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Los Signos del Zodíaco... ¿Enamorados? — capítulo 25

¡No puede ser! ¿Cómo no se molestaron los duendes? - Preguntó Libra sirviéndose un vaso más de vino-

Pues no lo sé, creo que los… -Mientras el esposo de Anabelle hablaba pareció perder la conciencia y cayó dormido sobre la mesa a lo que ellas solo reían fuertemente, Libra más que Anabelle quien parecía estar un poco más sobria que los otros dos, o quizás más acostumbrada a la ebriedad-

Yo creo que debo irme -Dijo Libra poniéndose en pie tambaleantemente, apenas podía decir una sucesión adecuada de palabras-

Te acompañaré Libra, no vaya a ser que te pase algo malo en el camino en ese estado -Afirmó Anabelle acompañándola casi a cuestas hasta la puerta, definitivamente Anabelle estaba en mejor estado que los otros dos, esta era probablemente la primera vez en la que Libra se veía sometida al efecto de bebidas alcohólicas, así que de seguro no sabía cómo moderarse ni por qué debía hacerlo. Anabelle la acompañó amablemente, bueno, de hecho casi arrastrándola hasta la habitación, Sagitario aun no se había acostado y al oír el timbre se levantó rápidamente del escritorio para abrir la puerta-

Buenas noches Sagitario, Libra no se encuentra muy bien así que aquí te la dejo, espero que se mejore pronto -Comentó Anabelle sonriente, Sagitario permaneció en silencio y se dispuso a cerrar la puerta mientras sostenía a Libra en sus brazos para que no se cayese-

Te extrañé Sagitario, estoy celosa de Louis -Dijo Libra tontamente sosteniéndose de la manilla de la puerta para no caerse, Sagitario que estaba de espaldas a ella volteó bruscamente tras sus palabras y la colocó en una posición en la que no tenía salida, aunque seguramente no quería tenerla-

¿Celosa? -Preguntó él incrédulo acercándose a su cara-

Sí, porque saliste con él primero que conmigo -Dijo ella mientras que empezaba a reír influenciada por el alcohol-

¿Ah sí? -Preguntó él acercándose más a su cara buscando sus labios, cuando estaba a punto de besarla repentinamente se alejó de ella- Será mejor que ya te acuestes -Dijo sentándose en la silla del escritorio en la que estaba antes-

¿Por qué te detienes? -Preguntó ella sentándose en la cama después de dar unos torpes pasos para alcanzarla-

Porque no vas a recordar nada mañana, no quiero aprovecharme de ti ni quiero que la primera vez sea de esta manera, aunque no recordarás estas palabras -Afirmó él estrujándose los ojos, cuando volteó Libra se había acostado y estaba ya dormida, le colocó una cobija y arregló la almohada para que pudiese descansar bien, luego él apagó la luz y se acostó en el sofá- Me pregunto si será verdad que estaba celosa -Pensó Sagitario en voz alta y luego soltó una risita simpática, incluso agradable. El reloj marcaba ya la madrugada, durmieron como un tronco, no se movieron para nada durante la noche, en la mañana Sagitario se levantó primero, se duchó y pidió el desayuno en la habitación. Mientras desayunaba miraba con atención a Libra durmiendo, que de hecho se estaba babeando, es de esas personas que involuntariamente abren la boca mientras duermen, torpemente un tenedor chocó con una bandeja cercana y Libra empezó a despertarse, al darse cuenta de ello Sagitario apartó su mirada de ella y la enfocó en las tostadas francesas que se encontraban en la bandeja perfectamente decoradas con algo de frescas y coloridas frutas-

¿Qué es esto? ¿Cómo llegué aquí? Estoy sucia -Dijo Libra quitándose la sábana de encima viendo así las manchas de comida y vino en su ropa, tenía incluso puestos los zapatos-

¿No recuerdas nada? -Preguntó Sagitario al analizar sus palabras-

No, nada, no me habrás hecho nada malo ¿Verdad? -Preguntó ella con su característica paranoia por Sagitario mientras se ponía de pie para dirigirse al baño-

¿Estás vestida no? ¿Qué pude haberte hecho? -Preguntó Sagitario riendo sin despegar los ojos de su comida-

