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Historia 36911 — capítulo 3
Capítulo 3: Lestrange. Bellatrix se tomó unos instantes para respirar, aún con la vista fija sobre él. Rodolphus se mostraba impaciente, la separó violentamente de él.
- Yo no he dicho nada- musitó, acomodándose el vestido con impaciencia- ¿Qué te hace pensar eso?
- Lo hiciste- espetó el hombre, sus ojos sobre su esposa, su sien palpitando ante la molestia. La tomó violentamente por el brazo, halándola con fuerza. La acercó lo suficiente como para, susurrar en su oído.
- Me has llamados Severus- indicó, apretando las palabras y mostrando los dientes. La golpeó en el rostro, su sangre pronto comenzó a derramarse y; terminó en su palma. Luego de ello, la arrojó al suelo y la observó una vez más; iracundo. Snape no pareció comprender lo que había sucedido. ¿Por qué Bellatrix había sido tan tonta como para hacer aquello? Entendía que, se habían acostado algunas veces. Pero, ¿Tanto así, como para que ella pensara en él?
- Supongo que el estar encerrada te ha dado mucho en que pensar. Estoy plenamente seguro, de que tu hermana tiene mucho que ver en ello. Siempre está con ese imbécil de Snape.
- Yo no te he.
- ¡Silencio! Si tu cuerpo le ha pertenecido a él, juro que yo mismo voy a matarte. No arriesgues tu suerte Bella.
- Como si pudieras- espetó la mujer desde el suelo, sosteniendo su rostro con una mano. No respondió, si en algo tenía razón Bella; era en ello. Demasiado fuerte y despiadada como para que alguien de pocas aptitudes; pudiese con ella. Le mantuvo la vista por unos instantes más, luego la dejó sola. No sabía que hacer en ese preciso momento en el cual; se encontraba parado en la puerta. Sabía que, pronto él lo buscaría; trataría de hacer que hablase. Pero en realidad, allí no había nada que contar. Nada.
Se adentró gradualmente dentro de la habitación, ella seguía en el suelo, dándole la espalda. Por un momento, se preguntó qué le motivaba a adentrarse; pero desistió al notar que ya era demasiado tarde. Se detuvo detrás de ella, se figuró que ya lo sabía, que ella ya lo sabía. Bellatrix giró su cabeza, sobre sus ojos habían lágrimas que lavaban su rostro sangrante. Falsas lágrimas tal vez. Se giró rápidamente y se abrazó de sus piernas, sollozando. No se atrevió a mirarle, no se atrevía a descubrir que formaba parte de su juego. Pero así, aún así; se sentía inútil ante ella.
- Ya basta Bellatrix- le dijo, con una voz suave. Un tono uniforme que no denotáse algo en absoluto. La mujer siguió sollozando, sin soltarlo. Recordaba que Bellatrix no lloraba, no tenía lágrimas. Ella no era como cualquier persona, ella estaba incompleta; ella estaba rota. En muchos sentidos, lo estaba. Se incó lentamente y la tomó por un brazo; aún en el suelo. Al hacerlo ella volvió a emitir un quejido. Se apoyó en él, su rostro casi tocando el suyo.
- Severus- musitó con una voz angustiosa. Le era imposible, apartar la vista de su rostro. Lo que estuviese haciendo, o era convincente en demasía; o era que le creía increíblemente inocente. Al observarlo renuente, volvió a cubrirse el rostro con las manos. Snape emitió un suspiro hondo, toda esa situación le generaba una tensión estresante.
- Severus, Rodolphus es- separó sus manos de sí y volvió a apoyar su cabeza bajo la suya- No dejes que me haga daño, te lo suplico. Se mantuvo en silencio, incapáz de siquiera de separarse de ella. Alzó su rostro para observarlo, para besar suavemente su quijada; para besarlo a él. Su sangre estaba en sus labios esta vez, aquella sustancia envenenada que llenaba ese vicioso cuerpo. No sabía hacia donde iban, no sabía qué quería ella de él, pero lo que sí percibía era que; se estaba arrojando así mismo en el vacío. La luz del sol pronto iluminó la habitación, ella continuó abrazada de él como lo habría hecho en el pasado tal vez. La creciente duda del por qué, seguía flotando en su interior, se atrevió a preguntarlo aunque; temía la respuesta.
- ¿Por qué Bellatrix?- dijo, incapáz de continuar.
- Te amo Severus.
Rodolphus se sentó de golpe en un sofá, a oscuras dentro de la habitación. Su varita danzaba entre sus dedos mientras éste, meditaba los acontecimientos pasados. Estaba haciendo el amor con su esposa, la tomó sin consentimiento alguno y le hizo el amor. Pero, antes de terminar, ella gimió el nombre de otro hombre; el nombre de Severus Snape. ¿Acaso se había ausentado demasiado? No pasaba desapercibido que, el cuerpo de su mujer, no era precísamente suyo ante las orgías que; se solían presentar en el círculo alrededor de su señor oscuro. Pero, oír brotar de sus labios, el nombre de Snape; sólo podía significar una cosa. Habían terminado en la cama, más de una vez.
No le molestaba en cierto aspecto, el cuerpo de Bellatrix no le pertenecía y no podía hacer algo para cambiarlo. Sin embargo, el hecho de haber sido mencionado, de haber sido confundido con él, el hecho de que su esposa fantaseara con él; le hervía la sangre Se la imaginó por un momento, entregándosele a ese hombre que odiaba. Siempre había creído que tenían una especie de conexión, ambos. Aunque, también lo había creído de Narcisa. Parecía, que sabía como controlar su entorno. Maldito Snape, maldito perro faldero de Dumbledore.
- ¿Buscas compañía?- una voz arrastrada y sedosa se escuchó dentro de la habitación, sus ojos seguramente le engañaban.
- Mi esposa no está, Snape.
- ¿Snape?- preguntó la voz, unos ojos grises se asomaron frente a la poca luz. Claro, Lucius. TBC.