y a su marido bailando… ¿bailando salsa? Finalmente se rindió.
-
Quedaros a desayunar Charlie - le propuso Adela.
-
No hace falta - murmuró Charlie.
-
No es ninguna molesta teneros en casa - insistió ella.
-
Bueno, está bien.
-
Mira que lindos se ven durmiendo - le dijo Reneé a Adela mientras miraba a Sirius y a Sara.
-
Sí - contestó Adela muy soñadora - Harían una pareja excelente.
-
¿Quién haría una pareja excelente? - preguntó James entrando con Lily de la mano.
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Ni idea - se levantó de pronto Sirius.
Adela y Reneé arquearon una ceja extrañadas por la repentina intervención del chico.
- ¿Desayunamos? - preguntó Sara cortando el gran silencio que se había formado.
4 de Enero
-
Vuelta - exclamó el profesor de bachata. Sirius levantó el brazo y le dio una vuelta a Sara mientras volvía a acercarla hacia él y bailaban pegaditos al ritmo de la música.
-
Muy bien - afirmó el profesor mirando a todas las parejas - Han mejorado muchísimo en este tiempo. Me alegro de haber tenido unos alumnos tan divertidos y responsables como ustedes. Fue un honor. Espero que volvamos a vernos. - se despidió el profesor.
Todos aplaudieron y se dispusieron a irse cuando el profesor llamó a Sara y a Sirius.
-
Un momento chicos - les pidió.
-
¿Pasa algo? - preguntó Sirius confuso.
-
Pues la verdad es que sí - contestó el profesor algo triste - Tengo entendido que ahora que terminaron las vacaciones, ya no volverán a las clases. ¿Es verdad?
-
Sí - afirmó Sara - Es que volvemos al colegio, y está bastante lejos de aquí.
-
Entiendo - aceptó el profesor - Pero es que ustedes dos son la pareja de baile perfecta, están tan compenetrados... No se pueden ni imaginar cuánto han mejorado. Al principio, ¡ni siquiera sabían lo que era la bachata! - exclamó el profesor recordando viejos tiempos - Y ahora son una de las mejores parejas que tengo, y no solo en la bachata, sinó también en la salsa y el merengue.
-
Aprendimos del mejor - intervino Sirius.
-
Me halaga señor Black - sonrió el profesor - ¿No hay ninguna manera de que puedan seguir con las clases?
-
No - negaron los dos.
-
Pues por lo menos, prometan una cosa - les pidió el profesor esperanzado.
-
Lo que quiera - dijo rápidamente Sara y Sirius le dio un codazo.
-
Que ensayaran siempre que puedan y que en las próximas fiestas vendrán de nuevo - les anunció el profesor sonriente.
-
¡Pero nosotros no tenemos tiempo! - protestó Sara.
-
No haberlo prometido señorita Potter - le dijo el profesor más animado.
-
De acuerdo, lo intentaremos - prometió Sirius y se llevó a Sara rápido de allí.
8 de Enero
- Estoy tan feliz de estar de nuevo en Hogwarts… - murmuró Lily por enésima vez.
Habían llegado hace dos horas, y ahora estaban todos en la Sala Común charlando alegremente.
-
Bueno Peter, cuentanos que hiciste - le pidió Sirius sonriendo.
-
Nada especial, estuve con mis padres casi todo el tiempo - dijo Peter tocandose las manos algo nervioso.
-
¿Casi? - repitió Sara - ¿Qué hiciste en la otra mitad de tiempo que n estuviste con tus padres?
-
Yo… yo conocí a una chica - les acabó contando.
-
¿Cómo? ¿Qué? - se escuchaba las preguntas de asombro de todos los amigos.
-
Sí, aunque es una chica muggle - dijo algo decepcionado.
-
¿Y qué pasa si es muggle? - preguntó Lily de repente muy furiosa.
-
Nada, nada - respondió Peter.
-
¿Y pasó algo con la chica? - preguntó James mientras le daba un codazo a Sirius y los dos se reían.
-
Pues si - contestó Peter enfadado por las risas de sus amigos, a la cual se había sumado Remus - Fuimos novios durante ocho días.
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¿Ocho días? - preguntó asombrado Remus - ¡Pobre chica! - le dijo a Clara y esta soltó una suave risita.
-
Y tiene unos ojos grises blanquecinos preciosos - argumentó Peter. Sus amigos se extrañaron ante ese comentario - Tengo una foto - dijo metiendo la mano en su bolsillo y sacando una foto de una chica bajita y delagada, de pelo moreno enmarañado recogido en dos altas coletas, los ojos, como dijo Peter, eran demadiado blanquecinos. Tenía una nariz larga y estrecha y unos finos labios. Iba vestida toda de negro, y en su mano derecha, llevaba un bastón - ¿A qué es guapa? - preguntó sonriente.
-
Pero… Pero Peter si es - intentó hablar Lily, pero no le salieron las palabras.
-
¡Ciega! - acabó de decir Clara.
-
¡Ah! - exclamó Peter abriendo mucho la boca - Ahora entiendo porque llevaba ese bastón a todas partes.
Sus amigos, ante el comentario de Peter, comenzaron a reir estrepitosamente y Peter se fue a la habitación avergonzado de sí mismo.
10 de Enero
Dumbledore estaba nervioso en su despacho. El joven Tom Riddle se había convertido en una amenaza, y él, Dumbledore, tenía que intentar pararle los pies. Ya había localizado a un grupo de gente confidencial fuera del colegio, y entre algunos de ellos se encontraban padres y madres de alumnos. Ahora, solo faltaba elegir a otro grupo entre los alumnos de 6º y 7º, y ya tenía pensado a unos cuantos, a los cuales, les había hecho llamar ese dia.
Seguía pensando cuando llamaron a la puerta.
- Adelante - murmuró esperando a sus alumnos.
Un grupo de alumnos de varias casas entre ellos, los merodeadores, Lily y Clara entró y Dumbledore hizo aparecer varias sillas. Todos se sentaron y esperaron a que Dumbledore les explicara el porque estaban allí.
- Bueno, he de deciros, que las personas que habeis sido seleccionadas por mi para estar ahora mismo aquí es porque os doy un voto de confianza - comenzó a explicar. - Como todos sabreis, un mago que se hace llamar Lord Voldemort, está intentando "limpiar el mundo" y para eso, está en contra de los muggles y de los hijos de muggles, a los cuales llama sangres sucia. Supongo que todos estareis de acuerso con migo, en que hay esto no puede seguir así. Ya han desaparecido varios niños, han muertos muchas familias, y lo que es peor es que el Ministerio no hace nada, y poco a poco va perdiendo poder. Os he reunido aquí para proponeros entrar a un grupo, un grupo dirigido por mi llamado La Orden del Fénix, a la cual, algunos de vuestros padres pertenecen. Quien no quiera entrar, no está obligado, pero haré unos cambios en su memoria para que no recuerde esta charla. Bien, creo que eso es todo. ¿Qué me decís? - preguntó en alto, esperando respuestas de algún valiente.