Nada -Contestó ella ásperamente mientras cerraba la puerta del baño, al salir vio que Sagitario había pedido comida también para ella, después de agradecerle se sentó en la pequeña mesa para dos a desayunar, el permanecía allí haciéndole compañía-

¿Qué tal te fue ayer con Louis? -Preguntó ella intentando parecer despreocupada cuando en realidad estaba llena de celos-

Estuvo muy bien, es un buen chico, me llevó a un parque de diversiones, lo disfruté mucho la verdad, creo que él también -Afirmó sonriendo mientras recordaba la noche anterior-

Ya veo, me alegro mucho -Comentó ella mientras pasaba un trago amargo con un vaso de agua-

¿Qué tal te fue a ti ayer? Supongo que bien porque regresaste muy feliz -Afirmó él riéndose un poco mientras juntaba las brozas de pan y hacía una pequeña montañita con ellas-

Si… Bueno, creo que me dejé llevar un poco qué vergüenza -Afirmó Libra sonrojándose al tiempo que terminaba de comer-

No pasa nada, no dijiste nada malo ni comprometedor -Afirmó el peli rojo mirándola a los ojos- Por cierto, ¿Avanzamos algo con la misión? -Preguntó alejando sus ojos de los de ella para evitar algún evento desafortunado-

No, no hemos avanzado mucho, solo puedo decirte que ellos se aman demasiado, incluso me atrevería decir que están hecho el uno para el otro -Comentó poniéndose de pie- Quiero regresar al colegio, terminemos pronto con esto Sagitario.

Digámosle las cosas de frente, vayamos hoy a la cafetería de nuevo para arreglar todo de una vez por todas -Dijo Sagitario emocionado mientras se ponía de pie y se dirigía a la puerta, Libra no dudó en seguirlo y pronto estuvieron en la cafetería-

¡Buenos días chicos! -Exclamaron Louis y Anabelle al verlos entrar-

¡Buenos días! -Contestó Sagitario amablemente a aquellos dos que les daban la bienvenida- Oye Anabelle, ¿Podemos ir a la habitación de empleados? Hay algo que tenemos que discutir los tres -Afirmó mientras atravesaba la puertecilla que luego los conectaría con la privacidad de la habitación de empleados-

¿Y bien? ¿Cuál es el problema? -Preguntó Anabelle mientras Libra cerraba la puerta de la habitación-

Sabemos quién eres Anabelle -Afirmó Sagitario sin rodeos a lo que ella contestó con una nerviosidad y palidez inconfundibles. Estaba asustada-

¿Cómo que quién soy? -Preguntó ella sentándose en un banquillo cercano tratando de ocultar la preocupación que la atacaba-

Si, lo que eres y lo que haces aquí -Afirmó Sagitario mientras Libra permanecía en silencio, no le agradaba ver en esa situación a una persona que había empezado a apreciar-

Fui demasiado obvia, no se lo digan a nadie, por favor -Pidió Anabelle un poco desesperada apretando fuertemente el corazón que colgaba de su gargantilla-

Tienes que regresar Anabelle -Dijo finalmente Libra arrodillándose frente a ella que seguía sentada en el banquillo-

No quiero, no quiero seguir atada a esas personas, no quiero que me digan lo que tengo que hacer y lo que no tengo que hacer, no quiero ser un títere nunca más -Afirmó ella amargamente mientras que probablemente recordaba fragmentos dolorosos de su pasado-

Es tu destino, no podemos regresar sin ti -Dijo Libra acicalándose en sus piernas como un gato que busca a su amo-

¿Mi destino? Pensé que había destruido mi libro cuando decidí permanecer junto a él e ir contra las normas -Afirmó ella que al parecer empezaba a estar bastante confundida- De cualquier manera, yo no me iré a ningún lado sin él, lo estuve buscando durante tanto tiempo… Incluso si después debo partir al infierno no me importaría, no me importaría porque habría sido tan feliz con él, no quiero separarme de él, soy suya, no me importa si él no es mío, solo sé que soy suya.

¿Por qué no lo llevas contigo como… tu amante? -Preguntó el peli rojo misteriosamente-

No quiero exponerlo a todos esos inmortales que me rodean -Afirmó Anabelle que seguía sin soltar el dije de corazón de su gargantilla-

Puedes escoger nuestra opción, sabes que hay algunos privilegiados como él a los que les es permitido permanecer en nuestra dimensión, pero sabes también que el precio es caro ¿Verdad? -Preguntó Sagitario de la manera en que hubiese preguntado el juez al acusado-

Si, lo sé, no tendrán piedad de él, al más mínimo error será asesinado… Por mí -Contestó Anabelle acariciando el anaranjado cabello de Libra que yacía sobre sus piernas-

Es una desdicha ¿Verdad? Pedirle al amado que asesine a su mortal amante si llegase a incumplir alguna de las normas. Y pensar que nosotros somos los buenos de la historia. -Comentó Libra agradecida por las caricias de Anabelle en sus cabellos-

Sin embargo alguna finalidad ha de tener, así lo veo yo -Afirmó el peli rojo, a juzgar por su mirada deseaba que esas piernas de Anabelle fuesen las suyas-

Tengo que hablarlo con él, perdonen -Dijo Anabelle levantándose del banquillo después de pedirle a Libra que se retirase de sus piernas. Rápidamente se dirigió a su hogar, allí estaba su esposo, al parecer no tenía que ir a trabajar ese día así que descansaba plácidamente sobre los edredones azul celeste que adornaban aquel hermoso aposento- No soy capaz de irme sin ti -Dijo ella arrodillándose al lado de la cama y tomando la mano de su esposo que seguía dormido para acariciar con ella su mejilla, calmadamente su esposo despertó y acarició por voluntad propia su mejilla-

¿Qué ocurre Anabelle? -Preguntó él sin dejar de acariciar su mejilla, las lagrimas empezaban a salir de sus ojos lentamente, como si nunca antes hubiese llorado- Ya sabes que las mujeres se afean con las lágrimas -Afirmó mientras se levantaba de la cama y se arrodillaba frente a ella para quedar a la misma altura-

Tengo que irme Hidén, el mal nos azotará a los dos si permanezco en esta forma, mis líderes me llaman y no desean quedarse sin mí, su esclava -Confesó ella bajando la mirada sintiéndose de cierto modo despreciada por aquellos que eran superiores a ella-

Te amo Anabelle -Contestó Hidén suavemente mientras la sujetaba con fuerza entre sus brazos- Si yo pudiese hacerte feliz a pesar de mi mortalidad entonces lo haría

Soy feliz Hidén, aquí entre tus brazos soy feliz -Contestó ella acariciando los negros cabellos de Hidén dulcemente, como si realmente fuese la última vez-

Deseo ir contigo hasta el fin del mundo -Afirmó Hidén mirándola dulcemente con sus grisáceos ojos-

¿Y al infierno? -Preguntó ella tras escuchar esas palabras-

Iré a donde sea si me juras que estarás conmigo -Afirmó él con un dulce beso en su mejilla-

Yo no tendría el valor de matarte Hidén, no podría matarte si nos equivocamos, si vas arriba conmigo y cometes algún error yo misma tendría que deshacerme de tu vida -Dijo ella rompiendo finalmente en llanto-

No me importaría perder mi vida por tus manos, mi vida es tuya -Afirmó Hidén acariciando su espesa cabellera-

Como la primera vez, eso fue lo que me dijiste, "Mi vida es tuya" -Dijo ella en voz baja- Pongámosle fin a esto Hiden, mátame. Toma este cuchillo -Dijo ella mientras sacaba de su bolsillo una pequeña navaja enfundada en un trozo de lona blanca, a la vez un pequeño trozo de papel caía de dentro de su bolsillo al piso- Esta nota es para Sagitario y Libra, sé que lo entenderán -Afirmó colocándola sobre la cama para que así pudiesen encontrarla-

¿Qué te mate? No puedo hacerlo Anabelle, no puedo destruir una flor tan hermosa -Afirmó él tirando la navaja en el suelo como símbolo de reproche-

Si yo te mato primero ¿Me matarías? Te dije que iríamos al infierno, entiendo si ahora tienes miedo y no quieres hacerlo, te seguiré amando de cualquier manera Hidén, no temas por mi muerte, sé que podrás ser feliz también sin mí, sin mi cuerpo, porque mi alma se quedará contigo para siempre, mi vida es tuya -Dijo Anabelle dejando ya de llorar para acariciarle la mejilla a Hidén y darle un beso de despedida-